DI STÉFANO, LA SAETA RUBIA

Di Stéfano: el hombre que cambió el signo del club

Hasta la llegada de don Alfredo el Real Madrid acumulaba dos títulos de Liga de antes de la Guerra Civil. Por entonces F.C. Barcelona, Athletic Club, Valencia o Atlético de Madrid disponían de un palmarés más amplio en el campeonato doméstico. Años después las tornas cambiaron y además de ser el mejor equipo del país, el Madrid se convirtió en el mejor club europeo y mundial.

Porteño, del barrio de Barracas, al que llegó al mundo el 4 de julio de 1926, fue un jugador completísimo. Delantero rápido, hábil, muy inteligente y con gran capacidad de trabajo, era un auténtico killer, como demuestran las cifras goleadoras que mantuvo durante toda su carrera. Podía robar un balón en su área y en la misma jugada llegar al marco contrario y conseguir un tanto. Se le conoció como la “Saeta Rubia”, apodo que le puso el periodista argentino Roberto Neuberger por la velocidad que tenía y por su cabello rubio.

Sus primeros pasos con un balón en los pies los dio en dos equipos de barrio, el Once y Venceremos e Imán, hasta que con 18 años pasa una prueba con River Plate y se queda en el equipo bonaerense. Debuta con el primer equipo en 1945 y ese curso River se proclama campeón contando con la histórica delantera conocida como “La Máquina”, donde figuraban Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau.

Esa fue unas de las razones por las que Di Stéfano en el año 1946 sale cedido a Huracán, completando una gran campaña en la que consigue diez goles. En 1947 regresó a River para ser una pieza fundamental en la conquista del campeonato, confirmándose además como un artillero letal, al ser el máximo goleador del torneo con 27 dianas. Su estancia en el club de la banda roja se prolonga un par de temporadas, momento en el que se inicia una huelga de futbolistas en Argentina y la “Saeta Rubia” decide marcharse a Colombia.

En el país cafetero ficha por Millonarios de Bogotá y entra a formar parte de un conjunto legendario que recibe el apelativo de “Ballet Azul”. Conquistan la Liga en tres oportunidades con Alfredo proclamándose mejor artillero y además obtienen una Copa. En 1952 los capitalinos son invitados por el Real Madrid para participar en los festejos por sus Bodas de Oro. Ganan el torneo y el delantero de Barracas enamora al mandatario blanco Santiago Bernabéu.

Meses más tarde se encuentran en la Pequeña Copa del Mundo celebrada en Caracas y ahí es donde se inician las negociaciones para un traspaso al club blanco. Sin embargo no solo el Real Madrid está interesado por el argentino; el F.C. Barcelona también le quería llegando a pagar 4 millones de pesetas a River Plate. La FIFA indicó al cuadro blaugrana que el pase del jugador pertenecía a Millonarios hasta 1954 y la guerra Real Madrid-F.C. Barcelona por su fichaje estalló. Bernabéu concretó un acuerdo con el presidente de Millonarios, el señor Senior, y finalmente el organismo que rige el fútbol mundial tomó cartas en el asunto: toma la decisión de que Di Stéfano juegue dos campañas en el equipo blanco y otras dos en la entidad culé de forma alterna pero el presidente del conjunto catalán, Enric Martí, declina la propuesta. La “Saeta Rubia” entonces se traslada a Madrid tras el verano de 1953 y un mes más tarde el F.C. Barcelona renuncia al futbolista.

El estreno de Di Stéfano con la camiseta blanca se produce en un amistoso ante el Nancy y el debut oficial es en la Liga frente al Racing de Santander. Sus primeras actuaciones dejaron la duda en los aficionados, llegando algunos a pensar que el fichaje era un error. Sin embargo en la jornada 7, ante el F.C. Barcelona, marcó dos dianas en el triunfo por 5-0 y su rendimiento mejoró. El club blanco ganó la Liga y el fabuloso equipo que dominaría Europa empezaba a tomar forma.

En la temporada 1954-1955 el Madrid revalida el entorchado doméstico y además llega a las vitrinas de la entidad la Copa Latina. El gran paso del club blanco llegó con la creación de la Copa de Europa a partir de una idea del diario L`Equipe. Cinco trofeos seguidos, siendo la “Saeta Rubia” protagonista en todos ellos y marcando al menos un tanto en cada final, hito que aún nadie ha podido igualar.

En 1956 derrotaron en la final al Stade de Reims no sin antes sufrir en cuartos contra el Partizan, donde los yugoslavos dieron un serio disgusto a los blancos en un campo nevado. Al año siguiente ese hueso fue el Rapid de Viena, en cuyos vestuarios del Prater Santiago Bernabéu hizo famosa la “Santiaguina”. Luego vencerían en el coliseo blanco por 2-0 a la Fiorentina italiana.

La tercera Copa de Europa, en 1958, tuvo lugar frente a un extraordinario Milán que solo cedió después de un gol de Gento en el tiempo extra, y en 1959 de nuevo el Stade de Reims hincó la rodilla. Por su parte, la quinta seguida se produjo en Glasgow contra el Eintracht de Frankfurt en una de las mejores finales de siempre. Di Stéfano hizo un hat-trick y Puskas cuatro goles para avasallar a los teutones por 7-3.

En ese periodo en España también continuaron cosechando triunfos con Alfredo comandando al equipo. Las Ligas de 1957 y 1958 llegaron también con el premio ‘Pichichi’ para la “Saeta”, que logró un total de cinco en su carrera. Mientras que en la Copa Di Stéfano solo logró un título en 1962 tras vencer al Sevilla.

La década de los 60 trajo varias decepciones en el continente al perder dos finales de Copa de Europa y caer tras gran polémica arbitral contra el Barcelona en 1961. En España las Ligas se sucedieron, siendo la última del palmarés del hispano-argentino la del curso 1963-1964. Justo al comienzo de esa campaña el Real Madrid viajó a Caracas para participar en la Pequeña Copa del Mundo de Clubes. Allí Di Stéfano sufrió uno de los mayores sustos de su vida al ser secuestrado por miembros del FALN. El rapto duró tres días donde la “Saeta” fue bien tratado, pero el temor a que le pasase algo grave siempre corrió por su cabeza. Le liberaron cerca de la Avenida Libertadores y, tras acudir a la embajada española, regresó al hotel con sus compañeros.

Con 37 años y muchas voces ya críticas con su estado físico y de juego su salida no fue la esperada. Se marchó enfadado con el presidente Bernabéu y el técnico Miguel Muñoz por la final de la Copa de Europa de 1964 contra el Inter. El hispano-argentino culpabilizó al entrenador de la derrota por su mal planteamiento y su excompañero Fechas más tarde no le convocó para un duelo de Copa ante el Atlético de Madrid, y los acontecimientos se precipitaron. Bernabéu se puso de lado de su entrenador y Di Stéfano entendió que era el momento de irse.

Así finalizaron once años de estancia en Madrid en los que logró un bagaje de 307 goles en 396 partidos. Parecía el final de su carrera, pero la “Saeta” quiso continuar en activo un par de temporadas más en las filas del RCD Español, hasta su último choque liguero contra el Atlético de Madrid el 3 de abril de 1966. La despedida definitiva fue en el homenaje que le brindó el Real Madrid en el Santiago Bernabéu el 7 de junio de 1967. Salió de inicio y en el minuto 13 se quitó el brazalete de capitán para cederle el testigo a un prometedor Grosso.

Con la selección argentina fue internacional en seis ocasiones logrando el mismo número de tantos. Todos sus encuentros tuvieron lugar en el Campeonato Sudamericano de 1947. Debutó en la segunda contra Bolivia. Salió en el minuto 30 sustituyendo a Pontoni y colaboró con un gol en la aplastante victoria de la albiceleste por 7-0. Ya no dejó la titularidad y con sus tantos ayudó a Argentina a conquistar el torneo por delante de paraguayos y charrúas. Tuvo un papel destacado en la victoria por 3-2 frente a Perú donde marcó el segundo de su equipo, ante los chilenos cuando logró la diana fundamental para cosechar un empate o contra Colombia a quien anotó un fabuloso triplete en el triunfo por 6-0.

En 1956 adquirió la nacionalidad española y con el equipo nacional hispano hizo su estreno un año más tarde. Concretamente se produjo en un choque amistoso contra Países Bajos donde la “Saeta Rubia” se lució con un hat-trick. Unos meses después el cuadro español empezó la fase de clasificación para el Mundial de Suecia 1958, que se convertiría en un sonado fracaso. El siguiente objetivo tuvo como fecha 1960 y la Eurocopa de Naciones que iba a celebrarse por primera vez. El sorteo deparó como rival en la calificación a Polonia, a la que se ganaría en la ida y la vuelta. Di Stéfano comandó la victoria por 2-4 en el estadio Slaski con un doblete y en el Bernabéu marcó otro gol en el triunfo por 3-0. Sin embargo, por motivos políticos no se jugó contra la URSS en la siguiente ronda y España se quedó sin disputar el torneo europeo.

Di Stéfano continuó marcando goles en amistosos frente Austria, Italia o Chile en dos ocasiones hasta que llegó la fase de clasificación para el Mundial de Chile 1962. España primero se deshizo con bastantes dificultades de un correoso conjunto galés y a continuación hizo lo propio con Marruecos en un playoff internacional. Convocado para el torneo por el seleccionador Hernández Coronado y el técnico Helenio Herrera una lesión en un choque de preparación le dejó sin poder actuar un solo minuto en el Mundial. Viajó hasta Chile pero España cayó en la primera fase y no pudo debutar. Para la historia dejó un bagaje con la selección hispana de 31 partidos disputados y 23 goles conseguidos.

Su carrera como entrenador empezó a finales de la década de los 60 cuando dirigió al Elche en el curso 1967-1968. A continuación entrenó a Boca Juniors conquistando el Torneo Nacional y la Copa Argentina, y en 1970 firmó por el Valencia donde en cuatro temporadas aupó al equipo ché a la élite del fútbol español. Obtuvo el Campeonato Nacional de Liga en 1971 y alcanzó la final copera tanto en 1971 como 1972. Sus siguientes destinos fueron el Sporting de Portugal, Rayo Vallecano y Castellón hasta que regresó al Valencia en la temporada 1979-1980.

El equipo valencianista disputó la Recopa ese curso, competición que acabaría logrando ante el Arsenal en los penaltis. Un año más tarde se marchó a Argentina para coger las riendas de River Plate al que haría vencedor del Torneo Nacional en 1981 después de doblegar en la final a Ferro Carril Oeste, y luego cumplió el sueño de sentarse en el banquillo del Real Madrid.

En la entidad merengue realizó una buena labor, pero la suerte no le acompañó. Los blancos disputaron en 1983 la final de la Copa, Copa de la Liga y Recopa, perdiendo en todas ellas y en la competición doméstica también ocuparon la segunda posición tras el Athletic Club. Di Stéfano se quedó una campaña más en el equipo madridista, pero de nuevo el club bilbaíno les arrebató la Liga, esta vez gracias al goal-average. A mediados de los 80 retornó a Boca en una segunda etapa que duró unos pocos meses, y entre 1986 y 1988 estuvo en el Valencia por tercera vez. Su última experiencia en la faceta técnica fue otra vez en el Real Madrid, al que hizo ganador de la Supercopa de España en 1990.

Desde 2001 hasta el momento de su muerte ostentó el cargo de Presidente de Honor del Real Madrid.

A lo largo de su vida recibió numerosas condecoraciones, entre las que destacan la Medalla de Oro al Mérito Deportivo, la Medalla al Mérito de la FIFA, el Tambor de Oro de San Sebastián, un puesto en el Salón de la Fama de la FIFA o la Gran Cruz de la Real Orden del Mérito Deportivo.

Falleció el 7 de Julio de 2014 en Madrid a los 88 años, pero el legado que nos dejó es inmortal.


EL REAL MADRID DE DI STÉFANO Y LAS CINCO COPAS DE EUROPA

JAIME RINCÓN 01/04/11 - 12:49.

Hacer un serial sobre equipos de leyenda y no incluir al Madrid de las cinco Copas de Europa sería como ir a un estadio de fútbol y no ver bufandas o banderas del equipo local en cuestión. Vamos, totalmente inconcebible. Porque a cualquiera que le pregunten por un equipo que marcó una época, responderá como acto reflejo: el Madrid de Di Stéfano, el de las cinco copas consecutivas.

El rey de reyes, el absoluto dominador de una etapa en la que la mayor competición a nivel de clubes daba sus primeros pasos. Y los dio, durante cinco años, de la mano de ese equipo histórico formado por un elenco de figuras que lograron un hito mundial.

Y es que nadie, hasta el momento, ha logrado igualar esa gesta de ganar cinco 'orejonas' de manera consecutiva. Lo hizo con el presidente más importante de la historia del club, don Santiago Bernabéu, y bajo la figura de uno de los mejores futbolistas que jamás se hayan visto, don Alfredo Di Stéfano.

Con la llegada de 'La Saeta' a Chamartín arrancó la primera gran historia del Madrid. Conocido así por su velocidad, el pibe que sacó de las gargantas del Monumental un curioso cántico -"Socorro... socorro... ahí viene la Saeta con su propulsión a chorro"- asombró en su primer partido en el Bernabéu. Fue con la camiseta de Millonarios, en la celebración de las Bodas de Oro del conjunto blanco, con dos goles en la victoria de los suyos (4-2) y tras correr 60 metros como un demonio en el tramo final del partido, cuando conquistó los corazones merengues, don Santiago incluido: "Quiero a ese argentino" sentenció el presidente blanco.

El primer envite con el Barça
Así fue. No sin antes ganar la primera gran batalla mediática ante el eterno rival. El Barça llegó a un acuerdo con River, su club de procedencia, y el Madrid hizo lo propio con Millonarios. El gobierno español medió en la pelea y propuso que jugara una temporada con cada equipo. El club catalán se negó y Di Stéfano terminó de blanco.
Tras él llegó Francisco Gento y junto a los JoseitoHéctor Rial o Miguel Muñoz, entre otros, conquistaron el título de Liga tras 21 años de sequía. Tres títulos domésticos en cuatro temporadas con Di Stéfano como máximo artillero en dos de ellos. Pero más allá del dominio nacional, el equipo merengue centró su hegemonía en el viejo continente, grabando su nombre en la Copa de Europa durante sus primeros cinco años de existencia.

Y como cualquier hazaña que se precie, los inicios se exigen heroicos: París, 13 de junio de 1956, Parque de los Príncipes. Enfrente, el potente Stade de Reims de Raymond Kopa (un año después jugador blanco) flanqueado por casi 40.000 almas. El Madrid de José Villalonga, con 'La Saeta' a la cabeza, se desmorona en el arranque. 2-0 a los diez minutos de juego. Todo parece perdido hasta que el pibe de Buenos Aires recorta distancias. Rial restablece el equilibrio y así se llega al descanso. Los franceses vuelven a golpear pero el Madrid ya no es el equipo acongojado del inicio. Marquitos pone el 3-3 y de nuevo Rial, a once minutos del final, marca el definitivo 4-3. Europa se tiñe de blanco. Miguel Muñoz levanta la primera Copa de Europa de la historia.

Una temporada después, el vigente campeón vive un momento delicado en su defensa del título. El Rapid de Viena de Ernst Happel pone contra las cuerdas a los blancos tras remontar el 4-2 de la ida. Al descanso, una batalla campal pone al Madrid contra las cuerdas. Con diez por la lesión de Oliva y virtualmente eliminado con un contundente 3-0, Santiago Bernabéu decide bajar a los vestuarios y soltar el primero de sus ya legendarios sermones. "Hay algunos que en vez de venir a jugar al fútbol lo han hecho para asistir a una verbena. No sólo están representando al Madrid, sino a España", les espetó. La reprimenda dio resultado y el Madrid forzó el desempate con un gol de Di Stefano. En el tercer partido, Kopa y Joseíto acaban con cualquier atisbo de sorpresa. La final, ante la Fiorentina, fue casi un puro trámite.

Dos de dos y a defender de nuevo la corona. Con pequeñas modificaciones en la plantilla, donde la llegada del meta argentino Rogelio y el zaguero uruguayo Santamaría apuntalan un sólido equipo, el gran cambio se produce en el banquillo, donde Luis Carniglia toma las riendas y continua el carrusel de títulos. Dos nuevas Copas de Europa aterrizan en Concha Espina. La primera, ante el Milan en Heysel tras remontar hasta en dos ocasiones (2-3) y la segunda, y cuarta consecutiva del club, frente al Stade de Reims de Just Fontaine (2-0).
Por aquel entonces llega otro de los mitos del madridismo: 'Cañoncito' Puskas. Una figura y uno de los delanteros más determinantes de Europa al que Carniglia no termina de convencer por su evidente bajo estado de forma: "No se lo que podré hacer con este hombre, al que le sobran unos cuantos kilos", le comentó en una ocasión a Bernabéu, quien, ni corto ni perezoso, respondió: "Ahí está usted para ponerlo a punto".

Y vaya si lo hizo. Aunque los frutos los cosecharía, un año después, el Madrid de Miguel Muñoz en Hapdem Park en lo que aún se considera como la mejor final de la historia de la Copa de Europa. Cuatro goles del húngaro y tres de Di Stéfano arrollaron al correoso Eintracht de Francfurt. El que más tarde se convertiría en uno de los técnicos más carismáticos y laureados del club, lo tuvo bien claro: "Con Di Stéfano tenemos dos jugadores en cada puesto. Durante la hora y media de juego jugamos a todo tren. Ni después de marcar siete goles trató de reposar".
Fue tal su admiración por 'La Saeta' que en 1964, ante la lógica decadencia en el juego del crack hispano argentino, decidió presentar su dimisión antes de realizar una convocatoria en la que no estaría presente. Bernabéu no aceptó la renuncia y Muñoz tuvo que presentar una lista para jugar unas semifinales de Copa ante el Atlético en las que Di Stéfano no estaba.
Ahí terminó una época única. Aunque comenzaría otra casi tan brillante con una nueva Copa de Europa, numerosas Ligas y hasta una Intercontinental, ese ya no era el Madrid de Di Stéfano, el más grande que sin duda ha dado en la historia el club blanco. Porque cinco Copas de Europa son muchas Copas de Europa.

 

Di Stéfano recuerda su debut ante el Racing

Alfredo Di Stéfano recuerda su primer partido de Liga con el Real Madrid

"Tengo un gratísimo recuerdo porque fue mi estreno oficial. Ganamos 4-2 y marqué un gol, de cabeza" Realmadrid.com

Ocurrió hace más de 56 años, un 27 de septiembre de 1953, pero en su privilegiada memoria el partido se conserva fresco, como si se hubiera disputado ayer. Basta con enunciarlo para que Don Alfredo remate los titulares: “Ganamos 4-2, con dos goles de Olsen, uno de Molowny y otro mío, de cabeza”. No necesita ojear las crónicas de la época, que describen que “la briosa reacción santanderina estuvo favorecida por la pasividad de la media blanca”. “¿Pasividad?”, protesta. “¡Eso no existe en el fútbol!, ¡nadie se aparta para dejar pasar a un contrario!”.

No lo hizo aquel primer Madrid que vio debutar a Alfredo Di Stéfano en partido oficial. “Yo había debutado el miércoles, en un amistoso ante el Nancy –recuerda-. Llegué a la estación de Atocha las diez de la mañana y a las tres de la tarde estaba jugando. No tuve margen para adaptarme…”. Para este partido tampoco es que tuviera mucho más tiempo de acoplamiento. “Ese día incluso me presentaron a algunos compañeros que no habían jugado el amistoso. Todo era nuevo para mí, pero tenía una tremenda ilusión, los compañeros eran fantásticos y por eso todo comenzó bien”.

Los nervios eran lógicos porque era su debut en Chamartín, un estadio “diferente” al que había conocido en su estreno ante los franceses: “Había más ambiente, claro, era un partido de competición oficial. El público estuvo genial conmigo”. La crónica del diario ABC lo corrobora, aunque con cierto rigor crítico: “Di Stéfano, a quien el público, sugestionado, aplaude todo, deberá jugar mucho más para justificar su fama”, sentenciaba el cronista. Pronto la justificaría, y con creces. De ahí su idilio con el público: “La afición siempre me ha apoyado, desde el primer día. Me he sentido muy querido por el madridismo”, afirma con gratitud Don Alfredo.

