GONZALVO III
Mariano Gonzalvo, más conocido como Gonzalvo
III (Mollet del Vallés, España, 22 de
enero de 1922 - Barcelona, España, 7 de abril de 2007) fue
un futbolista español. Hermano menor de los también futbolistas Julio (Gonzalvo
I) y José (Gonzalvo
II), con quienes coincidió en el Real
Zaragoza y el FC Barcelona.
Gonzalvo III está considerado uno de los
mejores jugadores de la historia del FC Barcelona, donde
fue el capitán del legendario equipo de las Cinco Copas.
Trayectoria
Inició su carrera en el equipo de su
localidad natal, el Mollet. En 1940 jugó en el CD Europa de Barcelona y
esa misma temporada ya saltó al FC Barcelona para jugar con el equipo
de aficionados. La siguiente campaña, la 1941/42, fue cedido al Real
Zaragoza, de Segunda División, donde se encontró con sus dos hermanos,
contribuyendo al ascenso del club aragonés a la máxima categoría, tras lograr
el subcampeonato.
En 1942 regresó a Barcelona para
formar parte del primer equipo, donde militaría durante 13 temporadas. Su debut
con la camiseta azulgrana en la Primera División de España fue
el 13 de diciembre de 1942 contra el Sevilla FC. Su
paso por el equipo catalán coincidió con una de las épocas doradas del club,
que en una década conquistó cinco Ligas, tres Copas de España y
dos Copas europeas Latinas, entre otros títulos. En total, disputó 331
partidos y marcó 56 goles con la camiseta del Barcelona.
Su calidad despertó el interés de otros
grandes clubes del momento, como el Torino Calcio, que en 1950 intentó
ficharle con una oferta astronómica para la época -ocho millones de pesetas por
tres temporadas-, sin embargo continuo en el FC Barcelona puesto que el
presidente azulgrana, Agustí Montal, se negó al traspaso.
La temporada 1955-56 fue cedido a la UD
Lérida, de Segunda División y un año después reforzó al filial
del FC Barcelona, el Club Deportivo Condal, que esa temporada
debutaba en la Primera División, tras lo cual colgó las botas.
En diciembre de 1962 el FC
Barcelona le tributó un homenaje, junto a Gustau Biosca, con un
partido ante el Peñarol.
Selección
nacional
Fue internacional con la Selección de
fútbol de España en 16 encuentros, en los que anotó un gol. Su debut se
produjo el 23 de junio de 1946, en un amistoso con Irlanda
del Norte.
Integró el combinado nacional que terminó
en cuarta posición en el Mundial de 1950. Titular en la media con Antonio
Puchades, Gonzalvo III participó en cinco encuentros de la competición,
disputada en Brasil.
El 17 de marzo de 1954 vistió
por última vez la camiseta de España, en el histórico partido de clasificación
para el Mundial de 1954, contra Turquía y que, tras finalizar en
empate, supuso la eliminación española por sorteo.
A lo largo de su carrera también disputó
tres encuentros amistosos con la Selección de fútbol de Cataluña.
Adiós a un crack: Gonzalvo III
Disfrutaba viendo a los jóvenes valores y esperando descubrir nuevas figuras que triunfaran en el club de sus amores. Por desgracia sus contertulios no podrán gozar ya más de su sabiduría futbolística. Hoy todos ellos y su legión de amigos se congregarán en el Tanatori de Les Corts, a partir de las 12,15 para darle su último adiós.
Disfrutaba viendo a los jóvenes valores y esperando descubrir nuevas figuras que triunfaran en el club de sus amores. Por desgracia sus contertulios no podrán gozar ya más de su sabiduría futbolística. Hoy todos ellos y su legión de amigos se congregarán en el Tanatori de Les Corts, a partir de las 12,15 para darle su último adiós.
