DI STÉFANO, LA SAETA RUBIA
Di Stéfano: el hombre que cambió el signo del club
Hasta la llegada de don Alfredo el Real
Madrid acumulaba dos títulos de Liga de antes de la Guerra Civil. Por entonces
F.C. Barcelona, Athletic Club, Valencia o Atlético de Madrid disponían de un
palmarés más amplio en el campeonato doméstico. Años después las tornas
cambiaron y además de ser el mejor equipo del país, el Madrid se convirtió en
el mejor club europeo y mundial.
Porteño, del barrio de Barracas, al que
llegó al mundo el 4 de julio de 1926, fue un jugador completísimo. Delantero
rápido, hábil, muy inteligente y con gran capacidad de trabajo, era un
auténtico killer,
como demuestran las cifras goleadoras que mantuvo durante toda su carrera.
Podía robar un balón en su área y en la misma jugada llegar al marco contrario
y conseguir un tanto. Se le conoció como la “Saeta Rubia”, apodo que le puso el
periodista argentino Roberto Neuberger por la velocidad que tenía y por su
cabello rubio.
Sus primeros pasos con un balón en los pies
los dio en dos equipos de barrio, el Once y Venceremos e Imán, hasta que con 18
años pasa una prueba con River Plate y se queda en el equipo bonaerense. Debuta
con el primer equipo en 1945 y ese curso River se proclama campeón contando con
la histórica delantera conocida como “La Máquina”, donde figuraban Muñoz,
Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau.
Esa fue unas de las razones por las que Di Stéfano en el año 1946 sale cedido a Huracán, completando una gran campaña en la que consigue diez goles. En 1947 regresó a River para ser una pieza fundamental en la conquista del campeonato, confirmándose además como un artillero letal, al ser el máximo goleador del torneo con 27 dianas. Su estancia en el club de la banda roja se prolonga un par de temporadas, momento en el que se inicia una huelga de futbolistas en Argentina y la “Saeta Rubia” decide marcharse a Colombia.
En el país cafetero ficha por Millonarios
de Bogotá y entra a formar parte de un conjunto legendario que recibe el
apelativo de “Ballet Azul”. Conquistan la Liga en tres oportunidades con
Alfredo proclamándose mejor artillero y además obtienen una Copa. En 1952 los
capitalinos son invitados por el Real Madrid para participar en los festejos por
sus Bodas de Oro. Ganan el torneo y el delantero de Barracas enamora al
mandatario blanco Santiago Bernabéu.
Meses más tarde se encuentran en la Pequeña Copa del Mundo celebrada en Caracas y ahí es donde se inician las negociaciones para un traspaso al club blanco. Sin embargo no solo el Real Madrid está interesado por el argentino; el F.C. Barcelona también le quería llegando a pagar 4 millones de pesetas a River Plate. La FIFA indicó al cuadro blaugrana que el pase del jugador pertenecía a Millonarios hasta 1954 y la guerra Real Madrid-F.C. Barcelona por su fichaje estalló. Bernabéu concretó un acuerdo con el presidente de Millonarios, el señor Senior, y finalmente el organismo que rige el fútbol mundial tomó cartas en el asunto: toma la decisión de que Di Stéfano juegue dos campañas en el equipo blanco y otras dos en la entidad culé de forma alterna pero el presidente del conjunto catalán, Enric Martí, declina la propuesta. La “Saeta Rubia” entonces se traslada a Madrid tras el verano de 1953 y un mes más tarde el F.C. Barcelona renuncia al futbolista.
En la temporada 1954-1955 el Madrid
revalida el entorchado doméstico y además llega a las vitrinas de la entidad la
Copa Latina. El gran paso del club blanco llegó con la creación de la Copa de
Europa a partir de una idea del diario L`Equipe. Cinco trofeos seguidos,
siendo la “Saeta Rubia” protagonista en todos ellos y marcando al menos un
tanto en cada final, hito que aún nadie ha podido igualar.
En 1956 derrotaron en la final al Stade de
Reims no sin antes sufrir en cuartos contra el Partizan, donde los yugoslavos
dieron un serio disgusto a los blancos en un campo nevado. Al año siguiente ese
hueso fue el Rapid de Viena, en cuyos vestuarios del Prater Santiago Bernabéu
hizo famosa la “Santiaguina”. Luego vencerían en el coliseo blanco por 2-0 a la
Fiorentina italiana.
La tercera Copa de Europa, en 1958, tuvo
lugar frente a un extraordinario Milán que solo cedió después de un gol de
Gento en el tiempo extra, y en 1959 de nuevo el Stade de Reims hincó la
rodilla. Por su parte, la quinta seguida se produjo en Glasgow contra el Eintracht
de Frankfurt en una de las mejores finales de siempre. Di Stéfano hizo un hat-trick y
Puskas cuatro goles para avasallar a los teutones por 7-3.
En ese periodo en España también
continuaron cosechando triunfos con Alfredo comandando al equipo. Las Ligas de
1957 y 1958 llegaron también con el premio ‘Pichichi’ para la “Saeta”, que
logró un total de cinco en su carrera. Mientras que en la Copa Di Stéfano solo
logró un título en 1962 tras vencer al Sevilla.
La década de los 60 trajo varias decepciones
en el continente al perder dos finales de Copa de Europa y caer tras gran
polémica arbitral contra el Barcelona en 1961. En España las Ligas se
sucedieron, siendo la última del palmarés del hispano-argentino la del curso
1963-1964. Justo al comienzo de esa campaña el Real Madrid viajó a Caracas para
participar en la Pequeña Copa del Mundo de Clubes. Allí Di Stéfano sufrió uno
de los mayores sustos de su vida al ser secuestrado por miembros del FALN. El
rapto duró tres días donde la “Saeta” fue bien tratado, pero el temor a que le
pasase algo grave siempre corrió por su cabeza. Le liberaron cerca de la
Avenida Libertadores y, tras acudir a la embajada española, regresó al hotel
con sus compañeros.
Con 37 años y muchas voces ya críticas con
su estado físico y de juego su salida no fue la esperada. Se marchó enfadado
con el presidente Bernabéu y el técnico Miguel Muñoz por la final de la Copa de
Europa de 1964 contra el Inter. El hispano-argentino culpabilizó al entrenador de
la derrota por su mal planteamiento y su excompañero Fechas más tarde no le
convocó para un duelo de Copa ante el Atlético de Madrid, y los acontecimientos
se precipitaron. Bernabéu se puso de lado de su entrenador y Di Stéfano
entendió que era el momento de irse.
Así finalizaron once años de estancia en Madrid en los que logró un bagaje de 307 goles en 396 partidos. Parecía el final de su carrera, pero la “Saeta” quiso continuar en activo un par de temporadas más en las filas del RCD Español, hasta su último choque liguero contra el Atlético de Madrid el 3 de abril de 1966. La despedida definitiva fue en el homenaje que le brindó el Real Madrid en el Santiago Bernabéu el 7 de junio de 1967. Salió de inicio y en el minuto 13 se quitó el brazalete de capitán para cederle el testigo a un prometedor Grosso.
Con la selección argentina fue
internacional en seis ocasiones logrando el mismo número de tantos. Todos sus
encuentros tuvieron lugar en el Campeonato Sudamericano de 1947. Debutó en la
segunda contra Bolivia. Salió en el minuto 30 sustituyendo a Pontoni y colaboró
con un gol en la aplastante victoria de la albiceleste por 7-0. Ya no dejó la
titularidad y con sus tantos ayudó a Argentina a conquistar el torneo por
delante de paraguayos y charrúas. Tuvo un papel destacado en la victoria por 3-2
frente a Perú donde marcó el segundo de su equipo, ante los chilenos cuando
logró la diana fundamental para cosechar un empate o contra Colombia a quien
anotó un fabuloso triplete en el triunfo por 6-0.
En 1956 adquirió la nacionalidad española y
con el equipo nacional hispano hizo su estreno un año más tarde. Concretamente
se produjo en un choque amistoso contra Países Bajos donde la “Saeta Rubia” se
lució con un hat-trick.
Unos meses después el cuadro español empezó la fase de clasificación para el
Mundial de Suecia 1958, que se convertiría en un sonado fracaso. El siguiente
objetivo tuvo como fecha 1960 y la Eurocopa de Naciones que iba a celebrarse
por primera vez. El sorteo deparó como rival en la calificación a Polonia, a la
que se ganaría en la ida y la vuelta. Di Stéfano comandó la victoria por 2-4 en
el estadio Slaski con un doblete y en el Bernabéu marcó otro gol en el triunfo
por 3-0. Sin embargo, por motivos políticos no se jugó contra la URSS en la
siguiente ronda y España se quedó sin disputar el torneo europeo.
Di Stéfano continuó marcando goles en
amistosos frente Austria, Italia o Chile en dos ocasiones hasta que llegó la
fase de clasificación para el Mundial de Chile 1962. España primero se deshizo
con bastantes dificultades de un correoso conjunto galés y a continuación hizo
lo propio con Marruecos en un playoff internacional.
Convocado para el torneo por el seleccionador Hernández Coronado y el técnico
Helenio Herrera una lesión en un choque de preparación le dejó sin poder actuar
un solo minuto en el Mundial. Viajó hasta Chile pero España cayó en la primera
fase y no pudo debutar. Para la historia dejó un bagaje con la selección
hispana de 31 partidos disputados y 23 goles conseguidos.
Su carrera como entrenador empezó a finales
de la década de los 60 cuando dirigió al Elche en el curso 1967-1968. A
continuación entrenó a Boca Juniors conquistando el Torneo Nacional y la Copa
Argentina, y en 1970 firmó por el Valencia donde en cuatro temporadas aupó al equipo
ché a la élite del fútbol español. Obtuvo el Campeonato Nacional de Liga en
1971 y alcanzó la final copera tanto en 1971 como 1972. Sus siguientes destinos
fueron el Sporting de Portugal, Rayo Vallecano y Castellón hasta que regresó al
Valencia en la temporada 1979-1980.
El equipo valencianista disputó la Recopa
ese curso, competición que acabaría logrando ante el Arsenal en los penaltis.
Un año más tarde se marchó a Argentina para coger las riendas de River Plate al
que haría vencedor del Torneo Nacional en 1981 después de doblegar en la final
a Ferro Carril Oeste, y luego cumplió el sueño de sentarse en el banquillo del
Real Madrid.
En la entidad merengue realizó una buena
labor, pero la suerte no le acompañó. Los blancos disputaron en 1983 la final de
la Copa, Copa de la Liga y Recopa, perdiendo en todas ellas y en la competición
doméstica también ocuparon la segunda posición tras el Athletic Club. Di
Stéfano se quedó una campaña más en el equipo madridista, pero de nuevo el club
bilbaíno les arrebató la Liga, esta vez gracias al goal-average. A mediados de
los 80 retornó a Boca en una segunda etapa que duró unos pocos meses, y entre
1986 y 1988 estuvo en el Valencia por tercera vez. Su última experiencia en la
faceta técnica fue otra vez en el Real Madrid, al que hizo ganador de la Supercopa
de España en 1990.
Desde 2001 hasta el momento de su muerte
ostentó el cargo de Presidente de Honor del Real Madrid.
A lo largo de su vida recibió numerosas
condecoraciones, entre las que destacan la Medalla de Oro al Mérito Deportivo,
la Medalla al Mérito de la FIFA, el Tambor de Oro de San Sebastián, un puesto
en el Salón de la Fama de la FIFA o la Gran Cruz de la Real Orden del Mérito
Deportivo.
Falleció el 7 de Julio de 2014 en Madrid a los 88 años, pero el legado que nos dejó es inmortal.
EL REAL MADRID DE DI STÉFANO Y LAS CINCO COPAS DE EUROPA
JAIME RINCÓN 01/04/11 - 12:49.
Hacer un serial sobre equipos de leyenda y no incluir al Madrid de las cinco Copas de Europa sería como ir a un estadio de fútbol y no ver bufandas o banderas del equipo local en cuestión. Vamos, totalmente inconcebible. Porque a cualquiera que le pregunten por un equipo que marcó una época, responderá como acto reflejo: el Madrid de Di Stéfano, el de las cinco copas consecutivas.
El
rey de reyes, el absoluto dominador de una etapa en la que la mayor competición
a nivel de clubes daba sus primeros pasos. Y los dio, durante cinco años, de la
mano de ese equipo histórico formado por un elenco de figuras que lograron un
hito mundial.
Y es
que nadie, hasta el momento, ha logrado igualar esa gesta de ganar cinco
'orejonas' de manera consecutiva. Lo hizo con el presidente más importante de
la historia del club, don Santiago
Bernabéu, y bajo la figura de uno de los mejores futbolistas
que jamás se hayan visto, don Alfredo
Di Stéfano.
Con la llegada de 'La Saeta' a Chamartín
arrancó la primera gran historia del Madrid. Conocido así por su velocidad, el
pibe que sacó de las gargantas del Monumental un curioso cántico -"Socorro... socorro... ahí viene la Saeta con
su propulsión a chorro"- asombró en su primer partido
en el Bernabéu. Fue con la camiseta de Millonarios, en la celebración de las
Bodas de Oro del conjunto blanco, con dos goles en la victoria de los suyos
(4-2) y tras correr 60 metros como un demonio en el tramo final del partido, cuando
conquistó los corazones merengues, don Santiago incluido: "Quiero a ese argentino"
sentenció el presidente blanco.
Y como cualquier hazaña que se precie, los inicios se exigen heroicos: París, 13 de junio de 1956, Parque de los Príncipes. Enfrente, el potente Stade de Reims de Raymond Kopa (un año después jugador blanco) flanqueado por casi 40.000 almas. El Madrid de José Villalonga, con 'La Saeta' a la cabeza, se desmorona en el arranque. 2-0 a los diez minutos de juego. Todo parece perdido hasta que el pibe de Buenos Aires recorta distancias. Rial restablece el equilibrio y así se llega al descanso. Los franceses vuelven a golpear pero el Madrid ya no es el equipo acongojado del inicio. Marquitos pone el 3-3 y de nuevo Rial, a once minutos del final, marca el definitivo 4-3. Europa se tiñe de blanco. Miguel Muñoz levanta la primera Copa de Europa de la historia.
Una temporada después, el vigente campeón vive un momento delicado en su defensa del título. El Rapid de Viena de Ernst Happel pone contra las cuerdas a los blancos tras remontar el 4-2 de la ida. Al descanso, una batalla campal pone al Madrid contra las cuerdas. Con diez por la lesión de Oliva y virtualmente eliminado con un contundente 3-0, Santiago Bernabéu decide bajar a los vestuarios y soltar el primero de sus ya legendarios sermones. "Hay algunos que en vez de venir a jugar al fútbol lo han hecho para asistir a una verbena. No sólo están representando al Madrid, sino a España", les espetó. La reprimenda dio resultado y el Madrid forzó el desempate con un gol de Di Stefano. En el tercer partido, Kopa y Joseíto acaban con cualquier atisbo de sorpresa. La final, ante la Fiorentina, fue casi un puro trámite.
Di Stéfano recuerda su debut ante el Racing
Alfredo Di Stéfano recuerda su primer partido de Liga con el Real Madrid
"Tengo un gratísimo recuerdo porque fue mi estreno oficial. Ganamos 4-2 y marqué un gol, de cabeza" Realmadrid.com
Ocurrió hace
más de 56 años, un 27 de septiembre de 1953, pero en su privilegiada memoria el
partido se conserva fresco, como si se hubiera disputado ayer. Basta con
enunciarlo para que Don Alfredo remate los titulares: “Ganamos 4-2, con dos
goles de Olsen, uno de Molowny y otro mío, de cabeza”. No necesita ojear las
crónicas de la época, que describen que “la briosa reacción santanderina estuvo
favorecida por la pasividad de la media blanca”. “¿Pasividad?”, protesta. “¡Eso
no existe en el fútbol!, ¡nadie se aparta para dejar pasar a un contrario!”.
No lo hizo aquel primer Madrid que vio
debutar a Alfredo Di Stéfano en partido oficial. “Yo había debutado el
miércoles, en un amistoso ante el Nancy –recuerda-. Llegué a la estación de
Atocha las diez de la mañana y a las tres de la tarde estaba jugando. No tuve
margen para adaptarme…”. Para este partido tampoco es que tuviera mucho más
tiempo de acoplamiento. “Ese día incluso me presentaron a algunos compañeros
que no habían jugado el amistoso. Todo era nuevo para mí, pero tenía una
tremenda ilusión, los compañeros eran fantásticos y por eso todo comenzó bien”.
Los nervios eran lógicos porque era su
debut en Chamartín, un estadio “diferente” al que había conocido en su estreno
ante los franceses: “Había más ambiente, claro, era un partido de competición
oficial. El público estuvo genial conmigo”. La crónica del diario ABC lo
corrobora, aunque con cierto rigor crítico: “Di Stéfano, a quien el público,
sugestionado, aplaude todo, deberá jugar mucho más para justificar su fama”,
sentenciaba el cronista. Pronto la justificaría, y con creces. De ahí su idilio
con el público: “La afición siempre me ha apoyado, desde el primer día. Me he
sentido muy querido por el madridismo”, afirma con gratitud Don Alfredo.
De los prolegómenos, recuerda una anécdota:
“El entrenador, Enrique Fernández, me preguntó si iba a jugar con esas botas.
Eran argentinas, de cuero, las tenía “amansadas”. Eran buenísimas, pero a él no
le convencían. Yo le dije que sí, porque las que ellos utilizaban parecían de
madera”.
Del partido, resalta la calidad del rival:
“Nos pusimos 3-0 por delante, pero ellos reaccionaron muy bien y acortaron
hasta el 3-2, con goles de Vázquez y León. Tenían muy buenos jugadores, Alsúa
era una maravilla. Entonces los partidos eran más equilibrados que ahora”. Los
minutos finales fueron de infarto, hasta que un centro suyo, medido, se
convirtió en asistencia para que Olsen sellara el definitivo 4-2.
Era su primer partido, su primer gol, su
primera victoria en Chamartín. Después vendrían muchas, muchísimas más. “Ese
año salimos campeones y yo conseguí el Pichichi”. Todo estaba cambiando, estaba
naciendo el mejor Madrid, en realidad el mejor equipo de todos los tiempos.
“Sí, la verdad es que Bernabéu organizó el Club de otra manera, y apoyado por
personas como Saporta, y con aquellos grandísimos jugadores, se hicieron cosas
extraordinarias”.
Todo comenzó con ese 4-2, un resultado que
firma para el partido que enfrentará este sábado al Real Madrid con el Racing:
“Mejor un 2-0. Bueno, mejor es ganar y que el aficionado salga contento”. Llega
56 años después del debut del mejor futbolista de todos los tiempos.
FICHA
TÉCNICA:
4 - REAL
MADRID: Pazos; Navarro, Oliva, Lesmes II;
Muñoz, Zárraga; Joseíto, Olsen, Di Stéfano, Molowny y Gento. Entrenador:
Enrique Fernández.