De los prolegómenos, recuerda una anécdota: “El entrenador, Enrique Fernández, me preguntó si iba a jugar con esas botas. Eran argentinas, de cuero, las tenía “amansadas”. Eran buenísimas, pero a él no le convencían. Yo le dije que sí, porque las que ellos utilizaban parecían de madera”.

Del partido, resalta la calidad del rival: “Nos pusimos 3-0 por delante, pero ellos reaccionaron muy bien y acortaron hasta el 3-2, con goles de Vázquez y León. Tenían muy buenos jugadores, Alsúa era una maravilla. Entonces los partidos eran más equilibrados que ahora”. Los minutos finales fueron de infarto, hasta que un centro suyo, medido, se convirtió en asistencia para que Olsen sellara el definitivo 4-2.

Era su primer partido, su primer gol, su primera victoria en Chamartín. Después vendrían muchas, muchísimas más. “Ese año salimos campeones y yo conseguí el Pichichi”. Todo estaba cambiando, estaba naciendo el mejor Madrid, en realidad el mejor equipo de todos los tiempos. “Sí, la verdad es que Bernabéu organizó el Club de otra manera, y apoyado por personas como Saporta, y con aquellos grandísimos jugadores, se hicieron cosas extraordinarias”.

Todo comenzó con ese 4-2, un resultado que firma para el partido que enfrentará este sábado al Real Madrid con el Racing: “Mejor un 2-0. Bueno, mejor es ganar y que el aficionado salga contento”. Llega 56 años después del debut del mejor futbolista de todos los tiempos.

FICHA TÉCNICA:

4 - REAL MADRID: Pazos; Navarro, Oliva, Lesmes II; Muñoz, Zárraga; Joseíto, Olsen, Di Stéfano, Molowny y Gento. Entrenador: Enrique Fernández.

2 – RACING: Ortega; Bermúdez, Barrenechea, Nando; Felipe, Santín; Revuelta, Vázquez, León, Alsúa y Espina. Entrenador: Juan Ochoa.

ARBITRO: Andrés Rivero Lecue.

GOLES:
1-0: Min. 23: Molowny: 2-0: Min. 30: Olsen; 3-0: Min. 56: Di Stéfano; 3-1: Min. 72: Vázquez.; 3-2: Min. 75: León; 4-2: Min. 80: Olsen

El Real Madrid de Di Stéfano (años 50)

Tras la Guerra Civil española, dos años en concreto fueron claves para el devenir del Real Madrid, un club francamente en horas bajas desde los éxitos que logró en la década de los años 30, bajo la II República.

1947, por supuesto, cuando Don Santiago Bernabéu materializó su sueño de tener un estadio con enorme capacidad para 75.000 espectadores, en plena época de reconstrucción del país, cuando los españoles se levantaban cada día pensando en las cartillas de racionamiento y el fútbol era, junto con las corridas de toros, una de las escasas vías de escape y de ilusión para un país derruido.

El otro año clave fue 1953. El golpe en la mesa que supuso arrebatar el fichaje de Di Stéfano al FC Barcelona fue como el hallazgo de la piedra filosofal para el madridismo. Desde 1939 hasta 1953 el Madrid apenas había logrado 2 Copas de España (del Generalísimo entonces) en 1946 y en 1947, y su mayor hazaña había tenido lugar en 1943 con el imborrable 11-1 al Barça en la vuelta de semifinales de Copa.

Di Stéfano lo cambió todo. Pero no solo él. Paco Gento también llegó el mismo año al Madrid, procedente del Racing de Santander. También Enrique Mateos, procedente del filial Plus Ultra. Ya por entonces estaban en el club Miguel Muñoz, Juanito Alonso, Lesmes, Zárraga o Luis Molowny, y poco a poco se incorporaron al equipo Héctor Rial, Kopa, Santamaría, Puskas…

La temporada 1953-54 se culminó con la consecución de la Liga, que no disfrutaban los madridistas desde los tiempos de Zamora, Ciriaco, Quincoces y Luis Regueiro, en 1933. 21 años habían transcurrido y una guerra civil entre medias. No por ello habían dado la espalda los aficionados a su equipo favorito, que ya desde la inauguración del nuevo Chamartín llenaban domingo tras domingo las más de 70.000 localidades de su coliseo. Esa temporada se culminó con un trofeo Pichichi para Alfredo, con 27 goles, por delante de Kubala. El argentino Roque Olsen contribuyó con 15 valiosos tantos a la consecución de este ansiado título.

Estaba empezando la mayor etapa de gloria de un club de fútbol en toda su historia. Entre 1954 y 1955 se fraguó, con el Madrid como protagonista en primera línea, el nacimiento de la Copa de Europa de clubes de fútbol. Imagínense ustedes, queridos lectores, el orgullo y la satisfacción infinitas que pudo vivir una afición fiel y devota a los colores merengues, tras un periodo de sequía dominado por equipos sin duda muy afines al régimen político de la época: el Atlético de Aviación/de Madrid, “el equipo de los coroneles” como bien lo definió Bernabéu, el FC Barcelona plegado como siempre al calor del poder con su proverbial victimismo, y el por entonces Atlético de Bilbao, punta de lanza de la burguesía vizcaína y con los mejores jugadores nacionales.

Todo ello en un marco de una España en reconstrucción, en un Madrid que estaba todavía en el proceso de pasar de ser casi una aldea castellana a una capital de importancia, en una Europa que aún daba la espalda a un país todavía en proceso de desarrollo y lejos de ser una democracia. Santiago Bernabéu lo cambió todo: estructura del club, nuevo estadio, fichajes muy acertados, más la visión inteligente de estar entre los pioneros de una competición continental, que aún hoy en día es, con diferencia, la mejor que se disputa en todo el planeta Tierra.

Aquella época, conocida como el Madrid de Di Stéfano o el Madrid de las 5 Copas de Europa fue como pasar, en términos cinematográficos, del cine de Luis Berlanga en blanco y negro de “Bienvenido Míster Marshall” (1953), genial documento de una España entrañable e ingenua, acomplejada y pueblerina, a una película luminosa a todo color, optimista y moderna, con una ciudad como Madrid mostrando en todo su esplendor varias de sus bellezas, la Gran Vía, la puerta de Alcalá y el parque del buen Retiro, como “Las chicas de la Cruz Roja”, alegre documento con canciones alegres y pegadizas.

Una época que coincidió – sin duda no fue por casualidad – con el Madrid de Ava Gardner, los estudios Bronston (fundados en 1959 en Las Rozas) y el aperturismo que supuso para España la visita del presidente norteamericano Dwight David Eisenhower, “Ike”, en diciembre de 1959. Con las victorias del Madrid, España como nación se sentía plenamente orgullosa de aparecer en los diarios europeos no como una dictadura rancia en el alba de la creación de la Europa Occidental moderna, sino como un país que podía presumir de albergar el mejor equipo de fútbol jamás visto. Como bien decían por entonces Bernabéu y Saporta, cuando el Real Madrid salía a jugar en cualquier ciudad europea, ya bien fuera Amsterdam, Stuttgart, París o Bruselas, los jugadores tenían que darlo absolutamente todo, no sólo por su escudo, sino sobre todo por los cientos o miles de emigrantes españoles que podían presumir, ante sus vecinos holandeses, alemanes, franceses o belgas, de poder sacar pecho por unos días con la victoria y con los éxitos del Madrid en los talleres o en las factorías donde trabajaban, a miles de kilómetros de sus hogares en España y de sus familias.

Madrid crecía como ciudad y como capital, y su estadio, ya repleto en cada jornada y con demandas constantes de localidades, ya poseía desde finales de 1954 un espectacular aforo de 125.000 personas. Numerosas películas de la época aprovechaban el tirón mediático del Real Madrid para filmar algunas de sus escenas dentro o fuera del estadio, ya oficialmente bautizado como Estadio Santiago Barnabéu desde el 4 de enero de 1955: “El Tigre de Chamberí”, “Los tramposos”, “El día de los enamorados”, “Tres de la Cruz Roja”, todas ellas protagonizadas por el gran Tony Leblanc, madridista insigne por más señas. Otra película emblemática de aquella época fue “Saeta Rubia”, con el gran Alfredo al frente del reparto.

Por razones de edad, yo no tuve el gran privilegio de vivir esa gloriosa época, el primer gran Eldorado madridista. Apenas los resúmenes de las finales de Copa de Europa o la final completa de 1960 en Glasgow con el 7-3 final ante el Eintracht. Pero la vida ha sido más que generosa conmigo en este aspecto, y he podido tratar personalmente a tres de los más grandes de aquella época, el gran Alfredo (el fondo de pantalla de mi portátil para quien me conocen lo habita una foto suya conmigo al lado), Pepe Santamaría, excepcional defensor y bellísima persona, y Paco Gento, nuestra joya más preciada y Galerna del Cantábrico para siempre. Los conocí ya mayores, pero todos ellos me permitieron que los llamase Alfredo, Pepe y Paco, con toda naturalidad. Y siempre de tú. Seguían - y Pepe y Paco siguen, por supuesto - siendo futbolistas ya con más de 80 años de edad, unos todavía chavales cuyos ojos se iluminan cuando se les recuerdan sus grandiosas gestas, propias de héroes homéricos dispuestos a conquistar Troya en cualquier momento. Los tres, sabios y ejemplares, siempre me hablaron de la importancia del equipo, de aquella familia que formaban dentro y fuera de la cancha, de solidaridad y de respeto en cualquier circunstancia: Pepe Santamaría mandaba atrás, Alfredo en el medio y delante, y cuando todo parecía perdido y los guerreros agotados, siempre estaba el recurso, como en la final de 1958 en Bruselas ante el Milán, de pasarle el balón al que siempre estaba fresco, el cántabro inagotable que aparecía cuando todas las luces se habían apagado, al gran Paco Gento, que Dios nos guarde muchos años, que resolvía la situación y nos hacía ganar de nuevo.

Fue un periodo aquel, entre 1955 y 1960, del mejor cine jamás creado, con obras maestras de la épica y de la aventura, obras profundamente de espíritu madridista, como “Centauros del desierto” (1956), “Horizontes de grandeza” (1958), “Ben-Hur” (1959), “Con la muerte en los talones” (1959) o “Espartaco” (1960).

Y también de un excepcional film de Sídney Lumet, cuyo título puede definir una época en la que nadie pudo si tan siquiera toser, ni de lejos, a nuestro Real Madrid, una maquinaria perfecta con 11 jugadores y un genio presidiendo el club: “Doce hombres sin piedad” (1957). Sin piedad para los contrincantes y que serán adorados por los siglos de los siglos por haber protagonizado la gesta más importante - e inigualada - del deporte colectivo jamás contada.

 

ALFREDO DI STÉFANO, de la WIKIPÈDIA

Alfredo Stéfano Di Stéfano Laulhé​ (Buenos Aires, Argentina; 4 de julio de 1926-Madrid, España; 7 de julio de 2014),​ más conocido como Alfredo Di Stéfano, fue un futbolista y entrenador argentino nacionalizado español. Jugador legendario de los clubes River Plate, Millonarios y Real Madrid Club de Fútbol​ desde 2000 hasta su fallecimiento fue presidente de honor de este último, al que como jugador debe sus mayores éxitos y reconocimientos mundiales y del que llegó a ser su máximo goleador histórico. Es considerado como uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.

Como jugador fue internacional por dos países, circunstancia permitida en la época, contabilizando seis encuentros con la selección argentina y treinta y uno con la selección española tras adoptar su nacionalidad en 1956.​ Pese a ello, se da la circunstancia de que nunca disputó una Copa Mundial —el torneo más prestigioso a nivel de selecciones— por diferentes motivos,​ lo cual no ha sido impedimento para que sea considerado uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol y como el primer grande de este deporte.​ Su mayor logro en selección fue el Campeonato Sudamericano 1947, actual Copa América.

Considerado por la FIFA —máximo organismo futbolístico— como uno de los cuatro mejores jugadores de fútbol del siglo XX junto al brasileño Pelé, el argentino Diego Maradona y el neerlandés Johan Cruyff,​ en 2004 fue elegido el cuarto mejor jugador del siglo XX por la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol,​ así como el mejor jugador español del siglo XX.​ Fue también incluido por el mismo organismo entre las 48 leyendas del fútbol,​ además de ser galardonado por la revista France Football como el mejor de todos los ganadores del Balón de Oro hasta 1989, circunstancia por la que recibió el Super Balón de Oro, siendo el único futbolista de la historia en poseerlo. ​

Al momento de su retirada era el máximo goleador de la historia del Real Madrid C. F. —donde militó once temporadas—, seguido a 65 goles por su excompañero de equipo Ferenc Puskás, siendo ambos de los integrantes del recordado «Madrid de Di Stéfano» o «Madrid de las cinco Copas de Europa», señalado por la UEFA como uno de los mejores equipos de la historia;​ además, era entonces el jugador nacido en Argentina con más títulos oficiales logrados.​ Su nombre está directamente ligado al del club madrileño,​ ya que —no en vano— su fichaje por el equipo «merengue» cambió el curso de la historia de este equipo hasta ser proclamado como el mejor club del siglo XX, merced sobre todo a las cinco finales consecutivas ganadas de la Copa de Europa que este club consiguió durante su etapa en Madrid, y en las que anotó un total de siete goles siendo el récord histórico de la competición junto al ya mencionado Puskás.

Asimismo, de Di Stéfano cabe destacar su exquisita calidad técnica y su polivalencia en el campo,​ siendo por ello calificado por parte de entendidos, exfutbolistas y aficionados como el jugador más completo que ha dado el fútbol a nivel mundial.

En 1963 fue secuestrado en Caracas por las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Venezuela (FALN), como parte de una estrategia publicitaria del grupo subversivo. Fue liberado al siguiente día sin sufrir ningún daño.

Debido a sus goles, logros y trayectoria, fue incluido por la FIFA en el salón de la fama del fútbol en 2011.  Fue también incluido en el proyecto predecesor, el International Football Hall of Champions (IFHOC-FIFA) en 1997,​ y el 14 de diciembre de 2020 fue incluido como mediocentro ofensivo en el segundo Dream Team histórico del Balón de Oro.

TRAYECTORIA

Orígenes

Alfredo Di Stéfano nació el 4 de julio de 1926 en el barrio de Barracas,​ en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, en el seno de una familia de clase media-baja.​ Su padre también se llamaba Alfredo Di Stéfano; su madre era Eulalia Laulhé Gilmont y su abuelo paterno, Michele, fue el primer Di Stefano que llegó a Buenos Aires procedente de la isla napolitana de Capri.

Entre 1940 y 1943 jugó junto a su hermano Tulio en el Club Social y Deportivo Unión Progresista, hasta que recibió un telegrama citándole para una prueba con el Club Atlético River Plate.​ Fue así como en 1944 recaló en las categorías inferiores del club,​ donde permaneció hasta que disputó su primer encuentro jugando para el primer equipo el 15 de julio de 1945 frente al Club Atlético Huracán de la jornada 12 del campeonato de liga que finalizó con derrota por 1-2.​ Fue el único partido en el que intervino en ese torneo, en el cual su equipo terminó coronándose campeón.

Al año siguiente fue cedido al C. A. Huracán, club que ya se había percatado de su inmenso potencial debutando en la primera jornada del campeonato el 21 de abril en la derrota por 1-0 contra el Club Atlético Chacarita Juniors. Cuatro jornadas después, anotó su primer gol como profesional producido el 26 de mayo en el Estadio Tomás Adolfo Ducó. El delantero anotó dos tantos para el triunfo por 3-1 sobre Club Estudiantes de La Plata.​ Esa temporada disputó un total de 25 partidos y anotó 10 goles, completados con otros dos partidos sin anotaciones correspondientes a la Copa de Competencia Británica y donde debutó con «los quemeros» el 14 de abril de 1946 en la victoria por 2-1 frente al Club Atlético Atlanta.

Pese a la buena delantera que conformaba con Tucho Méndez y Turco Simes, dada la alta cantidad que se pidió por su pase definitivo para retenerlo la siguiente temporada, los dirigentes del C. A. Huracán no abonaron dicha cantidad por la inminente huelga que se avecinaba, donde todos los jugadores podrían quedar con sus derechos en su poder por encima de los clubes —circunstancia que terminó sucediendo el año siguiente— y volvió al C. A. River Plate. Sustituyendo al gran referente del equipo Adolfo Pedernera, con quien volvería a coincidir años después, se convirtió en el ídolo local y fue el año de su explosión como futbolista. Ese año consiguió el campeonato liguero de 1947 y se proclamó máximo goleador del torneo con 27 tantos en 30 partidos. Fue también en ese año cuando se incorporó por primera vez a la selección argentina, con la que ganó el Campeonato Sudamericano, en Guayaquil 1947, jugando 6 partidos y convirtiendo 6 goles. Además disputó la decimoctava edición de la Copa Aldao donde anotó un gol en los dos partidos de la final que ayudaron a su equipo a salir campeón del torneo internacional,​ y el 20 de julio anotó el primer hat-trick de su carrera en la victoria por 5-1 frente al Club Atlético Tigre.

Ya como referente y uno de los hombres referentes del fútbol argentino, en 1948 participó en la Copa Sudamericana de Campeones, un torneo oficial antecesor de la Copa Libertadores, donde logró el subcampeonato y anotó 4 goles en 6 partidos. En lo referente al campeonato doméstico, finalizó también como subcampeón por detrás del Club Atlético Independiente habiendo disputado 23 partidos en los que anotó 13 goles. Precisamente tras el partido que enfrentó a ambos conjuntos con remontada final de los «diablos rojos», se produjo la huelga de futbolistas. Debido a esto, la Asociación del Fútbol Argentino decidió que en los cinco últimos partidos del campeonato se jugasen con jugadores no profesionales, o amateurs.​ Fue el principio del fin de su carrera en Argentina.

Dio comienzo una disputa entre los Futbolistas Argentinos Agremiados (FFA) y el gobierno del General Perón que no tuvo resolución hasta mayo de 1949, el Ministerio de Trabajo impuso un salario tope de mil quinientos pesos, inaceptable por los futbolistas y que provocó un éxodo sin precedentes a diferentes países.​ Disputó doce partidos en los que anotó nueve goles antes de recibir una irrechazable oferta desde Colombia, quien no estaba afiliada a la FIFA. Antes jugó curiosamente unos minutos como guardameta. La anécdota se produjo el 31 de julio de 1949, cuando sustituyó a Amadeo Carrizo durante 33 minutos. Mantuvo el cero bajo los palos y su equipo venció 1-0 en el clásico argentino frente al Club Atlético Boca Juniors.

Su paso por Colombia

Di Stéfano fue uno de los casi sesenta futbolistas argentinos que emigraron al fútbol colombiano, cuya liga tenía los mejores jugadores sudamericanos de la época. Fue fichado para integrarse en el plantel del Club Deportivo Los Millonarios de Bogotá, donde junto a figuras como sus excompañeros Adolfo Pedernera y Néstor Rossi, Antonio Báez, Fello Meza o Julio Cozzi entre otros, conformó uno de los mejores equipos del continente durante esa época de comienzos de los años 1950, y que fue bautizado por los periodistas colombianos como el «Ballet Azul». Equiparado con grandes clubes europeos la prensa llegó a afirmar que jugar contra el C. D. Los Millonarios era todo un honor para cualquier equipo en el mundo.​ Destacado por su formidable juego, Di Stéfano y sus compañeros se consagraron campeones cuatro veces del campeonato de liga (Dimayor); además, «la Saeta» —como era apodado— fue dos veces máximo goleador del campeonato.

En 1952, el club colombiano fue invitado a participar en un torneo internacional en celebración de los 50 años del Real Madrid Club de Fútbol, torneo en el que también tomó parte el campeón sueco del Idrottsföreningen Kamraterna Norrköping. Curiosamente la invitación fue recibida tras una renuncia del Club Atlético River Plate, equipo originario del futbolista, y ellos fueron quienes aconsejaron a los madrileños que se dirigieran al conjunto colombiano como el indicado a participar en el torneo. Allí el equipo colombiano consiguió el trofeo tras desplegar un gran juego y derrotar 2-4 al Real Madrid Club de Fútbol, con el jugador argentino como el gran destacado.