Los que le vieron jugar dicen que ha habido pocos futbolistas, a lo largo de la historia del club, que hayan tenido su categoría. Y es que el menor de los Gonzalvo unía a su extraordinaria clase, un fuelle fuera de lo común. Era incansable. Además tenía un excelente remate, incluso con la testa, pese a su corta estatura. Cabe señalar que aunque actuara como medio volante marcó 56 goles en sus 331 partidos con el FC Barcelona. Tenía, claro, una fuerte vocación ofensiva, de creación, aunque cuando se le encomendaban labores de contención también cumplía a la perfección como pudo observarse en algunos partidos del Mundial de 1950.
Marià y sus hermanos Juli y Josep, fueron futbolistas profesionales pese a la oposición de sus padres, emigrantes aragoneses, que no veían en el juego de pelota la mejor opción para su futuro. Se entrenaban casi de escondidas y suerte tuvieron del apoyo del rector de Mollet, Mossèn Josep Casanovas, apasionado del fútbol, que les dejaba jugar en el patio de su vivienda.
Superada la reticencia paterna, gracias en parte a los desvelos del párroco, Marià ya jugaba a los 15 años, en plena guerra civil, en el Mollet y con 16, le fichó el Europa, donde le vieron los técnicos del Barça, que no dudaron en recomendarle.
En 1940-41 ya disputó varios partidos amistosos con el primer equipo blaugrana pero el retorno de varios futbolistas exiliados determinó que la siguiente campaña fuera cedido al Zaragoza, que acababa de descender a Segunda.
Volvió en 1942-43 y vistió la zamarra blaugrana hasta la campaña 1954-55, es decir, trece temporadas consecutivas siendo pieza clave en los numerosos títulos logrados en esta etapa. Fue el auténtico líder del equipo durante muchos años y le cedió luego el relevo a Ladislao Kubala con quien jugó cinco temporadas y vivió la brillantísima etapa de las Cinco Copas.
En 1949 estuvo a punto de dejar el Barça. Jugó un extraordinario partido con la selección, ante Italia, en Chamartín y técnicos y periodistas transalpinos se deshicieron en elogios hacia Gonzalvo III. El seleccionador 'azzurro' llegó a decir "nunca he visto un medio volante tan bueno como este rubio pequeño".
Días después se presentaron en su casa de Mollet, el entrenador del Torino y el capitán, el gran Valentino Mazzola que le propusieron fichar por el que entonces estaba considerado como mejor equipo del mundo. La oferta era irrechazable: tres años de contrato a dos millones y medio de pesetas por temporada más sueldos, primas e incentivos.
Jamás se habían barajado estas cifras en el fútbol europeo. Pero Marià la rechazó. "No puedo jugar en otro club que no sea mi querido Barça", dijo. Y siguió hasta que, con 33 años y cuando ya no actuaba con la frecuencia deseada, aceptó ser cedido al Lleida. En la siguiente campaña, 56-57 reforzó al Comtal, que acababa de ascender a la máxima categoría. Al concluir la temporada, colgó definitivamente las botas.
El 7 de febrero de 1962 fue homenajeado por el club junto a Gustau Biosca. El Barça se enfrentó aquel día al Peñarol, vigente campeón intercontinental. Desde su retirada siguió colaborando activamente con el club de sus amores en diversas funciones y siempre guardando un discreto segundo plano. El protagonismo lo había dejado sobre el césped. Te echaremos en falta, Marià.
por ANGEL ITURRIAGA el 23 octubre, 2012 •
Son los que tejen la madeja sobre el césped. Un juego en esencia primitivo como el fútbol necesitó de estos elementos para agregar un componente estético y de inteligencia. El foco mediático se suele centrar en quien marca los goles, pero qué sería de los delanteros sin los asistentes, sin quienes generan fútbol y ven los espacios. Por su ubicación sobre el terreno de juego, los centrocampistas son quienes manejan el tiempo y los espacios, las cabezas pensantes y la prolongación de los entrenadores. Los hay de diversos tipos, desde el mediocentro defensivo que se mete entre los centrales y reparte estopa hasta el fino estilista que tiene una computadora por cerebro. Desde los arrebatadores box to box británicos al táctico cinco argentino. Centrándonos en el caso del F. C. Barcelona, son muchos los centrocampistas que han creado escuela y que forman esa cadena infinita que forma el ADN Barça.