2 – RACING: Ortega; Bermúdez, Barrenechea, Nando; Felipe,
Santín; Revuelta, Vázquez, León, Alsúa y Espina. Entrenador: Juan Ochoa.
ARBITRO: Andrés Rivero Lecue.
El Real Madrid de Di Stéfano (años 50)
Tras la Guerra Civil española, dos años en
concreto fueron claves para el devenir del Real Madrid, un club francamente en
horas bajas desde los éxitos que logró en la década de los años 30, bajo la II
República.
1947, por supuesto, cuando Don Santiago
Bernabéu materializó su sueño de tener un estadio con enorme capacidad para
75.000 espectadores, en plena época de reconstrucción del país, cuando los
españoles se levantaban cada día pensando en las cartillas de racionamiento y
el fútbol era, junto con las corridas de toros, una de las escasas vías de
escape y de ilusión para un país derruido.
El otro año clave fue 1953. El golpe en la
mesa que supuso arrebatar el fichaje de Di Stéfano al FC Barcelona fue como el
hallazgo de la piedra filosofal para el madridismo. Desde 1939 hasta 1953 el
Madrid apenas había logrado 2 Copas de España (del Generalísimo entonces) en
1946 y en 1947, y su mayor hazaña había tenido lugar en 1943 con el imborrable
11-1 al Barça en la vuelta de semifinales de Copa.
Di Stéfano lo cambió todo. Pero no solo él.
Paco Gento también llegó el mismo año al Madrid, procedente del Racing de
Santander. También Enrique Mateos, procedente del filial Plus Ultra. Ya por
entonces estaban en el club Miguel Muñoz, Juanito Alonso, Lesmes, Zárraga o
Luis Molowny, y poco a poco se incorporaron al equipo Héctor Rial, Kopa, Santamaría,
Puskas…
La temporada 1953-54 se culminó con la
consecución de la Liga, que no disfrutaban los madridistas desde los tiempos de
Zamora, Ciriaco, Quincoces y Luis Regueiro, en 1933. 21 años habían
transcurrido y una guerra civil entre medias. No por ello habían dado la
espalda los aficionados a su equipo favorito, que ya desde la inauguración del
nuevo Chamartín llenaban domingo tras domingo las más de 70.000 localidades de
su coliseo. Esa temporada se culminó con un trofeo Pichichi para Alfredo, con
27 goles, por delante de Kubala. El argentino Roque Olsen contribuyó con 15
valiosos tantos a la consecución de este ansiado título.
Estaba empezando la mayor etapa de gloria
de un club de fútbol en toda su historia. Entre 1954 y 1955 se fraguó, con el
Madrid como protagonista en primera línea, el nacimiento de la Copa de Europa
de clubes de fútbol. Imagínense ustedes, queridos lectores, el orgullo y la
satisfacción infinitas que pudo vivir una afición fiel y devota a los colores
merengues, tras un periodo de sequía dominado por equipos sin duda muy afines
al régimen político de la época: el Atlético de Aviación/de Madrid, “el equipo
de los coroneles” como bien lo definió Bernabéu, el FC Barcelona plegado como
siempre al calor del poder con su proverbial victimismo, y el por entonces
Atlético de Bilbao, punta de lanza de la burguesía vizcaína y con los mejores
jugadores nacionales.
Todo ello en un marco de una España en
reconstrucción, en un Madrid que estaba todavía en el proceso de pasar de ser
casi una aldea castellana a una capital de importancia, en una Europa que aún
daba la espalda a un país todavía en proceso de desarrollo y lejos de ser una
democracia. Santiago Bernabéu lo cambió todo: estructura del club, nuevo
estadio, fichajes muy acertados, más la visión inteligente de estar entre los
pioneros de una competición continental, que aún hoy en día es, con diferencia,
la mejor que se disputa en todo el planeta Tierra.
Aquella época, conocida como el Madrid de
Di Stéfano o el Madrid de las 5 Copas de Europa fue como pasar, en términos
cinematográficos, del cine de Luis Berlanga en blanco y negro de “Bienvenido
Míster Marshall” (1953), genial documento de una España entrañable e ingenua,
acomplejada y pueblerina, a una película luminosa a todo color, optimista y
moderna, con una ciudad como Madrid mostrando en todo su esplendor varias de
sus bellezas, la Gran Vía, la puerta de Alcalá y el parque del buen Retiro,
como “Las chicas de la Cruz Roja”, alegre documento con canciones alegres y
pegadizas.
Una época que coincidió – sin duda no fue
por casualidad – con el Madrid de Ava Gardner, los estudios Bronston (fundados
en 1959 en Las Rozas) y el aperturismo que supuso para España la visita del
presidente norteamericano Dwight David Eisenhower, “Ike”, en diciembre de 1959.
Con las victorias del Madrid, España como nación se sentía plenamente orgullosa
de aparecer en los diarios europeos no como una dictadura rancia en el alba de
la creación de la Europa Occidental moderna, sino como un país que podía
presumir de albergar el mejor equipo de fútbol jamás visto. Como bien decían
por entonces Bernabéu y Saporta, cuando el Real Madrid salía a jugar en
cualquier ciudad europea, ya bien fuera Amsterdam, Stuttgart, París o Bruselas,
los jugadores tenían que darlo absolutamente todo, no sólo por su escudo, sino
sobre todo por los cientos o miles de emigrantes españoles que podían presumir,
ante sus vecinos holandeses, alemanes, franceses o belgas, de poder sacar pecho
por unos días con la victoria y con los éxitos del Madrid en los talleres o en
las factorías donde trabajaban, a miles de kilómetros de sus hogares en España
y de sus familias.
Madrid crecía como ciudad y como capital, y su estadio, ya repleto en cada jornada y con demandas constantes de localidades, ya poseía desde finales de 1954 un espectacular aforo de 125.000 personas. Numerosas películas de la época aprovechaban el tirón mediático del Real Madrid para filmar algunas de sus escenas dentro o fuera del estadio, ya oficialmente bautizado como Estadio Santiago Barnabéu desde el 4 de enero de 1955: “El Tigre de Chamberí”, “Los tramposos”, “El día de los enamorados”, “Tres de la Cruz Roja”, todas ellas protagonizadas por el gran Tony Leblanc, madridista insigne por más señas. Otra película emblemática de aquella época fue “Saeta Rubia”, con el gran Alfredo al frente del reparto.
Por razones de edad, yo no tuve el gran
privilegio de vivir esa gloriosa época, el primer gran Eldorado madridista.
Apenas los resúmenes de las finales de Copa de Europa o la final completa de
1960 en Glasgow con el 7-3 final ante el Eintracht. Pero la vida ha sido más
que generosa conmigo en este aspecto, y he podido tratar personalmente a tres
de los más grandes de aquella época, el gran Alfredo (el fondo de pantalla de
mi portátil para quien me conocen lo habita una foto suya conmigo al lado),
Pepe Santamaría, excepcional defensor y bellísima persona, y Paco Gento,
nuestra joya más preciada y Galerna del Cantábrico para siempre. Los conocí ya
mayores, pero todos ellos me permitieron que los llamase Alfredo, Pepe y Paco,
con toda naturalidad. Y siempre de tú. Seguían - y Pepe y Paco siguen, por
supuesto - siendo futbolistas ya con más de 80 años de edad, unos todavía
chavales cuyos ojos se iluminan cuando se les recuerdan sus grandiosas gestas,
propias de héroes homéricos dispuestos a conquistar Troya en cualquier momento.
Los tres, sabios y ejemplares, siempre me hablaron de la importancia del
equipo, de aquella familia que formaban dentro y fuera de la cancha, de
solidaridad y de respeto en cualquier circunstancia: Pepe Santamaría mandaba
atrás, Alfredo en el medio y delante, y cuando todo parecía perdido y los
guerreros agotados, siempre estaba el recurso, como en la final de 1958 en
Bruselas ante el Milán, de pasarle el balón al que siempre estaba fresco, el
cántabro inagotable que aparecía cuando todas las luces se habían apagado, al
gran Paco Gento, que Dios nos guarde muchos años, que resolvía la situación y
nos hacía ganar de nuevo.
Fue un periodo aquel, entre 1955 y 1960,
del mejor cine jamás creado, con obras maestras de la épica y de la aventura,
obras profundamente de espíritu madridista, como “Centauros del desierto”
(1956), “Horizontes de grandeza” (1958), “Ben-Hur” (1959), “Con la muerte en
los talones” (1959) o “Espartaco” (1960).
Y también de un excepcional film de Sídney
Lumet, cuyo título puede definir una época en la que nadie pudo si tan siquiera
toser, ni de lejos, a nuestro Real Madrid, una maquinaria perfecta con 11
jugadores y un genio presidiendo el club: “Doce hombres sin piedad” (1957). Sin
piedad para los contrincantes y que serán adorados por los siglos de los siglos
por haber protagonizado la gesta más importante - e inigualada - del deporte
colectivo jamás contada.
ALFREDO DI STÉFANO, de la WIKIPÈDIA
Alfredo Stéfano Di Stéfano Laulhé (Buenos
Aires, Argentina; 4 de julio de 1926-Madrid, España; 7 de julio de
2014), más conocido como Alfredo Di Stéfano, fue un futbolista y
entrenador argentino nacionalizado español. Jugador legendario de los
clubes River Plate, Millonarios y Real Madrid Club de
Fútbol desde 2000 hasta su fallecimiento fue presidente de honor de
este último, al que como jugador debe sus mayores éxitos y reconocimientos
mundiales y del que llegó a ser su máximo goleador histórico. Es
considerado como uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.
Como jugador fue internacional por
dos países, circunstancia permitida en la época, contabilizando seis encuentros
con la selección argentina y treinta y uno con la selección española tras
adoptar su nacionalidad en 1956. Pese a ello, se da la circunstancia de que
nunca disputó una Copa Mundial —el torneo más prestigioso a nivel de
selecciones— por diferentes motivos, lo cual no ha sido impedimento para que
sea considerado uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol y como
el primer grande de este deporte. Su mayor logro en selección fue el Campeonato
Sudamericano 1947, actual Copa América.
Considerado por la FIFA —máximo
organismo futbolístico— como uno de los cuatro mejores jugadores de fútbol
del siglo XX junto al brasileño Pelé, el argentino Diego
Maradona y el neerlandés Johan Cruyff, en 2004 fue elegido el
cuarto mejor jugador del siglo XX por la Federación Internacional
de Historia y Estadística de Fútbol, así como el mejor jugador español del
siglo XX. Fue también incluido por el mismo organismo entre las 48
leyendas del fútbol, además de ser galardonado por la revista France
Football como el mejor de todos los ganadores del Balón de Oro hasta
1989, circunstancia por la que recibió el Super Balón de Oro, siendo el único
futbolista de la historia en poseerlo.
Al momento de su retirada era el máximo
goleador de la historia del Real Madrid C. F. —donde militó once
temporadas—, seguido a 65 goles por su excompañero de equipo Ferenc Puskás,
siendo ambos de los integrantes del recordado «Madrid de Di Stéfano» o «Madrid
de las cinco Copas de Europa», señalado por la UEFA como uno de los
mejores equipos de la historia; además, era entonces el jugador nacido en
Argentina con más títulos oficiales logrados. Su nombre está directamente
ligado al del club madrileño, ya que —no en vano— su fichaje por el equipo
«merengue» cambió el curso de la historia de este equipo hasta ser proclamado
como el mejor club del siglo XX, merced sobre todo a las cinco
finales consecutivas ganadas de la Copa de Europa que este club
consiguió durante su etapa en Madrid, y en las que anotó un total de siete
goles siendo el récord histórico de la competición junto al ya mencionado
Puskás.
Asimismo, de Di Stéfano cabe destacar su
exquisita calidad técnica y su polivalencia en el campo, siendo por ello
calificado por parte de entendidos, exfutbolistas y aficionados como el jugador
más completo que ha dado el fútbol a nivel mundial.
En 1963 fue secuestrado en Caracas por
las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Venezuela (FALN), como
parte de una estrategia publicitaria del grupo subversivo. Fue liberado al
siguiente día sin sufrir ningún daño.
Debido a sus goles, logros y trayectoria,
fue incluido por la FIFA en el salón de la fama del fútbol en
2011. Fue también incluido en el proyecto
predecesor, el International Football Hall of Champions (IFHOC-FIFA)
en 1997, y el 14 de diciembre de 2020 fue incluido como mediocentro
ofensivo en el segundo Dream Team histórico del
Balón de Oro.
TRAYECTORIA
Orígenes
Alfredo Di Stéfano nació el 4 de julio de
1926 en el barrio de Barracas, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina,
en el seno de una familia de clase media-baja. Su padre también se llamaba
Alfredo Di Stéfano; su madre era Eulalia Laulhé Gilmont y su abuelo paterno,
Michele, fue el primer Di Stefano que llegó a Buenos Aires procedente
de la isla napolitana de Capri.
Entre 1940 y 1943 jugó junto a su hermano
Tulio en el Club Social y Deportivo Unión Progresista, hasta que recibió un
telegrama citándole para una prueba con el Club Atlético River Plate. Fue
así como en 1944 recaló en las categorías inferiores del club, donde
permaneció hasta que disputó su primer encuentro jugando para el primer equipo
el 15 de julio de 1945 frente al Club Atlético Huracán de la jornada
12 del campeonato de liga que finalizó con derrota por 1-2. Fue el
único partido en el que intervino en ese torneo, en el cual su equipo terminó
coronándose campeón.
Al año siguiente fue cedido al C. A.
Huracán, club que ya se había percatado de su inmenso potencial debutando en la
primera jornada del campeonato el 21 de abril en la derrota por 1-0 contra
el Club Atlético Chacarita Juniors. Cuatro jornadas después, anotó su
primer gol como profesional producido el 26 de mayo en el Estadio Tomás
Adolfo Ducó. El delantero anotó dos tantos para el triunfo por 3-1 sobre Club
Estudiantes de La Plata. Esa temporada disputó un total de 25 partidos y anotó
10 goles, completados con otros dos partidos sin anotaciones correspondientes a
la Copa de Competencia Británica y donde debutó con «los quemeros» el
14 de abril de 1946 en la victoria por 2-1 frente al Club Atlético Atlanta.
Pese a la buena delantera que conformaba
con Tucho Méndez y Turco Simes, dada la alta cantidad que se
pidió por su pase definitivo para retenerlo la siguiente temporada, los
dirigentes del C. A. Huracán no abonaron dicha cantidad por la inminente huelga
que se avecinaba, donde todos los jugadores podrían quedar con sus derechos en
su poder por encima de los clubes —circunstancia que terminó sucediendo el año
siguiente— y volvió al C. A. River Plate. Sustituyendo al gran referente del
equipo Adolfo Pedernera, con quien volvería a coincidir años después, se
convirtió en el ídolo local y fue el año de su explosión como futbolista. Ese
año consiguió el campeonato liguero de 1947 y se proclamó máximo
goleador del torneo con 27 tantos en 30 partidos. Fue también en ese año cuando
se incorporó por primera vez a la selección argentina, con la que ganó
el Campeonato Sudamericano, en Guayaquil 1947, jugando 6 partidos y
convirtiendo 6 goles. Además disputó la decimoctava edición de la Copa
Aldao donde anotó un gol en los dos partidos de la final que ayudaron a su
equipo a salir campeón del torneo internacional, y el 20 de julio anotó el
primer hat-trick de su carrera en la victoria por 5-1 frente
al Club Atlético Tigre.
Ya como referente y uno de los hombres
referentes del fútbol argentino, en 1948 participó en la Copa Sudamericana
de Campeones, un torneo oficial antecesor de la Copa Libertadores, donde
logró el subcampeonato y anotó 4 goles en 6 partidos. En lo referente al
campeonato doméstico, finalizó también como subcampeón por detrás del Club
Atlético Independiente habiendo disputado 23 partidos en los que anotó 13
goles. Precisamente tras el partido que enfrentó a ambos conjuntos con
remontada final de los «diablos rojos», se produjo la huelga de futbolistas.
Debido a esto, la Asociación del Fútbol Argentino decidió que en los
cinco últimos partidos del campeonato se jugasen con jugadores no
profesionales, o amateurs. Fue el principio del fin de su carrera
en Argentina.
Dio comienzo una disputa entre los Futbolistas Argentinos Agremiados (FFA) y el gobierno del General Perón que no tuvo resolución hasta mayo de 1949, el Ministerio de Trabajo impuso un salario tope de mil quinientos pesos, inaceptable por los futbolistas y que provocó un éxodo sin precedentes a diferentes países. Disputó doce partidos en los que anotó nueve goles antes de recibir una irrechazable oferta desde Colombia, quien no estaba afiliada a la FIFA. Antes jugó curiosamente unos minutos como guardameta. La anécdota se produjo el 31 de julio de 1949, cuando sustituyó a Amadeo Carrizo durante 33 minutos. Mantuvo el cero bajo los palos y su equipo venció 1-0 en el clásico argentino frente al Club Atlético Boca Juniors.
Su paso por Colombia
Di Stéfano fue uno de los casi sesenta
futbolistas argentinos que emigraron al fútbol colombiano, cuya liga tenía los
mejores jugadores sudamericanos de la época. Fue fichado para integrarse en el
plantel del Club Deportivo Los Millonarios de Bogotá, donde
junto a figuras como sus excompañeros Adolfo Pedernera y Néstor Rossi, Antonio
Báez, Fello Meza o Julio Cozzi entre otros, conformó uno de
los mejores equipos del continente durante esa época de comienzos de los años
1950, y que fue bautizado por los periodistas colombianos como el «Ballet Azul».
Equiparado con grandes clubes europeos la prensa llegó a afirmar que jugar
contra el C. D. Los Millonarios era todo un honor para cualquier equipo en el
mundo. Destacado por su formidable juego, Di Stéfano y sus compañeros se
consagraron campeones cuatro veces del campeonato de liga (Dimayor); además,
«la Saeta» —como era apodado— fue dos veces máximo goleador del campeonato.
En 1952, el club colombiano fue invitado a
participar en un torneo internacional en celebración de los 50 años del
Real Madrid Club de Fútbol, torneo en el que también tomó parte el campeón
sueco del Idrottsföreningen Kamraterna Norrköping. Curiosamente la invitación
fue recibida tras una renuncia del Club Atlético River Plate, equipo
originario del futbolista, y ellos fueron quienes aconsejaron a los madrileños
que se dirigieran al conjunto colombiano como el indicado a
participar en el torneo. Allí el equipo colombiano consiguió el trofeo tras
desplegar un gran juego y derrotar 2-4 al Real Madrid Club de Fútbol, con
el jugador argentino como el gran destacado.