“Millonarios el mejor equipo del mundo”
“Lo más grande que ha visto Madrid, Millonarios de Bogotá”
“El ballet bailó a su antojo. Un jugador de excepción, hombre de calidad genial que lleva la línea, se mueve incansable, abre brecha perforando la defensa rival con el cuerpo y al propio tiempo protege la pelota y tras su dribling seco y rotundo coloca la pelota donde y como quiere. Me he referido, por supuesto, a Di Stéfano, el delantero centro y verdadero crack del conjunto colombiano.”
“Los Millonarios del fútbol deslumbraron”
“Millonarios auténticos artistas del fútbol”.
Diversos titulares de la prensa española tras sus encuentros. Abril de 1952

“Nos regateó como a banderines en un campo de entrenamiento. [...] Di Stéfano estuvo extraordinario. Aparecía en defensa, en el centro del campo, en ataque. Dejó sentados a tres de los nuestros. Cuando tenía la pelota, no podías quitársela, solo rezar para que la pasara”.

Miguel Muñoz, rival y posterior compañero tras el partido​

Lógicamente, logró ser visto por Santiago Bernabéu, presidente madridista en aquel entonces, quien se propuso contratarlo. Sin embargo, dichos movimientos no se dieron hasta la consecución de la prestigiosa Pequeña Copa del Mundo de Clubes del año siguiente, cuando fueron incentivados por la estrecha relación entre los presidentes de ambos clubes y en el que fue el fichaje más controvertido hasta el momento en la historia del fútbol. El 18 de febrero de 1953, el partido ante el Sportklub Rapid Wien de dicho torneo, fue la despedida de «la Saeta Rubia» dejando para la historia 90 goles en 101 partidos oficiales en la Dimayor, 10 goles en la Copa Colombia en el mismo número de encuentros y 51 goles en 61 partidos no oficiales nacionales e internacionales.

Controversia con la FIFA por sus derechos de traspaso

Alfredo Di Stéfano protagonizó, con toda probabilidad, el fichaje más polémico de la historia del fútbol español. La controversia surge por la decisión de muchos jugadores de América y Europa —casi 200— de irse a jugar al campeonato colombiano de la División Mayor de Colombia (Dimayor), donde pagaban más, y donde fueron aceptados sin traspasos y al margen de la FIFA.​ Uno de esos jugadores fue Di Stéfano, quien ingresó en las filas del Club Deportivo Los Millonarios en 1949. El máximo estamento futbolístico, preocupado por el cariz que adquiría la situación, consideraba que ese torneo no era legal e incluso impuso sanciones a ese país.​ En el año 1951, Ottorino Barassi llegó a un pacto con la Dimayor en el llamado «Pacto de Lima». En este, la FIFA acordó que los jugadores recalados en equipos del citado país seguirían perteneciendo a los nuevos clubes hasta diciembre de 1954 y que, a partir de esa fecha, pasarían a pertenecer a los clubes de origen (Club Atlético River Plate en el caso de Di Stéfano), período durante el cual no podían ser traspasados.​ Con esto, la liga colombiana contaba con el beneplácito de la FIFA y a sus equipos se les permitió jugar amistosos fuera de Colombia.

El delantero hispano-argentino, quien era prácticamente desconocido en España hasta entonces, entusiasmó a todos cuantos asistieron la celebración de las Bodas de Oro del Real Madrid Club de Fútbol en marzo de 1952. Entre parte de los festejos se programó un torneo futbolístico al que acudió el C. D. Los Millonarios de Bogotá. Santiago Bernabéu y José Samitier, presidente del Real Madrid y secretario técnico del C. F. Barcelona respectivamente, asistieron al partido y quedaron fascinados con el juego de Di Stéfano. Ese mismo verano el presidente del club colombiano Alfonso Senior y Santiago Bernabéu, se hicieron muy amigos tras la disputa de cuatro amistosos en América en una gira del club español por el continente americano.​ A finales de 1952, el jugador, cansado de tantos partidos amistosos y de viajes con su nuevo club regresó a Buenos Aires. Al tiempo, el C. F. Barcelona vio cómo su jugador referencia Ladislao Kubala, enfermaba de tuberculosis y para suplir su ausencia decidieron viajar para fichar a Di Stéfano y le pagó un adelanto de dos millones de pesetas a River Plate, el equipo que en primera instancia poseía la mitad de la pertenencia.​ Nuevos documentos del club argentino que vieron la luz pública en 2017 establecían el traspaso del jugador en 108 000 dólares, que tras las negociaciones se redujeron a 87 000 dólares (4 millones de pesetas de entonces) con la condición de que se hiciese efectivo el pago de la mitad del precio antes del 10 de agosto, y el resto a pagar a plazos en los sucesivos años.

El Real Madrid C. F. viajó a Argentina con el mismo propósito, pero llegó después de dichas negociaciones de los barcelonistas quienes todavía no habían hecho efectivo el pago. Todo ello llevó a un conflicto entre ambos equipos por el pase del jugador: el Barcelona debía conseguir la cesión de los derechos, mientras que el Madrid necesitaba el plácet de River.​ Viajaron entonces los madrileños a Colombia y llegaron a un acuerdo para el traspaso del jugador en favor del año que le restaba con el club colombiano por el pacto de Lima, a fecha del 24 de julio.​ Informó entonces al club argentino del acuerdo, y devolvieron estos la información de las negociaciones que estos mantenían con los barcelonistas con el mismo propósito. Ya que no había aún ese pago efectivo del acuerdo, los argentinos dieron validez al acuerdo de los madridistas en caso de no efectuarse dicho pago. Las circunstancias provocaron un conflicto entre los cuatro clubes legitimando ambos sus respectivas negociaciones, unos por ser poseedores y compradores de unos derechos a expensas de un pago, y otros por ser poseedores y compradores de unos derechos temporales ya pagados.​ Días después y antes de la fecha límite del día 10 de agosto los barcelonistas hicieron efectivo el pago por lo que legítimamente y con tal motivo Di Stéfano, quien llegó a Barcelona en plenas negociaciones y antes de concretarse el pase, se incorporó a disciplina del club. Sin embargo, la FIFA le avisó al equipo catalán que no podía jugar ni siquiera amistosos hasta finales de 1954 porque, legalmente y hasta esa fecha, pertenecía al C. D. Los Millonarios,​ derechos que alegaron entonces Millonarios y el Real Madrid con validez a su contrato hasta que venciese el pacto de Lima.​ Tras las circunstancias el presidente del club catalán, Enric Martí Carreto, contactó con Alfonso Senior para arreglar la situación con los colombianos y poseer ambos derechos que zanjasen la cuestión, pero el presidente del Barça, Enric Martí Carreto, declinó pagar los 27 000 dólares que exigió Senior que habrían solucionado el caso a su favor, y que sí fueron abonados por el vicepresidente madridista, Raimundo Saporta.

Para solucionar el caso, el 15 de septiembre de 1953 la FIFA decidió salomónicamente,​ recomendada por Armando Muñoz Calero —miembro español de la FIFA y expresidente de la Real Federación Española de Fútbol—, autorizar a Di Stéfano a jugar cuatro temporadas en España alternativamente: dos de madridista (1953-54 y 1955-56) y dos de barcelonista (1954-55 y 1956-57), de manera alterna.​ Ambos compartirían así los derechos federativos.​ El C. F. Barcelona, quien decía haberse sentido presionado durante el pleito, no aceptó la decisión tomada ya que le parecía una situación indigna y presentando su presidente la dimisión en señal de protesta,​ ya que según el club eran ellos los que tenían los derechos "legales" del jugador.​ Por otro lado, el libro «El caso Di Stéfano» (2006) cita respecto al caso una frase del entonces Ministro de Educación:

«No recuerdo que se tratara este asunto [sobre un comentario del ministro Manuel Arburúa] en Consejo de Ministros, aunque bien es cierto que tampoco afectaba directamente a mi ministero y podría haberse tratado. Si era cuestión de divisas, sería lógico la intervención del ministro de Comercio [Arburúa]. Sí recuerdo que en aquellos tiempos Santiago Bernabéu era un hombre con un gran poder en el régimen, con trato directo con Franco. El Real Madrid era un club de gran importancia para el país y Bernabéu sabía mover todos los resortes del poder para lograr sus objetivos. Evidentemente, la gran mayoría de ministros de la época eran madridistas y el resto, muy minoritario, del Atlético.» ​

Joaquín Ruiz Giménez, Ministro de Educación Nacional de España (1951-1956).

Del conflicto se extendió años después una equivocada relación del club madrileño con el franquismo —cuando fue el régimen el que se ayudó de la imagen y los éxitos madridistas para mejorar su cartel internacional—. No obstante, desde el Real Madrid se defiende que Millonarios era el verdadero titular —con base al «Pacto de Lima»— y que más tarde sería el club catalán quien renunciaría voluntariamente a los derechos del futbolista. Así, el jugador comenzó la temporada 1953-54 jugando de blanco hasta la resolución del caso. Sus primeras apariciones no fueron del todo exitosas y el descontento crecía entre los aficionados —pese a anotar tres goles en cuatro partidos—, de modo que apenas un mes después, José Vidal-Ribas, miembro de la comisión gestora que se hizo cargo del C. F. Barcelona tras la dimisión de la junta directiva y favorecido en su decisión por la recuperación de Kubala, firmó un comunicado en el que renunciaba a todos los derechos sobre Di Stéfano en favor del Real Madrid C. F., que le abonó el dinero adelantado por los catalanes al C. A. River Plate y pagó el resto del traspaso al club argentino haciéndose con la totalidad de sus derechos. Esta resolución que en principio aparecía en la prensa como un éxito de la gestión azulgrana porque se había librado de un jugador que no había conseguido encajar en ningún club y que parecía finalmente no atesorar la destreza que se esperaba de él, cambió la historia del fútbol español ya que fue el artífice del dominio del conjunto madrileño durante una década, y hasta convertido en el mejor equipo del mundo. Fue precisamente tras firmar la renuncia del jugador, cuando ambos equipos se enfrentaron y cuando el jugador dio muestras del jugador que se esperaba. Anotó dos goles en una victoria por 5-0, que se acrecentaron con tres goles más la semana siguiente en la victoria por 3-4 frente al otro gran rival madrileño, el Club Atlético de Madrid.​

Uno de los personajes más decepcionados con este conflictivo fichaje fue Samitier, exjugador de ambos clubes, quien no pudo ver culminado su deseo de reunir en un mismo equipo a Kubala y Di Stéfano, dos de los considerados jugadores históricos de este deporte. Tampoco pudieron reunirse ambos en el club madrileño, y cuyo presidente Santiago Bernabéu fue quien trajo a España al jugador húngaro, si bien no pudo concretar su fichaje ya que la Real Federación Española de Fútbol dio en ese caso prioridad a los barcelonistas.

Sus años dorados en el Real Madrid

Para su debut como madridista se organizó un encuentro de presentación contra el Football Club de Nancy francés que tuvo lugar el 23 de septiembre de 1953. Este finalizó en derrota por 2-4 con el jugador anotando el último gol del encuentro y de su equipo, que se encontraba plagado de suplentes debido al inminente comienzo de la temporada, ya que en la época no estaban permitidos los cambios durante un encuentro oficial. Sin embargo, esa derrota no marcó el devenir de su carrera, ya que su etapa de blanco estuvo llena de éxitos.
En contraposición, su debut oficial como madridista tuvo lugar cuatro días después frente al Real Racing Club de Santander en Madrid en un encuentro válido para el Campeonato de Liga 1953-54. El partido finalizó con victoria por 4-2 y pese a los casi seis meses de inactividad, Di Stéfano fue el autor de uno de los tantos, el primero de una sucesión que le llevó a anotar 227 goles en la liga española y ser el máximo anotador en cinco temporadas, a tan solo una de igualar a Telmo Zarra, y quedarse a 24 goles del mismo jugador como goleador histórico de la competición. De ellos, 216 fueron anotados en su etapa madridista.
La mayoría de los historiadores y aficionados están de acuerdo en afirmar que su fichaje por el club madrileño, al que llegó con 27 años y siendo casi un desconocido en Europa,​ cambió el rumbo del fútbol español y del viejo continente. Hasta la llegada del futbolista a la capital, el F. C. Barcelona era el dominador del país, mientras que los madrileños en cambio no lograban ganar la Liga desde hacía 20 años.

Con la llegada de Di Stéfano, «los blancos» consiguieron vencer ocho de las siguientes once ligas (en 1954, 1955, 1957, 1958, 1961, 1962, 1963, y 1964) y un Campeonato de España-Copa del Generalísimo (en 1962), situándose como el equipo referencia que batir en España.

Si bien llegó a ser el mejor jugador del país, sus grandes logros fueron a nivel internacional. Con la recientemente creada Copa de Clubes Campeones Europeos —o simplemente Copa de Europa— a manos de la UEFA, al fin un equipo podría consagrarse como mejor equipo del continente. En ella fue el Real Madrid C. F., en especial gracias a las actuaciones de Di Stéfano, quien consiguió cinco Copas de Europa consecutivas (entre 1955 y 1960, además de dos subcampeonatos, siendo un hito aún no igualado en la actualidad), dos Copas Latinas y la primera edición de la Copa Intercontinental en 1960, competición que designaría en adelante al mejor equipo del mundo. Aclamado a nivel internacional, conquistó para los madrileños un total de diecisiete títulos y disputó un total de 396 partidos en los que anotó 308 goles que le llevaron a ser considerado como el mejor futbolista de la época. Su registro anotador le llevó a ser máximo goleador histórico del club hasta 2009.

Durante las once temporadas en Madrid, fue nombrado Balón de Oro en dos ocasiones —que hubiesen sido tres de no prohibirse en la tercera edición del premio votar a un futbolista que ya hubiese vencido el galardón— y Balón de Plata en otra ocasión, y fue integrante en varias ocasiones de un combinado europeo con los mejores jugadores de Europa en los que fueron los primeros partidos amistosos a nivel continental. Su fama le llevó incluso a protagonizar por primera vez un film en 1956 con la película «La Saeta Rubia» en la que se interpretó a sí mismo,​ y tras la que protagonizó varias más porque era un gran aficionado al arte cinematográfico.

Su último partido oficial con el conjunto madrileño se produjo el 27 de mayo de 1964 en la Copa de Europa. El partido, correspondiente a la final de aquella edición finalizó con una derrota por 3-1 contra el Football Club Internazionale de Helenio Herrera, Luis Suárez y Sandro Mazzola. Diversas discrepancias con el técnico del conjunto —quien fuera su compañero temporadas atrás Miguel Muñoz—, y con la renovación de su contrato —creyendo el presidente Santiago Bernabéu que no merecía ser tan cuantioso debido a la ya alta edad del futbolista— dieron finalmente con el final de la etapa del jugador en el club, que puso rumbo a Barcelona para disputar los últimos años de su carrera en el Real Club Deportivo Español.

El que fue durante años el líder de un equipo que llegó a conocerse como el «Madrid de Di Stéfano», o «Madrid de las cinco Copas de Europa» —y que merced a dichos éxitos sería conocido en adelante como «los vikingos»— dejó al equipo en lo más alto del panorama futbolístico, antes de ser considerado años después como uno de los mejores futbolistas de la historia, honor que comparte con el brasileño Edson Arantes do Nascimento Pelé, el argentino Diego Armando Maradona y el neerlandés Johan Cruyff, quienes también le proclamaron con dicho honor. Además de ellos, otros muchos grandes jugadores de la historia así lo reconocieron, como por ejemplo Bobby Charlton, considerado el mejor inglés de la historia:

“Alfredo Di Stéfano es quizás el mejor jugador que nunca haya visto. Lo vi en un partido cuando el Manchester United jugó contra el Real Madrid en las semifinales de la Copa de Europa en Madrid el año anterior al accidente. En aquellos días, no había sustituciones; si no estabas jugando, estabas en el graderío. Me sentí como si estuviera mirando hacia abajo en lo que parecía una mesa de Subbuteo —así estaba de alto— pero no podía quitar los ojos de este centrocampista y pensé, «¿Quién es ese?»

Dirigió todo el espectáculo y tuvo la pelota casi todo el tiempo. Solía soñar con eso, y solía odiar cuando alguien más la tenía. Nos vencieron 3-1 y dictó todo el partido. Nunca antes había visto algo parecido, alguien que influyese en todo el partido. Todo pasaba por él. El guardameta se la entregaba, los defensores se la daban, los centrocampistas se asociaban con él y los delanteros lo buscaban.

Y estaba Gento jugando a su lado y Di Stéfano temporizaba perfectamente los pases para él. Gento corría tan rápido que no podías cogerle en fuera de juego. Y yo estaba tan solo sentado allí, observando, pensando que era lo mejor que nunca había visto.

Pero yo había sido advertido un poco por Matt Busby, nuestro entrenador en la época, porque se los había cruzado y visto jugar un partido en Niza antes de las semifinales —en aquellos días no era fácil hacerlo— y, cuando regresó, le preguntamos cómo eran, pero no quiso decírnoslo. Y entendí por qué no lo hizo cuando los vi. Creo que sabía que, si nos hubiera dicho que eran los mejores jugadores que jamás había visto, todo hubiera estado acabado para nosotros antes de que empezáramos.

Y esto fue cuando Di Stefano tenía treinta años. ¿Cómo debió ser en su juventud?”

Bobby Charlton.

“As pessoas discutem entre Pele ou Maradona. Di Stéfano é o melhor, muito mais completo.”
“La gente discute entre Pelé o Maradona. Di Stéfano es el mejor, mucho más completo.”
Pelé.
“No sé si he sido mejor jugador que Pelé, pero puedo decir sin lugar a dudas que Di Stéfano fue mejor que Pelé. Me siento orgulloso cuando se habla de Di Stéfano. Pelé hubiera fracasado si hubiese jugado en Europa, mientras que Alfredo ha jugado muy bien en todo el mundo. Puedo decir que Maradona podría ser peor que Pelé. Pero recalco que Di Stéfano era mejor.”
Diego Armando Maradona.
“Der umfassendste Fußballspieler der Welt.” “El futbolista más completo del mundo.”
Franz Beckenbauer.

“En la final de Amsterdam entre Benfica y Real Madrid, que jugaban Eusebio y Di Stéfano, yo fui recogepelotas en ese partido y disfruté muchísimo porque Di Stéfano siempre ha sido uno de mis ídolos, porque era de los mejores del mundo y hacía cosas tan bonitas que me gustaban mucho. Era mi jugador favorito y lo que más me gustaba de Di Stefano era todo lo que hacía por el equipo. Tenía un equipo fantástico, pero era una referencia para todo el mundo y fue de los primeros argentinos que jugó en España. Hay gente que ha sido bueno en una época, pero Di Stéfano duró muchas épocas, ha estado ahí toda la vida.”

Johan Cruyff.

Secuestro por las FALN

El 26 de agosto de 1963, Di Stéfano fue secuestrado en Caracas por miembros de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Venezuela (FALN), grupo guerrillero que operó en Venezuela durante los años sesenta mientras el club madridista disputaba la Pequeña Copa del Mundo de Clubes. La operación fue dirigida por algunos combatientes del mencionado frente, entre los que se encontraba Paúl del Río alias «Máximo Canales», que manifestó que el trato dado al famoso futbolista fue siempre amistoso y cordial, a pesar de los momentos de tensión que derivaban de tal acción. Dos supuestos policías se presentaron en el hotel de concentración del conjunto español e invitaron a Alfredo a acompañarlos a la comisaría como un mero trámite burocrático por estar involucrado en un caso de tráfico de estupefacientes una persona del mismo nombre. En el coche le confirmaron que era un secuestro, que duró 72 horas, en las que el futbolista jugó al ajedrez y al dominó, vio la televisión, apostó a los caballos y hasta diseñó su propio menú para su cautiverio. Los secuestradores comentaron que nunca sintió que su vida estuviera en riesgo y siempre reaccionó de la mejor manera. ​

Fue puesto en libertad a cien metros de la Embajada de España en Venezuela sin exigir rescate y, como así comentó años después Paúl del Río: "Esto es un secuestro. No le va a pasar nada. Somos revolucionarios que no estamos de acuerdo con el régimen de nuestro país. Le soltaremos enseguida. [...]