AL PRINCIPIO FUE VALDÉS
El primer centrocampista destacado en la historia del Barça fue Miquel Valdés, uno de los pioneros del fútbol catalán, que fue socio fundador y tesorero del F. C. Català antes de la creación del Barça. Entre 1900 y 1902 tuvo los galones del equipo y destacaba, según las crónicas de la época, por su contumacia y fortaleza física. Además de futbolista era un gran atleta, uno de los mejores marchadores catalanes de su época y uno de los creadores de la sección de atletismo del F. C. Barcelona. Los recuerdos de este jugador se pierden en la nebulosa del primigenio estadio de la Bonanova, pero muchos barceloneses han conocido a lo largo de las generaciones a la familia Valdés, ya que Miquel se dedicó profesionalmente a regentar una Administración de Loterías en plenas Ramblas. La familia ha seguido dirigiéndola hasta que hoy en día es controlada por su biznieto.
El primer centrocampista estrella del club fue José Quirante, un volante de gran talento y técnica que lideró al equipo entre 1906 y 1911. Se da la curiosidad de que cuando viajaba a Madrid, jugaba con el Real Madrid. En 1911 se rebeló contra Gamper porque quería compensaciones económicas; exigía ser profesional. Este conflicto fue conocido como el Caso Quirante. Desembocó en la salida de la estrella junto con la de los hermanos Comamala y Paco Bru, los capos del vestuario. Crearon un nuevo equipo, el Casual, que tuvo una vida efímera. Quirante fue otro caso de atleta-futbolista. De hecho, logró grandes marcas tanto en 1.500 metros como en 5.000.
Para sustituir a Quirante llegó el polaco Walter Rozitski, un futbolista nacido en la actual Polonia pero que tenía pasaporte francés. Un centrocampista con gran toque de balón y que tenía criterio para organizar los ataques. Apenas jugó en el F. C. Barcelona entre 1911 y 1913 debido a que en 1914 debió acudir al frente tras el estallido de la I Guerra Mundial. El rastro de este magnífico futbolista se pierde en la guerra, ya que no hay documentación sobre su destino tras el conflicto bélico, pero tampoco figura en relaciones oficiales de fallecidos.
UN GORDO Y UNA VEDETTE
Ya a mediados de los años diez fue Agustí Sancho quien dirigió con su cerebro privilegiado los ataques del F. C. Barcelona. Era un volante de enorme creatividad, una especie de Xavi pero cien años antes y con treinta kilos más. La verdad es que el sobrepeso de Sancho era tan grande como su talento. Además, para las labores de intendencia ya tenía al eficaz y físico Ramón Torralba. Jugó doce temporadas en el Barça, entre 1916 y 1928, solo interrumpidas por un paréntesis en la campaña 1922/23 en la que abandonó el club por desavenencias con la afición que criticaba su forma física. Su época coincide con la del gran primer Barça, con Samitier y Alcántara, pero sin la participación de este mediocentro la historia se hubiera contado de forma diferente. Hay que señalar que durante toda su carrera como futbolista no abandonó nunca su profesión de albañil. Además, el pluriempleado jugador castellonense tenía tiempo para dirigir un coro de niños.
José Carlos Castillo, Ramón Guzmán, Domènec Carulla o Patrici Arnau fueron otros destacados centrocampistas contemporáneos y posteriores a Sancho, pero no alcanzaron su nivel de calidad ni trascendencia. Quien dejó con la boca abierta a los aficionados de Les Corts fue Elemer Berkessy, un centrocampista austro-húngaro, un dato por el que le hubiera encantado a Luis García-Berlanga. Este centrocampista fue el primero en ser llamado vedette del fútbol para hablar de su elegancia y porte. Tenía una clase desconocida en el fútbol occidental y una precisión en el pase que dejaba boquiabiertos a los culés. Llegó al Barça en 1932 y jugó en el equipo blaugrana hasta el estallido de la guerra civil. Los aficionados del Le Havre fueron los últimos que pudieron admirar su talento. Tras colgar las botas fue un destacado entrenador.