“Nos regateó como a banderines en un campo de entrenamiento. [...] Di Stéfano estuvo extraordinario. Aparecía en defensa, en el centro del campo, en ataque. Dejó sentados a tres de los nuestros. Cuando tenía la pelota, no podías quitársela, solo rezar para que la pasara”.
Miguel Muñoz, rival y posterior compañero tras el partido
Lógicamente, logró ser visto por Santiago Bernabéu, presidente madridista en aquel entonces, quien se propuso contratarlo. Sin embargo, dichos movimientos no se dieron hasta la consecución de la prestigiosa Pequeña Copa del Mundo de Clubes del año siguiente, cuando fueron incentivados por la estrecha relación entre los presidentes de ambos clubes y en el que fue el fichaje más controvertido hasta el momento en la historia del fútbol. El 18 de febrero de 1953, el partido ante el Sportklub Rapid Wien de dicho torneo, fue la despedida de «la Saeta Rubia» dejando para la historia 90 goles en 101 partidos oficiales en la Dimayor, 10 goles en la Copa Colombia en el mismo número de encuentros y 51 goles en 61 partidos no oficiales nacionales e internacionales.
Controversia con la FIFA por sus derechos de traspaso
Alfredo Di Stéfano protagonizó, con toda probabilidad, el fichaje más polémico de la historia del fútbol español. La controversia surge por la decisión de muchos jugadores de América y Europa —casi 200— de irse a jugar al campeonato colombiano de la División Mayor de Colombia (Dimayor), donde pagaban más, y donde fueron aceptados sin traspasos y al margen de la FIFA. Uno de esos jugadores fue Di Stéfano, quien ingresó en las filas del Club Deportivo Los Millonarios en 1949. El máximo estamento futbolístico, preocupado por el cariz que adquiría la situación, consideraba que ese torneo no era legal e incluso impuso sanciones a ese país. En el año 1951, Ottorino Barassi llegó a un pacto con la Dimayor en el llamado «Pacto de Lima». En este, la FIFA acordó que los jugadores recalados en equipos del citado país seguirían perteneciendo a los nuevos clubes hasta diciembre de 1954 y que, a partir de esa fecha, pasarían a pertenecer a los clubes de origen (Club Atlético River Plate en el caso de Di Stéfano), período durante el cual no podían ser traspasados. Con esto, la liga colombiana contaba con el beneplácito de la FIFA y a sus equipos se les permitió jugar amistosos fuera de Colombia.
El delantero hispano-argentino, quien era
prácticamente desconocido en España hasta entonces, entusiasmó a todos cuantos
asistieron la celebración de las Bodas de Oro del Real Madrid Club de
Fútbol en marzo de 1952. Entre parte de los festejos se programó un torneo
futbolístico al que acudió el C. D. Los Millonarios de Bogotá. Santiago
Bernabéu y José Samitier, presidente del Real Madrid y secretario
técnico del C. F. Barcelona respectivamente, asistieron al partido y
quedaron fascinados con el juego de Di Stéfano. Ese mismo verano el presidente
del club colombiano Alfonso Senior y Santiago Bernabéu, se hicieron muy amigos
tras la disputa de cuatro amistosos en América en una gira del club español por
el continente americano. A finales de 1952, el jugador, cansado de tantos
partidos amistosos y de viajes con su nuevo club regresó a Buenos Aires.
Al tiempo, el C. F. Barcelona vio cómo su jugador referencia Ladislao Kubala,
enfermaba de tuberculosis y para suplir su ausencia decidieron viajar para
fichar a Di Stéfano y le pagó un adelanto de dos millones de pesetas a River
Plate, el equipo que en primera instancia poseía la mitad de la pertenencia.
Nuevos documentos del club argentino que vieron la luz pública en 2017
establecían el traspaso del jugador en 108 000 dólares, que tras las
negociaciones se redujeron a 87 000 dólares (4 millones de pesetas de
entonces) con la condición de que se hiciese efectivo el pago de la mitad del
precio antes del 10 de agosto, y el resto a pagar a plazos en los sucesivos
años.
El Real Madrid C. F. viajó a Argentina con
el mismo propósito, pero llegó después de dichas negociaciones de los
barcelonistas quienes todavía no habían hecho efectivo el pago. Todo ello llevó
a un conflicto entre ambos equipos por el pase del jugador: el Barcelona debía
conseguir la cesión de los derechos, mientras que el Madrid necesitaba el
plácet de River. Viajaron entonces los madrileños a Colombia y llegaron a un
acuerdo para el traspaso del jugador en favor del año que le restaba con el club
colombiano por el pacto de Lima, a fecha del 24 de julio. Informó entonces al
club argentino del acuerdo, y devolvieron estos la información de las
negociaciones que estos mantenían con los barcelonistas con el mismo propósito.
Ya que no había aún ese pago efectivo del acuerdo, los argentinos dieron
validez al acuerdo de los madridistas en caso de no efectuarse dicho pago. Las
circunstancias provocaron un conflicto entre los cuatro clubes legitimando
ambos sus respectivas negociaciones, unos por ser poseedores y compradores de
unos derechos a expensas de un pago, y otros por ser poseedores y compradores
de unos derechos temporales ya pagados. Días después y antes de la fecha
límite del día 10 de agosto los barcelonistas hicieron efectivo el pago por lo
que legítimamente y con tal motivo Di Stéfano, quien llegó a Barcelona en
plenas negociaciones y antes de concretarse el pase, se incorporó a disciplina
del club. Sin embargo, la FIFA le avisó al equipo catalán que no podía jugar ni
siquiera amistosos hasta finales de 1954 porque, legalmente y hasta esa fecha,
pertenecía al C. D. Los Millonarios, derechos que alegaron entonces
Millonarios y el Real Madrid con validez a su contrato hasta que venciese el
pacto de Lima. Tras las circunstancias el presidente del club catalán, Enric
Martí Carreto, contactó con Alfonso Senior para arreglar la situación con los
colombianos y poseer ambos derechos que zanjasen la cuestión, pero el
presidente del Barça, Enric Martí Carreto, declinó pagar los 27 000
dólares que exigió Senior que habrían solucionado el caso a su favor, y que sí
fueron abonados por el vicepresidente madridista, Raimundo Saporta.
Para solucionar el caso, el 15 de
septiembre de 1953 la FIFA decidió salomónicamente, recomendada por Armando
Muñoz Calero —miembro español de la FIFA y expresidente de la Real
Federación Española de Fútbol—, autorizar a Di Stéfano a jugar cuatro
temporadas en España alternativamente: dos de madridista (1953-54 y 1955-56) y
dos de barcelonista (1954-55 y 1956-57), de manera alterna. Ambos compartirían
así los derechos federativos. El C. F. Barcelona, quien decía haberse sentido
presionado durante el pleito, no aceptó la decisión tomada ya que le parecía
una situación indigna y presentando su presidente la dimisión en señal de
protesta, ya que según el club eran ellos los que tenían los derechos
"legales" del jugador. Por otro lado, el libro «El caso Di
Stéfano» (2006) cita respecto al caso una frase del entonces Ministro de
Educación:
«No recuerdo que se tratara este asunto
[sobre un comentario del ministro Manuel Arburúa] en Consejo de Ministros,
aunque bien es cierto que tampoco afectaba directamente a mi ministero y podría
haberse tratado. Si era cuestión de divisas, sería lógico la intervención del
ministro de Comercio [Arburúa]. Sí recuerdo que en aquellos tiempos Santiago
Bernabéu era un hombre con un gran poder en el régimen, con trato directo
con Franco. El Real Madrid era un club de gran importancia para el país y
Bernabéu sabía mover todos los resortes del poder para lograr sus objetivos.
Evidentemente, la gran mayoría de ministros de la época eran madridistas y el
resto, muy minoritario, del Atlético.»
Joaquín Ruiz Giménez, Ministro de Educación Nacional de España (1951-1956).
Del conflicto se extendió años después una
equivocada relación del club madrileño con el franquismo —cuando fue
el régimen el que se ayudó de la imagen y los éxitos madridistas para mejorar
su cartel internacional—. No obstante, desde el Real Madrid se defiende que
Millonarios era el verdadero titular —con base al «Pacto de Lima»— y que más
tarde sería el club catalán quien renunciaría voluntariamente a los derechos
del futbolista. Así, el jugador comenzó la temporada 1953-54 jugando de blanco
hasta la resolución del caso. Sus primeras apariciones no fueron del todo
exitosas y el descontento crecía entre los aficionados —pese a anotar tres
goles en cuatro partidos—, de modo que apenas un mes después, José
Vidal-Ribas, miembro de la comisión gestora que se hizo cargo del C. F.
Barcelona tras la dimisión de la junta directiva y favorecido en su decisión
por la recuperación de Kubala, firmó un comunicado en el que renunciaba a todos
los derechos sobre Di Stéfano en favor del Real Madrid C. F., que le abonó el dinero
adelantado por los catalanes al C. A. River Plate y pagó el resto del traspaso
al club argentino haciéndose con la totalidad de sus derechos. Esta resolución
que en principio aparecía en la prensa como un éxito de la gestión azulgrana
porque se había librado de un jugador que no había conseguido encajar en ningún
club y que parecía finalmente no atesorar la destreza que se esperaba de él, cambió
la historia del fútbol español ya que fue el artífice del dominio del conjunto
madrileño durante una década, y hasta convertido en el mejor equipo del mundo.
Fue precisamente tras firmar la renuncia del jugador, cuando ambos equipos se
enfrentaron y cuando el jugador dio muestras del jugador que se esperaba. Anotó
dos goles en una victoria por 5-0, que se acrecentaron con tres goles más la
semana siguiente en la victoria por 3-4 frente al otro gran rival madrileño,
el Club Atlético de Madrid.
Uno de los personajes más decepcionados con
este conflictivo fichaje fue Samitier, exjugador de ambos clubes, quien no pudo
ver culminado su deseo de reunir en un mismo equipo a Kubala y Di
Stéfano, dos de los considerados jugadores históricos de este deporte. Tampoco
pudieron reunirse ambos en el club madrileño, y cuyo presidente Santiago
Bernabéu fue quien trajo a España al jugador húngaro, si bien no pudo concretar
su fichaje ya que la Real Federación Española de Fútbol dio en ese caso
prioridad a los barcelonistas.
Sus
años dorados en el Real Madrid
Con la llegada de Di Stéfano, «los blancos»
consiguieron vencer ocho de las siguientes once ligas (en 1954, 1955, 1957,
1958, 1961, 1962, 1963, y 1964) y un Campeonato de España-Copa del
Generalísimo (en 1962), situándose como el equipo referencia que batir en
España.
Si bien llegó a ser el mejor jugador del
país, sus grandes logros fueron a nivel internacional. Con la recientemente
creada Copa de Clubes Campeones Europeos —o simplemente Copa de
Europa— a manos de la UEFA, al fin un equipo podría consagrarse como mejor
equipo del continente. En ella fue el Real Madrid C. F., en especial gracias a
las actuaciones de Di Stéfano, quien consiguió cinco Copas de Europa consecutivas
(entre 1955 y 1960, además de dos subcampeonatos, siendo un hito aún no
igualado en la actualidad), dos Copas Latinas y la primera edición de
la Copa Intercontinental en 1960, competición que designaría en
adelante al mejor equipo del mundo. Aclamado a nivel internacional, conquistó
para los madrileños un total de diecisiete títulos y disputó un total de 396
partidos en los que anotó 308 goles que le llevaron a ser considerado como el
mejor futbolista de la época. Su registro anotador le llevó a ser máximo
goleador histórico del club hasta 2009.
Durante las once temporadas en Madrid, fue
nombrado Balón de Oro en dos ocasiones —que hubiesen sido tres de no
prohibirse en la tercera edición del premio votar a un futbolista que ya
hubiese vencido el galardón— y Balón de Plata en otra ocasión, y fue integrante
en varias ocasiones de un combinado europeo con los mejores jugadores de Europa
en los que fueron los primeros partidos amistosos a nivel continental. Su fama
le llevó incluso a protagonizar por primera vez un film en
1956 con la película «La Saeta Rubia» en la que se interpretó
a sí mismo, y tras la que protagonizó varias más porque era un gran aficionado
al arte cinematográfico.
Su último partido oficial con el conjunto madrileño se produjo el 27 de mayo de 1964 en la Copa de Europa. El partido, correspondiente a la final de aquella edición finalizó con una derrota por 3-1 contra el Football Club Internazionale de Helenio Herrera, Luis Suárez y Sandro Mazzola. Diversas discrepancias con el técnico del conjunto —quien fuera su compañero temporadas atrás Miguel Muñoz—, y con la renovación de su contrato —creyendo el presidente Santiago Bernabéu que no merecía ser tan cuantioso debido a la ya alta edad del futbolista— dieron finalmente con el final de la etapa del jugador en el club, que puso rumbo a Barcelona para disputar los últimos años de su carrera en el Real Club Deportivo Español.
El que fue durante años el líder de un
equipo que llegó a conocerse como el «Madrid de Di Stéfano», o «Madrid de las
cinco Copas de Europa» —y que merced a dichos éxitos sería conocido en adelante
como «los vikingos»— dejó al equipo en lo más alto del panorama futbolístico,
antes de ser considerado años después como uno de los mejores futbolistas de la
historia, honor que comparte con el brasileño Edson Arantes do
Nascimento Pelé, el argentino Diego Armando Maradona y el
neerlandés Johan Cruyff, quienes también le proclamaron con dicho honor. Además
de ellos, otros muchos grandes jugadores de la historia así lo reconocieron,
como por ejemplo Bobby Charlton, considerado el mejor inglés de la
historia:
“Alfredo Di Stéfano es
quizás el mejor jugador que nunca haya visto. Lo vi en un partido cuando el
Manchester United jugó contra el Real Madrid en las semifinales de la Copa de
Europa en Madrid el año anterior al accidente. En aquellos días, no había
sustituciones; si no estabas jugando, estabas en el graderío. Me sentí como si
estuviera mirando hacia abajo en lo que parecía una mesa de Subbuteo —así
estaba de alto— pero no podía quitar los ojos de este centrocampista y pensé,
«¿Quién es ese?»
Dirigió todo el
espectáculo y tuvo la pelota casi todo el tiempo. Solía soñar con eso, y solía
odiar cuando alguien más la tenía. Nos vencieron 3-1 y dictó todo el partido.
Nunca antes había visto algo parecido, alguien que influyese en todo el
partido. Todo pasaba por él. El guardameta se la entregaba, los defensores se
la daban, los centrocampistas se asociaban con él y los delanteros lo buscaban.
Y estaba Gento jugando a
su lado y Di Stéfano temporizaba perfectamente los pases para él. Gento corría
tan rápido que no podías cogerle en fuera de juego. Y yo estaba tan solo
sentado allí, observando, pensando que era lo mejor que nunca había visto.
Pero yo había sido
advertido un poco por Matt Busby, nuestro entrenador en la época, porque se los
había cruzado y visto jugar un partido en Niza antes de las semifinales —en
aquellos días no era fácil hacerlo— y, cuando regresó, le preguntamos cómo
eran, pero no quiso decírnoslo. Y entendí por qué no lo hizo cuando los vi.
Creo que sabía que, si nos hubiera dicho que eran los mejores jugadores que
jamás había visto, todo hubiera estado acabado para nosotros antes de que
empezáramos.
Y
esto fue cuando Di Stefano tenía treinta años. ¿Cómo debió ser en su juventud?”
Bobby
Charlton.
“En
la final de Amsterdam entre Benfica y Real Madrid, que jugaban Eusebio y Di
Stéfano, yo fui recogepelotas en ese partido y disfruté muchísimo porque Di
Stéfano siempre ha sido uno de mis ídolos, porque era de los mejores del mundo
y hacía cosas tan bonitas que me gustaban mucho. Era mi jugador favorito y lo
que más me gustaba de Di Stefano era todo lo que hacía por el equipo. Tenía un
equipo fantástico, pero era una referencia para todo el mundo y fue de los
primeros argentinos que jugó en España. Hay gente que ha sido bueno en una
época, pero Di Stéfano duró muchas épocas, ha estado ahí toda la vida.”
Johan
Cruyff.
Secuestro por las FALN
El 26 de agosto de 1963, Di Stéfano fue
secuestrado en Caracas por miembros de las Fuerzas Armadas de
Liberación Nacional de Venezuela (FALN), grupo guerrillero que operó
en Venezuela durante los años sesenta mientras el club
madridista disputaba la Pequeña Copa del Mundo de Clubes. La operación fue
dirigida por algunos combatientes del mencionado frente, entre los que se
encontraba Paúl del Río alias «Máximo Canales», que manifestó que el trato
dado al famoso futbolista fue siempre amistoso y cordial, a pesar de los
momentos de tensión que derivaban de tal acción. Dos supuestos policías se presentaron
en el hotel de concentración del conjunto español e invitaron a Alfredo a
acompañarlos a la comisaría como un mero trámite burocrático por estar
involucrado en un caso de tráfico de estupefacientes una persona del mismo
nombre. En el coche le confirmaron que era un secuestro, que duró
72 horas, en las que el futbolista jugó al ajedrez y al dominó, vio la
televisión, apostó a los caballos y hasta diseñó su propio menú para su
cautiverio. Los secuestradores comentaron que nunca sintió que su vida estuviera
en riesgo y siempre reaccionó de la mejor manera.
Fue puesto en libertad a cien metros de la Embajada de España en Venezuela sin exigir rescate y, como así comentó años después Paúl del Río: "Esto es un secuestro. No le va a pasar nada. Somos revolucionarios que no estamos de acuerdo con el régimen de nuestro país. Le soltaremos enseguida. [...]
Retiro.
Tras su despedida del club madrileño jugó para el Real Club Deportivo Español de Barcelona, en el que disputó dos temporadas, para retirarse el 3 de abril de 1966, fecha en que disputó su último partido como profesional. Actualmente es el séptimo jugador más veterano en disputar un encuentro del campeonato de liga de España. Su último partido a todos los efectos fue un homenaje el 7 de junio de 1967 jugado entre el Real Madrid Club de Fútbol y el Celtic Football Club, club que pretendió sus servicios pero se le anticipó el club barcelonista y que venció 0-1. En el minuto 13 Di Stéfano se quitó el brazalete de capitán y se lo entregó a Ramón Grosso, jugador que heredó su dorsal en el equipo, en medio de los aplausos de todo el Estadio Santiago Bernabéu y tras el que recibió la máxima distinción al deporte de España, la Medalla de Oro al Mérito Deportivo.
Felipe Gutiérrez, su incomparable amigo, jugó su último partido junto a Di Stéfano, el cual elogió a su amigo y lo apodó "Felipão", pues jugaba tal y como un brasileño.