No se pidió dinero por el rescate. No hubo exigencia ni condición. Lo secuestramos basándonos en su fama. Eso nos ayudaba a obtener nuestros fines, su prestigio y la fama del Madrid. El equipo fue a jugar un partido amistoso y nosotros, lamentablemente, le sacamos tarjeta roja a las seis de la mañana. Y no pudo jugar.
La operación buscó llamar la atención de la comunidad internacional sobre la tensa situación social y política que afrontaba Venezuela, emulando el secuestro del piloto argentino Juan Manuel Fangio en La Habana en 1958. El rapto de Di Stéfano fue bautizado con el nombre de «Julián Grimau», en homenaje al comunista español fusilado por Franco al amanecer del 20 de abril de 1963.

Retiro.

Tras su despedida del club madrileño jugó para el Real Club Deportivo Español de Barcelona, en el que disputó dos temporadas, para retirarse el 3 de abril de 1966, fecha en que disputó su último partido como profesional. Actualmente es el séptimo jugador más veterano en disputar un encuentro del campeonato de liga de España. Su último partido a todos los efectos fue un homenaje el 7 de junio de 1967 jugado entre el Real Madrid Club de Fútbol y el Celtic Football Club, club que pretendió sus servicios pero se le anticipó el club barcelonista y que venció 0-1. En el minuto 13 Di Stéfano se quitó el brazalete de capitán y se lo entregó a Ramón Grosso, jugador que heredó su dorsal en el equipo, en medio de los aplausos de todo el Estadio Santiago Bernabéu y tras el que recibió la máxima distinción al deporte de España, la Medalla de Oro al Mérito Deportivo. 

Felipe Gutiérrez, su incomparable amigo, jugó su último partido junto a Di Stéfano, el cual elogió a su amigo y lo apodó "Felipão", pues jugaba tal y como un brasileño.


Selección nacional

El futbolista jugó oficialmente para dos selecciones —hecho permitido en la época—. Con la selección argentina jugó seis partidos debutando internacionalmente el 4 de diciembre de 1947 en el estadio George Capwell de Ecuador en un partido valedero para el Campeonato Sudamericano de 1947 frente a la selección boliviana que finalizó 7-0 y en el que anotó un tanto. ​Durante el campeonato hizo cinco goles más —incluido su primer hat-trick de selecciones anotado frente a la selección colombiana— que a la postre ayudaron a su equipo a coronarse campeón, siendo su único y más importante triunfo a nivel de selecciones durante su carrera.

Tras su paso por Colombia y debido a un paréntesis en la liga del país, sus integrantes organizaron partidos de selección bajo el nombre de combinado XI de la liga colombiana —que no era la selección colombiana absoluta— en el que tuvo cuatro participaciones como invitado, hecho por el que no constan en los registros oficiales de la FIFA amén de no poseer la nacionalidad.

Una vez en España, Di Stéfano se nacionalizó ciudadano español en 1956 —tras unos trámites que se demoraron 2 años— por lo que el 30 de enero de 1957 jugó su primer partido con la selección española enfrentándose a la selección neerlandesa, y en el que España vence por 5-1 con un hat-trick de Di Stéfano —el único que anotó como internacional español—. Tras casi cinco años defendiendo la camiseta roja disputó un total de 31 partidos y se mantuvo como el máximo goleador de la historia del combinado con 23 goles hasta que Emilio Butragueño superó ese récord en 1990. Entre sus partidos disputados, únicamente perdió cinco de ellos, en los que también consiguió anotar seis dobletes.

Durante su etapa en España, el jugador también participó esporádicamente en el de la selección madrileña, un combinado regional oficioso que no disputaba competiciones oficiales.

Sus ausencias mundialistas

Considerado como uno de los mejores jugadores de la época y posteriormente, de la historia, no pudo demostrar su valía en una Copa Mundial —competición más prestigiosa a nivel de selecciones— durante su etapa en activo por diversas circunstancias.

Mientras defendía la camiseta albiceleste, la Asociación del Fútbol Argentino decidió retirar su inscripción del Mundial de 1950 por unas discrepancias con la Confederación Brasileña de Fútbol, país organizador de aquel campeonato. Debido a dichas discrepancias, provenientes desde 1949, la selección argentina decidió aislarse deportivamente como protesta y para así evitar confrontaciones con los brasileños. Esto le llevó a no disputar tampoco los Campeonatos Sudamericanos, ni el posterior Mundial de 1954 que tuvo lugar en Suiza. Para entonces, el jugador ya militaba en España y decidió comenzar los trámites para su nacionalización, pasando a defender a la selección española. Los trámites se demoraron y pese a que la Real Federación Española de Fútbol solicitó que el jugador pudiese participar con ellos para lograr la clasificación al Mundial, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) no lo autorizó quedándose así sin acudir al campeonato por segunda vez.

Ya como jugador español no pudo acudir a la siguiente cita, el Mundial de 1958 de Suecia ya que su selección no logró clasificarse pese a que pudo disputar los partidos que decidirían el acceso frente a la selección suiza y la selección escocesa. En la serie de cuatro partidos, Di Stéfano solo pudo anotar dos goles en el último e intrascendente encuentro ya que los británicos ya poseían un mejor balance.

Cuatro años después se presentaba una nueva oportunidad con el Mundial de 1962 que organizó Chile. En el sorteo de la fase de clasificación España fue uno de los equipos que conformaron uno de los dos grupos europeos con tan solo dos participantes para dirimir una plaza, por lo que el vencedor hubo de disputar un encuentro frente a otro equipo de otra confederación. Así, tras vencer en la eliminatoria a doble partido a la selección galesa por un 3-2 global gracias a un tanto de Di Stéfano, se enfrentó a la selección marroquí a la que venció por un 4-2 global y fue el autor de uno de los tantos. Clasificado para el Mundial, fue convocado por Helenio Herrera en lo que parecía iba a ser por fin su primera participación en el mundial. Sin embargo, una lesión en el antepenúltimo partido de entrenamiento en España previo a acudir a la cita le impidió jugar. Pese a ello hizo el viaje con la selección y formó parte del equipo tal y como consta en las actas de la FIFA, aunque no disputó ningún encuentro.

La siguiente cita del Mundial de 1966 de Inglaterra llegó en el ocaso de su carrera deportiva, cerrando así una desafortunada historia. Se dio la circunstancia que otro de los grandes futbolistas de la época y de la historia, Ladislao Kubala, tampoco acudió nunca a un Mundial a pesar de que jugó con tres selecciones distintas. Cuando más cerca estuvo fue en 1962, pero al igual que Di Stéfano no pudo acudir por lesión, y son así dos de los futbolistas que se encuentran en un listado de grandes jugadores que nunca pudieron acudir a la cita.

Dirección técnica

Tras retirarse del fútbol profesional, Di Stéfano se dedicó a la dirección técnica, entrenando al Elche Club de Fútbol, Club Atlético Boca Juniors, Valencia Club de Fútbol, Real Madrid Club de Fútbol, Rayo Vallecano de Madrid, Club Deportivo Castellón y Club Atlético River Plate, además de ser durante un mes el asesor de Walter Roque al frente de la selección venezolana aprovechando su estancia en España y de un periplo en Portugal con el Sporting Clube de Portugal, al que no llegó a dirigir en partido oficial por los problemas de su contratación y registro en la federación, estando a cargo del equipo únicamente durante la pretemporada.

En su carrera como técnico consiguió un Campeonato Nacional y una Copa Argentina con Club Atlético Boca Juniors, un Campeonato Nacional con Club Atlético River Plate —siendo el único entrenador campeón con los dos equipos más laureados del fútbol argentino— una Liga española y una Recopa de Europa con el Valencia C. F. y una Supercopa de España con el Real Madrid Club de Fútbol.

Presidencia de honor y fallecimiento

Alfredo Di Stéfano continuó viviendo en España. El 5 de noviembre de 2000, fue nombrado Presidente de Honor del Real Madrid y como tal, unos días después recogió, representando a la entidad, el trofeo al Mejor Club del siglo XX otorgado por la FIFA en una ceremonia celebrada en Roma. El 24 de diciembre de 2005, sufrió un ataque al corazón del que se repuso con éxito en Sagunto en un primer momento y después en Valencia.

El 9 de mayo de 2006, el Real Madrid inaugura el estadio en el que su filial, el Real Madrid Castilla, disputará sus encuentros, y el club decide por unanimidad denominarlo Estadio Alfredo Di Stéfano. En la temporada 2007-2008 el Real Madrid estrena un avión propio para sus desplazamientos que bautizan como «La Saeta», en honor al apodo de Alfredo Di Stéfano.

El 17 de febrero de 2008, recibió un homenaje de parte de representantes del fútbol mundial por su trayectoria profesional, en el cual le fue entregado el Premio Presidente UEFA de 2007​ por parte de Michel Platini, entonces presidente de la UEFA. Fue galardonado con el "Guijuelo de Oro 2007", en Guijuelo, Salamanca.

El 17 de septiembre de 2009, en medio de una disputa entre Pelé y Maradona por quién era el mejor futbolista de la historia, Di Stéfano señaló: «Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. Elija el que usted guste». Los citados futbolistas fueron la esencia de «La Máquina» de River Plate, una de las formaciones más espectaculares de todos los tiempos a nivel mundial.

El 5 de julio de 2014 a las 17:00 horas, sufrió una parada cardiorrespiratoria durante la comida de celebración de su cumpleaños. Trasladado de urgencia al Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, fue reanimado hasta por dos veces e ingresó en la Unidad Coronaria del centro donde fue sometido a un coma inducido para estabilizar sus constantes vitales. Dos días después, el 7 de julio, falleció a los 88 años de edad. El palco de Honor del Estadio Santiago Bernabéu, acogió desde las 10:30 horas del martes 8 de julio, la capilla ardiente del Presidente de Honor, recibiendo un multitudinario homenaje de despedida por parte del madridismo.

¿Por qué Alfredo Di Stéfano era conocido como ‘la Saeta Rubia’?

ALFRED LÓPEZ 

Tras el fallecimiento de Alfredo Di Stéfano, el 7 de julio de 2014, en miles de páginas de todos los medios de comunicación, blogs y redes sociales se habló sobre su figura y lo grande que llegó a ser en el mundo del fútbol (considerado por muchísimos expertos como el mejor futbolista de todos los tiempos).

Pero entre tanta noticia, tweet o post hay un término que se repite en la mayoría de los titulares: ‘la Saeta Rubia’, el sobrenombre por el que fue conocido la mayor parte de su carrera.

El apodo de la Saeta Rubia lo recibió a finales de la década de los años 40 cuando el periodista argentino Roberto Neuberger, de la ‘Revista River’ (en algunos medios indican que era de El Gráfico, pero incluso en la web de este medio indican que Neuberger dirigía la Revista River) lo bautizó de ese modo debido a la velocidad que tenía Di Stéfano (era rápido como una flecha) y el color rubio de su cabello.

Cabe destacar que el significado del término ‘saeta’ es flecha y/o arma arrojadiza. Su etimología proviene del latín ‘sagitta’ (flecha).

Antes de ser apodado como la Saeta Rubia, Di Stéfano fue conocido como ‘El Alemán’, sobrenombre que se le dio desde prácticamente sus inicios en el fútbol debido también al color dorado de su pelo que recordaba al de los germanos.

 

EL MADRID DE DI STÉFANO

El «Madrid de Di Stéfano» o «Real Madrid de Di Stéfano» es el nombre con el que se conoce al Real Madrid Club de Fútbol durante su período de finales de los años cincuenta y principios de los sesenta en el que el club se convirtió en el más laureado e importante de la época merced al número de títulos cosechados y de la importancia de los mismos, siendo el máximo estandarte el jugador argentino Alfredo Di Stéfano, ya que su llegada a la institución fue la que marcó el devenir del club.

Debido a la obtención de manera consecutiva de cinco trofeos de la máxima competición europea de clubes, la Copa de Europa, es también conocido en tal referencia como el «Madrid de las cinco Copas de Europa», siendo un hito no igualado desde entonces en los sesenta años de vida del torneo.

Algunos de los integrantes más conocidos y emblemáticos de dicha etapa fueron también el húngaro Ferenc Puskás, el argentino Héctor Rial, el español Paco Gento y el francés Raymond Kopa entre otros, permitiendo que el club levantase durante los once años desde la llegada del argentino Alfredo Di Stéfano un total de veinte trofeos, entre los que destacan las ya mencionadas cinco Copas de Europa, una Copa Intercontinental y ocho Ligas.

Historia

El 6 de marzo de 1952, para conmemorar el 50ª aniversario de su fundación, el Real Madrid C. F. organizó diversos actos entre los que destacaban la disputa de un torneo internacional de fútbol y otro de baloncesto. Los invitados fueron el IFK Norrköping sueco, y el campeón colombiano C.D. Los Millonarios, equipo en el que resaltaría un jugador argentino por encima del resto: Alfredo Di Stéfano. Su gran actuación durante el partido frente al Real Madrid, provoca que Santiago Bernabéu no descanse hasta conseguir su fichaje por el club blanco, y finalmente en 1953 tras una enrevesada y complicada negociación en la que han de intervenir la FIFA y la Federación Española de Fútbol, lo contratan junto con el español «Paco» Gento del Real Santander Sociedad Deportiva, en dos millonarias operaciones.

Asentadas unas firmes bases, el club empieza a obtener éxitos deportivos abanderados por el fútbol, de la mano de «Joseíto», Molowny, Di Stéfano y Gento que obtienen la Liga después de 21 años. En ella, su primera en el conjunto madrileño, el delantero hispano-argentino obtendría el galardón de máximo artillero del torneo, título que repetiría en cuatro ocasiones más con «los blancos».

Bajo la dirección del técnico español José Villalonga, y con un equipo conformado por futbolistas como Juan Alonso, «Marquitos», Rafael Lesmes, Miguel Muñoz, José María Zárraga, «Joseito», Di Stéfano, Héctor Rial y «Paco» Gento; el Real Madrid logró la conquista de las ligas de 1954-55 y 1956–57, y las Copas Latinas de 1955 y 1957 en lo que fue un primer intento por organizar un torneo de prestigio entre clubes de Europa. Es así como Santiago Bernabéu, se convierte en vicepresidente y colaborador directo de la iniciativa del diario francés L'Équipe de mano de Gabriel Habot, en fundar la Copa de Europa en una reunión que tuvo lugar en un hotel de París y que tuvo el beneplácito de la UEFA. Esta reuniría a los campeones de las distintas ligas europeas para la disputa de un título que designaría así al mejor equipo del continente.

El club conquistaría las 2 primeras ediciones de la considerada mayor competición a nivel de clubes del momento, tras imponerse al Stade de Reims en París por 4-3, y a la A. C. F. Fiorentina en el Santiago Bernabéu por 2-0. ​El argentino Luis Carniglia relevó a Villalonga ​y con las incorporaciones de Raymond Kopa que llegó al equipo el año anterior, José Santamaría y el flamante jugador Ferenc Puskás, perteneciente a la selección húngara conocida como los «magiares mágicos» que deslumbraron al mundo conquistando el título de campeones en los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1952 y el subcampeonato en la Copa Mundial de Fútbol de 1954, el equipo ganó el campeonato de 1957-58 y las siguientes 3 Copas de Europa tras imponerse al A. C. Milan en Bruselas por 3-2, nuevamente al Stade de Reims en Stuttgart por 2-0, y al Eintracht Frankfurt en Glasgow por 7-3 ante 135 000 000 espectadores. Tras esa última final el diario inglés The Times catalogaría a los jugadores blancos como «vikingos» escribiendo:

"Real wanders through Europe as the Vikings once walked, destroying everything in its path"
("El Real Madrid se pasea por Europa como antaño se paseaban los vikingos, arrasándolo todo a su paso"). The Times. 19 de mayo de 1960. Londres.

Los blancos conseguían una hazaña que con el paso del tiempo sería histórica y que no ha sido capaz de igualarse: ganar 5 Copas de Europa consecutivas. Además, en consecuencia del último título, el club obtendría el privilegio de disputar una nueva competición internacional recientemente instaurada por la FIFA, la Copa Intercontinental. Este trofeo sería disputado en adelante por el campeón de Europa, y el campeón de Sudamérica (ganador de la Copa Campeones de América, homóloga de la Copa de Europa) para dilucidar quién era el mejor equipo del mundo. El Real Madrid salió vencedor, y alzó el trofeo tras derrotar al C. A. Peñarol por un global de 5-1.

«El Madrid de Di Stéfano» subió así al club a lo más alto del panorama futbolístico internacional, logrando un gran reconocimiento por parte de medios, aficionados y equipos rivales. Durante este periodo, el Real Madrid C. F. levantó nada menos que 19 títulos en poco más de 10 años,​ mientras que sus futbolistas fueron internacionalmente reconocidos con el nuevo trofeo creado por el diario francés L'Équipe del Balón de Oro, premio al mejor futbolista del mundo según un jurado de expertos, donde los blancos coparon el podio del trofeo durante los primeros años. Entre ellos, Alfredo Di Stéfano en dos ocasiones, y Raymond Kopa en una, conquistan el galardón de oro.

En los años sucesivos, el club alcanzó dos nuevas finales de la máxima competición, en la que no obtuvo la misma suerte. En la edición de 1961-62 se enfrentó al S. L. Benfica portugués frente al que cayó por 5-3 en Ámsterdam gracias a los dos tantos finales de un joven que a la postre sería la gran estrella del club lisboeta, y uno de los mejores futbolistas de la historia según la FIFA y la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS): Eusébio da Silva. El club llegó a una nueva final en la edición de 1963-64, pero volvió a escaparse tras perder por un 3-1 frente al F. C. Internazionale Milano de Luis Suárez, Helenio Herrera y Sandro Mazzola en Viena. El gran equipo que asombró a Europa daba ya sus últimos coletazos y se produjo un cambio generacional. A partir de la Liga 1966-67 se inició una nueva época en el club de Concha Espina.

Miguel Muñoz, exfutbolista del club y nuevo entrenador, le dio el relevo a los viejos ídolos del club con un equipo integrado por jóvenes españoles como José Araquistáin, «Pachín», Pedro de Felipe, Manuel Sanchís, «Pirri», Ignacio Zoco, Francisco Serena, Amancio Amaro, Ramón Grosso y Manuel Velázquez; todos ellos capitaneados por el veterano Gento. El Real Madrid C. F. ganó la Pequeña Copa del Mundo de Clubes en una competición marcada por el secuestro de Di Stéfano, antes de dejar finalmente el club. Desde entonces la exitosa generación de Di Stéfano dejó paso al equipo conocido como el «Madrid de los Yé-yé», que volvió a ganar la Copa de Europa para el club venciendo en la final al F. K. Partizan de Belgrado por 2-1, después de los dos subcampeonatos en 1962 y 1964. Con esta sexta Copa de Europa, «Paco» Gento, antiguo integrante del «Madrid de Di Stéfano», se convirtió en el jugador que más títulos ostenta de esta competición, con seis, récord aún vigente en la actualidad.

El equipo

A lo largo de dicha etapa fueron un total de 37 futbolistas los que, al menos, disputaron un partido con el Real Madrid C. F. durante las cinco primeras ediciones de la Copa de Europa. Sin embargo se asocia sobre todo a cinco futbolistas que marcaron el devenir del mismo durante su etapa. Éstos fueron Raymond Kopa, Héctor Rial, Alfredo Di Stéfano, Ferenc Puskás y Paco Gento.

Posteriormente, el equipo recibió los honores como mejor equipo del siglo XX por la prestigiosa revista italiana Calcio 2000 con un 34,7% de votos, por delante del A. F. C. Ajax de «Johan» Cruyff que obtuvo un 22,8% de los votos finales.

Los jugadores y el número de partidos que jugaron en dicha época fueron los siguientes:

Alineación tipo: 3-3-4 o 3-2-5

Entrenadores: José Villalonga, Luis Carniglia y Miguel Muñoz.

Porteros: Juan Alonso (22), Rogelio Domínguez (14) y Javier Berasaluce (1).