La posguerra fue muy dura para el cuadro blaugrana y esforzados futbolistas como Antoni Franco o Domènec Balmanya se esforzaban por reverdecer laureles en un club que se desangraba en lo económico y social. No fue hasta mediados de los cincuenta con la irrupción de los hermanos Gonzalvo cuando el equipo volvió a coger vuelo y brío. Gonzalvo II, cuyo nombre era Josep, era un buen centrocampista, con buen pie y que llegó a ser internacional. Era el complemento ideal para Marià, conocido como Gonzalvo III, un mediocentro rotundo, poderoso y de gran personalidad. Llevó el timón del F. C. Barcelona durante catorce temporadas, siendo ejemplo de regularidad. Era todo un entrenador en el campo y el hombre que empujaba a sus compañeros en momentos difíciles. Completó nada menos que 331 partidos en el equipo blaugrana, todo un record en su época, y jugó 16 partidos con la selección española.
Y de un gran capitán a otro: Joan Segarra. Capaz de jugar como mediocentro o central, fue uno de los jugadores que mejor rendimiento han dado al club en toda su historia. Entregado y solidario, era capaz de ubicarse incluso de lateral izquierdo en beneficio del equipo, siendo un ejemplo de coraje y liderazgo, el heredero ideal de Gonzalvo III. Su actitud debe ser resaltada al igual que su calidad técnica y dominio del juego aéreo que le hacían ser uno de los mediocentros más completos del panorama europeo en su tiempo. Fue el capitán del Equip de les Cinc Copes que maravilló al mundo del fútbol. Por aquella época formó pareja en ocasiones con Isidre Flotats, un especialista en los marcajes al hombre a Di Stéfano. Pero si con alguien mezcló bien Segarra fue con Enric Gensana, un junco metido a volante central. Gran cabeceador y futbolista muy completo, cumplía siempre tanto en el centro del campo como ejerciendo de defensor. Defendió los colores blaugranas entre 1956 y 1963, año en que tuvo que salir del club tras una lesión de menisco. Siguió jugando a fútbol, ya nunca al máximo nivel, pero todavía dio el máximo de sus posibilidades en el filial blaugrana de la época, el Condal.
LUIS SUÁREZ
En medio de estos recios centrocampistas emergió la figura de un gallego sabio, Luis Suárez. Sin duda es uno de los mejores jugadores españoles de todos los tiempos, un interior zurdo de enorme clase, que conducía el balón con enorme elegancia. Entre 1954 y 1961 dio clases de talento y creatividad y se convirtió en ídolo de la hinchada culé. Sin embargo, salió del equipo en su mejor momento para fichar por el Inter de Milán, con el que se proclamó campeón de Europa. La afición se quedó con un regusto amargo por su salida, pero los más viejos del lugar todavía recuerdan la elegancia del coruñés. Contemporáneo suyo fue otro gran centrocampista, Martí Vergés, un volante de gran calidad y regularidad, que entre 1956 y 1966 fue uno de los hombres más regulares del equipo y que llegó a jugar el Mundial de Chile en 1962.
El siguiente jugador en llevar el timón azulgrana fue Josep María Fusté, hoy en día asesor del presidente azulgrana Sandro Rosell. Para los jóvenes, Linyola es la patria chica de Bojan Krkic; para los barcelonistas de toda la vida es el lugar en que nació Fusté. Comenzó su carrera como interior izquierdo, posición en la que demostraba su enorme clase y potente disparo que le hacen ser el centrocampista más goleador de la historia del club azulgrana. Con los años retrasó su posición hacia el mediocentro y quienes le vieron aseguran que era el jugador perfecto para dar pausa al juego y para desplazar el balón en largo. Puedo decir que lo he visto jugar en los años noventa con los veteranos y todavía rezumaba clase por los cuatro costados. Durante los sesenta fue el organizador de la selección española, siendo pieza clave en la consecución de la Eurocopa de 1964 y el único jugador español que marcó un gol a Alemania en el Mundial de Inglaterra en 1966.