El futbolista jugó oficialmente para dos selecciones —hecho permitido en la época—. Con la selección argentina jugó seis partidos debutando internacionalmente el 4 de diciembre de 1947 en el estadio George Capwell de Ecuador en un partido valedero para el Campeonato Sudamericano de 1947 frente a la selección boliviana que finalizó 7-0 y en el que anotó un tanto. Durante el campeonato hizo cinco goles más —incluido su primer hat-trick de selecciones anotado frente a la selección colombiana— que a la postre ayudaron a su equipo a coronarse campeón, siendo su único y más importante triunfo a nivel de selecciones durante su carrera.
Tras su paso por Colombia y debido a un
paréntesis en la liga del país, sus integrantes organizaron partidos de
selección bajo el nombre de combinado XI de la liga colombiana —que no era la
selección colombiana absoluta— en el que tuvo cuatro participaciones como
invitado, hecho por el que no constan en los registros oficiales de la FIFA amén
de no poseer la nacionalidad.
Una vez en España, Di Stéfano se
nacionalizó ciudadano español en 1956 —tras unos trámites que se demoraron 2
años— por lo que el 30 de enero de 1957 jugó su primer partido con la selección
española enfrentándose a la selección neerlandesa, y en el que España
vence por 5-1 con un hat-trick de Di Stéfano —el único que
anotó como internacional español—. Tras casi cinco años defendiendo la camiseta
roja disputó un total de 31 partidos y se mantuvo como el máximo goleador de la
historia del combinado con 23 goles hasta que Emilio Butragueño superó
ese récord en 1990. Entre sus partidos disputados, únicamente perdió cinco de
ellos, en los que también consiguió anotar seis dobletes.
Durante su etapa en España, el jugador también participó esporádicamente en el de la selección madrileña, un combinado regional oficioso que no disputaba competiciones oficiales.
Sus ausencias mundialistas
Considerado como uno de los mejores jugadores de la época y posteriormente, de la historia, no pudo demostrar su valía en una Copa Mundial —competición más prestigiosa a nivel de selecciones— durante su etapa en activo por diversas circunstancias.
Mientras defendía la camiseta albiceleste,
la Asociación del Fútbol Argentino decidió retirar su inscripción
del Mundial de 1950 por unas discrepancias con la Confederación
Brasileña de Fútbol, país organizador de aquel campeonato. Debido a dichas
discrepancias, provenientes desde 1949, la selección argentina decidió aislarse
deportivamente como protesta y para así evitar confrontaciones con los
brasileños. Esto le llevó a no disputar tampoco los Campeonatos
Sudamericanos, ni el posterior Mundial de 1954 que tuvo lugar
en Suiza. Para entonces, el jugador ya militaba en España y decidió
comenzar los trámites para su nacionalización, pasando a defender a la
selección española. Los trámites se demoraron y pese a que la Real
Federación Española de Fútbol solicitó que el jugador pudiese participar
con ellos para lograr la clasificación al Mundial, la Federación
Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) no lo autorizó quedándose así
sin acudir al campeonato por segunda vez.
Ya como jugador español no pudo acudir a la
siguiente cita, el Mundial de 1958 de Suecia ya que su
selección no logró clasificarse pese a que pudo disputar los partidos
que decidirían el acceso frente a la selección suiza y la selección
escocesa. En la serie de cuatro partidos, Di Stéfano solo pudo anotar dos goles
en el último e intrascendente encuentro ya que los británicos ya poseían un
mejor balance.
Cuatro años después se presentaba una nueva
oportunidad con el Mundial de 1962 que organizó Chile. En el
sorteo de la fase de clasificación España fue uno de los equipos que
conformaron uno de los dos grupos europeos con tan solo dos participantes para
dirimir una plaza, por lo que el vencedor hubo de disputar un encuentro frente
a otro equipo de otra confederación. Así, tras vencer en la eliminatoria a
doble partido a la selección galesa por un 3-2 global gracias a un
tanto de Di Stéfano, se enfrentó a la selección marroquí a la que
venció por un 4-2 global y fue el autor de uno de los tantos. Clasificado para
el Mundial, fue convocado por Helenio Herrera en lo que parecía iba a
ser por fin su primera participación en el mundial. Sin embargo, una lesión en
el antepenúltimo partido de entrenamiento en España previo a acudir a la cita
le impidió jugar. Pese a ello hizo el viaje con la selección y formó parte del
equipo tal y como consta en las actas de la FIFA, aunque no disputó ningún
encuentro.
La siguiente cita del Mundial de 1966 de Inglaterra llegó
en el ocaso de su carrera deportiva, cerrando así una desafortunada historia.
Se dio la circunstancia que otro de los grandes futbolistas de la época y de la
historia, Ladislao Kubala, tampoco acudió nunca a un Mundial a pesar de
que jugó con tres selecciones distintas. Cuando más cerca estuvo fue en 1962,
pero al igual que Di Stéfano no pudo acudir por lesión, y son así dos de los
futbolistas que se encuentran en un listado de grandes jugadores que nunca
pudieron acudir a la cita.
Dirección
técnica
Tras
retirarse del fútbol profesional, Di Stéfano se dedicó a la dirección técnica,
entrenando al Elche Club de Fútbol, Club Atlético Boca Juniors, Valencia
Club de Fútbol, Real Madrid Club de Fútbol, Rayo Vallecano de Madrid, Club
Deportivo Castellón y Club Atlético River Plate, además de ser
durante un mes el asesor de Walter Roque al frente de la selección
venezolana aprovechando su estancia en España y de un periplo en Portugal con
el Sporting Clube de Portugal, al que no llegó a dirigir en partido
oficial por los problemas de su contratación y registro en la federación,
estando a cargo del equipo únicamente durante la pretemporada.
En su carrera como técnico consiguió un
Campeonato Nacional y una Copa Argentina con Club Atlético Boca Juniors,
un Campeonato Nacional con Club Atlético River Plate —siendo el único
entrenador campeón con los dos equipos más laureados del fútbol argentino— una
Liga española y una Recopa de Europa con el Valencia C. F. y
una Supercopa de España con el Real Madrid Club de Fútbol.
Presidencia
de honor y fallecimiento
Alfredo Di Stéfano continuó viviendo en
España. El 5 de noviembre de 2000, fue nombrado Presidente
de Honor del Real Madrid y como tal, unos días después recogió,
representando a la entidad, el trofeo al Mejor Club del siglo XX otorgado
por la FIFA en una ceremonia celebrada en Roma. El 24 de
diciembre de 2005, sufrió un ataque al corazón del que se repuso con éxito
en Sagunto en un primer momento y después en Valencia.
El 9 de mayo de 2006, el
Real Madrid inaugura el estadio en el que su filial, el Real Madrid
Castilla, disputará sus encuentros, y el club decide por unanimidad
denominarlo Estadio Alfredo Di Stéfano. En la temporada 2007-2008 el Real
Madrid estrena un avión propio para sus desplazamientos que bautizan como «La
Saeta», en honor al apodo de Alfredo Di Stéfano.
El 17 de febrero de 2008,
recibió un homenaje de parte de representantes del fútbol mundial por su
trayectoria profesional, en el cual le fue entregado el Premio
Presidente UEFA de 2007 por parte de Michel Platini, entonces
presidente de la UEFA. Fue galardonado con el "Guijuelo de Oro
2007", en Guijuelo, Salamanca.
El 17 de septiembre de 2009,
en medio de una disputa entre Pelé y Maradona por quién era
el mejor futbolista de la historia, Di Stéfano señaló: «Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau.
Elija el que usted guste». Los citados futbolistas fueron la esencia de «La
Máquina» de River Plate, una de las formaciones más espectaculares de
todos los tiempos a nivel mundial.
El 5 de julio de 2014 a las 17:00 horas, sufrió una parada cardiorrespiratoria durante la comida de celebración de su cumpleaños. Trasladado de urgencia al Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, fue reanimado hasta por dos veces e ingresó en la Unidad Coronaria del centro donde fue sometido a un coma inducido para estabilizar sus constantes vitales. Dos días después, el 7 de julio, falleció a los 88 años de edad. El palco de Honor del Estadio Santiago Bernabéu, acogió desde las 10:30 horas del martes 8 de julio, la capilla ardiente del Presidente de Honor, recibiendo un multitudinario homenaje de despedida por parte del madridismo.
¿Por qué Alfredo Di Stéfano era conocido como ‘la Saeta
Rubia’?
ALFRED LÓPEZ 08 DE JULIO DE
2014
Tras
el fallecimiento de Alfredo Di Stéfano, el 7 de julio de
2014, en miles de páginas de todos los medios de comunicación, blogs
y redes sociales se habló sobre su figura y lo grande que llegó a ser
en el mundo del fútbol (considerado por muchísimos expertos como el mejor futbolista
de todos los tiempos).
Pero entre tanta noticia, tweet o post hay
un término que se repite en la mayoría de los titulares: ‘la Saeta Rubia’,
el sobrenombre por el que fue conocido la mayor parte de su carrera.
El apodo de la Saeta Rubia lo
recibió a finales de la década de los años 40 cuando el periodista argentino Roberto Neuberger,
de la ‘Revista River’ (en algunos medios indican
que era de El Gráfico, pero incluso en la web de este medio
indican que Neuberger dirigía la Revista River) lo bautizó de ese modo debido a
la velocidad que tenía Di Stéfano (era rápido
como una flecha) y el color rubio de su cabello.
Cabe destacar que el significado del
término ‘saeta’ es flecha y/o arma arrojadiza.
Su etimología proviene del latín ‘sagitta’ (flecha).
Antes de ser apodado como la Saeta Rubia, Di Stéfano fue conocido como ‘El Alemán’, sobrenombre que se le dio desde prácticamente sus inicios en el fútbol debido también al color dorado de su pelo que recordaba al de los germanos.
EL MADRID DE DI STÉFANO
El «Madrid de Di Stéfano» o «Real
Madrid de Di Stéfano» es el nombre con el que se conoce al Real Madrid Club de Fútbol durante su período de finales de los años cincuenta
y principios de los sesenta en el que el club se convirtió en el más laureado e
importante de la época merced al número de títulos cosechados y de la
importancia de los mismos, siendo el máximo estandarte el jugador argentino Alfredo Di Stéfano, ya
que su llegada a la institución fue la que marcó el devenir del club.
Debido a la obtención de manera consecutiva
de cinco trofeos de la máxima competición europea de clubes, la Copa de Europa, es también
conocido en tal referencia como el «Madrid de las cinco Copas de Europa»,
siendo un hito no igualado desde entonces en los sesenta años de vida del
torneo.
Algunos de los integrantes más conocidos y
emblemáticos de dicha etapa fueron también el húngaro Ferenc Puskás, el
argentino Héctor Rial, el español Paco
Gento y el francés Raymond Kopa entre
otros, permitiendo que el club levantase durante los once años desde la llegada
del argentino Alfredo Di Stéfano un total de veinte trofeos, entre los que destacan
las ya mencionadas cinco Copas de Europa, una Copa Intercontinental y ocho Ligas.
Historia
El 6 de marzo de 1952, para
conmemorar el 50ª aniversario de su fundación, el Real Madrid C. F. organizó
diversos actos entre los que destacaban la disputa de un torneo
internacional de fútbol y otro de baloncesto. Los invitados fueron
el IFK Norrköping sueco, y el campeón colombiano C.D. Los
Millonarios, equipo en el que resaltaría un jugador argentino por
encima del resto: Alfredo Di Stéfano. Su gran actuación durante el partido
frente al Real Madrid, provoca que Santiago Bernabéu no descanse
hasta conseguir su fichaje por el club blanco, y finalmente en 1953 tras
una enrevesada y complicada negociación en la que han de intervenir la FIFA y
la Federación Española de Fútbol, lo contratan junto con el español «Paco»
Gento del Real Santander Sociedad Deportiva, en dos millonarias
operaciones.
Asentadas unas firmes bases, el club
empieza a obtener éxitos deportivos abanderados por el fútbol, de la mano
de «Joseíto», Molowny, Di Stéfano y Gento que obtienen la Liga después
de 21 años. En ella, su primera en el conjunto madrileño, el delantero
hispano-argentino obtendría el galardón de máximo artillero del torneo, título
que repetiría en cuatro ocasiones más con «los blancos».
Bajo la dirección del técnico español José
Villalonga, y con un equipo conformado por futbolistas como Juan Alonso, «Marquitos», Rafael
Lesmes, Miguel Muñoz, José María Zárraga, «Joseito», Di
Stéfano, Héctor Rial y «Paco» Gento; el Real Madrid logró la
conquista de las ligas de 1954-55 y 1956–57, y las Copas
Latinas de 1955 y 1957 en lo que fue un primer intento
por organizar un torneo de prestigio entre clubes de Europa. Es así como
Santiago Bernabéu, se convierte en vicepresidente y colaborador directo de la
iniciativa del diario francés L'Équipe de mano de Gabriel Habot, en
fundar la Copa de Europa en una reunión que tuvo lugar en un hotel
de París y que tuvo el beneplácito de la UEFA. Esta reuniría a
los campeones de las distintas ligas europeas para la disputa de un título que
designaría así al mejor equipo del continente.
El club conquistaría las 2 primeras
ediciones de la considerada mayor competición a nivel de clubes del
momento, tras imponerse al Stade de Reims en París por 4-3,
y a la A. C. F. Fiorentina en el Santiago Bernabéu por 2-0.
El argentino Luis Carniglia relevó a Villalonga y con las
incorporaciones de Raymond Kopa que llegó al equipo el año anterior,
José Santamaría y el flamante jugador Ferenc Puskás, perteneciente a
la selección húngara conocida como los «magiares mágicos» que
deslumbraron al mundo conquistando el título de campeones en los Juegos
Olímpicos de Helsinki de 1952 y el subcampeonato en la Copa
Mundial de Fútbol de 1954, el equipo ganó el campeonato de 1957-58 y
las siguientes 3 Copas de Europa tras imponerse al A. C. Milan en Bruselas por
3-2, nuevamente al Stade de Reims en Stuttgart por 2-0, y
al Eintracht Frankfurt en Glasgow por 7-3 ante
135 000 000 espectadores. Tras esa última final el diario
inglés The Times catalogaría a los jugadores blancos como «vikingos»
escribiendo:
Los blancos conseguían una hazaña que con
el paso del tiempo sería histórica y que no ha sido capaz de igualarse: ganar 5
Copas de Europa consecutivas. Además, en consecuencia del último título, el
club obtendría el privilegio de disputar una nueva competición internacional
recientemente instaurada por la FIFA, la Copa Intercontinental. Este
trofeo sería disputado en adelante por el campeón de Europa, y el campeón
de Sudamérica (ganador de la Copa Campeones de América, homóloga
de la Copa de Europa) para dilucidar quién era el mejor equipo del mundo. El
Real Madrid salió vencedor, y alzó el trofeo tras derrotar al C. A.
Peñarol por un global de 5-1.
«El Madrid de Di Stéfano» subió así al club
a lo más alto del panorama futbolístico internacional, logrando un gran
reconocimiento por parte de medios, aficionados y equipos rivales. Durante este
periodo, el Real Madrid C. F. levantó nada menos que 19 títulos en poco más de
10 años, mientras que sus futbolistas fueron internacionalmente reconocidos
con el nuevo trofeo creado por el diario francés L'Équipe del Balón
de Oro, premio al mejor futbolista del mundo según un jurado de expertos, donde
los blancos coparon el podio del trofeo durante los primeros años. Entre ellos,
Alfredo Di Stéfano en dos ocasiones, y Raymond Kopa en una, conquistan el
galardón de oro.
En los años sucesivos, el club alcanzó dos
nuevas finales de la máxima competición, en la que no obtuvo la misma
suerte. En la edición de 1961-62 se enfrentó al S. L. Benfica portugués frente
al que cayó por 5-3 en Ámsterdam gracias a los dos tantos finales de
un joven que a la postre sería la gran estrella del club lisboeta, y uno de los
mejores futbolistas de la historia según la FIFA y la Federación
Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS): Eusébio da
Silva. El club llegó a una nueva final en la edición de 1963-64, pero
volvió a escaparse tras perder por un 3-1 frente al F. C. Internazionale
Milano de Luis Suárez, Helenio Herrera y Sandro
Mazzola en Viena. El gran equipo que asombró a Europa daba ya sus
últimos coletazos y se produjo un cambio generacional. A partir de la Liga
1966-67 se inició una nueva época en el club de Concha Espina.
Miguel Muñoz, exfutbolista del club y nuevo
entrenador, le dio el relevo a los viejos ídolos del club con un equipo
integrado por jóvenes españoles como José Araquistáin, «Pachín», Pedro
de Felipe, Manuel Sanchís, «Pirri», Ignacio Zoco, Francisco
Serena, Amancio Amaro, Ramón Grosso y Manuel Velázquez; todos
ellos capitaneados por el veterano Gento. El Real Madrid C. F. ganó la Pequeña
Copa del Mundo de Clubes en una competición marcada por el secuestro de Di
Stéfano, antes de dejar finalmente el club. Desde entonces la exitosa
generación de Di Stéfano dejó paso al equipo conocido como el «Madrid de los
Yé-yé», que volvió a ganar la Copa de Europa para el club venciendo
en la final al F. K. Partizan de Belgrado por 2-1, después de los dos
subcampeonatos en 1962 y 1964. Con esta sexta Copa de
Europa, «Paco» Gento, antiguo integrante del «Madrid de Di Stéfano», se
convirtió en el jugador que más títulos ostenta de esta competición, con seis,
récord aún vigente en la actualidad.
El
equipo
A lo largo de dicha etapa fueron un total
de 37 futbolistas los que, al menos, disputaron un partido con el Real Madrid
C. F. durante las cinco primeras ediciones de la Copa de Europa. Sin embargo se
asocia sobre todo a cinco futbolistas que marcaron el devenir del mismo durante
su etapa. Éstos fueron Raymond Kopa, Héctor Rial, Alfredo Di Stéfano, Ferenc
Puskás y Paco Gento.
Posteriormente, el equipo recibió los honores como mejor equipo del siglo XX por la prestigiosa revista italiana Calcio 2000 con un 34,7% de votos, por delante del A. F. C. Ajax de «Johan» Cruyff que obtuvo un 22,8% de los votos finales.
Los jugadores y el número de partidos que jugaron en dicha época fueron los siguientes:
Alineación tipo: 3-3-4 o 3-2-5
Entrenadores: José Villalonga, Luis Carniglia y Miguel Muñoz.
Porteros: Juan Alonso (22), Rogelio Domínguez (14) y Javier Berasaluce (1).
Defensas: Marquitos Alonso (29), Lesmes II (28), José Santamaría (21), Ángel Atienza (11), Miché García (9), José Becerril (5), Enrique Pérez Pachín (3), Joaquín Navarro (3), Joaquín Oliva (3), Manuel Torres (2), Héctor Ramos (4), y Pantaleón II (1).
