FERNANDO DAUCICK, EL TÉCNICO DE LAS CINCO COPAS (1950-1954)
Primera parte
De Fernando Cuesta Fernández
Una teoría bastante extendida sostiene que
el motivo que convenció a Kubala para fichar por el Barça en detrimento del
Real Madrid, fue el hecho de que el club catalán accediese a contratar también
a su cuñado Ferdinand Daucik como entrenador. Es posible, y también plausible,
pero igualmente es preciso tener en cuenta que Daucik tampoco venía «de paquete»,
pues era ya un valor en sí mismo, y el Barça necesitaba entonces un técnico con
garantías, tras la interinidad del animoso Ramón Llorens, que había sustituido
provisionalmente, asesorado por Samitier, a un cuestionado Enrique Fernández.
Y es que Daucik no era precisamente un don
nadie… Su equipo de «apátridas», el Hungaria, jugaba muy bien, y mostraba unas
hechuras técnicas insólitas en nuestros lares, donde los aficionados todavía
estaban boquiabiertos recordando la mítica gira del San Lorenzo de Almagro en
el invierno 46-47, en pleno aislamiento español, tanto político como deportivo.
«Don Fernando» era un magnífico representante de la rica escuela de fútbol
centroeuropea, que entonces gozaba de un gran prestigio, pues Austria y
Checoeslovaquia habían vivido un gran momento en la década de los 30,
únicamente abortado por la Segunda Guerra Mundial, siendo saludadas como
auténticas potencias, mientras que Hungría, ahora bajo su nueva administración
comunista, lo iba a ser en la primera mitad de los años 50.
Daucik era un «zorro plateado». Apenas
tenía 40 años, pero su creciente mechón de pelo blanco le hacía aparentar
bastantes más. Y a sus innegables conocimientos técnicos y tácticos, iba a unir
ahora una excelente plantilla a sus órdenes. Una plantilla donde figuraban
talentos ya contrastados como Ramallets, Seguer, Gonzalvo III, Basora, Cesar o
los argentinos Marcos Aurelio y Nicolau, al lado de jóvenes con un gran futuro
por delante -Biosca, Segarra o Manchón -, y con su propio cuñado Laszi Kubala
como gran estrella, aunque la suspensión federativa emanada de los organismos
internacionales le dejaría fuera de juego durante toda la Liga 50-51. Además,
Daucik no tardaría en promocionar a otros notables jugadores surgidos de la
fértil cantera catalana (Brugué, Aloy, Vila, Bosch, Gracia o Tejada),
incorporando también a fichajes interesantes («Cheché» Martín, debutante en la
malhadada Copa del 50, el internacional Aldecoa, el aragonés Moreno, el
españolista Flotats o el checoslovaco Hanke). Todos ellos van a
configurar una plantilla de ensueño, un verdadero «Dream Team», mucho antes de
que se acuñase la expresión, que dominará el fútbol español con autoridad
durante dos temporadas, ganándolo todo, hasta que reaparezca el Real Madrid de
la mano de Alfredo Di Stefano.
Al igual que todos los grandes técnicos,
Daucik aportaba novedades, unas positivas, otras no tanto…Entre las segundas
estaría la innovadora táctica del fuera de juego, que puso en práctica en un
partido intrascendente para la clasificación final, pero que no dejaba de ser
un «derbi». Aquel Español-Barça disputado en «Sarriá» la tarde del 15 de abril
de 1951, pasaría a la historia como la victoria más amplia de los «pericos»
sobre sus eternos rivales , desconcertados y pillados por sorpresa con el dichoso
«off-side» («orsay», para los castizos). Resultado: 6 a 0
Pero el fiasco no volvería a repetirse, al
menos por esa misma causa. Y Daucik iba a brillar poco después gracias a otra
de sus genialidades, la osadía de hacer debutar a un joven Andreu Bosch, con 20
sólo años, precisamente en otro «derbi», y conseguir que le saliese bien el
experimento, tanto, que el chico se convertiría inmediatamente en titular
y un fijo en las alineaciones, y llegaría pronto a internacional, cuando ser
internacional era verdaderamente difícil, pues se disputaban muchos menos
partidos entre selecciones que ahora, y no se estilaba la posibilidad de
efectuar cambios.