Defensas: Marquitos Alonso (29), Lesmes II (28), José Santamaría (21), Ángel Atienza (11), Miché García (9), José Becerril (5), Enrique Pérez Pachín (3), Joaquín Navarro (3), Joaquín Oliva (3), Manuel Torres (2), Héctor Ramos (4), y Pantaleón II (1).

Centrocampistas: José María Zárraga (32), Juan Santisteban (17), Miguel Muñoz (15), Antonio Ruiz (12) y José María Vidal (6)

Delanteros: Alfredo Di Stéfano (35), Paco Gento (35), Raymond Kopa (25), Héctor Rial (25), Enrique Mateos (15), Ferenc Puskás (14), Joseíto Fernández (12), Chus Herrera (12), Ramón Marsal (10), Roque Olsen (4), Canário (3), Luis del Sol (3), Heliodoro Castaño (2), Luis Molowny (2), José Luis Pérez-Paya (1), Chus Pereda (1) y Pepillo Castro (1).

Las finales

Durante la etapa de Alfredo Di Stéfano en el club se le atribuyó también al equipo el sobrenombre de «Madrid de las cinco Copas de Europa» en referencia a los títulos logrados de la máxima competición europea. Pese a ello, no fueron cinco sino siete finales de la Copa de Europa las que el club disputó antes de que el jugador abandonase el club.

1ª Copa de Europa 1955-56

13 de junio de 1956. París, Parc des Princes, 38200 espectadores.

Árbitro: Arthur Edward Ellis (Inglaterra).

REAL MADRID, 4; STADE DE REIMS, 3.

Goles: 0-1 (6′) Leblond. 0-2 (10′) Templin. 1-2 (14′) Di Stéfano. 2-2 (30′) Rial. 2-3 (62′) Hidalgo. 3-3 (67′) Marquitos. 4-3 (79′) Rial.

Real Madrid CF: Juanito Alonso; Ángel Atienza, Marquitos Alonso, Rafael Lesmes; Miguel Muñoz, José María Zárraga; Joseíto Iglesias, Ramón Marsal, Alfredo Di Stéfano, Héctor Rial, Francisco Gento <José Villalonga>. Reservas: Juanito González, Joaquín Oliva, Manolín Martínez y José Luis Pérez-Payá.

Stade de Reims: René Jacquet; Simon Zimny, Robert Jonquet, Raoul Giraudo; Michel Leblond, Robert Siatka; Michel Hidalgo, Léon Glovacki, Raymond Kopa, René Bliard, Jean Templin <Albert Batteux>.

El partido tuvo una intensidad digna de una gran final. Los primeros minutos fueron tremendos en contra del Real Madrid. Raymond Kopa, con plena libertad de movimientos, cortaba en dos las líneas de los blancos ante un Záraga incapaz de recomponerlas. Dos goles en 10 minutos inclinaron seriamente la balanza para los franceses. Entonces surgió el Di Stéfano que iba a conocer toda Europa. Fuerza y genio en uno, él supo restablecer el puente necesario entre las dos zonas y encontrar los huecos necesarios para recomponer el marcador. En un cuarto de hora de rabia y buen juego volvía el empate. Las crónicas del partido evocaban la épica de la batalla, porque así fue el juego. En la segunda parte, de nuevo la habilidad de Kopa le dio opción a Hidalgo para adelantar a los franceses. Esta vez el Real Madrid respondió en seguida con furia, la de un defensa como Marquitos, y dejó las tablas para que se deshicieran en los últimos veinte minutos. Fue Héctor Rial el autor del gol de la victoria, a falta de once minutos, sentenciando una escapada de Gento hasta la misma raya de fondo. Hubo un gran campeón ante un dignísimo finalista.

Opiniones de los protagonistas:

Albert Batteux: «En el momento que empató el Madrid por primera vez vi el partido perdido».

José Villalonga: «El mejor mérito del Madrid es haber remontado ese dos-cero; pero con 3-2 pensé que se nos escaba la Copa: el gol de Marquitos llegó en un momento crucial».

2ª Copa de Europa 1956-57

30 de mayo de 1957. Madrid, estadio Santiago Bernabeu, 120000 espectadores.

Árbitro: Leopold Sylvain Horn (Holanda).

REAL MADRID CF, 2; FAC FIORENTINA, 0.

Goles: 1-0 (68′) Di Stéfano, de penalti. 2-0 (75′) Gento.

Real Madrid CF: Juanito Alonso; Manuel Torres, Marquitos Alonso, Rafael Lesmes; Miguel Muñoz, José María Zárraga; Raymond Kopa, Enrique Mateos, Alfredo Di Stéfano, José Héctor Rial, Francisco Gento <entrenador: José Villalonga>. Reservas: Juanito González, Joaquín Oliva, José Antonio Rubio, Juan Santisteban y Joseíto Iglesias.

FAC Fiorentina: Giuliano Sarti; Ardico Magnini, Sergio Cervato; Aldo Scaramucci, Alberto Orzan, Armando Segato; Julinho Botelho, Gratton, GiuseppeVirgili, Miguel Angelo Montuori, Maurilio Prini <entrenador: Fulvio Bernardini>.

Las precauciones en ambos equipos mantuvieron el 0-0 hasta el descanso. La Fiorentina, a la italiana, con clara vocación defensiva, pero el Real Madrid, para evitar los contragolpes, también plantó a Di Stéfano más retrasado de lo habitual. Rial trabajaba de lanzador donde Gento podía romper la línea, aunque torpe a la hora de finalizar. Hasta la segunda parte no se rompió el empate. Fue de penalti en una jugada que inició Mateos en fuera de juego. El Real Madrid no dejó reaccionar a la Fiorentina y finalmente Gento acertó, puso el 2-0 que cerraba definitivamente la final.

Opiniones de los protagonistas:

José Villalonga: «Ha sido una gran final, y muy difícil; el Fiorentina es un excelente equipo».

Fulvio Bernardini: «Legítima la victoria del Madrid; pero la Fiorentina no ha debido perder».

3ª Copa de Europa 1957-58

28 de mayo de 1958. Bruselas, Stade du Heysel, 67000 espectadores.

Árbitro: Albert Alsteen (Bélgica).

REAL MADRID CF, 3; AC MILAN, 2.

Goles: 0-1 (59′) Schiaffino. 1-1 (74′) Di Stéfano. 1-2 (77′) Grillo. 2-2 (79′) Rial. 3-2 (107′) Gento.

Real Madrid CF: Juanito Alonso; Ángel Atienza, José Emilio Santamaría, Rafael Lesmes; Juan Santisteban, José María Zárraga; Raymond Kopa, Joseíto Iglesias, Alfredo Di Stéfano, José Héctor Rial, Francisco Gento <entrenador: Luis Antonio Carniglia>. Reservas: Rogelio Antonio Domínguez, Marquitos Alonso, Antonio Ruiz y Enrique Mateos.

AC Milan: Narciso Soldan; Alfio Fontana, Eros Beraldo; Mario Bergamaschi, Cesare Maldini, Luigi Radice; Giancarlo Danova, Nils Liedholm, Juan Alberto Schiaffino, Ernesto Grillo, Tito Ernesto Cucchiaroni <entrenador: Gipo Viani>.

El Milan había estudiado muy bien el partido. El control sobre Di Stéfano recaía en una escalera de jugadores que empezaba desde el mismo Liedholm hasta cerrarse en sus propios defensas. Afortunadamente para el Real Madrid, también tenía hombres que podían responder a esa trama. Tras una primera parte exquisita en técnica, en la segunda había que añadir fuerza y decisión. Y se rompieron las formas con los goles. Excelentes los delanteros del Milan que saltaron la defensa madridista con su mejor hombre, Schiaffino. Y pudieron sentenciar con un gran disparo de Cucchiaroni al larguero. Pero Di Stéfano, que su leyenda se escribía en estos partidos, recuperó el empate. Grillo y Rial hicieron dos goles de gran calidad, insuficientes para decidir un campeón. Fue Gento, en la prórroga, el que confirmó que el ala izquierda madridista era más peligrosa, aunque gracias a una jugada iniciada por Kopa. Gento ya había disparado al poste nada más empezar la prórroga. Gento, con un tiro lejano pasando el balón entre varios jugadores, marcó el gol de la tercera Copa de Europa.

Opiniones de los protagonistas:

Luis Antonio Carniglia: «Es una lástima que uno de los dos equipos tuviera que perder».

Gino Viani: «Hemos jugado espléndidamente, pero enfrente teníamos al Madrid».

4ª Copa de Europa 1958-59

3 de junio de 1959. Stuttgart, Neckarstadion, 80000 espectadores.

Árbitro: Albrt Dusch (Alemania Occidental).

REAL MADRID CF, 2; STADES DE REIMS, 0.

Goles: 1-0 (1′) Mateos. 2-0 (47′) Di Stéfano.

Real Madrid CF: Rogelio Antonio Domínguez; Marquitos Alonso, José Emilio Santamaría, José María Zárraga; Juan Santisteban, Antonio Ruiz; Raymond Kopa, Enrique Mateos, Alfredo Di Stéfano, José Héctor Rial, Francisco Gento <entrenador: Luis Antonio Carniglia>.

Stade Reims: Dominique Colonna; Bruno Rodzik, Robert Jonquet, Raoul Giraudo; Armand Penverne, Robert Lamartine; René Bliard, Michel Leblond, Just Fontaine, Roger Piantoni, Jean Vincent <entrenador: Albert Batteux>.

Una final muy diferente a las hasta entonces disputadas. El Stade de Reims era consciente de sus limitaciones y salió a marcar un ritmo lento, de posesión de balón para contener la velocidad madridista, más vertical. Y se le rompió el esquema en el primer minuto, porque Mateos a pase de Zárraga abrió el marcador. Y pese a que los franceses insistieron en el juego lento, y que Kopa se lesionó y se mantuvo testimonialmente en el campo, el Real Madrid siguió mandando, con un Di Stéfano más de centrocampista que de delantero, con frialdad para no contestar a la dureza francesa y con la paciencia para buscar un gol que le mantuviese más cómodo en el campo. Y este gol llegó al poco de empezar la segunda parte, al culminar Di Stéfano, en su segundo intento, un ataque madridista. Stuttgart había amanecido con mayoría francesa, y por la noche solo se escuchaban cánticos españoles. El Real Madrid había ganado su cuarta Copa de Europa con demasiada superiroridad en la final.

Opinión de los protagonistas :

Luis Antonio Carniglia: «El Madrid ha mandado en el segundo tiempo. Evidentemente, hemos superado con amplitud a los franceses».

Albert Batteux: «Creo que el triunfo del Real Madrid ha sido justo, pero en el final de la primera parte pudimos igualar».

5ª Copa de Europa 1959-60

18 de mayo de 1960. Glasgow, Hampden Park, 135000 espectadores.

Árbitro: John A Mowat (Escocia).

REAL MADRID CF, 7; FSG EINTRACHT FRANFURT, 3.

Goles: 0-1 (18′) Kreß. 1-1 (27′) Di Stéfano. 2-1 (30′) Di Stéfano. 3-1 (46′) Puskás. 4-1 (56′) Puskás. 5-1 (60′) Puskás. 6-1 (71′) Puskás. 6-2 (72′) Stein. 7-2 (73′) Di Stéfano. 7-3 (75′) Stein.

Real Madrid CF: Rogelio Domínguez; Marquitos Alonso, José Emilio Santamaría, Enrique Pérez «Pachín«; José María Zárraga, José María Vidal; Darcy Silveira «Canario«, Luis Del Sol, Alfredo Di Stéfano, Ferenc Puskás, Francisco Gento <entrenador: Miguel Muñoz>.

FSG Eintracht Frankfurt: Egon Loy; Friedl Lutz, Hermann Höfer; Hans Weilbächer, Hans-Walter Eigenbrodt, Dieter Stinka; Richard Kreß, Diter Lindner, Erwin Stein, Alfred Pfaff, Erich Meier <entrenador: Paul Oßwald>.

El resultado más amplio dado en una final europea. Di Stéfano y Puskás fueron los protagonistas de posiblemente el partido más espectacular que ha hecho el Real Madrid en su historia. Lamentablemente para un buen Eintracht Frankfurt, las puertas de la gloria estaban flanqueadas por el mejor Real Madrid de todos los tiempos y tuvo que conformarse con ser el digno rival de tan poderoso equipo. Y eso que el primer gol lo marcaron los alemanes. Después fue un derroche de fútbol, de combinaciones, pases y de certeros remates. Nadie frenó a Di Stéfano, nadie pudo parar la puntería de Puskás.

Opinión de los protagonistas :

Miguel Muñoz : «El equipo no ha ahorrado esfuerzos. Durante los noventa minutos ha luchado a todo tren. Ni después de haber marcado siete goles trató de reposar».

Paul Oßwald : «Di Stéfano y Puskás son estrellas de un equipo maravilloso».

Tras las cinco victorias consecutivas, fue el F. C. Barcelona el primer equipo que le eliminase por primera vez de la competición en la temporada 1960-61. Al año siguiente llegó a la primera de las otras dos finales que disputó, donde el S. L. Benfica venció por 5-3 tras remontar el encuentro con dos goles de Eusébio y alzar así su segundo título. Al año siguiente el club fue eliminado en la ronda preliminar por el R. S. C. Anderlecht antes de llegar en la temporada 1963-64 a la segunda de las finales perdidas. Esta finalizó tras un marcador de 3-1 frente al F. C. Internazionale Milano abanderado por Sandro Mazzola y Luis Suárez bajo las órdenes de Helenio Herrera.


Dos años después, en la edición de 1965-66 el club conquistó su sexta Copa de Europa tras vencer por 2-1 al F. K. Partizan, sin embargo no fue lograda con la mayoría de los jugadores insignia de esta etapa, sino con otra que les relevó generacionalmente apodada como el «Madrid de los Yé-yé».

Ocho finales en las primeras once ediciones coronaron al Real Madrid C. F. como el equipo más potente del panorama futbolístico, siendo el «Madrid de Di Stéfano» el equipo referencia en Europa y el mundo durante la mitad del siglo XX. A estas hazañas, el club sumó también de la mano de Di Stéfano una Copa Intercontinental en la primera edición de la misma y que le acreditó como mejor club del mundo, dos Copas Latinas y una Pequeña Copa del Mundo.

 

Di Stéfano también hizo historia en el fútbol argentino

Por Julian Iglesias | @Juliandiglesias

La Saeta Rubia inició su carrera en River, donde ganó dos títulos, y tuvo un paso a préstamo por Huracán. Es, también, el único técnico que fue campeón con el Millonario y Boca.

La leyenda de Alfredo Di Stefano, quien falleció en España a los 88 años, se gestó en el Real Madrid de las cinco Copas de Europa. Pero, mucho antes de convertirse en la gloria máxima de la historia del club español, el camino de la Saeta Rubia se empezó a forjar en el fútbol argentino. En River y Huracán, más precisamente.

Llegó al club de Núñez a principios de la década de 1940, mientras La Máquina de José Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Ángel Labruna, Félix Loustau y Adolfo Pedernera dejaba una huella indeleble en la historia del fútbol argentino. El 15 de julio de 1945, con 19 años recién cumplidos, Renato Cesarini lo hizo debutar en una derrota 2-1 contra Huracán en la cancha de San Lorenzo. Sería su único partido en ese torneo, que significaría también el primer título de su carrera: con la base de La Máquina (Moreno se había ido y fue reemplazado por Alberto Gallo), el Millonario se consagró campeón del torneo, que tuvo a Labruna como goleador con 25 tantos.

Al año siguiente, sin demasiado lugar entre las leyendas que conformaban el ataque riverplatense, Di Stéfano se fue a sumar ruedo a Huracán. Debutó el 21 de abril, en la derrota 1-0 del Globo contra Chacarita por la primera fecha del campeonato de 1946. Cuatro partidos después, llegaría su primer gol como profesional: el 26 de mayo, en Parque de los Patricios, el delantero anotó no uno, sino dos tantos para el triunfo 3-1 del Quemero sobre Estudiantes. Finalmente, serían 10 festejos en 25 partidos en el club. Aunque el equipo finalizó noveno, muy lejos del campeón San Lorenzo, todavía se recuerda en el sur de la Ciudad de Buenos Aires la delantera que conformó la Saeta con Tucho Méndez y el Turco Simes.

Para 1947, volvió a River. Y llegó el momento de la explosión. La Máquina empezaba a quedar en el pasado, Pedernera se había ido a jugar al fútbol europeo y Di Stéfano tomó su lugar en el equipo. La apuesta no le pudo haber salido mejor a José María Minella: 27 goles en 30 partidos convirtió el punta, que terminó como máximo goleador no sólo del país sino del continente. River fue campeón nuevamente y su nombre empezaba a volar alto: ese año, hizo su debut en la Selección argentina que ganó el Sudamericano de Guayaquil.

Los siguientes dos años también los jugó en Núñez. En 1948, disputó 24 de los 30 partidos del torneo y marcó 13 goles, que no alcanzaron para llegar al campeonato: el Millonario fue segundo, cuatro puntos por detrás de Independiente, el ganador de un certamen que estuvo marcado por la huelga de futbolistas que se desató a cinco fechas del final y en la que la Saeta estuvo muy involucrado.

Para 1949, ya nada era igual en el fútbol argentino: las grandes figuras se habían ido en masa atraídas por el dinero fresco (e ilegítimo para la FIFA) que ofrecían en Colombia. Di Stéfano se quedó en River y, en los primeros once partidos del torneo, hizo nueve goles. Pero llegó Millonarios de Bogotá con una oferta imposible de rechazar y el delantero se llevó su fútbol a tierras cafeteras. Atrás, dejó 66 encuentros, 49 goles y dos campeonatos con la banda roja en el pecho.

Sin embargo, no sería ese el final de su historia en el fútbol argentino: a finales de la década de 1960 volvería como entrenador. Pero en Boca. Contratado por Alberto J. Armando en 1969, Di Stéfano armó un muy buen equipo, que quedó afuera de la final del Metropolitano por apenas un gol, ganó la Copa Argentina y cerró el año con la inolvidable consagración en el Nacional en el Monumental, tras empatar 2-2 el Superclásico. Después de esos logros, volvió a España para entrenar al Real Madrid y otros clubes. Pero en 1981 regresó y tuvo su chance en River: ganó el Nacional de 1981 y se convirtió en el único técnico campeón con los dos principales equipos del país. En el 85 tendría una segunda experiencia en el Xeneize, pero los resultados no acompañaron y se fue tras una derrota 2-0 contra Talleres de Córdoba, un 10 de noviembre.

Apenas un detalle. Su leyenda no podrá mancharse.

Cómo fueron los únicos seis partidos de Di Stéfano con la Selección argentina en la Copa América

Redacción Goal

Fue en la edición de 1947. Tenía 22 años y entró remplazando a René Pontoni. Fue campeón.

Los únicos seis partidos de Alfredo Di Stéfano con la camiseta de la Selección argentina fueron en la Copa América 1947, en Ecuador. Tenía 22 años y recién empezaba a hacer genialidades: al menos, jugadas brillantes que pudiera ver el mundo. Porque, pese a que su pase pertenecía a River, los Millonarios lo habían enviado a préstamo a Huracán, de donde regresó para ese mismo año salir campeón con los de Núñez. Luego, cambió su nacionalidad en 1956 y un año más tarde debutó en la Selección de España, en un cruce contra Holanda, marcando tres goles.

Pero en quel certamen, Di Stéfano no fue el único estandarte de la pelota en Argentina. De la mano del entrenador Guillermo Stábile, probablemente el más glorioso de la historia de la Selección argentina en la Copa América, la Albiceleste consiguió una hazaña que no volvió a repetirse: en Ecuador, consiguió el tricampeonato luego de ganar los títulos en 1945 (en Chile) y 1946 (en Argentina).

Pero Stábile no era la única figura. Di Stéfano, suplente en aquel equipo, debutó en el segundo partido del campeonato, en la goleada contra Bolivia, por 7-0. En ese encuentro, ingresó desde el banco en reemplazo del lesionado René Pontoni, otra de las grandes estrellas de la biografía futbolera argentina, gloria de San Lorenzo, y hombre clave en esos tricampeonatos.