Centrocampistas: José María Zárraga (32), Juan Santisteban (17), Miguel Muñoz (15), Antonio Ruiz (12) y José María Vidal (6)
Delanteros: Alfredo Di Stéfano (35), Paco Gento (35), Raymond Kopa (25), Héctor Rial (25), Enrique Mateos (15), Ferenc Puskás (14), Joseíto Fernández (12), Chus Herrera (12), Ramón Marsal (10), Roque Olsen (4), Canário (3), Luis del Sol (3), Heliodoro Castaño (2), Luis Molowny (2), José Luis Pérez-Paya (1), Chus Pereda (1) y Pepillo Castro (1).
Las finales
Durante la etapa de Alfredo Di Stéfano en el club se le
atribuyó también al equipo el sobrenombre de «Madrid de las cinco Copas de
Europa» en referencia a los títulos logrados de la máxima competición europea.
Pese a ello, no fueron cinco sino siete finales de la Copa de Europa las que el
club disputó antes de que el jugador abandonase el club.
1ª Copa
de Europa 1955-56
13 de junio de 1956.
París, Parc des Princes, 38200 espectadores.
Árbitro: Arthur
Edward Ellis (Inglaterra).
REAL MADRID, 4; STADE
DE REIMS, 3.
Goles: 0-1 (6′)
Leblond. 0-2 (10′) Templin. 1-2 (14′) Di Stéfano. 2-2 (30′) Rial. 2-3 (62′)
Hidalgo. 3-3 (67′) Marquitos. 4-3 (79′) Rial.
Real Madrid CF:
Juanito Alonso; Ángel Atienza, Marquitos Alonso,
Rafael Lesmes; Miguel Muñoz, José María Zárraga; Joseíto Iglesias, Ramón Marsal, Alfredo Di
Stéfano, Héctor Rial, Francisco Gento <José Villalonga>. Reservas:
Juanito González, Joaquín Oliva, Manolín Martínez
y José Luis Pérez-Payá.
Stade de Reims:
René Jacquet; Simon Zimny, Robert Jonquet, Raoul Giraudo; Michel Leblond,
Robert Siatka; Michel Hidalgo, Léon Glovacki, Raymond Kopa, René Bliard, Jean
Templin <Albert Batteux>.
El partido tuvo una
intensidad digna de una gran final. Los primeros minutos fueron tremendos en
contra del Real Madrid. Raymond Kopa, con plena libertad de movimientos,
cortaba en dos las líneas de los blancos ante un Záraga incapaz de
recomponerlas. Dos goles en 10 minutos inclinaron seriamente la balanza para
los franceses. Entonces surgió el Di Stéfano que iba a conocer toda Europa.
Fuerza y genio en uno, él supo restablecer el puente necesario entre las dos
zonas y encontrar los huecos necesarios para recomponer el marcador. En un
cuarto de hora de rabia y buen juego volvía el empate. Las crónicas del partido
evocaban la épica de la batalla, porque así fue el juego. En la segunda parte,
de nuevo la habilidad de Kopa le dio opción a Hidalgo para adelantar a los
franceses. Esta vez el Real Madrid respondió en seguida con furia, la de un
defensa como Marquitos, y dejó las tablas para que se deshicieran en los
últimos veinte minutos. Fue Héctor Rial el autor del gol de la victoria, a
falta de once minutos, sentenciando una escapada de Gento hasta la misma raya
de fondo. Hubo un gran campeón ante un dignísimo finalista.
Opiniones de los
protagonistas:
Albert Batteux: «En
el momento que empató el Madrid por primera vez vi el partido perdido».
José Villalonga: «El mejor mérito del Madrid es haber remontado ese dos-cero; pero con 3-2 pensé que se nos escaba la Copa: el gol de Marquitos llegó en un momento crucial».
2ª Copa de Europa 1956-57
30 de mayo de 1957.
Madrid, estadio Santiago Bernabeu, 120000 espectadores.
Árbitro: Leopold
Sylvain Horn (Holanda).
REAL MADRID CF, 2;
FAC FIORENTINA, 0.
Goles: 1-0 (68′) Di
Stéfano, de penalti. 2-0 (75′) Gento.
Real Madrid CF:
Juanito Alonso; Manuel Torres, Marquitos Alonso,
Rafael Lesmes; Miguel Muñoz, José María Zárraga; Raymond Kopa, Enrique Mateos,
Alfredo Di Stéfano, José Héctor Rial, Francisco Gento <entrenador: José
Villalonga>. Reservas: Juanito González, Joaquín Oliva, José Antonio Rubio,
Juan Santisteban y Joseíto Iglesias.
FAC Fiorentina:
Giuliano Sarti; Ardico Magnini, Sergio Cervato; Aldo Scaramucci, Alberto Orzan,
Armando Segato; Julinho Botelho, Gratton,
GiuseppeVirgili, Miguel Angelo Montuori, Maurilio Prini <entrenador: Fulvio
Bernardini>.
Las precauciones en
ambos equipos mantuvieron el 0-0 hasta el descanso. La Fiorentina, a la
italiana, con clara vocación defensiva, pero el Real Madrid, para evitar los
contragolpes, también plantó a Di Stéfano más retrasado de lo habitual. Rial
trabajaba de lanzador donde Gento podía romper la línea, aunque torpe a la hora
de finalizar. Hasta la segunda parte no se rompió el empate. Fue de penalti en
una jugada que inició Mateos en fuera de juego. El Real Madrid no dejó
reaccionar a la Fiorentina y finalmente Gento acertó, puso el 2-0 que cerraba
definitivamente la final.
Opiniones de los
protagonistas:
José Villalonga:
«Ha sido una gran final, y muy difícil; el Fiorentina es un excelente equipo».
Fulvio Bernardini: «Legítima la victoria del Madrid; pero la Fiorentina no ha debido perder».
3ª Copa de Europa 1957-58
28 de mayo de 1958.
Bruselas, Stade du Heysel, 67000 espectadores.
Árbitro: Albert
Alsteen (Bélgica).
REAL MADRID CF, 3; AC
MILAN, 2.
Goles: 0-1 (59′)
Schiaffino. 1-1 (74′) Di Stéfano. 1-2 (77′) Grillo. 2-2 (79′) Rial. 3-2 (107′)
Gento.
Real Madrid CF:
Juanito Alonso; Ángel Atienza, José Emilio Santamaría, Rafael Lesmes; Juan
Santisteban, José María Zárraga; Raymond Kopa, Joseíto Iglesias,
Alfredo Di Stéfano, José Héctor Rial, Francisco Gento <entrenador: Luis
Antonio Carniglia>. Reservas: Rogelio Antonio Domínguez, Marquitos Alonso, Antonio Ruiz y Enrique Mateos.
AC Milan: Narciso
Soldan; Alfio Fontana, Eros Beraldo; Mario Bergamaschi, Cesare Maldini, Luigi
Radice; Giancarlo Danova, Nils Liedholm, Juan Alberto Schiaffino, Ernesto
Grillo, Tito Ernesto Cucchiaroni <entrenador: Gipo Viani>.
El Milan había
estudiado muy bien el partido. El control sobre Di Stéfano recaía en una
escalera de jugadores que empezaba desde el mismo Liedholm hasta cerrarse en
sus propios defensas. Afortunadamente para el Real Madrid, también tenía
hombres que podían responder a esa trama. Tras una primera parte exquisita en
técnica, en la segunda había que añadir fuerza y decisión. Y se rompieron las
formas con los goles. Excelentes los delanteros del Milan que saltaron la defensa
madridista con su mejor hombre, Schiaffino. Y pudieron sentenciar con un gran
disparo de Cucchiaroni al larguero. Pero Di Stéfano, que su leyenda se escribía
en estos partidos, recuperó el empate. Grillo y Rial hicieron dos goles de gran
calidad, insuficientes para decidir un campeón. Fue Gento, en la prórroga, el
que confirmó que el ala izquierda madridista era más peligrosa, aunque gracias
a una jugada iniciada por Kopa. Gento ya había disparado al poste nada más
empezar la prórroga. Gento, con un tiro lejano pasando el balón entre varios
jugadores, marcó el gol de la tercera Copa de Europa.
Opiniones de los
protagonistas:
Luis Antonio
Carniglia: «Es una lástima que uno de los dos equipos tuviera que perder».
Gino Viani: «Hemos jugado espléndidamente, pero enfrente teníamos al Madrid».
4ª Copa de Europa 1958-59
3 de junio de 1959.
Stuttgart, Neckarstadion, 80000 espectadores.
Árbitro: Albrt
Dusch (Alemania Occidental).
REAL MADRID CF, 2; STADES
DE REIMS, 0.
Goles: 1-0 (1′)
Mateos. 2-0 (47′) Di Stéfano.
Real Madrid CF:
Rogelio Antonio Domínguez; Marquitos Alonso,
José Emilio Santamaría, José María Zárraga; Juan Santisteban, Antonio Ruiz;
Raymond Kopa, Enrique Mateos, Alfredo Di Stéfano, José Héctor Rial, Francisco
Gento <entrenador: Luis Antonio Carniglia>.
Stade Reims:
Dominique Colonna; Bruno Rodzik, Robert Jonquet, Raoul Giraudo; Armand
Penverne, Robert Lamartine; René Bliard, Michel Leblond, Just Fontaine, Roger
Piantoni, Jean Vincent <entrenador: Albert Batteux>.
Una final muy
diferente a las hasta entonces disputadas. El Stade de Reims era consciente de
sus limitaciones y salió a marcar un ritmo lento, de posesión de balón para
contener la velocidad madridista, más vertical. Y se le rompió el esquema en el
primer minuto, porque Mateos a pase de Zárraga abrió el marcador. Y pese a que
los franceses insistieron en el juego lento, y que Kopa se lesionó y se mantuvo
testimonialmente en el campo, el Real Madrid siguió mandando, con un Di Stéfano
más de centrocampista que de delantero, con frialdad para no contestar a la
dureza francesa y con la paciencia para buscar un gol que le mantuviese más
cómodo en el campo. Y este gol llegó al poco de empezar la segunda parte, al
culminar Di Stéfano, en su segundo intento, un ataque madridista. Stuttgart
había amanecido con mayoría francesa, y por la noche solo se escuchaban
cánticos españoles. El Real Madrid había ganado su cuarta Copa de Europa con
demasiada superiroridad en la final.
Opinión de los
protagonistas :
Luis Antonio
Carniglia: «El Madrid ha mandado en el segundo tiempo. Evidentemente, hemos
superado con amplitud a los franceses».
Albert Batteux: «Creo que el triunfo del Real Madrid ha sido justo, pero en el final de la primera parte pudimos igualar».
5ª Copa de Europa 1959-60
18 de mayo de 1960.
Glasgow, Hampden Park, 135000 espectadores.
Árbitro: John A
Mowat (Escocia).
REAL MADRID CF, 7;
FSG EINTRACHT FRANFURT, 3.
Goles: 0-1 (18′)
Kreß. 1-1 (27′) Di Stéfano. 2-1 (30′) Di Stéfano. 3-1 (46′) Puskás. 4-1 (56′)
Puskás. 5-1 (60′) Puskás. 6-1 (71′) Puskás. 6-2 (72′) Stein. 7-2 (73′) Di
Stéfano. 7-3 (75′) Stein.
Real Madrid CF:
Rogelio Domínguez; Marquitos Alonso,
José Emilio Santamaría, Enrique Pérez «Pachín«; José María
Zárraga, José María Vidal; Darcy Silveira «Canario«, Luis Del
Sol, Alfredo Di Stéfano, Ferenc Puskás, Francisco Gento <entrenador: Miguel
Muñoz>.
FSG Eintracht
Frankfurt: Egon Loy; Friedl Lutz, Hermann Höfer; Hans Weilbächer, Hans-Walter
Eigenbrodt, Dieter Stinka; Richard Kreß, Diter Lindner, Erwin Stein, Alfred
Pfaff, Erich Meier <entrenador: Paul Oßwald>.
El resultado más
amplio dado en una final europea. Di Stéfano y Puskás fueron los protagonistas
de posiblemente el partido más espectacular que ha hecho el Real Madrid en su
historia. Lamentablemente para un buen Eintracht Frankfurt, las puertas de la
gloria estaban flanqueadas por el mejor Real Madrid de todos los tiempos y tuvo
que conformarse con ser el digno rival de tan poderoso equipo. Y eso que el
primer gol lo marcaron los alemanes. Después fue un derroche de fútbol, de
combinaciones, pases y de certeros remates. Nadie frenó a Di Stéfano, nadie
pudo parar la puntería de Puskás.
Opinión de los
protagonistas :
Miguel Muñoz :
«El equipo no ha ahorrado esfuerzos. Durante los noventa minutos ha luchado a
todo tren. Ni después de haber marcado siete goles trató de reposar».
Paul Oßwald : «Di Stéfano y Puskás son estrellas de un equipo maravilloso».
Tras las cinco victorias consecutivas, fue el F. C. Barcelona el primer equipo que le eliminase por primera vez de la competición en la temporada 1960-61. Al año siguiente llegó a la primera de las otras dos finales que disputó, donde el S. L. Benfica venció por 5-3 tras remontar el encuentro con dos goles de Eusébio y alzar así su segundo título. Al año siguiente el club fue eliminado en la ronda preliminar por el R. S. C. Anderlecht antes de llegar en la temporada 1963-64 a la segunda de las finales perdidas. Esta finalizó tras un marcador de 3-1 frente al F. C. Internazionale Milano abanderado por Sandro Mazzola y Luis Suárez bajo las órdenes de Helenio Herrera.
Dos años después, en la edición de
1965-66 el club conquistó su sexta Copa de Europa tras vencer por 2-1
al F. K. Partizan, sin embargo no fue lograda con la mayoría de los
jugadores insignia de esta etapa, sino con otra que les relevó
generacionalmente apodada como el «Madrid de los Yé-yé».
Ocho finales en las primeras once ediciones coronaron al Real Madrid C. F. como el equipo más potente del panorama futbolístico, siendo el «Madrid de Di Stéfano» el equipo referencia en Europa y el mundo durante la mitad del siglo XX. A estas hazañas, el club sumó también de la mano de Di Stéfano una Copa Intercontinental en la primera edición de la misma y que le acreditó como mejor club del mundo, dos Copas Latinas y una Pequeña Copa del Mundo.
Di Stéfano también hizo
historia en el fútbol argentino
Por Julian Iglesias | @Juliandiglesias
La Saeta Rubia inició su carrera en River,
donde ganó dos títulos, y tuvo un paso a préstamo por Huracán. Es, también, el
único técnico que fue campeón con el Millonario y Boca.
La leyenda de Alfredo Di Stefano, quien falleció
en España a los 88 años, se gestó en el Real Madrid de las
cinco Copas de Europa. Pero, mucho antes de convertirse en la gloria máxima de
la historia del club español, el camino de la Saeta Rubia se empezó a forjar en el
fútbol argentino. En River y Huracán, más precisamente.
Llegó al club de Núñez a
principios de la década de 1940,
mientras La Máquina de José Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Ángel Labruna,
Félix Loustau y Adolfo Pedernera dejaba una huella indeleble en la historia del
fútbol argentino. El 15 de julio de 1945, con 19 años recién cumplidos,
Renato Cesarini lo hizo debutar en una derrota 2-1 contra Huracán en
la cancha de San Lorenzo. Sería su único partido en ese torneo, que
significaría también el primer título de su carrera: con la base de La Máquina
(Moreno se había ido y fue reemplazado por Alberto Gallo), el Millonario se
consagró campeón del torneo, que tuvo a Labruna como
goleador con 25 tantos.
Al año siguiente, sin demasiado lugar entre
las leyendas que conformaban el ataque riverplatense, Di Stéfano se
fue a sumar ruedo a Huracán. Debutó el 21 de abril, en la
derrota 1-0 del Globo contra Chacarita por la primera fecha del campeonato de
1946. Cuatro partidos después, llegaría su primer gol como profesional: el 26 de mayo,
en Parque de los Patricios, el delantero anotó no uno, sino dos tantos para el
triunfo 3-1 del Quemero sobre Estudiantes. Finalmente,
serían 10 festejos en 25 partidos en el club. Aunque el equipo finalizó noveno,
muy lejos del campeón San Lorenzo, todavía se recuerda en el sur de la Ciudad de Buenos
Aires la delantera que conformó la Saeta con Tucho Méndez y el Turco Simes.
Para 1947, volvió a River. Y llegó el
momento de la explosión. La Máquina empezaba a quedar en el pasado, Pedernera
se había ido a jugar al fútbol europeo y Di Stéfano tomó su lugar en el equipo.
La apuesta no le pudo haber salido mejor a José María Minella: 27 goles en 30
partidos convirtió el punta, que terminó como máximo goleador no sólo del país
sino del continente. River fue campeón nuevamente y su
nombre empezaba a volar alto: ese año, hizo su debut en la Selección argentina
que ganó el Sudamericano de Guayaquil.
Los siguientes dos años
también los jugó en Núñez. En
1948, disputó 24 de los 30 partidos del torneo y marcó 13 goles, que no alcanzaron
para llegar al campeonato: el Millonario fue segundo, cuatro puntos por detrás
de Independiente, el ganador de un certamen que estuvo marcado por la huelga de
futbolistas que se desató a cinco fechas del final y en la que la Saeta estuvo
muy involucrado.
Para 1949, ya nada era igual en el fútbol
argentino: las grandes figuras se habían ido en masa atraídas por el dinero
fresco (e ilegítimo para la FIFA) que ofrecían en Colombia. Di Stéfano se quedó
en River y, en los primeros once partidos del torneo, hizo nueve goles. Pero
llegó Millonarios de Bogotá con una oferta imposible de rechazar y el delantero
se llevó su fútbol a tierras cafeteras. Atrás, dejó 66 encuentros, 49 goles y dos campeonatos
con la banda roja en el pecho.
Sin embargo, no sería ese el final de su
historia en el fútbol argentino: a finales de la década de 1960 volvería como entrenador. Pero
en Boca. Contratado por Alberto J. Armando en 1969, Di Stéfano armó un muy buen
equipo, que quedó afuera de la final del Metropolitano por apenas un gol, ganó
la Copa Argentina y cerró el año con la inolvidable consagración en el
Nacional en el Monumental, tras empatar 2-2 el Superclásico.
Después de esos logros, volvió a España para entrenar al Real Madrid y otros
clubes. Pero en 1981 regresó y tuvo su chance en River: ganó el Nacional de
1981 y se
convirtió en el único técnico campeón con los dos principales equipos del país. En
el 85 tendría una segunda experiencia en el Xeneize, pero los resultados no
acompañaron y se fue tras una derrota 2-0 contra Talleres de Córdoba, un 10 de
noviembre.
Apenas un detalle. Su
leyenda no podrá mancharse.
Cómo fueron los únicos seis partidos de Di Stéfano con la Selección
argentina en la Copa América
Redacción Goal
Fue en la edición de 1947. Tenía 22 años y entró
remplazando a René Pontoni. Fue campeón.