BERND SCHUSTER
Los setenta fueron años de Marcial y Asensi. Marcial Pina era la calidad, el desparpajo, un jugador ambidiestro que llegó a marcar un hat-trick con dos faltas marcadas con su pierna diestra y uno con la zurda. Acusado de frío por parte de la grada, jugó en un contexto histórico que no le convenía. Hoy sería un jugón, el socio ideal de Iniesta. Mientras tanto, Juan Manuel Asensi era el despliegue, el esfuerzo agonístico. No exento de clase, su bravura llegaba al espectador que vitoreaba su dinamismo incesante. Dentro de este perfil encajó a la perfección Johan Neeskens, un melenudo holandés que formó clan con Cruyff y Michels. Especialista en los penaltis, fue ídolo del Camp Nou por su despliegue y vehemencia. Sin embargo, algunos viejos aficionados barcelonistas sostienen que el holandés solapó a un gran centrocampista, el cántabro Juan Carlos Pérez, que quedó en el ostracismo tras cinco grandes temporadas.
Ya en los ochenta, Bernd Schuster fue el catalizador del juego. Bajo su melena albina de vikingo recaía la responsabilidad de administrar el juego de un equipo sediento de títulos. Controvertido fuera del campo y divino dentro de él, su etapa creó una gran polémica y generó filias y fobias. El teutón tuvo como escuderos a grandes jugadores como Víctor Muñoz, Periko Alonso (padre de Xabi), Roberto Fernández o Ramón María Calderé, todos ellos internacionales y jugadores de gran nivel que asumían el rol de secundarios de la prima donna alemana.
LA ESCUELA DOMINANTE
Los noventa y Cruyff. Poco que decir de una época que conocemos casi todos los que podemos leer estas líneas. La llegada del holandés supuso una vuelta al fútbol en el que primaban los centrocampistas, especialmente, el llamado Cuatro, el que genera fútbol. La Masia empezó a producir cuatros de primer nivel como churros, empezando por Luis Milla y siguiendo por Pep Guardiola, el gran líder del Dream Team. La clase, visión y personalidad de Pep es más que conocida por todos los lectores por lo que no hace falta que sea glosada de nuevo. Aquel equipo tenía otros centrocampistas de primer nivel como Eusebio Sacristán o Guillermo Amor, futbolistas de rendimiento ejemplar durante la etapa del Flaco como técnico. Durante la última etapa del genio holandés surgió una generación de futbolistas que encabezaban tres centrocampistas muy dotados en lo técnico: Roger García, Iván de la Peña y Albert Celades. Por distintas razones, ninguno se consolidó en el club.
Ya en la etapa de Louis Van Gaal empezó a crecer el jugador que va a romper todos los records de la historia blaugrana: Xavi Hernández. El de Terrassa creció bajo el liderazgo de Guardiola y de Philippe Cocu y pronto se hizo con un puesto en el once. Hoy en día es campeón del mundo y para muchos el mejor jugador que ha jugado en su puesto en la historia del F. C. Barcelona. Algo parecido podemos comentar de genios como Andrés Iniesta o Sergio Busquets, futbolistas que ya han hecho historia a pesar de su juventud. Futbolistas que han dejado en casi insignificantes a grandes futbolistas como Deco o Van Bommel. Hoy en día son Thiago Alcántara y Cesc Fàbregas quienes tienen la difícil misión de hacerse un hueco entre los más grandes.
El futuro es igualmente halagüeño. Desde el mejor box to box de La Masia, Sergi Roberto, al talento natural de Rafinha Alcántara; desde las conducciones de Javier Sweet Espinosa al que para muchos, entre los que me incluyo, es el jugador más ilusionante de la cantera, Sergi Samper, en quien muchos confiamos que alcance el olimpo en el que están alojadas las leyendas anteriormente comentadas.
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