El paso de la a Saeta Rubia por la Copa América no pasó desapercibido. Más allá de haber salido campeón, fue el segundo goleador del campeonato, detrás del uruguayo Nicolás Falero, y con la misma cantidad de tantos que, nada más y nada menos, Tucho Méndez, el mayor goleador argentino en Copa América.

Argentina, en 1947, fue la que terminó con mejor diferencia de gol: 28 goles a favor y apenas 4 en contra. Di Stéfano, en seis partidos jugados, convirtió en cuatro encuentros, con una tarde más que fabulosa en la goleada de los argentinos contra Colombia, por 6-0, donde Don Alfredo marcó tres tantos, determinantes para un romance corto, pero más que profundo.


La gran mentira del Franquismo y el Real Madrid

La muerte de Alfredo Di Stéfano vuelve a reavivar la polémica sobre su fichaje y los favores del Régimen al conjunto blanco, cuando en realidad Franco simpatizaba con otro equipo

FELIPE POZA, 15 DE JULIO DE 2014, 21:43

“El Real Madrid siempre fue el equipo del régimen”, “Franco le robó a Di Stéfano al Barcelona para que jugase en su equipo”, “El Real Madrid ganó las cinco primeras Copas de Europa porque ese torneo lo creó Franco para que lo levantasen ellos” o “Barcelona y Atlético de Madrid no ganaron nada durante el Franquismo porque estuvieron siempre perseguidos” son algunas de los mitos falsos recurrentes que se suelen oír en los debates futboleros de la calle. El problema es que el desconocimiento general del tema ha hecho que muchos profesionales del deporte o de los medios de comunicación se crean muchas leyendas urbanas.

Los perdedores siempre tienen que buscar alguna excusa para justificar sus derrotas inexplicables. El todopoderoso Real Madrid de Florentino Pérez que alardeaba de gastar más que nadie en fichajes tuvo que hablar del ‘Villarato’ para menospreciar los triunfos del Barça de Guardiola, pero este tipo de propaganda deportiva no es nueva en la historia del fútbol. El Barcelona montó una auténtica teoría de la conspiración para justificar que un club menor como el Real Madrid le arrebatase la supremacía en España a mediados de los 50.

“Al menos hay tres catedráticos de Barcelona que son historiadores oficiales del club. El Barcelona se dio cuenta de que la propaganda era un instrumento para conseguir una mejor imagen del club, y el Barça ha ganado con eso al Madrid por goleada. El Madrid no tiene discurso. Nunca se defendió del producto que los historiadores catalanes organizaron en Barcelona intentando demostrar que los goles los marcaba Franco. Han contado la mentira del fichaje de Di Stéfano, esta es una de las mentiras más increíbles que uno ha visto, de verdad es algo que no se sostiene”, contó el catedrático de historia de la Universidad Carlos III de Madrid Ángel Bahamonde en una entrevista a El Vestuario.

Por eso, si recapitulamos nos encontramos con que el Madrid era el equipo con más proyección durante la Segunda República. El Barça se encontraba inmerso en una crisis interna y el conjunto merengue ganó dos Ligas y dos Copas en ese periodo histórico. Sin embargo, con el triunfo del Franquismo la estabilidad llegó al Barça. El régimen se encargó de poner a gente afín en las directivas de todos los clubes españoles y la lucha interna se terminó en la institución culé.

El Gobierno franquista intervino de una forma más directa en el fichaje de Kubala

Los de azulgrana recuperaron su grandeza en los primeros años del Franquismo. Ganaron cinco Ligas y cuatro Copas desde 1939 hasta el fichaje de Di Stéfano en 1953, mientras que el Real Madrid solo levantó dos Copas en ese mismo periodo. De hecho, gran parte del éxito del Barça se debió al fichaje de Kubala donde el Gobierno franquista tuvo una intervención mucho más decisiva que en el ‘caso Di Stéfano’. El régimen quería presumir del trato que les daba a los jugadores del este y ponía a trabajar a su maquinaria propagandística alrededor de ellos. Supuestamente, acogía a hombres pobres y les daba oportunidades en los mejores clubes españoles. De eso se favorecieron el Barça y otros equipos a la hora de conseguir documentación y nacionalizaciones rápidas. Pero otros equipos teóricamente menos afines al régimen que el Real Madrid también consiguieron éxitos mayores en esos primeros años franquistas. El Atlético de Madrid ganó cuatro Ligas y el Athletic de Bilbao una Liga y cuatro Copas.

Franco simpatizaba con el Atlético Aviación

Sin embargo, el fichaje más polémico de la historia lo cambió todo. Resumiendo mucho la historia, el Pacto de Lima había permitido que Di Stéfano jugase para Millonarios hasta 1955, pero el jugador se declaró en rebeldía a comienzos de 1953. El Barça fichó al jugador a River Plate, el club con el que ‘la Saeta’ tenía que jugar en la segunda mitad de la década, pero se negó a pagar lo que le pedía el club colombiano por sus derechos hasta esa temporada. Saporta y Bernabéu sí le pagaron al equipo colombiano lo que pedía y entonces la FIFA entró en acción. Según explica el historiador Bernardo Salazar en un artículo publicado por As, el máximo organismo del fútbol mundial designó como mediador a Armando Muñoz Calero, ex presidente de la Federación Española de Fútbol, y se acordó que el que después se convertiría en el mejor jugador de la historia del fútbol jugaría dos años de blanco y otros dos de azulgrana.

De momento, no se ve ninguna mano negra, pero seguía existiendo el grave inconveniente de la prohibición del fichaje de extranjeros desde el día 24 de agosto anterior. Por eso, la Delegación Nacional de Deportes publicó una norma que decía que los jugadores que estuvieran en trámite de gestión con anterioridad sí podrían ser inscritos con posterioridad a esa fecha. Algo que no perjudicaba ni al Barcelona ni al Real Madrid. “Esta fue en todo este asunto la única intervención del centralismo franquista”, asegura este historiador que siempre ha sido colchonero confeso. Después, el Barça terminó vendiendo su parte al Real Madrid porque era demasiado grande como para compartir a un jugador.

Por su parte, el historiador especializado en el F.C. Barcelona Ángel Iturriaga coincide en la versión oficial, pero también cuenta a ESTRELLA DIGITAL el discurso en el que se escudan algunos medios culés. “El presidente del Barça, que era un importante empresario del sector textil barcelonés, tenía que recibir la cuota anual para poder sacar la cantidad de negocio que podía exportar al año. Se cuenta que el presidente fue presionado en aquel momento y que terminó negociando a los derechos sobre el jugador, pero de eso no existe una documentación que lo atestigüe”.

Franco utilizó al Real Madrid

Sin embargo, este mismo historiador rechaza de pleno la idea de que el dictador fuera madridista: “Franco antes de Di Stéfano no le hizo ningún favor al Real Madrid. Franco en un principio era un hombre que no estaba nada interesado en el fútbol. Cuando el fútbol se convirtió en un deporte de masas sí se empezó a aficionar. En la Postguerra, Franco el único equipo al que animaba era al Atlético Aviación, lo que es ahora el Atlético de Madrid, porque era un equipo que surgió de la unión del Athletic Club de Madrid y el Aviación Nacional. Al ser un equipo militar era al que animaba y de hecho ganó las dos primeras Ligas de la Postguerra”.

Asimismo, Ángel Iturriaga tiene muy claro que el único interés de Franco fue utilizar al Real Madrid para su beneficio propio: “Una vez que llegó Di Stéfano, el Real Madrid empezó a ganar Copas de Europa y Franco empezó a utilizar los triunfos en ese torneo para mejorar la imagen del régimen a nivel internacional. Después de los triunfos en Europa el Franquismo sí pudo beneficiar al Real Madrid por intereses propagandísticos, pero no porque Franco fuera madridista. Hay casos de arbitraje excesivamente flagrantes a lo largo de la Historia, aunque tampoco era algo tan clamoroso como lo de Ceaușescu y el Steaua. No vas a encontrar documentación sobre eso, pero los reales colegios de árbitros estaban dirigidos por gente que había estado adscrita al madridismo”, cuenta el autor del Diccionario de jugadores del FC Barcelona y otras obras de referencia para los barcelonistas.

Por último, Iturriaga dejó claro que los favores de los gobiernos en forma de operación urbanística no son nada nuevo. “Durante el Franquismo hubo beneficios a la hora de reutilizar solares.  El caso del Barça es muy claro con los terrenos del Camp Nou. Favores recibieron todos porque el fútbol se utilizó con valor propagandístico”

Todos los grandes clubes fueron beneficiados por el Régimen

No obstante, parece que la idea de un Franco madridista ha traspasado las fronteras de España, pero eso también tiene una sencilla explicación. Sir Alex Ferguson acusó al Madrid de ser un equipo que ha llegado a la elite del fútbol gracias al Franqismo y el New York Times público algo todavía más llamativo en la previa de la última final de Champions. El rotativo americano quiso explicar el éxito español diciendo que “Real Madrid y Atlético obtuvieron el favor de Franco en su momento”.

La propaganda ha llegado a otros países porque algunas personalidades catalanas se han encargado de difundirla. “Esa idea de que el Madrid ha ganado tanto por Franco viene a través de la prensa francesa; es que el Barcelona trabajó mucho en Francia esa idea. El Barcelona mantuvo una estrategia muy clara, tenía que explicar algo inexplicable, sus fracasos históricos tan enormes, y para ello lo que el Barcelona hizo fue buscar lo fácil, lo que está haciendo el nacionalismo catalán hoy en día, el enemigo exterior. Siempre el enemigo exterior une mucho, hay un enemigo exterior que nos impide ser grandes, y los historiadores de cámara del Barcelona trabajaron en España, sobre todo con la guía de Vázquez Montalbán. Este personaje es decisivo. El primer escrito que dice que el Madrid es el equipo del Régimen es de Vázquez Montalbán a finales de los 60. Todo esto se fabrica a finales de los 60 y en los 70, y ya en los 80 explota esta explicación que le viene muy bien al Barça”, contaba Ángel Bahamonde.

 

Franco, Bernabéu y Di Stéfano: los tres ejes sobre los que 'Leyenda Negra de la gloria blanca' elucubra la historia del Madrid

TV3 ha emitido uno de los documentales más polémicos en torno al mundo del fútbol y el deporte: "Leyenda negra de la gloria blanca", en el que el periodista Carlos Torres defiende su teoría sobre los títulos ganados por el Real Madrid a lo largo de su historia, con especial atención a los años del franquismo. Un hilo argumental en el que intentan defender que "Franco quiso que potenciar al Real Madrid fuera de las fronteras" de España por encima del resto de equipos.

"El Real Madrid y Franco eran más que amigos", esta frase es el pilar sobre el que el periodista desarrolla el documental. Esta afirmación, unida a la teoría de que el Bernabeú fue construido con dinero público y que Di Stéfano acabó vistiendo de blanco gracias a Franco en la disputa con el Barcelona por su fichaje, cierran el círculo de la historia. Todo gira en torno a estos tres pilares.

Carles Torras se adentra en el Santiago Bernabéu para iniciar el documental. Admite que el Real Madrid es el Mejor Club del Siglo XX, que cuenta con un gran estadio, tiene el mejor palmarés y un gran poder económico.... pero recuerda que la institución tiene una "leyenda negra" y que fue creada por catalanes en el año 1902.

 En el documental participan varios periodistas catalanes, directivos de ambos equipos, algún exjugador, incluido Alfredo Di Stéfano y el nieto de Franco. Una de las aseveraciones más dura sale de la boca del periodista José María García, quien defiende que durante el franquismo "los mandatarios tenían cogida la sartén por el mango. Santiago Bernabéu era un gran dictador".

En la trama no podían pasar por alto la 'mano negra'. Sobre imágenes de 'Clásicos' históricos, esgrimen que "ocurrían cosas extrañas" traducidas en favores arbitrales para el club blanco. "El Madrid tenía pequeños detalles con las mujeres de los árbitros, cosas de atención como ramos de flores", admite un exdirectivo blanco.

Carles Torras busca entre varios documentos históricos la financiación del estadio Santiago Bernabéu. Asegura que no entiende cómo el Real Madrid pudo hacer un estadio en apenas dos años, poco después de la guerra, y afirma que existen documentos que avalan que fue creado con dinero público, "con el dinero de los españoles", asevera. En aquel estadio jugó Di Stéfano, "un jugador sin el que el Real Madrid no hubiera ganado cinco Copas de Europa".

Don Alfredo fichó por el Real Madrid y por el Barcelona a la vez. Su ficha pertenecía a River Plate y a Millonarios de forma excepcional. El documental exgrime una razón por la que terminó vistiendo de blanco, la influencia de Francisco Franco.

"El Barcelona tenía al mejor jugador, Kubala, el Madrid al segundo, Di Stéfano. El Real Madrid tenía el segundo estadio más grande tras Old Trafford. Les faltaba algo para ser los más grandes. Lo consiguió Raimundo Saporta" explica el documental. El exdirectivo blanco "era el contacto entre Santiago Bernabéu y Franco", como admite el nieto del dictador: "El presidente tenía abiertas las puertas del Pardo. Aunque mi abuelo nunca dijo que fuera del Real Madrid, te diría que su corazoncito estaba con el Madrid. Como el de casi todos en aquella época".

Todos estos favores de Franco hacia el Real Madrid tenían un supuesto fin principal: favorecer la expansión del club de forma internacional, "era la mejor propaganda del régimen". Como resultado, cuenta 'Leyenda Negra de la gloria blanca' en sus últimas imágenes, cinco Copas de Europa, "cuando la competición no tenía tanto valor como ahora", que ayudaron al Real Madrid a crecer deportiva y económicamente a un ritmo muy superior al resto de equipos de España. Lo cierto es que los blancos ganaron 14 ligas con Franco por ocho del Barcelona, los datos nadie los puede negar.

 

LA AMISTAD FRATERNAL DE DOS MITOS

Pese a defender colores opuestos, László Kubala y Alfredo Di Stéfano tenían mucho en común. Principalmente, una estrecha relación que supieron mantener

FREDERIC PORTA,31/12/2020

No resulta habitual que dos mitos del fútbol como ‘Laci’ Kubala y Alfredo Di Stéfano llevaran su amistad hasta vínculos fraternales. Y menos aún que el tercero en discordia, generador de tal relación, sea otra leyenda como Josep Samitier. Empecemos por el artífice, ese ‘Sami’ que había sido considerado uno de los futbolistas más relevantes de Europa en la década de los 20, cuando el FC Barcelona vivía la llamada ‘Edad de Oro’ de la entidad. Años más tarde, el apodado ‘Mago del balón’ regresó a Les Corts para conseguir como entrenador la segunda Liga del club y primera de la posguerra. Samitier era, con unanimidad al respecto, todo un personaje dotado de un irresistible don de gentes, un torrente de simpatía mezclado con astucia natural. En su juventud se hizo íntimo de Carlos Gardel y durante su corto exilio en la Costa Azul, hizo lo propio con personalidades francesas como Maurice Chevalier o la Mistinguett. Abreviando una prolija biografía, alcanzada la década de los 50, Samitier había hallado refugio en la dirección técnica del Barça. Una Liga perdida en el último instante ante el Sevilla le convenció de cambiar el banquillo por el despacho, pasar del tópico potro de tortura a sacar partido de su sensacional ojo clínico para descubrir talento. Atrás quedaba ya haber implantado, junto a Benito Díaz y otros adelantados, la novedad táctica de la WM reinante en el Viejo Continente.

En las oficinas se vivía mejor. Total, lo único que debía hacer era utilizar sus dotes de observación para cazar promesas y vestirlas de blaugrana. Ya lo intentó con René Pontoni, el formidable ariete de San Lorenzo de Almagro durante su legendaria gira por España del 47, pero la autarquía franquista, la imposibilidad de reforzar escuadras con extranjeros por su coste, le negó el capricho. En cambio, un par de años después, acertaría en la diana con un hombre llamado a iniciar una nueva época, la moderna, no solo en el Barça, sino en el balompié hispano. Su nombre, László Kubala. El recorrido vital del húngaro, digno de la mitología griega, es harto conocido. Lo repasaremos de manera telegráfica. Nacido en Budapest y amigo de infancia de Ferenc Puskás, había sido internacional con su país de origen y también con Checoslovaquia, de donde procedía su madre. Obsesionado con el fútbol y el refinamiento de su prodigiosa técnica, Kubala parte al exilio en la posguerra europea. Bajo el comunismo, si no acatabas las reglas del régimen totalitario, resultaba prácticamente imposible vivir del balón. En cambio, en las democracias en reconstrucción, le esperaba la buena vida que anhelaba disfrutar. Optó por el exilio, pasó un viacrucis para abandonar el país y cruzar Austria hasta Italia, estuvo a punto de morir en la catástrofe de Superga cuando el ‘Grande Torino’ pretendía incorporarle a filas y sesteó en el Pro Patria hasta que se presentó la ocasión. Junto a su cuñado, el afamado entrenador Ferdinand Daučík, se enroló en una tropa de mercenarios, apátridas y exiliados procedentes del Este que adoptaría el nombre de Hungaria. Y con ellos salió de gira, con la indisimulada pretensión de hallar destino profesional a los apuntados en la aventura.

5 de junio de 1950. Kubala deslumbra en un amistoso de preparación de la selección española que disputará el Mundial en Brasil. Y el Madrid le lanza las redes, aunque esté sancionado por la FIFA a causa de su deserción. La gira continúa en Barcelona y, de camino, se sube al tren Samitier acompañado por un intérprete. Pone sobre la mesa la oferta definitiva que le cautivará. Al margen de mejorar el pastón que ofrecían los blancos, el Barcelona contratará a Daučík como ‘míster’, el detalle que le faltó a la diplomacia de Bernabéu. Bajo identidad falsa, Samitier le hará entrenar en Les Corts mientras mueve hilos, incluso entre las altas esferas del Estado. No en vano, ‘Sami’ era idolatrado por el mismísimo Francisco Franco, admirador suyo y gran futbolero pese a que sus hagiógrafos lo nieguen, ya que la afición por el balón no casa con la imagen de estadista. Su legalización también resulta rocambolesca, acorde con el conjunto. Le nacionalizan español, le cristianizan en el pueblo de Muñoz Calero, presidente de la FEF, y se le hace una campaña de prensa para presentarlo como un prófugo del comunismo que ha preferido abrazar la libertad española. Cosas de la propaganda dictatorial. El caso es que a la postre funciona y Kubala ya puede debutar legalmente, aunque haya tardado largos meses en estrenarse.

Y su aparición resulta el acabose. El rubio magiar presenta credenciales nunca vistas en nuestro balompié: tira faltas con efecto, protege el balón con el cuerpo, lanza milimétricos envíos a 40 metros y presenta una facha, un carisma abrumador. Enseguida se convierte en todo un fenómeno social. Además, llega a un vestuario que solo necesita su ingrediente para cuajar de manera formidable. Es tan buen chico que le apodan ‘Cabezón’ y cautiva a los compañeros con ese batiburrillo de palabras aprendidas en Italia. No solo no le envidian, sino que se los mete en el bolsillo de buenas a primeras. Incluso a César Rodríguez,
el ‘Pelucas’, líder de aquel Barça, que se convierte en su compañero de fatigas dentro y fuera del campo. Llega el arrollador equipo ‘de las Cinco Copas’, que goza de un multitudinario recibimiento cuando regresa de París con la Latina, última del lote. Todo parece un sueño. La realidad ha superado incluso las previsiones de Samitier. Incluso Daučík ha triunfado en el banquillo sin obstáculo alguno. En el edulcorado guion, algo se tuerce.
TURNO PARA ‘LA SAETA’
Octubre del 52. En un chequeo rutinario, los médicos hallan tuberculosis en Kubala. En su pulmón, un agujero redondo como una moneda de plata. Fatalismo en el entorno ‘culé’, ahora que habían hallado la piedra filosofal. Enseguida, los peores augurios, el recuerdo de otros futbolistas que han tenido que retirarse por la enfermedad. El húngaro es recluido en Monistrol de Calders, localidad donde permanecerá tres meses. El barcelonismo se teme lo peor y Samitier moviliza recursos en busca de un reemplazo de postín por si se confirma el pronóstico de adiós. No tiene dudas. El mejor sustituto es Alfredo Di Stéfano, la estrella del rutilante Millonarios de Bogotá, una constelación reunida por el empresario Alfonso Senior en Colombia con la pretensión de ganar dinero a mansalva con sus giras. El equipo se llamaba Municipal, pero pasa a ‘Millonarios’ tras la apuesta, única en su época. Samitier sabe que Di Stéfano lleva fatal rondar en avión por medio mundo, tal es su aversión a los vuelos. Por mucho que les apoden ‘El Ballet Azul’, no le compensa el susto que pasa a cada salida. En marzo del 52, el rubio argentino brilla en Chamartín con motivo del torneo que el Real Madrid organiza para sus Bodas de Oro. Es el líder indiscutible del conjunto, un hombre todoterreno que empuja a los compañeros, que se mueve incansable por todo el campo, con un sentido competitivo descomunal. ¿De dónde sale este figurón?