Los únicos seis partidos de Alfredo Di Stéfano con la
camiseta de la Selección argentina fueron
en la Copa América 1947, en Ecuador. Tenía 22 años y recién empezaba a
hacer genialidades: al menos, jugadas brillantes que pudiera ver el mundo.
Porque, pese a que su pase pertenecía a River, los Millonarios lo habían
enviado a préstamo a Huracán, de donde regresó para ese mismo año salir campeón
con los de Núñez. Luego, cambió su nacionalidad en 1956 y un año más tarde
debutó en la Selección de España, en un cruce contra Holanda, marcando tres
goles.
Pero en quel certamen, Di Stéfano no fue el único
estandarte de la pelota en Argentina. De la mano del entrenador Guillermo
Stábile, probablemente el más glorioso de la historia de la Selección
argentina en la Copa América, la Albiceleste consiguió una
hazaña que no volvió a repetirse: en Ecuador, consiguió el
tricampeonato luego de ganar los títulos en 1945 (en Chile) y 1946 (en
Argentina).
Pero Stábile no era la única figura. Di Stéfano,
suplente en aquel equipo, debutó en el segundo partido del campeonato, en
la goleada contra Bolivia, por 7-0. En ese encuentro, ingresó desde
el banco en reemplazo del lesionado René Pontoni, otra de las grandes
estrellas de la biografía futbolera argentina, gloria de San Lorenzo, y hombre
clave en esos tricampeonatos.
El paso de la a Saeta Rubia por la Copa
América no pasó desapercibido. Más allá de haber salido campeón, fue el
segundo goleador del campeonato, detrás del uruguayo Nicolás Falero, y con la
misma cantidad de tantos que, nada más y nada menos, Tucho Méndez, el mayor
goleador argentino en Copa América.
Argentina, en 1947, fue la que terminó con mejor
diferencia de gol: 28 goles a favor y apenas 4 en contra. Di Stéfano, en seis
partidos jugados, convirtió en cuatro encuentros, con una tarde más que
fabulosa en la goleada de los argentinos contra Colombia, por 6-0, donde Don
Alfredo marcó tres tantos, determinantes para un romance corto, pero más que
profundo.
La gran mentira del Franquismo y el
Real Madrid
La
muerte de Alfredo Di Stéfano vuelve a reavivar la polémica sobre su fichaje y
los favores del Régimen al conjunto blanco, cuando en realidad Franco
simpatizaba con otro equipo
FELIPE POZA, 15 DE JULIO DE 2014,
21:43
“El Real Madrid siempre fue el equipo del
régimen”, “Franco le robó a Di Stéfano al Barcelona para que jugase en su
equipo”, “El Real Madrid ganó las cinco primeras Copas de Europa porque ese
torneo lo creó Franco para que lo levantasen ellos” o “Barcelona y Atlético de
Madrid no ganaron nada durante el Franquismo porque estuvieron siempre
perseguidos” son algunas de los mitos falsos recurrentes que se suelen oír en
los debates futboleros de la calle. El problema es que el desconocimiento
general del tema ha hecho que muchos profesionales del deporte o de los medios
de comunicación se crean muchas leyendas urbanas.
Los perdedores siempre tienen que buscar
alguna excusa para justificar sus derrotas inexplicables. El todopoderoso Real
Madrid de Florentino
Pérez que alardeaba de gastar más que nadie en fichajes tuvo que hablar del
‘Villarato’ para menospreciar los triunfos del Barça de Guardiola, pero
este tipo de propaganda deportiva no es nueva en la historia del fútbol. El
Barcelona montó una auténtica teoría de la conspiración para justificar que un
club menor como el Real Madrid le arrebatase la supremacía en España a mediados
de los 50.
“Al menos hay tres catedráticos de
Barcelona que son historiadores oficiales del club. El Barcelona se dio cuenta
de que la propaganda era un instrumento para conseguir una mejor imagen del
club, y el Barça ha ganado con eso al Madrid por goleada. El Madrid no
tiene discurso. Nunca se defendió del producto que los
historiadores catalanes organizaron en Barcelona intentando demostrar que los
goles los marcaba Franco. Han contado la mentira del fichaje de Di Stéfano,
esta es una de las mentiras más increíbles que uno ha visto, de verdad es algo
que no se sostiene”, contó el catedrático de historia de la Universidad Carlos
III de Madrid Ángel Bahamonde en una entrevista a El Vestuario.
Por eso, si recapitulamos nos encontramos
con que el Madrid era el equipo con más proyección durante la Segunda
República. El Barça se encontraba inmerso en una crisis interna y el conjunto
merengue ganó dos Ligas y dos Copas en ese periodo histórico. Sin embargo, con el triunfo
del Franquismo la estabilidad llegó al Barça. El régimen
se encargó de poner a gente afín en las directivas de todos los clubes
españoles y la lucha interna se terminó en la institución culé.
El Gobierno franquista
intervino de una forma más directa en el fichaje de Kubala
Los de azulgrana recuperaron su grandeza en
los primeros años del Franquismo. Ganaron cinco Ligas y cuatro Copas desde 1939
hasta el fichaje de Di Stéfano en 1953, mientras que el Real Madrid
solo levantó dos Copas en ese mismo periodo. De hecho,
gran parte del éxito del Barça se debió al fichaje de Kubala donde el Gobierno
franquista tuvo una intervención mucho más decisiva que en el ‘caso Di
Stéfano’. El régimen quería presumir del trato que les daba a los jugadores del
este y ponía a trabajar a su maquinaria propagandística alrededor de ellos.
Supuestamente, acogía a hombres pobres y les daba oportunidades en los mejores
clubes españoles. De eso se favorecieron el Barça y otros equipos a la hora de
conseguir documentación y nacionalizaciones rápidas. Pero otros equipos
teóricamente menos afines al régimen que el Real Madrid también consiguieron
éxitos mayores en esos primeros años franquistas. El Atlético de Madrid ganó
cuatro Ligas y el Athletic de Bilbao una Liga y cuatro Copas.
Franco simpatizaba con
el Atlético Aviación
Sin embargo, el fichaje más polémico de la
historia lo cambió todo. Resumiendo mucho la historia, el Pacto de Lima había
permitido que Di Stéfano jugase para Millonarios hasta 1955, pero el jugador se
declaró en rebeldía a comienzos de 1953. El Barça fichó al jugador a River
Plate, el club con el que ‘la Saeta’ tenía que jugar en la segunda mitad de la
década, pero se negó a pagar lo que le pedía el club colombiano por sus derechos
hasta esa temporada. Saporta y Bernabéu sí le pagaron al equipo colombiano lo
que pedía y entonces la FIFA entró en acción. Según
explica el historiador Bernardo Salazar en un artículo publicado por As, el máximo organismo del
fútbol mundial designó como mediador a Armando Muñoz Calero, ex presidente de
la Federación Española de Fútbol, y se acordó que el que después se convertiría
en el mejor jugador de la historia del fútbol jugaría dos años de blanco y
otros dos de azulgrana.
De momento, no se ve ninguna mano negra,
pero seguía existiendo el grave inconveniente de la prohibición del fichaje de
extranjeros desde el día 24 de agosto anterior. Por eso, la Delegación Nacional
de Deportes publicó una norma que decía que los jugadores que estuvieran en trámite
de gestión con anterioridad sí podrían ser inscritos con posterioridad a esa
fecha. Algo que no perjudicaba ni al Barcelona ni al Real Madrid. “Esta fue en
todo este asunto la única intervención del centralismo franquista”, asegura
este historiador que siempre ha sido colchonero confeso. Después, el Barça
terminó vendiendo su parte al Real Madrid porque era demasiado grande como para
compartir a un jugador.
Por su parte, el historiador especializado
en el F.C. Barcelona Ángel Iturriaga coincide en la versión oficial, pero
también cuenta a ESTRELLA DIGITAL el discurso en el que
se escudan algunos medios culés. “El presidente del Barça, que era un
importante empresario del sector textil barcelonés, tenía que recibir la cuota
anual para poder sacar la cantidad de negocio que podía exportar al año. Se
cuenta que el presidente fue presionado en aquel momento y que terminó
negociando a los derechos sobre el jugador, pero de eso no existe una
documentación que lo atestigüe”.
Franco utilizó al Real
Madrid
Sin embargo, este mismo historiador rechaza
de pleno la idea de que el dictador fuera madridista: “Franco antes de Di Stéfano
no le hizo ningún favor al Real Madrid. Franco en un principio era un hombre que no estaba
nada interesado en el fútbol. Cuando el fútbol se
convirtió en un deporte de masas sí se empezó a aficionar. En la Postguerra,
Franco el único equipo al que animaba era al Atlético Aviación, lo que es ahora
el Atlético de Madrid, porque era un equipo que surgió de la unión del Athletic
Club de Madrid y el Aviación Nacional. Al ser un equipo militar era al que
animaba y de hecho ganó las dos primeras Ligas de la Postguerra”.
Asimismo, Ángel Iturriaga tiene muy claro
que el único interés de Franco fue utilizar al Real Madrid para su beneficio
propio: “Una vez que llegó Di Stéfano, el Real Madrid empezó a ganar Copas de
Europa y Franco empezó a utilizar los triunfos en ese torneo para mejorar la
imagen del régimen a nivel internacional. Después de los triunfos en Europa el
Franquismo sí pudo beneficiar al Real Madrid por intereses propagandísticos,
pero no porque Franco fuera madridista. Hay casos de arbitraje excesivamente
flagrantes a lo largo de la Historia, aunque tampoco era algo tan clamoroso
como lo de Ceaușescu y el Steaua. No vas a encontrar documentación sobre eso,
pero los
reales colegios de árbitros estaban dirigidos por gente que había estado
adscrita al madridismo”, cuenta el autor del Diccionario de
jugadores del FC Barcelona y otras obras de referencia para los barcelonistas.
Por último, Iturriaga dejó claro que los
favores de los gobiernos en forma de operación urbanística no son nada nuevo. “Durante el Franquismo
hubo beneficios a la hora de reutilizar solares. El caso
del Barça es muy claro con los terrenos del Camp Nou. Favores recibieron todos
porque el fútbol se utilizó con valor propagandístico”
Todos los grandes clubes
fueron beneficiados por el Régimen
No obstante, parece que la idea de un
Franco madridista ha traspasado las fronteras de España, pero eso también tiene
una sencilla explicación. Sir Alex Ferguson acusó al Madrid de ser un equipo
que ha llegado a la elite del fútbol gracias al Franqismo y el New York Times
público algo todavía más llamativo en la previa de la última final de
Champions. El rotativo americano quiso explicar el éxito español diciendo que “Real Madrid y
Atlético obtuvieron el favor de Franco en su momento”.
La propaganda ha llegado a otros países
porque algunas personalidades catalanas se han encargado de difundirla. “Esa
idea de que el Madrid ha ganado tanto por Franco viene a través de la prensa
francesa; es que el Barcelona trabajó mucho en Francia esa idea. El Barcelona
mantuvo una estrategia muy clara, tenía que explicar algo inexplicable, sus
fracasos históricos tan enormes, y para ello lo que el Barcelona hizo fue
buscar lo fácil, lo que está haciendo el nacionalismo catalán hoy en día, el
enemigo exterior. Siempre el enemigo exterior une mucho, hay un enemigo
exterior que nos impide ser grandes, y los historiadores de cámara del
Barcelona trabajaron en España, sobre todo con la guía de
Vázquez Montalbán. Este personaje es decisivo. El primer escrito que dice que el
Madrid es el equipo del Régimen es de Vázquez Montalbán a finales de los 60.
Todo esto se fabrica a finales de los 60 y en los 70, y ya en los 80
explota esta explicación que le viene muy bien al Barça”, contaba Ángel
Bahamonde.
Franco, Bernabéu y Di Stéfano: los tres ejes sobre los
que 'Leyenda Negra de la gloria blanca' elucubra la historia del Madrid
TV3 ha emitido uno de los documentales más
polémicos en torno al mundo del fútbol y el deporte: "Leyenda negra de la
gloria blanca", en el que el periodista Carlos Torres defiende su teoría
sobre los títulos ganados por el Real Madrid a lo largo de su historia, con
especial atención a los años del franquismo. Un hilo argumental en el que
intentan defender que "Franco quiso que potenciar al Real Madrid fuera de
las fronteras" de España por encima del resto de
equipos.
"El
Real Madrid y Franco eran más que amigos", esta frase es el pilar sobre el que el periodista
desarrolla el documental. Esta afirmación, unida a la teoría de que el Bernabeú
fue construido con dinero público y que Di Stéfano acabó vistiendo de blanco
gracias a Franco en la disputa con el Barcelona por su fichaje, cierran el
círculo de la historia. Todo gira en torno a estos tres pilares.
Carles Torras se adentra en el Santiago
Bernabéu para iniciar el documental. Admite que el Real Madrid es el Mejor Club
del Siglo XX, que cuenta con un gran estadio, tiene el mejor palmarés y un gran
poder económico.... pero recuerda que la institución tiene una "leyenda
negra" y que fue creada por catalanes en el año 1902.
En el documental participan varios
periodistas catalanes, directivos de ambos equipos, algún exjugador, incluido
Alfredo Di Stéfano y el nieto de Franco. Una de las aseveraciones más dura sale
de la boca del periodista José María García, quien defiende que durante el
franquismo "los mandatarios tenían cogida la sartén por el mango. Santiago Bernabéu era
un gran dictador".
En la trama no podían pasar por alto la
'mano negra'. Sobre imágenes de 'Clásicos' históricos, esgrimen que "ocurrían cosas
extrañas" traducidas en favores arbitrales para el
club blanco. "El Madrid tenía pequeños detalles con las mujeres de los árbitros,
cosas de atención como ramos de flores", admite un exdirectivo blanco.
Carles Torras busca entre varios documentos
históricos la financiación del estadio Santiago Bernabéu. Asegura que no
entiende cómo el Real Madrid pudo hacer un estadio en apenas dos años, poco
después de la guerra, y afirma que existen documentos que avalan que fue creado con dinero
público, "con el dinero de los españoles", asevera.
En aquel estadio jugó Di Stéfano, "un jugador sin el que el Real Madrid no
hubiera ganado cinco Copas de Europa".
Don
Alfredo fichó por el Real Madrid y por el Barcelona a la vez. Su ficha pertenecía a River Plate y a Millonarios
de forma excepcional. El documental exgrime una razón por la que terminó
vistiendo de blanco, la influencia de Francisco Franco.
"El Barcelona tenía al mejor jugador,
Kubala, el Madrid al segundo, Di Stéfano. El Real Madrid tenía el segundo
estadio más grande tras Old Trafford. Les faltaba algo para ser los más
grandes. Lo consiguió Raimundo Saporta" explica el documental. El exdirectivo
blanco "era el contacto entre Santiago Bernabéu y Franco", como admite
el nieto del dictador: "El presidente tenía abiertas las puertas del
Pardo. Aunque mi abuelo nunca dijo que fuera del Real Madrid, te diría que su
corazoncito estaba con el Madrid. Como el de casi todos en
aquella época".
Todos estos favores de Franco hacia el Real
Madrid tenían un supuesto fin principal: favorecer la expansión del club de
forma internacional, "era la mejor propaganda del régimen". Como
resultado, cuenta 'Leyenda Negra de la gloria blanca' en sus últimas imágenes, cinco Copas de Europa,
"cuando la competición no tenía tanto valor como ahora", que ayudaron
al Real Madrid a crecer deportiva y económicamente a un ritmo muy superior al
resto de equipos de España. Lo cierto es que los blancos ganaron 14 ligas
con Franco por ocho del Barcelona, los datos nadie los puede negar.
LA AMISTAD FRATERNAL DE DOS MITOS
Pese
a defender colores opuestos, László Kubala y Alfredo Di Stéfano tenían mucho
en común. Principalmente, una estrecha relación que supieron mantener
31/12/2020
No resulta habitual que dos mitos del fútbol
como ‘Laci’ Kubala y Alfredo Di Stéfano llevaran su amistad hasta vínculos
fraternales. Y menos aún que el tercero en discordia, generador de tal
relación, sea otra leyenda como Josep Samitier. Empecemos por el artífice,
ese ‘Sami’ que había sido considerado uno de los futbolistas más relevantes
de Europa en la década de los 20, cuando el FC Barcelona vivía la llamada
‘Edad de Oro’ de la entidad. Años más tarde, el apodado ‘Mago del balón’
regresó a Les Corts para conseguir como entrenador la segunda Liga del club y
primera de la posguerra. Samitier era, con unanimidad al respecto, todo un
personaje dotado de un irresistible don de gentes, un torrente de simpatía
mezclado con astucia natural. En su juventud se hizo íntimo de Carlos Gardel y
durante su corto exilio en la Costa Azul, hizo lo propio con personalidades
francesas como Maurice Chevalier o la Mistinguett. Abreviando una prolija
biografía, alcanzada la década de los 50, Samitier había hallado refugio en
la dirección técnica del Barça. Una Liga perdida en el último instante ante
el Sevilla le convenció de cambiar el banquillo por el despacho, pasar del
tópico potro de tortura a sacar partido de su sensacional ojo clínico para
descubrir talento. Atrás quedaba ya haber implantado, junto a Benito Díaz y
otros adelantados, la novedad táctica de la WM reinante en el Viejo
Continente.
En las oficinas se vivía mejor. Total, lo
único que debía hacer era utilizar sus dotes de observación para cazar
promesas y vestirlas de blaugrana.
Ya lo intentó con René Pontoni, el formidable ariete de San Lorenzo de
Almagro durante su legendaria gira por España del 47, pero la autarquía
franquista, la imposibilidad de reforzar escuadras con extranjeros por su
coste, le negó el capricho. En cambio, un par de años después, acertaría en
la diana con un hombre llamado a iniciar una nueva época, la moderna, no solo
en el Barça, sino en el balompié hispano. Su nombre, László Kubala. El
recorrido vital del húngaro, digno de la mitología griega, es harto conocido.
Lo repasaremos de manera telegráfica. Nacido en Budapest y amigo de infancia
de Ferenc Puskás, había sido internacional con su país de origen y también
con Checoslovaquia, de donde procedía su madre. Obsesionado con el fútbol y
el refinamiento de su prodigiosa técnica, Kubala parte al exilio en la
posguerra europea. Bajo el comunismo, si no acatabas las reglas del régimen
totalitario, resultaba prácticamente imposible vivir del balón. En cambio, en
las democracias en reconstrucción, le esperaba la buena vida que anhelaba
disfrutar. Optó por el exilio, pasó un viacrucis para abandonar el país y
cruzar Austria hasta Italia, estuvo a punto de morir en la catástrofe de
Superga cuando el ‘Grande Torino’ pretendía incorporarle a filas y sesteó en
el Pro Patria hasta que se presentó la ocasión. Junto a su cuñado, el
afamado entrenador Ferdinand Daučík, se enroló en una tropa de mercenarios,
apátridas y exiliados procedentes del Este que adoptaría el nombre de
Hungaria. Y con ellos salió de gira, con la indisimulada pretensión de hallar
destino profesional a los apuntados en la aventura.
5 de junio de 1950. Kubala deslumbra en un
amistoso de preparación de la selección española que disputará el Mundial
en Brasil. Y el Madrid le lanza las redes, aunque esté sancionado por la FIFA
a causa de su deserción. La gira continúa en Barcelona y, de camino, se sube
al tren Samitier acompañado por un intérprete. Pone sobre la mesa la oferta
definitiva que le cautivará. Al margen de mejorar el pastón que ofrecían los
blancos, el Barcelona contratará a Daučík como ‘míster’, el detalle que le
faltó a la diplomacia de Bernabéu. Bajo identidad falsa, Samitier le hará
entrenar en Les Corts mientras mueve hilos, incluso entre las altas esferas del
Estado. No en vano, ‘Sami’ era idolatrado por el mismísimo Francisco Franco,
admirador suyo y gran futbolero pese a que sus hagiógrafos lo nieguen, ya que
la afición por el balón no casa con la imagen de estadista. Su legalización
también resulta rocambolesca, acorde con el conjunto. Le nacionalizan
español, le cristianizan en el pueblo de Muñoz Calero, presidente de la FEF,
y se le hace una campaña de prensa para presentarlo como un prófugo del
comunismo que ha preferido abrazar la libertad española. Cosas de la propaganda
dictatorial. El caso es que a la postre funciona y Kubala ya puede debutar
legalmente, aunque haya tardado largos meses en estrenarse.
Alfredo Di Stéfano es todo un carácter,
sin duda. Firme en sus convicciones, un tanto huraño, de pocas palabras y directo,
sin atisbo de diplomacia, ‘La Saeta Rubia’ nació al fútbol en el River Plate
de la legendaria ‘Máquina’. Muy joven aún, se erigió junto al ‘Maestro’
Pedernera y a ‘Pipo’ Rossi en cabecilla de la rebelión de aquellos futbolistas
que, aún llenando estadios en la época dorada del fútbol argentino, apenas
llevaban pan a casa. El beneficio iba directo a las arcas de los clubes y sus
directivos. Hasta aquí hemos llegado. Convocan una huelga seguida de manera
multitudinaria, estamos en 1949. Senior pone su plan en marcha, relanzando una
liga colombiana llamada Dimayor, aunque el mundo la conoce por ‘Liga Pirata’,
que topa con la prohibición de la FIFA. Da igual. Colombia vive un tiempo
irrepetible y por Millonarios pasa una constelación de jugadores de primer
nivel, integrando dos equipos que pueden jugar al tiempo la liga y aprovechar
su fama con bolos por Sudamérica y Europa. Han venido de Argentina, Uruguay,
Chile, Paraguay, Brasil e incluso Inglaterra ante la llamada del dólar. Forjan
leyenda a ritmo vertiginoso. Entre ellos figura un hábil delantero uruguayo distinguible
por su bigote a lo Clark Gable y su cabello engominado. Se llama Ramón Alberto
Villaverde y se convertirá en otro nexo de amistosa unión con Kubala y Di
Stéfano cuando los tres coincidan en España. Al final, la FIFA pone coto a la
aventura colombiana: antes de octubre del 54, los fichajes de la ‘Liga Pirata’
deben regresar a sus equipos de origen. Por tanto, Millonarios lleva ya fecha
de caducidad incorporada.
Mientras tanto, ‘Laci’ Kubala protagoniza
una milagrosa recuperación. En febrero del 53 ya no existe rastro de su
enfermedad y vuelve a capitanear la formación azulgrana en Les Corts. La
afición suspira aliviada y Samitier no abandona el proyecto de recambio.
Total, el Barça vive años de euforia provocada por la mejoría deportiva, llena
el campo sistemáticamente hasta la bandera y se las promete felices en lo
económico. Por lo tanto, no renuncian al interés por Alfredo Di Stéfano, que
se ha declarado en rebeldía. El Barça lanza las redes y el 7 de mayo cierra
un acuerdo con el jugador. Realicemos un parón en el camino: no es objetivo de
este artículo el llamado ‘Caso Di Stéfano’ que protagonizarían Barcelona,
Real Madrid, Millonarios, River Plate y los estamentos del fútbol español.
Existe abundante literatura al respecto, a menudo decantada hacia intereses y
colores concretos. Si aceptan la recomendación, Jordi Finestres y Xavier
García Luque realizaron años atrás un formidable trabajo de investigación
en forma de libro al que llamaron, precisamente, El Caso Di Stéfano
Se lee como la mejor novela policiaca y
arroja luz sobre una situación que marcó a fuego el porvenir del juego en
España.
Alfredo Di Stéfano y su familia llegan a Barcelona el 24 de mayo de 1953. Samitier actúa de anfitrión y los recién llegados se alojan en un moderno hotel de apartamentos situado en la Gran Vía, literalmente a dos pasos de Passeig de Gràcia, en pleno centro. Desde el primer momento, Di Stéfano y Kubala se caen sensacional, a pesar de sus dispares personalidades. El argentino le confiesa al húngaro, según la prensa de la época, que “tengo muchísima ilusión por jugar a tu lado y no discutiremos por el puesto, eso seguro”. Con fines promocionales, aunque el telón de la temporada esté a punto de caer, las publicaciones catalanas muestran reportajes con los dos cracks peloteando en Les Corts. El tándem promete. A las pocas semanas de estancia, el generoso Kubala, siempre tan desprendido, propone a los Di Stéfano que abandonen el frío apartamento y les invita a mudarse al chalet que ‘Laci’ ha popularizado en la calle Duquesa de Orleans, en la parte alta de Barcelona. Decimos popularizado porque, a la sazón, no existía casa más conocida que aquella en la ciudad. Kubala ha creado incluso una segunda dependencia en el jardín por donde se suceden todo tipo de exiliados escapados del Este comunista que necesitan un refugio como hito previo a reordenar su vida. Allí pasan el verano todos juntos, con algunos desplazamientos a Sant Quirze de Safaja y otras localidades turísticas. Dos familias que se convierten en inseparables.
UNIDOS PARA SIEMPRE
El 22 de agosto de 1953, la Federación
prohíbe el fichaje de jugadores extranjeros ante el escándalo que genera un
lío de contratos, que crece ya como un suflé y preside las portadas de la
prensa deportiva. Semanas antes, Raimundo Saporta ha echado el anzuelo
prometiéndole a Di Stéfano que tiene las puertas del Madrid abiertas de par
en par. El fenómeno argentino se está poniendo de mal humor. Nadie del
Barcelona le explica a las claras qué demonios sucede y él se siente una
mercancía. Al final, ahorremos infinidad de detalles, acabará en la
Castellana, vestido de blanco, preparado para capitanear la revolución en el
Real Madrid, su conversión en máxima potencia continental. El punto de
inflexión se produce el 23 de octubre, cuando el Barça tira la toalla y
renuncia al contrato firmado. Pero el recuerdo de Barcelona, al menos de las
personas que lo acogieron de forma tan altruista, prevalecerá para siempre en
el hombre que cambiará el curso de la historia en el fútbol español.
Desde entonces, según recordaba otro
íntimo de Kubala, el central Gustavo Biosca, siempre que podían y sus agendas
deportivas les dejaban un hueco, uno u otro se escapaban de Madrid o Barcelona
para poder cenar juntos y compartir largas horas de sobremesa. Una serie de
bares y restaurantes de ambas ciudades quedaron como discreto testimonio de
aquellos férreos lazos de amistad. Largas madrugadas de risas, anécdotas y
compadreo a las que se sumará Villaverde cuando aterrice en Les Corts. El
extremo e interior uruguayo siempre podrá alardear de su estrecha relación
con dos fenómenos que alcanzaron la eternidad balompédica. Tal como es
habitual en tiempos menos puñeteros que los actuales, Kubala vestirá de
blanco para el homenaje a Luis Molowny y Di Stéfano protagonizará uno de los
amistosos más peculiares vividos nunca en la capital catalana. La
representación de lo que pudo haber sido y nunca fue. Un plato tan suculento
como amargo para la despechada afición barcelonista.
26 de enero de 1955: para celebrar el
decimosexto aniversario de la ‘liberación’ de Barcelona, algún espabilado con
tendencias sádicas organiza un amistoso entre una selección local, compuesta
por portero, defensa y medios del Español y delantera ‘blaugrana‘, y los italianos
del Bolonia. En el ataque se juntan Basora, Villaverde, Di Stéfano, Kubala y
Moll, un ‘all star‘
prácticamente insuperable. Al Madrid y su secretario técnico Ipiña no les
hace la menor gracia la exhibición, aunque Alfredo, tozudo por definición, se
sale con la suya. El resultado es una exageración. Los aficionados tocan el
cielo con las yemas ante la exhibición de talento y compenetración que
dibujan los dos mitos. Cualquiera diría que han jugado toda la vida juntos, se
entienden con los ojos cerrados. El 6-2 final provoca un doble sentimiento en
los presentes: tarde maravillosa de fútbol, qué inmensa decepción no verles
cada semana con la misma camiseta. Así es la vida cuando se pone dura,
también en los rectángulos de juego. Los máximos protagonistas han regalado
sonrisas de felicidad. Se lo han pasado en grande y así lo certifica el
rebosante Les Corts.
El resto de la década resulta harto
conocido. El Real Madrid se convierte en equipo hegemónico y el Barça intenta
diversas fórmulas sin éxito hasta que, brevemente, lo consigue Helenio
Herrera cuando los 60 llaman ya a la puerta. Años más tarde, Kubala
reconocería en una entrevista que “nunca me sentí
celoso de Di Stéfano por el hecho de ganar Copas de Europa. Era mi amigo y
estaba feliz al comprobar que las cosas le iban bien. Nunca he escondido que
deseaba jugar con él”. Para desgracia de los hinchas, cuando
coincidieron en la selección española nunca alcanzaron grandes éxitos, a
pesar de hallarse en plenitud de experiencia y rodeados por una pléyade de
figuras nativas, tantas que el repaso en perspectiva solo provoca perplejidad
ante la constatación del continuado fracaso.
Epílogo deportivo. Kubala cuelga las botas
fastidiado por las 18 lesiones graves que sumó en once temporadas como
referente del Barça. El club anda al linde de la bancarrota y se esfuma la
posibilidad de dirigir la recién creada escuela de promesas, cerrada por
apuros económicos. También le prueban en el banquillo, pero el experimento
acaba en fiasco. Total, ya recuperado físicamente, opta por escuchar los
cantos de sirena que le lanza el Español para que vuelva a la actividad.
Asiente provocando otro terremoto emocional entre la parroquia que le
idolatraba. Mira que irse al máximo rival… A Kubala le motiva algo más
íntimo: no moverse ya de Barcelona, bastantes tumbos había dado en su vida.
Después de un año discreto como jugador veterano, lo deja definitivamente y
acepta la oferta de seguir en Sarrià, ahora en el banquillo. En paralelo,
Santiago Bernabéu y Alfredo Di Stéfano protagonizan un divorcio tremebundo y
‘La Saeta Rubia’ abandona Chamartín dando un portazo, ya con 38 años a
cuestas. Fácil imaginar quién le lanza un guante de inmediato: su amigo
íntimo, consiguiendo que vista ahora de blanquiazul.
El ocaso. Ambos siguen vinculados al balón, ambos continuarán carrera convertidos en eternos referentes. Suman banquillos, direcciones técnicas, selecciones, éxitos y algunos fracasos hasta que llega el capítulo final. En mayo del 2002, fallece ‘Laci’ y Alfredo le ofrece un bello obituario, confesión en público: “Se ha ido uno de los grandes del fútbol. Cuando llegué, me ofreció su casa y desde entonces hasta hoy, más que amigos, hemos sido hermanos”. El último encuentro tuvo lugar 15 días antes de la muerte de Kubala: “Verle con respiración asistida, sin reconocerme, resultó una gran pena”. El último adiós entre dos mitos que compartieron una férrea amistad.
Murió Alfredo Di Stéfano, "el mejor jugador de todos
los tiempos"
Uno de los
mejores futbolistas de la historia y el mejor que ha pasado por el club Real
Madrid, Alfredo Di Stéfano, falleció este lunes en el hospital Gregorio Marañon
de la capital española, a los 88 años.
El fin de
semana Di Stefano, nacido el 4 de julio de 1926 en Barracas, un barrio de
Buenos Aires, había sido internado tras sufrir un paro cardíaco mientras
almorzaba en un restaurante cerca del estadio Santiago Bernabeu, la sede del
club madridista.
Al informar
sobre la muerte de su presidente honorario, el Real Madrid lo calficó en su
comunicado como "el mejor jugador de todos los tiempos".
Los anales
del fútbol reconocen a Di Stéfano como el principal inspirador de la mayor
hazaña colectiva realizada a nivel de clubes.
La llamada
"saeta rubia" logró con el Real Madrid cinco Copa de Clubes Campeones
Europeos entre 1956 y 1960, la conocida Copa de Europa que ahora es la Liga de
Campeones.
Además de
esas cinco finales, en las que siempre marcó goles -tres de ellos en la de
1960-, Di Stéfano jugó otras dos y recibió dos veces como jugador en actividad
el Balón de Oro que otorgaba la revista France Football: 1957,
1959; y otro más, honorífico, al cumplirse 30 años de vigencia de la Copa de Europa.
Su carrera
es una verdadera reliquia para el fútbol internacional y en particular para el
Real Madrid, del que fue presidente de honor desde el año 2000. La FIFA lo
nombró oficialmente entre los cinco mejores futbolistas del siglo XX, junto con
Pelé, Maradona, Cruyff y Beckenbauer.
Tenía 27
años cuando llegó a Madrid, tras pasar por River Plate (1944/45 y 1947-49) y
Huracán (1946) en Argentina; y Millonarios (1949/52) en Colombia.
En el Madrid
estuvo entre 1953 y 1964; jugó allí 396 partidos y convirtió 307 goles.
Se retiró
como futbolista del Espanyol en 1966, poco antes de cumplir 40 años. En total,
contando todas las citas de clubes y equipos nacionales durante su prolongada
carrera, jugó 897 partidos, convirtiendo 694 goles (0,78 por partido).
Tras su
retiro como jugador fue director técnico, entre 1967 y 1991, de diversos
equipos españoles y argentinos, entre ellos Boca Juniors, Valencia, River Plate
y Real Madrid.
Sus aportes
Su principal
contribución como futbolista fue en el ámbito de clubes, ya que por diversos
motivos no pudo jugar en campeonatos mundiales: Argentina no participó por
razones políticas en los de 1950 y 1954; luego España no se clasificó para el
de 1958 y Di Stéfano estuvo lesionado en 1962.
Se ha
señalado su aporte en todos los sectores del campo de juego. Tenía la elegancia
de un artista y la capacidad de trabajo de un jornalero. Hombre orquesta, podía
defender, organizar, pasar, trasladar, tocar, regatear y golear.
El
legendario Bobby Charlton quedó impresionado tras un Madrid-Manchester United,
en 1957: "¿Quién es ese? Recibe la pelota del portero; les dice qué hacer
a los zagueros; vaya donde vaya está en posición de recibir la pelota; se ve su
influencia en todo… Nunca he visto a un futbolista tan completo. Es tan fuerte como
sutil y hábil. Su combinación de cualidades es hipnótica".
Johan Cruyff
ha reconocido que Di Stéfano hacía un "fútbol total" avant la
lettre, cuando la noción todavía no existía en la imaginación de Rinus
Mitchel.
Dice Alfredo
Relaño, director del diario deportivo español As y coautor de
"Gracias Vieja", el libro de memorias de Di Stéfano: "Cuando
llegó, el Madrid no tenía más que dos Ligas, ambas durante la República. Desde
entonces ha ganado tantas como todos los demás equipos juntos (…). La leyenda universal
del Madrid nace de esos años".
Pero no sólo
fue el principal forjador de la grandeza del club que la FIFA considera
"el mejor del siglo XX": también, a juicio del respetado comentarista
inglés Tim Vickery, columnista de la BBC, dio su impronta, directa o
indirectamente, a las dos principales competiciones internacionales de clubes,
la Copa de Europa y la Copa Libertadores sudamericana.
Vickery,
corresponsal en Brasil, considera a Di Stéfano "más grande" que Pelé
y Maradona. Dice que además de animar al Madrid, "también fue el principal
responsable del rápido éxito de la Copa de Campeones Europeos; todos querían
ver a ese equipo, con un nivel jamás visto en el continente."
El fútbol en Sudamérica
Esto tuvo
como consecuencia la gestación en Sudamérica de la Copa Libertadores, cuyo
impulso inicial cobró fuerza cuando la UEFA propuso un enfrentamiento entre los
campeones de Europa y Sudamérica. Vickery le reconoce a Di Stéfano una
influencia indirecta en este resultado, debido al entusiasmo popular y deseo de
emulación que provocaron sus actuaciones.
También
contribuyó en forma destacada al desarrollo y consolidación del fútbol
colombiano, donde jugó entre 1949 y 1952 para el club Millonarios.
Di Stéfano y
otros jugadores argentinos, entre ellos el gran Adolfo Pedernera, fueron a
Colombia debido a una huelga de futbolistas en Argentina, donde los clubes
tenían un poder dictatorial, absoluto, sobre los jugadores.
Contaba Di
Stéfano que él y Néstor "Pipo" Rossi, otra gran figura de River,
fueron a ver al presidente del club; le dijeron que tenían pasajes para Bogotá
y que se irían si no les mejoraba el contrato. La respuesta del presidente fue
tajante: "Se pueden ir y si se quieren morir allí, se mueren allí."
Se fueron.
En una
semblanza de Alfredo Di Stéfano que publicamos en BBC Mundo el 31 de diciembre
de 2005, cuando su salud era precaria, dijimos que su trayectoria era un
milagro en el sentido que George Bernard Shaw daba a esa palabra: "Milagro
es cualquier cosa que engendre fe."
Las hazañas
de Di Stefano engendraron fe en el Real Madrid y en el fútbol alrededor del
mundo, una fe casi religiosa que se consolidó en lugares donde la liturgia no
es precisamente española ni argentina.
Di Stéfano y
Pelé fueron los principales demiurgos del fútbol en todo el mundo, adelantados
del espectáculo global, del deporte universal y más democrático.
El brasileño
fue más conocido que el hispano argentino porque, al ser más joven, la
televisión pudo recoger más imágenes de mejor calidad.
La
popularidad universal fue el factor determinante de uno de los episodios más
rocambolescos de su carrera, en agosto de 1963, cuando fue secuestrado en
Caracas por miembros del Frente de Liberación Nacional de Venezuela, que lo
dejaron en libertad tras un cautiverio de dos días durante los cuales
aprovecharon para publicitar su causa, como años antes, en 1958, había hecho el
Movimiento 26 de Julio, al secuestrar en La Habana a Juan Manuel Fangio.