Alfredo Di Stéfano es todo un carácter, sin duda. Firme en sus convicciones, un tanto huraño, de pocas palabras y directo, sin atisbo de diplomacia, ‘La Saeta Rubia’ nació al fútbol en el River Plate de la legendaria ‘Máquina’. Muy joven aún, se erigió junto al ‘Maestro’ Pedernera y a ‘Pipo’ Rossi en cabecilla de la rebelión de aquellos futbolistas que, aún llenando estadios en la época dorada del fútbol argentino, apenas llevaban pan a casa. El beneficio iba directo a las arcas de los clubes y sus directivos. Hasta aquí hemos llegado. Convocan una huelga seguida de manera multitudinaria, estamos en 1949. Senior pone su plan en marcha, relanzando una liga colombiana llamada Dimayor, aunque el mundo la conoce por ‘Liga Pirata’, que topa con la prohibición de la FIFA. Da igual. Colombia vive un tiempo irrepetible y por Millonarios pasa una constelación de jugadores de primer nivel, integrando dos equipos que pueden jugar al tiempo la liga y aprovechar su fama con bolos por Sudamérica y Europa. Han venido de Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay, Brasil e incluso Inglaterra ante la llamada del dólar. Forjan leyenda a ritmo vertiginoso. Entre ellos figura un hábil delantero uruguayo distinguible por su bigote a lo Clark Gable y su cabello engominado. Se llama Ramón Alberto Villaverde y se convertirá en otro nexo de amistosa unión con Kubala y Di Stéfano cuando los tres coincidan en España. Al final, la FIFA pone coto a la aventura colombiana: antes de octubre del 54, los fichajes de la ‘Liga Pirata’ deben regresar a sus equipos de origen. Por tanto, Millonarios lleva ya fecha de caducidad incorporada.

Mientras tanto, ‘Laci’ Kubala protagoniza una milagrosa recuperación. En febrero del 53 ya no existe rastro de su enfermedad y vuelve a capitanear la formación azulgrana en Les Corts. La afición suspira aliviada y Samitier no abandona el proyecto de recambio. Total, el Barça vive años de euforia provocada por la mejoría deportiva, llena el campo sistemáticamente hasta la bandera y se las promete felices en lo económico. Por lo tanto, no renuncian al interés por Alfredo Di Stéfano, que se ha declarado en rebeldía. El Barça lanza las redes y el 7 de mayo cierra un acuerdo con el jugador. Realicemos un parón en el camino: no es objetivo de este artículo el llamado ‘Caso Di Stéfano’ que protagonizarían Barcelona, Real Madrid, Millonarios, River Plate y los estamentos del fútbol español. Existe abundante literatura al respecto, a menudo decantada hacia intereses y colores concretos. Si aceptan la recomendación, Jordi Finestres y Xavier García Luque realizaron años atrás un formidable trabajo de investigación en forma de libro al que llamaron, precisamente, El Caso Di Stéfano

Se lee como la mejor novela policiaca y arroja luz sobre una situación que marcó a fuego el porvenir del juego en España.

Alfredo Di Stéfano y su familia llegan a Barcelona el 24 de mayo de 1953. Samitier actúa de anfitrión y los recién llegados se alojan en un moderno hotel de apartamentos situado en la Gran Vía, literalmente a dos pasos de Passeig de Gràcia, en pleno centro. Desde el primer momento, Di Stéfano y Kubala se caen sensacional, a pesar de sus dispares personalidades. El argentino le confiesa al húngaro, según la prensa de la época, que “tengo muchísima ilusión por jugar a tu lado y no discutiremos por el puesto, eso seguro”. Con fines promocionales, aunque el telón de la temporada esté a punto de caer, las publicaciones catalanas muestran reportajes con los dos cracks peloteando en Les Corts. El tándem promete. A las pocas semanas de estancia, el generoso Kubala, siempre tan desprendido, propone a los Di Stéfano que abandonen el frío apartamento y les invita a mudarse al chalet que ‘Laci’ ha popularizado en la calle Duquesa de Orleans, en la parte alta de Barcelona. Decimos popularizado porque, a la sazón, no existía casa más conocida que aquella en la ciudad. Kubala ha creado incluso una segunda dependencia en el jardín por donde se suceden todo tipo de exiliados escapados del Este comunista que necesitan un refugio como hito previo a reordenar su vida. Allí pasan el verano todos juntos, con algunos desplazamientos a Sant Quirze de Safaja y otras localidades turísticas. Dos familias que se convierten en inseparables.

UNIDOS PARA SIEMPRE

El 22 de agosto de 1953, la Federación prohíbe el fichaje de jugadores extranjeros ante el escándalo que genera un lío de contratos, que crece ya como un suflé y preside las portadas de la prensa deportiva. Semanas antes, Raimundo Saporta ha echado el anzuelo prometiéndole a Di Stéfano que tiene las puertas del Madrid abiertas de par en par. El fenómeno argentino se está poniendo de mal humor. Nadie del Barcelona le explica a las claras qué demonios sucede y él se siente una mercancía. Al final, ahorremos infinidad de detalles, acabará en la Castellana, vestido de blanco, preparado para capitanear la revolución en el Real Madrid, su conversión en máxima potencia continental. El punto de inflexión se produce el 23 de octubre, cuando el Barça tira la toalla y renuncia al contrato firmado. Pero el recuerdo de Barcelona, al menos de las personas que lo acogieron de forma tan altruista, prevalecerá para siempre en el hombre que cambiará el curso de la historia en el fútbol español.

Desde entonces, según recordaba otro íntimo de Kubala, el central Gustavo Biosca, siempre que podían y sus agendas deportivas les dejaban un hueco, uno u otro se escapaban de Madrid o Barcelona para poder cenar juntos y compartir largas horas de sobremesa. Una serie de bares y restaurantes de ambas ciudades quedaron como discreto testimonio de aquellos férreos lazos de amistad. Largas madrugadas de risas, anécdotas y compadreo a las que se sumará Villaverde cuando aterrice en Les Corts. El extremo e interior uruguayo siempre podrá alardear de su estrecha relación con dos fenómenos que alcanzaron la eternidad balompédica. Tal como es habitual en tiempos menos puñeteros que los actuales, Kubala vestirá de blanco para el homenaje a Luis Molowny y Di Stéfano protagonizará uno de los amistosos más peculiares vividos nunca en la capital catalana. La representación de lo que pudo haber sido y nunca fue. Un plato tan suculento como amargo para la despechada afición barcelonista.

26 de enero de 1955: para celebrar el decimosexto aniversario de la ‘liberación’ de Barcelona, algún espabilado con tendencias sádicas organiza un amistoso entre una selección local, compuesta por portero, defensa y medios del Español y delantera ‘blaugrana‘, y los italianos del Bolonia. En el ataque se juntan Basora, Villaverde, Di Stéfano, Kubala y Moll, un ‘all star‘ prácticamente insuperable. Al Madrid y su secretario técnico Ipiña no les hace la menor gracia la exhibición, aunque Alfredo, tozudo por definición, se sale con la suya. El resultado es una exageración. Los aficionados tocan el cielo con las yemas ante la exhibición de talento y compenetración que dibujan los dos mitos. Cualquiera diría que han jugado toda la vida juntos, se entienden con los ojos cerrados. El 6-2 final provoca un doble sentimiento en los presentes: tarde maravillosa de fútbol, qué inmensa decepción no verles cada semana con la misma camiseta. Así es la vida cuando se pone dura, también en los rectángulos de juego. Los máximos protagonistas han regalado sonrisas de felicidad. Se lo han pasado en grande y así lo certifica el rebosante Les Corts.

El resto de la década resulta harto conocido. El Real Madrid se convierte en equipo hegemónico y el Barça intenta diversas fórmulas sin éxito hasta que, brevemente, lo consigue Helenio Herrera cuando los 60 llaman ya a la puerta. Años más tarde, Kubala reconocería en una entrevista que nunca me sentí celoso de Di Stéfano por el hecho de ganar Copas de Europa. Era mi amigo y estaba feliz al comprobar que las cosas le iban bien. Nunca he escondido que deseaba jugar con él”. Para desgracia de los hinchas, cuando coincidieron en la selección española nunca alcanzaron grandes éxitos, a pesar de hallarse en plenitud de experiencia y rodeados por una pléyade de figuras nativas, tantas que el repaso en perspectiva solo provoca perplejidad ante la constatación del continuado fracaso.

Epílogo deportivo. Kubala cuelga las botas fastidiado por las 18 lesiones graves que sumó en once temporadas como referente del Barça. El club anda al linde de la bancarrota y se esfuma la posibilidad de dirigir la recién creada escuela de promesas, cerrada por apuros económicos. También le prueban en el banquillo, pero el experimento acaba en fiasco. Total, ya recuperado físicamente, opta por escuchar los cantos de sirena que le lanza el Español para que vuelva a la actividad. Asiente provocando otro terremoto emocional entre la parroquia que le idolatraba. Mira que irse al máximo rival… A Kubala le motiva algo más íntimo: no moverse ya de Barcelona, bastantes tumbos había dado en su vida. Después de un año discreto como jugador veterano, lo deja definitivamente y acepta la oferta de seguir en Sarrià, ahora en el banquillo. En paralelo, Santiago Bernabéu y Alfredo Di Stéfano protagonizan un divorcio tremebundo y ‘La Saeta Rubia’ abandona Chamartín dando un portazo, ya con 38 años a cuestas. Fácil imaginar quién le lanza un guante de inmediato: su amigo íntimo, consiguiendo que vista ahora de blanquiazul.

El ocaso. Ambos siguen vinculados al balón, ambos continuarán carrera convertidos en eternos referentes. Suman banquillos, direcciones técnicas, selecciones, éxitos y algunos fracasos hasta que llega el capítulo final. En mayo del 2002, fallece ‘Laci’ y Alfredo le ofrece un bello obituario, confesión en público: Se ha ido uno de los grandes del fútbol. Cuando llegué, me ofreció su casa y desde entonces hasta hoy, más que amigos, hemos sido hermanos”. El último encuentro tuvo lugar 15 días antes de la muerte de Kubala: “Verle con respiración asistida, sin reconocerme, resultó una gran pena”. El último adiós entre dos mitos que compartieron una férrea amistad.

Murió Alfredo Di Stéfano, "el mejor jugador de todos los tiempos"

Uno de los mejores futbolistas de la historia y el mejor que ha pasado por el club Real Madrid, Alfredo Di Stéfano, falleció este lunes en el hospital Gregorio Marañon de la capital española, a los 88 años.

El fin de semana Di Stefano, nacido el 4 de julio de 1926 en Barracas, un barrio de Buenos Aires, había sido internado tras sufrir un paro cardíaco mientras almorzaba en un restaurante cerca del estadio Santiago Bernabeu, la sede del club madridista.

Al informar sobre la muerte de su presidente honorario, el Real Madrid lo calficó en su comunicado como "el mejor jugador de todos los tiempos".

Los anales del fútbol reconocen a Di Stéfano como el principal inspirador de la mayor hazaña colectiva realizada a nivel de clubes.

La llamada "saeta rubia" logró con el Real Madrid cinco Copa de Clubes Campeones Europeos entre 1956 y 1960, la conocida Copa de Europa que ahora es la Liga de Campeones.

Además de esas cinco finales, en las que siempre marcó goles -tres de ellos en la de 1960-, Di Stéfano jugó otras dos y recibió dos veces como jugador en actividad el Balón de Oro que otorgaba la revista France Football: 1957, 1959; y otro más, honorífico, al cumplirse 30 años de vigencia de la Copa de Europa.

Su carrera es una verdadera reliquia para el fútbol internacional y en particular para el Real Madrid, del que fue presidente de honor desde el año 2000. La FIFA lo nombró oficialmente entre los cinco mejores futbolistas del siglo XX, junto con Pelé, Maradona, Cruyff y Beckenbauer.

Tenía 27 años cuando llegó a Madrid, tras pasar por River Plate (1944/45 y 1947-49) y Huracán (1946) en Argentina; y Millonarios (1949/52) en Colombia.

En el Madrid estuvo entre 1953 y 1964; jugó allí 396 partidos y convirtió 307 goles.

Se retiró como futbolista del Espanyol en 1966, poco antes de cumplir 40 años. En total, contando todas las citas de clubes y equipos nacionales durante su prolongada carrera, jugó 897 partidos, convirtiendo 694 goles (0,78 por partido).

Tras su retiro como jugador fue director técnico, entre 1967 y 1991, de diversos equipos españoles y argentinos, entre ellos Boca Juniors, Valencia, River Plate y Real Madrid.

Sus aportes

Su principal contribución como futbolista fue en el ámbito de clubes, ya que por diversos motivos no pudo jugar en campeonatos mundiales: Argentina no participó por razones políticas en los de 1950 y 1954; luego España no se clasificó para el de 1958 y Di Stéfano estuvo lesionado en 1962.

Se ha señalado su aporte en todos los sectores del campo de juego. Tenía la elegancia de un artista y la capacidad de trabajo de un jornalero. Hombre orquesta, podía defender, organizar, pasar, trasladar, tocar, regatear y golear.

El legendario Bobby Charlton quedó impresionado tras un Madrid-Manchester United, en 1957: "¿Quién es ese? Recibe la pelota del portero; les dice qué hacer a los zagueros; vaya donde vaya está en posición de recibir la pelota; se ve su influencia en todo… Nunca he visto a un futbolista tan completo. Es tan fuerte como sutil y hábil. Su combinación de cualidades es hipnótica".

Johan Cruyff ha reconocido que Di Stéfano hacía un "fútbol total" avant la lettre, cuando la noción todavía no existía en la imaginación de Rinus Mitchel.

Dice Alfredo Relaño, director del diario deportivo español As y coautor de "Gracias Vieja", el libro de memorias de Di Stéfano: "Cuando llegó, el Madrid no tenía más que dos Ligas, ambas durante la República. Desde entonces ha ganado tantas como todos los demás equipos juntos (…). La leyenda universal del Madrid nace de esos años".

Pero no sólo fue el principal forjador de la grandeza del club que la FIFA considera "el mejor del siglo XX": también, a juicio del respetado comentarista inglés Tim Vickery, columnista de la BBC, dio su impronta, directa o indirectamente, a las dos principales competiciones internacionales de clubes, la Copa de Europa y la Copa Libertadores sudamericana.

Vickery, corresponsal en Brasil, considera a Di Stéfano "más grande" que Pelé y Maradona. Dice que además de animar al Madrid, "también fue el principal responsable del rápido éxito de la Copa de Campeones Europeos; todos querían ver a ese equipo, con un nivel jamás visto en el continente."

El fútbol en Sudamérica

Esto tuvo como consecuencia la gestación en Sudamérica de la Copa Libertadores, cuyo impulso inicial cobró fuerza cuando la UEFA propuso un enfrentamiento entre los campeones de Europa y Sudamérica. Vickery le reconoce a Di Stéfano una influencia indirecta en este resultado, debido al entusiasmo popular y deseo de emulación que provocaron sus actuaciones.

También contribuyó en forma destacada al desarrollo y consolidación del fútbol colombiano, donde jugó entre 1949 y 1952 para el club Millonarios.

Di Stéfano y otros jugadores argentinos, entre ellos el gran Adolfo Pedernera, fueron a Colombia debido a una huelga de futbolistas en Argentina, donde los clubes tenían un poder dictatorial, absoluto, sobre los jugadores.

Contaba Di Stéfano que él y Néstor "Pipo" Rossi, otra gran figura de River, fueron a ver al presidente del club; le dijeron que tenían pasajes para Bogotá y que se irían si no les mejoraba el contrato. La respuesta del presidente fue tajante: "Se pueden ir y si se quieren morir allí, se mueren allí." Se fueron.

En una semblanza de Alfredo Di Stéfano que publicamos en BBC Mundo el 31 de diciembre de 2005, cuando su salud era precaria, dijimos que su trayectoria era un milagro en el sentido que George Bernard Shaw daba a esa palabra: "Milagro es cualquier cosa que engendre fe."

Las hazañas de Di Stefano engendraron fe en el Real Madrid y en el fútbol alrededor del mundo, una fe casi religiosa que se consolidó en lugares donde la liturgia no es precisamente española ni argentina.

Di Stéfano y Pelé fueron los principales demiurgos del fútbol en todo el mundo, adelantados del espectáculo global, del deporte universal y más democrático.

El brasileño fue más conocido que el hispano argentino porque, al ser más joven, la televisión pudo recoger más imágenes de mejor calidad.

La popularidad universal fue el factor determinante de uno de los episodios más rocambolescos de su carrera, en agosto de 1963, cuando fue secuestrado en Caracas por miembros del Frente de Liberación Nacional de Venezuela, que lo dejaron en libertad tras un cautiverio de dos días durante los cuales aprovecharon para publicitar su causa, como años antes, en 1958, había hecho el Movimiento 26 de Julio, al secuestrar en La Habana a Juan Manuel Fangio.

La Saeta Rubia

Durante su juventud en Argentina lo llamaban La Saeta Rubia y Alemán, por el color de su pelo, que le llegó a través de su familia materna (Laulhé, el abuelo, y Dick-Guilmont la abuela), de origen francés e irlandés. Por la rama paterna, los Di Stéfano eran de Capri. Su bisabuelo, cuenta en sus memorias "Gracias, vieja", fue un general de Garibaldi: "Me ofrecieron su espadón, me lo querían regalar, porque estaban orgullosos de lo que yo había hecho. Pero no quise."

A los 15 años dejó de estudiar; ya era un buen jugador en los potreros del barrio. También iban a los partidos y Alfredo recuerda en sus memorias que vio con su padre los cuatro goles del primer partido que el español Isidro Lángara jugó con el San Lorenzo ante el River Plate: "Metió cuatro goles el vasco, hay una foto del partido en la que aparezco yo con mi padre."

A los 17 años ingresó en la cuarta división del River Plate (lo tomó el célebre Carlos Peucelle, maestro de maestros del fútbol argentino). En esa época el primer equipo era la famosa La Máquina, con una delantera integrada por Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustou, a quienes Di Stéfano solía señalar como los mejores jugadores que vio en su vida.

Luego, cuando Pedernera se marchó a Colombia, se formó una nueva delantera, llamada "La Eléctrica": Reyes, Moreno, Di Stéfano, Labruna y Loustau.

Y esto nos lleva por supuesto a una famosa formación del Real Madrid: Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento.

Durante su tránsito por el fútbol argentino ganó dos campeonatos con River (1945 y 1947) y el Campeonato Sudamericano con la selección, en 1947.

Con Millonarios ganó tres campeonatos, 1949, 1951 y 1952.

Jugando para Millonarios fue cuando Di Stéfano llamó la atención de Santiago Bernabéu, el legendario presidente del Real Madrid, en un partido con motivo del 50 aniversario del Real Madrid en el que el equipo colombiano goleó 4-2.

En el fútbol español

Su ingreso en el fútbol español estuvo marcado por una de las controversias más enconadas del fútbol internacional, ya que fue contratado por el Real Madrid y el Barcelona FC al mismo tiempo.

El Madrid realizó las gestiones correspondientes ante el Millonarios, mientras que el Barcelona lo hizo ante el River Plate. Ambos clubes se consideraban con títulos suficientes, pero la FIFA favoreció los derechos del club colombiano y por extensión del Real Madrid.