La Saeta Rubia
Durante su juventud en Argentina lo llamaban La Saeta Rubia y Alemán, por el color de su pelo, que le llegó a través de su familia materna (Laulhé, el abuelo, y Dick-Guilmont la abuela), de origen francés e irlandés. Por la rama paterna, los Di Stéfano eran de Capri. Su bisabuelo, cuenta en sus memorias "Gracias, vieja", fue un general de Garibaldi: "Me ofrecieron su espadón, me lo querían regalar, porque estaban orgullosos de lo que yo había hecho. Pero no quise."
A los 15
años dejó de estudiar; ya era un buen jugador en los potreros del barrio.
También iban a los partidos y Alfredo recuerda en sus memorias que vio con su
padre los cuatro goles del primer partido que el español Isidro Lángara jugó
con el San Lorenzo ante el River Plate: "Metió cuatro goles el vasco, hay una
foto del partido en la que aparezco yo con mi padre."
A los 17
años ingresó en la cuarta división del River Plate (lo tomó el célebre Carlos
Peucelle, maestro de maestros del fútbol argentino). En esa época el primer
equipo era la famosa La Máquina, con una delantera integrada por Muñoz, Moreno,
Pedernera, Labruna y Loustou, a quienes Di Stéfano solía señalar como los
mejores jugadores que vio en su vida.
Luego,
cuando Pedernera se marchó a Colombia, se formó una nueva delantera, llamada
"La Eléctrica": Reyes, Moreno, Di Stéfano, Labruna y Loustau.
Y esto nos
lleva por supuesto a una famosa formación del Real Madrid: Kopa, Rial, Di
Stéfano, Puskas y Gento.
Durante su
tránsito por el fútbol argentino ganó dos campeonatos con River (1945 y 1947) y
el Campeonato Sudamericano con la selección, en 1947.
Con
Millonarios ganó tres campeonatos, 1949, 1951 y 1952.
Jugando para Millonarios fue cuando Di Stéfano llamó la atención de Santiago Bernabéu, el legendario presidente del Real Madrid, en un partido con motivo del 50 aniversario del Real Madrid en el que el equipo colombiano goleó 4-2.
En el fútbol español
Su ingreso
en el fútbol español estuvo marcado por una de las controversias más enconadas
del fútbol internacional, ya que fue contratado por el Real Madrid y el
Barcelona FC al mismo tiempo.
El Madrid
realizó las gestiones correspondientes ante el Millonarios, mientras que el
Barcelona lo hizo ante el River Plate. Ambos clubes se consideraban con títulos
suficientes, pero la FIFA favoreció los derechos del club colombiano y por
extensión del Real Madrid.
Ante esto,
intervino la Real Federación de Fútbol Española, que dictó un fallo
aparentemente "salomónico": autorizó a Di Stéfano a jugar cuatro
temporadas en España, las dos primeras en el Madrid y las otras dos en el
Barcelona.
El Barcelona
se consideró agraviado y renunció a sus derechos sobre el jugador. El Madrid, a
su vez, se hizo cargo del dinero adelantado por el Barcelona a River y del
resto de la deuda con el club argentino.
La pugna
entre el Madrid y el Barça por la firma de Di Stéfano llevó hasta niveles nunca
vistos la rivalidad entre los dos grandes del fútbol español, que a poco de
andar terminaron por desplazar del primer plano al Athletic Club de Bilbao, que
había sido el equipo hegemónico en España.
Di Stéfano fue el 2º mayor goleador del
Real Madrid, con 216 anotaciones en 282 partidos.
Con el Real
Madrid, Di Stéfano también ganó ocho campeonatos de Liga y una Copa
Intercontinental.
A pesar de
haber vivido tantos años en España, Di Stéfano conservó hasta el fin un fuerte
acento de los barrios porteños donde creció y vivió antes de marcharse al
extranjero.
Era un
acento petrificado en el tiempo, ya que no acompañó el desarrollo natural de la
lengua en la Argentina: él era virtualmente el único que hablaba con ese acento
añejo. Sus aficiones también quedaron prendidas en los gustos populares
argentinos de los años 40, con frecuentes citas de tangos, en particular
Cambalache, que Enrique Santos Discépolo escribió en 1935.
La letra de
Cambalache reflejó el repudio popular a la llamada "Década infame",
tras el derrocamiento en 1930 del presidente radical Hipólito Yrigoyen. La
amargura del Cambalache donde, "herida por un sable sin remache ves llorar
la Biblia junto a un calefón", marcó indeleblemente a la generación de Di
Stéfano.
Acostumbraba
a citar versos del Martín Fierro, el poema épico gauchesco de José Hernández:
"Me lo leí cuarenta veces ya". Le gustaban los consejos del Viejo
Vizcacha, en particular que "cada lechón en su teta es el modo de mamar",
y también "hacéte amigo del juez, no le des de qué quejarse…"
El gran
mérito de Di Stéfano, más allá de sus triunfos deportivos, consistió en dar
placer a millones de personas y de inspirarles una nueva fe, una pasión por un
juego que antes de su esplendor personal todavía no era universal.
Como
acostumbra a decir el escritor mexicano Juan Villoro (y así tituló a uno de sus
libros), "Dios es redondo".
Y Di Stéfano fue uno de sus profetas.
ADIÓS A UN MITO DEL FÚTBOL MUNDIAL
MUERE Di
STÉFANO
La Saeta Rubia fallece a los 88 años en Madrid tras
sufrir un infarto el sábado junto al Santiago Bernabéu
El
presidente de honor del Real Madrid convirtió al club en referencia del fútbol
mundial
El
legendario jugador debutó con el club de Chamartín a los 27 años y en 10 se
hizo mito
Jugaba
Argentina, que se citaba con la historia para alcanzar una semifinal del
Mundial, 24 años después. Hacía calor en Brasilia y hacía calor en Madrid. Alfredo Di Stéfano, ajeno a debates menores sobre los
grandes futbolistas de la historia, que si Messi, que si Maradona, se
desplomaba el sábado en una calle de Madrid con nombre de poeta sencillo, Juan
Ramón Jiménez, y sufría una parada cardíaca que requirió 18 minutos de
reanimación por parte de los sanitarios del SAMUR antes de trasladarlo intubado
al Hospital Gregorio Marañón. Alerta roja en un corazón blanco. Esta mañana, el
hospital le comunicó a la familia su muerte cerebral.
La
Saeta Rubia, de 88 años, ya había sufrido varios percances cardiovasculares,
incluido un bypass que se
le instaló en 2005 en Valencia. 15 días en la UVI, en
distintas circunstancias, en el último tiempo, le habían rebajado la moral. El
corazón de La Saeta se paró en la tarde del lunes. Su última jugada fue una
jugarreta del destino. A eso de las cinco de la tarde del sábado se desplomó al
lado de su estadio; murió a en la tarde de hoy, convirtiendo su apodo, “la
leyenda”, en una desgraciada realidad. Tras ser intubado, asistido por
ventilación mecánica y mantenido a temperatura de 32 grados, Di Stéfano
resistió hasta la tarde de ayer cuando entró en muerte cerebral. Antes pareció
recuperar los daños sufridos en el riñón (donde se le habían alojado alimentos)
y el corazón funcionaba mejor. Todo se paró dos días después de sufrir el
infarto. Argentina había alcanzado la semifinal del Mundial y a Di Stéfano, tan
lúcido siempre, tan ingenioso, le pilló con los ojos cerrados.
Di Stéfano ingresó en el hospital a media tarde del sábado con pronóstico “muy
grave”. 18 minutos de reanimación era un tiempo demasiado largo desde que su
corazón se paró, aunque La Leyenda había dado muestras de remontadas
increíbles. En Valencia, mientras pasaba la Navidad con su hija, sufrió un
infarto de miocardio, saldado con un cuádruple bypass, y en el último año había vivido siete
ingresos hospitalarios por distintos motivos (incluidas revisiones
establecidas).
A los
88 años, el corazón, cuyos latidos fue capaz de dominar en el campo, se había
convertido en el caballo de batalla de Di Stéfano, aunque no había quebrado su
fina ironía y un compendio de ocurrencias convertidas en filosofía del fútbol y
de la vida.
Di
Stéfano entró en estado de coma unas horas después de su ingreso en el hospital
encendiendo unas alarmas que parpadeaban desde hace años, aunque hasta ayer
mantuvo las pestañas abiertas. Sedado e intubado buscaba el último regate. Un
taconazo, quizás. Jugaba Argentina mientras Di Stéfano, el futbolista más
singular que ese país ha dado, luchaba en un hospital, no en un campo de
fútbol, contra una enfermedad, no contra un portero. Todo ocurrió tras comer
con su familia en un restaurante junto al Bernabéu. Los facultativos del SAMUR
consiguieron revertir la parada cardiorrespiratoria, aunque volvió a recaer en
el traslado y tuvo que ser nuevamente recuperado.
Mientras
el Mundial optaba por sus últimos elegidos y Argentina se encandilaba con un
triunfo ante Bélgica más importante que bello, Di Stéfano dormía ajeno al
mundanal ruido. Ya no despertó. Últimamente, la vida se le había revuelto en
conflictos familiares de difícil solución.
Los infartos habían quebrado el ánimo pero no la fe de Di
Stéfano, leyenda viva de un deporte en el que ejerció de pionero, de
modernista. Su vida, su fichaje por el Madrid, su secuestro, su filosofía
anunciaban el futbolista de hoy. Tan agradecido le estuvo al fútbol, a La
Vieja, como llamaba a la pelota, como sus compañeros y rivales agradecieron su
fútbol. Una larga trayectoria de 20 años como profesional desde
que debutó en River, jugó luego en Millonarios, alcanzó la gloria en el Real
Madrid (cinco Copas de Europa, ocho Ligas y una Intercontinental entre 1953 y
1964) y concluyó en el Espanyol, ya con 40 años. Como entrenador, dirigió al
Elche, Boca, River Plate, Valencia, Sporting de Lisboa, Real Madrid, Rayo y
Castellón. Con el Valencia logró la Liga en 1971 y la Recopa en 1980, además de
ser el entrenador que le devolvió a Primera División tras un traumático
descenso
La Vieja dio de sí. Todo lo que en España comenzó en el Bernabéu acabó a su vera, principio y fin de un futbolista irrepetible.
Reacciones por la muerte
de Di Stéfano, "el más grande"
El mundo del fútbol muestra su dolor y
consternación por la muerte de Alfredo di Stéfano, uno de los grandes de la
historia del deporte rey.
Libertad
Digital, 2014-07-07
Se suceden
las muestras de dolor por la muerte de Alfredo di Stéfano, fallecido este lunes a
los 88 años de edad tras llevar dos días hospitalizado como consecuencia de una
parada cardíaca.
La familia del Real Madrid se
encuentra de luto por el fallecimiento de su presidente de honor. Nada más
conocerse su muerte, jugadores, exfutbolistas y personas que han pasado por la
Casa Blanca, no dudaron en expresar su pésame y su respeto al jugador que
cambió la historia del club.
El portugués
Cristiano Ronaldo, afirmó con respecto a la muerte de Alfredo di Stéfano, que
es "un día muy triste. Para mí, para todos los madridistas y para el mundo
del fútbol", escribió en su cuenta de twitter.
Emotivo mensaje de Simeone
Uno de los
mensajes más emotivos lo escribía en Twitter el entrenador del Atlético de
Madrid, el también argentino Diego
Simeone, que se ha referido a La Saeta Rubia como
"uno de los grandes del fútbol mundial". "Se nos fue Don Alfredo,
uno de los grandes del fútbol mundial. Adiós maestro, que nunca le falte una
pelota allá arriba", escribe el Cholo.
Por su
parte, Vicente del
Bosque recuerda que coincidió con Di Stéfano en el Real
Madrid en la etapa de 1982 a 1984. "Lo tuve como entrenador en mi última
etapa de futbolista. Lo conocí bien, así que por supuesto lamento muchísimo su
pérdida", ha señalado el seleccionador español, que, "por
supuesto", manda "un abrazo a su familia y entorno y, cómo no,
también a todo el madridismo, que hoy vive un día muy triste".
El Barcelona también despide a Di Stéfano
El
presidente del Barcelona, Josep Maria Bartomeu, considera que con la muerte de
Alfredo di Stéfano "se va uno de los grandes de la historia del
fútbol". Así se ha expresado el dirigente azulgrana mediante un mensaje
enviado en su cuenta de 'twitter' una vez conocido el fallecimiento de Alfredo
di Stéfano a los 88 años de edad.
El club azulgrana
ya había expresado sus condolencias al club madridista, detalle que el
presidente del Barcelona también quiso realizar de forma persona.
Blatter:
"Mi jugador favorito"
Por su
parte, el presidente de la FIFA, Joseph
Blatter, dice estar "muy triste" por la muerte
Alfredo di Stéfano, al que considera "el jugador más completo" que ha
visto. "Mi jugador favorito, el más completo que vi. Ha partido una
leyenda. Que en paz descanse", escribió en su cuenta de Twitter Joseph
Blatter.
"Futbolista
de leyenda y persona extraordinaria"
La Liga de Fútbol Profesional y
el sindicato de futbolistas AFE también dan su pésame por la muerte de Di
Stéfano. "La Saeta Rubia, apodo con el que se lo conoció, siempre fue
considerado como uno de los futbolistas más grandes de todos los tiempos",
recuerda la LFP, que hace una breve semblanza de su figura.
También la Asociación de Futbolistas Españoles se
suma a las muestras de dolor y califica a Di Stéfano de "futbolista de
leyenda y una persona extraordinaria", recordando la "colaboración"
de La Saeta Rubia con este organismo, del que aceptó ser presidente de honor
del Consejo de Asesores.
"El
ADN del Real Madrid"
Por su parte, el presidente del Consejo Superior de Deportes, Miguel Cardenal, dice que la muerte de Di Stéfano es una noticia triste". "No ha habido nadie con quien se le haya podido comparar. Instauró las bases con Santiago Bernabéu en un equipo que ha sido galardonado como el mejor del Siglo XX que este mismo año ha ganado la Champions. El legado que deja es el ADN del Real Madrid, de luchar hasta el final y no darse por vencido. Don Alfredo fue el más grande".
Kubala y Di Stéfano: fútbol, cine y política
Los ases de Barcelona y Madrid protagonizaron
algunas películas en las décadas de 1950 y 1960
Kubala y Di Stéfano: los ases del balón utilizados como propaganda del franquismo. Así se puede
resumir su aparición en diversas películas de cine,
alguna de ellas biográfica con ciertas modificaciones y mensajes subliminales
en aras de la publicidad de un
régimen que empezaba a abrirse al mundo. Corría la mitad
del siglo XX, el fútbol estaba profesionalizado y la situación mundial andaba…
interesante.
En aquellos años, el régimen no dudó en exprimir todo cuanto tenía a mano
para difundir los ideales, valores (trabajo, familia, sacrificio,
disciplina, amistad) y modelos que
quería promover, al tiempo que demonizaba el comunismo,
su principal enemigo.
Por ello, es lógico que emplease para tal fin dos de los divertimentos o distracciones de la época: el fútbol y el cine.
Ciudadanos modélicos
Así, dio forma a un género cinematográfico a caballo entre la propaganda política y la comedia blanca, sin crítica social, con los ases futbolísticos de la época como
protagonistas y como modelos de ciudadanos… aunque hubiera que adaptar
ligeramente sus biografías para que el relato encajase. Por ello, Kubala y Di Stéfano aparecen como héroes de
comportamiento impecable, humanitarios,
pero también seductores y
pasionales, y hogareños, ya que la familia es
el pilar de sus vidas.
Hay otros factores, además del tirón de los ídolos, que explican que este
género de cine echase raíces en los años cincuenta. Por un lado, el desarrollo
de la industria y, por el otro, los éxitos futbolísticos de aquellos tiempos:
desde el cuarto puesto de España en el Mundial de Brasil de
1950 hasta la Eurocopa que
la selección conquistó en 1964 (contra la URSS,
para colmo), pasando por las cinco Copas de Europa consecutivas
que levantó el Madrid de Di Stéfano.
‘Los ases buscan la paz’ (1954)
Un gran Kubala, en el papel de sí mismo, protagoniza la película biográfica Los ases buscan la paz, un filme que comienza recordando su carrera como futbolista de éxito en Hungría hasta que tiene que huir del país cuando los soviéticos lo invaden, dejando a su madre y a su mujer (embarazada) atrás, pero con la esperanza de encontrar un mejor futuro para todos. Ese futuro lo encuentra en España de la mano del FC Barcelona, que también cede para la pieza cinematográfica a José Samitier, Antoni Ramallets, Estanislao Basora, Gustau Biosca, Andreu Bosch y José Segarra. Esta es la trama.
En el subconsciente, sin embargo, el espectador recibe que Kubala huyó del comunismo (personificado en un comisario deportivo deshumanizado, sin nombre), mientras que España, un país liberal que defendía los derechos y las libertades, le abrió las puertas de par en par e hizo todo lo posible por que jugara en los mejores clubes de fútbol del país. Una vez conseguido, el régimen tenía que explicarlo, y qué mejor forma de hacerlo que en el cine. Eso sí, con matices para que el mensaje llegase sin interferencias.
Por ejemplo, Los ases buscan la paz añade dramatismo a la dura infancia de Kubala para exagerar las penurias del comunismo. La obra, de hecho, pone el énfasis en los detalles más políticos, incluida la fuga de Kubala, que le costó varios meses de veto en Europa, en los que se las apañó malviviendo (sobre todo en Italia), hasta que encontró la felicidad en España. Asimismo, la película pone el foco en la capacidad de sacrificio, la humildad y los valores familiares del as (aunque la realidad es que tenía una doble vida muy conocida en cierto municipio vallesano). Era el modelo de hombre, el tipo de persona que quería promover el franquismo. Y se prestó a ello.
‘Saeta Rubia’ (1956) y ‘La batalla del domingo’ (1963)
Di Stéfano, por su
parte, actuó en diversas películas antes de protagonizar Saeta
Rubia. Esta es la sinopsis: los muchachos de un barrio humilde de
Madrid se buscan la vida para tener algo que llevarse a la boca y, en una de
esas, roban la cartera a don Alfredo. Sin embargo, se arrepienten y por ello el
as del Madrid y su esposa se interesan por su realidad y tratan de ayudarlos.
Así, Di Stéfano funda y entrena un equipo,
el Saeta, al que lleva a proclamarse campeón de España. De nuevo, la humildad,
la familia y los valores del ciudadano modélico como excusa. Y como curiosidad, Kubala hace un cameo en esta obra.































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