Ante esto, intervino la Real Federación de Fútbol Española, que dictó un fallo aparentemente "salomónico": autorizó a Di Stéfano a jugar cuatro temporadas en España, las dos primeras en el Madrid y las otras dos en el Barcelona.

El Barcelona se consideró agraviado y renunció a sus derechos sobre el jugador. El Madrid, a su vez, se hizo cargo del dinero adelantado por el Barcelona a River y del resto de la deuda con el club argentino.

La pugna entre el Madrid y el Barça por la firma de Di Stéfano llevó hasta niveles nunca vistos la rivalidad entre los dos grandes del fútbol español, que a poco de andar terminaron por desplazar del primer plano al Athletic Club de Bilbao, que había sido el equipo hegemónico en España.

Di Stéfano fue el 2º mayor goleador del Real Madrid, con 216 anotaciones en 282 partidos.

Con el Real Madrid, Di Stéfano también ganó ocho campeonatos de Liga y una Copa Intercontinental.

A pesar de haber vivido tantos años en España, Di Stéfano conservó hasta el fin un fuerte acento de los barrios porteños donde creció y vivió antes de marcharse al extranjero.

Era un acento petrificado en el tiempo, ya que no acompañó el desarrollo natural de la lengua en la Argentina: él era virtualmente el único que hablaba con ese acento añejo. Sus aficiones también quedaron prendidas en los gustos populares argentinos de los años 40, con frecuentes citas de tangos, en particular Cambalache, que Enrique Santos Discépolo escribió en 1935.

La letra de Cambalache reflejó el repudio popular a la llamada "Década infame", tras el derrocamiento en 1930 del presidente radical Hipólito Yrigoyen. La amargura del Cambalache donde, "herida por un sable sin remache ves llorar la Biblia junto a un calefón", marcó indeleblemente a la generación de Di Stéfano.

Acostumbraba a citar versos del Martín Fierro, el poema épico gauchesco de José Hernández: "Me lo leí cuarenta veces ya". Le gustaban los consejos del Viejo Vizcacha, en particular que "cada lechón en su teta es el modo de mamar", y también "hacéte amigo del juez, no le des de qué quejarse…"

El gran mérito de Di Stéfano, más allá de sus triunfos deportivos, consistió en dar placer a millones de personas y de inspirarles una nueva fe, una pasión por un juego que antes de su esplendor personal todavía no era universal.

Como acostumbra a decir el escritor mexicano Juan Villoro (y así tituló a uno de sus libros), "Dios es redondo".

Y Di Stéfano fue uno de sus profetas.


ADIÓS A UN MITO DEL FÚTBOL MUNDIAL

MUERE  Di  STÉFANO

La Saeta Rubia fallece a los 88 años en Madrid tras sufrir un infarto el sábado junto al Santiago Bernabéu

El presidente de honor del Real Madrid convirtió al club en referencia del fútbol mundial

El legendario jugador debutó con el club de Chamartín a los 27 años y en 10 se hizo mito

Jugaba Argentina, que se citaba con la historia para alcanzar una semifinal del Mundial, 24 años después. Hacía calor en Brasilia y hacía calor en Madrid. Alfredo Di Stéfano, ajeno a debates menores sobre los grandes futbolistas de la historia, que si Messi, que si Maradona, se desplomaba el sábado en una calle de Madrid con nombre de poeta sencillo, Juan Ramón Jiménez, y sufría una parada cardíaca que requirió 18 minutos de reanimación por parte de los sanitarios del SAMUR antes de trasladarlo intubado al Hospital Gregorio Marañón. Alerta roja en un corazón blanco. Esta mañana, el hospital le comunicó a la familia su muerte cerebral.

La Saeta Rubia, de 88 años, ya había sufrido varios percances cardiovasculares, incluido un bypass que se le instaló en 2005 en Valencia. 15 días en la UVI, en distintas circunstancias, en el último tiempo, le habían rebajado la moral. El corazón de La Saeta se paró en la tarde del lunes. Su última jugada fue una jugarreta del destino. A eso de las cinco de la tarde del sábado se desplomó al lado de su estadio; murió a en la tarde de hoy, convirtiendo su apodo, “la leyenda”, en una desgraciada realidad. Tras ser intubado, asistido por ventilación mecánica y mantenido a temperatura de 32 grados, Di Stéfano resistió hasta la tarde de ayer cuando entró en muerte cerebral. Antes pareció recuperar los daños sufridos en el riñón (donde se le habían alojado alimentos) y el corazón funcionaba mejor. Todo se paró dos días después de sufrir el infarto. Argentina había alcanzado la semifinal del Mundial y a Di Stéfano, tan lúcido siempre, tan ingenioso, le pilló con los ojos cerrados.

Di Stéfano ingresó en el hospital a media tarde del sábado con pronóstico “muy grave”. 18 minutos de reanimación era un tiempo demasiado largo desde que su corazón se paró, aunque La Leyenda había dado muestras de remontadas increíbles. En Valencia, mientras pasaba la Navidad con su hija, sufrió un infarto de miocardio, saldado con un cuádruple bypass, y en el último año había vivido siete ingresos hospitalarios por distintos motivos (incluidas revisiones establecidas).

A los 88 años, el corazón, cuyos latidos fue capaz de dominar en el campo, se había convertido en el caballo de batalla de Di Stéfano, aunque no había quebrado su fina ironía y un compendio de ocurrencias convertidas en filosofía del fútbol y de la vida.

Di Stéfano entró en estado de coma unas horas después de su ingreso en el hospital encendiendo unas alarmas que parpadeaban desde hace años, aunque hasta ayer mantuvo las pestañas abiertas. Sedado e intubado buscaba el último regate. Un taconazo, quizás. Jugaba Argentina mientras Di Stéfano, el futbolista más singular que ese país ha dado, luchaba en un hospital, no en un campo de fútbol, contra una enfermedad, no contra un portero. Todo ocurrió tras comer con su familia en un restaurante junto al Bernabéu. Los facultativos del SAMUR consiguieron revertir la parada cardiorrespiratoria, aunque volvió a recaer en el traslado y tuvo que ser nuevamente recuperado.

Mientras el Mundial optaba por sus últimos elegidos y Argentina se encandilaba con un triunfo ante Bélgica más importante que bello, Di Stéfano dormía ajeno al mundanal ruido. Ya no despertó. Últimamente, la vida se le había revuelto en conflictos familiares de difícil solución.

Los infartos habían quebrado el ánimo pero no la fe de Di Stéfano, leyenda viva de un deporte en el que ejerció de pionero, de modernista. Su vida, su fichaje por el Madrid, su secuestro, su filosofía anunciaban el futbolista de hoy. Tan agradecido le estuvo al fútbol, a La Vieja, como llamaba a la pelota, como sus compañeros y rivales agradecieron su fútbol. Una larga trayectoria de 20 años como profesional desde que debutó en River, jugó luego en Millonarios, alcanzó la gloria en el Real Madrid (cinco Copas de Europa, ocho Ligas y una Intercontinental entre 1953 y 1964) y concluyó en el Espanyol, ya con 40 años. Como entrenador, dirigió al Elche, Boca, River Plate, Valencia, Sporting de Lisboa, Real Madrid, Rayo y Castellón. Con el Valencia logró la Liga en 1971 y la Recopa en 1980, además de ser el entrenador que le devolvió a Primera División tras un traumático descenso

La Vieja dio de sí. Todo lo que en España comenzó en el Bernabéu acabó a su vera, principio y fin de un futbolista irrepetible.

Reacciones por la muerte de Di Stéfano, "el más grande"

El mundo del fútbol muestra su dolor y consternación por la muerte de Alfredo di Stéfano, uno de los grandes de la historia del deporte rey.

Libertad Digital, 2014-07-07

Se suceden las muestras de dolor por la muerte de Alfredo di Stéfano, fallecido este lunes a los 88 años de edad tras llevar dos días hospitalizado como consecuencia de una parada cardíaca.

La familia del Real Madrid se encuentra de luto por el fallecimiento de su presidente de honor. Nada más conocerse su muerte, jugadores, exfutbolistas y personas que han pasado por la Casa Blanca, no dudaron en expresar su pésame y su respeto al jugador que cambió la historia del club.

"DEP Don Alfredo, el más grande. Leyenda del madridismo, siempre con nosotros. Siempre le recordaré MAESTRO", manifiesta Iker Casillas, capitán del Real Madrid y de la selección española, en tanto que el técnico italiano Carlo Ancelotti, expresa su pesar con un "RIP Don Alfredo".
El internacional Xabi Alonso fue de los primeros en mostrar un recuerdo al extécnico blanco. "DEP Don Alfredo Di Stéfano. 'Ya corre La Saeta'", indica en su cuenta oficial de una red social, en la que el joven atacante Jesé Rodríguez asegura: "Se nos fue un mito para el madridismo".

El portugués Cristiano Ronaldo, afirmó con respecto a la muerte de Alfredo di Stéfano, que es "un día muy triste. Para mí, para todos los madridistas y para el mundo del fútbol", escribió en su cuenta de twitter.

El delantero francés Karim Benzema, que acaba de concluir su participación en el Mundial de Brasil al caer en los cuartos de final ante Alemania, reseña "Hasta siempre Don Alfredo y gracias por todo! Ánimo Don Di Stefano y su familia".
Mientras tanto, el joven lateral Dani Carvajal afirma que "siempre serás una leyenda para todo el madridismo. Mucho ánimo a familia y amigos" y cuelga otro mensaje con una fotografía, en la que se ve al canterano y a Di Stefano el día que ambos colocaron la primera piedra de la Ciudad Deportiva de Valdebebas.
Nacho Fernández, que acaba de renovar su contrato con el Real Madrid, añade que el hispano-argentino es una "leyenda y ejemplo para todo el mundo del fútbol. Todo mi apoyo para sus seres queridos".
Míchel, actual técnico del Olympiacos griego, exjugador y excoordinador de la cantera blanca, afirma que "El más grande ya es eterno. Hasta siempre don Alfredo".
La plantilla del equipo de baloncesto se unió a la larga relación de condolencias. El base Sergio Llul también señala: "Día triste. Se nos ha ido el más grande. Leyenda e ídolo del Madridismo. Descanse en paz don Alfredo Di Stefano", en tanto que el escolta Rudy Fernández comenta "Di Stéfano se ha ido al cielo pero se queda para siempre en los corazones de todos los madridistas".
Entrenadores con pasado madridista como Pepe MelJoaquín Caparrós y Miguel Ángel Portugal expresaron su dolor por su fallecimiento. "Mis condolencias a la familia Di Stéfano. Gracias por todo maestro descansa en paz", afirma el extécnico del Betis, en tanto que el andaluz asegura que "Se ha ido un referente. Pieza importantísima de la historia de nuestro fútbol. Alguien que amó el balón hasta el último suspiro. #DEPAlfredo", y el burgalés comenta que "fue un orgullo para mi ser entrenado por don Alfredo. Mi más sentido pésame para toda su familia".
"Recuerdo cada encuentro que tuve con él, porque te lo hacía inolvidable... Sin duda un genio... DEP...", manifiesta Santiago Cañizares, exguardameta del Real Madrid y el Valencia
Alex Fernández, centrocampista del Espanyol y excanterano madridista, indica "DEP Don Alfredo Di Stéfano...mucho animo a familiares y amigos, se va una leyenda...", y Rodrigo Moreno, delantero del Benfica y también formado en la cantera blanca, reseña que es una "gran perdida para el madridismo y para el futbol mundial. Grande Di Stefano".
Sergio Canales, jugador de la Real Sociedad que pasó por el Real Madrid, envió su "más sincero pésame a los amigos y a la familia de Don Alfredo Di Stéfano" y Borja Valero, referencia igualmente de la cantera madridista que milita en el Fiorentina, señala "Hasta siempre Don Alfredo!!"
Jugadores que militan en otros clubes europeos igualmente expresaron su pesar. El juventino Fernando Llorente asegura que Di Stéfano es "uno de los más grandes jugadores de la historia" y envía su "pésame para su familia y seres queridos".
"Un día triste para el mundo del fútbol. Se nos ha ido uno de los más grandes. DEP Don Alfredo di Stéfano", comenta David de Gea, guardameta del Manchester United y de la selección española.
Al margen de todos los clubes españoles de las categorías profesionales, los foráneos en los que militó Di Stéfano e incluso otros en los que no, se unen. El Manchester City, campeón inglés, emitió un comunicado en el que asegura que "desea transmitir sus condolencias a toda la familia" blanca.

Emotivo mensaje de Simeone

Uno de los mensajes más emotivos lo escribía en Twitter el entrenador del Atlético de Madrid, el también argentino Diego Simeone, que se ha referido a La Saeta Rubia como "uno de los grandes del fútbol mundial". "Se nos fue Don Alfredo, uno de los grandes del fútbol mundial. Adiós maestro, que nunca le falte una pelota allá arriba", escribe el Cholo.

Por su parte, Vicente del Bosque recuerda que coincidió con Di Stéfano en el Real Madrid en la etapa de 1982 a 1984. "Lo tuve como entrenador en mi última etapa de futbolista. Lo conocí bien, así que por supuesto lamento muchísimo su pérdida", ha señalado el seleccionador español, que, "por supuesto", manda "un abrazo a su familia y entorno y, cómo no, también a todo el madridismo, que hoy vive un día muy triste".

El Barcelona también despide a Di Stéfano

El presidente del Barcelona, Josep Maria Bartomeu, considera que con la muerte de Alfredo di Stéfano "se va uno de los grandes de la historia del fútbol". Así se ha expresado el dirigente azulgrana mediante un mensaje enviado en su cuenta de 'twitter' una vez conocido el fallecimiento de Alfredo di Stéfano a los 88 años de edad.

El club azulgrana ya había expresado sus condolencias al club madridista, detalle que el presidente del Barcelona también quiso realizar de forma persona.

Blatter: "Mi jugador favorito"

Por su parte, el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, dice estar "muy triste" por la muerte Alfredo di Stéfano, al que considera "el jugador más completo" que ha visto. "Mi jugador favorito, el más completo que vi. Ha partido una leyenda. Que en paz descanse", escribió en su cuenta de Twitter Joseph Blatter.

"Futbolista de leyenda y persona extraordinaria"

La Liga de Fútbol Profesional y el sindicato de futbolistas AFE también dan su pésame por la muerte de Di Stéfano. "La Saeta Rubia, apodo con el que se lo conoció, siempre fue considerado como uno de los futbolistas más grandes de todos los tiempos", recuerda la LFP, que hace una breve semblanza de su figura.

También la Asociación de Futbolistas Españoles se suma a las muestras de dolor y califica a Di Stéfano de "futbolista de leyenda y una persona extraordinaria", recordando la "colaboración" de La Saeta Rubia con este organismo, del que aceptó ser presidente de honor del Consejo de Asesores.

"El ADN del Real Madrid"

Por su parte, el presidente del Consejo Superior de Deportes, Miguel Cardenal, dice que la muerte de Di Stéfano es una noticia triste". "No ha habido nadie con quien se le haya podido comparar. Instauró las bases con Santiago Bernabéu en un equipo que ha sido galardonado como el mejor del Siglo XX que este mismo año ha ganado la Champions. El legado que deja es el ADN del Real Madrid, de luchar hasta el final y no darse por vencido. Don Alfredo fue el más grande".


Kubala y Di Stéfano: fútbol, cine y política

Los ases de Barcelona y Madrid protagonizaron algunas películas en las décadas de 1950 y 1960

Kubala y Di Stéfano: los ases del balón utilizados como propaganda del franquismo. Así se puede resumir su aparición en diversas películas de cine, alguna de ellas biográfica con ciertas modificaciones y mensajes subliminales en aras de la publicidad de un régimen que empezaba a abrirse al mundo. Corría la mitad del siglo XX, el fútbol estaba profesionalizado y la situación mundial andaba… interesante.

En aquellos años, el régimen no dudó en exprimir todo cuanto tenía a mano para difundir los idealesvalores (trabajo, familia, sacrificio, disciplina, amistad) y modelos que quería promover, al tiempo que demonizaba el comunismo, su principal enemigo. Por ello, es lógico que emplease para tal fin dos de los divertimentos o distracciones de la época: el fútbol y el cine.

Ciudadanos modélicos

Así, dio forma a un género cinematográfico a caballo entre la propaganda política y la comedia blancasin crítica social, con los ases futbolísticos de la época como protagonistas y como modelos de ciudadanos… aunque hubiera que adaptar ligeramente sus biografías para que el relato encajase. Por ello, Kubala y Di Stéfano aparecen como héroes de comportamiento impecable, humanitarios, pero también seductores y pasionales, y hogareños, ya que la familia es el pilar de sus vidas.

Hay otros factores, además del tirón de los ídolos, que explican que este género de cine echase raíces en los años cincuenta. Por un lado, el desarrollo de la industria y, por el otro, los éxitos futbolísticos de aquellos tiempos: desde el cuarto puesto de España en el Mundial de Brasil de 1950 hasta la Eurocopa que la selección conquistó en 1964 (contra la URSS, para colmo), pasando por las cinco Copas de Europa consecutivas que levantó el Madrid de Di Stéfano.

‘Los ases buscan la paz’ (1954)

Un gran Kubala, en el papel de sí mismo, protagoniza la película biográfica Los ases buscan la paz, un filme que comienza recordando su carrera como futbolista de éxito en Hungría hasta que tiene que huir del país cuando los soviéticos lo invaden, dejando a su madre y a su mujer (embarazada) atrás, pero con la esperanza de encontrar un mejor futuro para todos. Ese futuro lo encuentra en España de la mano del FC Barcelona, que también cede para la pieza cinematográfica a José SamitierAntoni RamalletsEstanislao BasoraGustau BioscaAndreu Bosch y José Segarra. Esta es la trama.

En el subconsciente, sin embargo, el espectador recibe que Kubala huyó del comunismo (personificado en un comisario deportivo deshumanizado, sin nombre), mientras que España, un país liberal que defendía los derechos y las libertades, le abrió las puertas de par en par e hizo todo lo posible por que jugara en los mejores clubes de fútbol del país. Una vez conseguido, el régimen tenía que explicarlo, y qué mejor forma de hacerlo que en el cine. Eso sí, con matices para que el mensaje llegase sin interferencias.

Por ejemplo, Los ases buscan la paz añade dramatismo a la dura infancia de Kubala para exagerar las penurias del comunismo. La obra, de hecho, pone el énfasis en los detalles más políticos, incluida la fuga de Kubala, que le costó varios meses de veto en Europa, en los que se las apañó malviviendo (sobre todo en Italia), hasta que encontró la felicidad en España. Asimismo, la película pone el foco en la capacidad de sacrificio, la humildad y los valores familiares del as (aunque la realidad es que tenía una doble vida muy conocida en cierto municipio vallesano). Era el modelo de hombre, el tipo de persona que quería promover el franquismo. Y se prestó a ello.

‘Saeta Rubia’ (1956) y ‘La batalla del domingo’ (1963)

Di Stéfano, por su parte, actuó en diversas películas antes de protagonizar Saeta Rubia. Esta es la sinopsis: los muchachos de un barrio humilde de Madrid se buscan la vida para tener algo que llevarse a la boca y, en una de esas, roban la cartera a don Alfredo. Sin embargo, se arrepienten y por ello el as del Madrid y su esposa se interesan por su realidad y tratan de ayudarlos. Así, Di Stéfano funda y entrena un equipo, el Saeta, al que lleva a proclamarse campeón de España. De nuevo, la humildad, la familia y los valores del ciudadano modélico como excusa. Y como curiosidad, Kubala hace un cameo en esta obra.

Años después, Di Stéfano protagonizó también en España La batalla del domingo, donde un productor americano quiere llevar la vida del jugador a la gran pantalla. Ocurre que pretende hacerlo con un guion que nada se ajusta a la realidad, a lo que don Alfredo se opone… pero llegan a un acuerdo y todo se resuelve. En esta ocasión, el as se muestra como el perfecto padre de familia y una gran persona que alerta a sus compañeros de los peligros de la fama (el acercamiento de mujeres interesadas, sobre todo). También aquí aparece Kubala, así como Gento y Puskas. Buenas historias; mucha propaganda política.

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