Y luego estaba aquella otra
característica de la que Daucik -que tenía la dosis suficiente de egolatría para
triunfar en un negocio tan complicado y competitivo como este- siempre se
vanagloriaba: la agudeza y el instinto para cambiar de sitio a un jugador, y
sacar de él lo máximo en su nueva demarcación. En el Barça eso ocurriría, sin
ir más lejos, con el canterano Sigfrid Gracia, al que hizo debutar como
extremo izquierdo, para posteriormente revelarse como un magnífico
lateral zurdo (en esa gran tradición de los «3» del Barça, que seguirían los
Eladio, Julio Alberto, Sergi Barjuán, o el actual Jordi Alba), aunque
cuando el de Gavá se hizo con el puesto, Daucik ya no ocupaba el banquillo de
«Les Corts», y sí el de «San Mamés», donde daría rienda suelta a sus veleidades
experimentales
FUTBOLISTA DE ÉLITE
Ferdinand Daucik vino al mundo en la
localidad de Sahy, el 30 de mayo de 1910. Sahy era una pequeña población
situada en el sur de Eslovaquia, perteneciente entonces al Imperio
Austrohúngaro. En la actualidad cuenta con algo más de 8000 habitantes, muchos
de ellos de origen magiar, puesto que se encuentra muy cerca de la frontera con
Hungría, más cercana a Budapest que a Bratislava. Fue el sexto de ocho hermanos
(cuatro varones y cuatro mujeres, una de las cuales, Ana Viola, conocida
familiarmente como «Ibi», contraería matrimonio con Ladislao Kubala). Su padre
y sus tres hermanos mayores practicaban el fútbol, y le transmitieron su
afición por ese deporte. En vísperas de la Primera Guerra Mundial ya tenía
auténticas pelotas de cuero, traídas por su progenitor de Viena o Budapest, a
dónde le llevaban sus negocios. Apenas levantaba dos palmos del suelo, y ya el
balón era su juguete favorito. Sus vecinos, al verle pasar, solían preguntarle:
«¿Pelota, dónde vas con el niño?»
Va a comenzar a jugar en un conjunto
local, el FK. Slovan Sahy, pasando más tarde al KFC. Majorka Komarno. En 1928,
con tan solo 18 años, ficha por el Slovan de Bratislava, donde permanecería por
espacio de cinco temporadas, pasando a continuación al SK. Slavia de Praga, el
que sin duda era entonces el mejor equipo de Checoeslovaquia, el nuevo país
surgido tras la derrota en la Gran Guerra de las Potencias Centrales, y el
desmembramiento del Imperio de los Habsburgo. Con el club de la estrella roja
de cinco puntas estuvo entre 1933 y 1942. Como futbolista, Daucik se
inició en el ataque, ocupando preferentemente la demarcación de extremo
izquierda, pero más adelante se convirtió en un gran defensa lateral, e incluso
central, según la novedosa «WM». Con el Slavia va a conquistar 4 ligas
checoslovacas, y será también internacional en numerosas ocasiones, tomando
parte en los Campeonatos Mundiales de 1934 y 1938. Ya veterano, en 1942 y en
plena Segunda Guerra Mundial, defenderá asimismo la camiseta de su país de
origen, Eslovaquia, que va a tener una breve existencia como nación
teóricamente independiente tras la anexión al Reich de la zona de los Sudetes,
habitada mayoritariamente por población de lengua alemana, la ocupación del
resto de Checoeslovaquia por los Nazis, y su posterior partición en dos
entidades: el Protectorado de Bohemia y Moravia, y el Estado títere de
Eslovaquia, al frente del cual se situará como presidente un sacerdote
católico, Monseñor Josef Tiso (1887-1947), que sería ejecutado al finalizar la
contienda a causa de su colaboración con el Tercer Reich.
UN MAESTRO EN EL BANQUILLO
Su carrera como entrenador comienza en
1942, dirigiendo al Slovan de Bratislava. Va a ser seleccionador eslovaco a
continuación, hasta 1944, y una vez finalizado el conflicto será también el
responsable del combinado de la nuevamente unificada Checoeslovaquia, hasta que
problemas de índole política con las flamantes autoridades comunistas, que se
habían hecho con el control absoluto en Praga a principios de 1948, le impulsen
a abandonar el país. Es entonces cuando se crea el Hungaria, un equipo formado
por futbolistas procedentes de países que habían quedado al otro lado del
«Telón de Acero»: checoslovacos, húngaros, rumanos o yugoeslavos. Tomó ese
nombre debido a que la mayoría de sus componentes eran de origen magiar.
El Hungaria se formó en Italia, donde sus
miembros se establecieron como refugiados. Forzados por la imperiosa
necesidad de sobrevivir, decidieron sacar algo de provecho de sus
habilidades, alquilándose allá dónde quisieran verles jugar. Debido a su huida,
estos deportistas habían sido sancionados por la FIFA, y no podían tomar parte
en competiciones oficiales, pero sí en partidos amistosos. En 1950 el equipo va
a ser contratado para disputar varios partidos en España, contra clubes de
Primera División y la propia Selección Nacional, que se preparaba para tomar
parte en el Campeonato del Mundo que se celebraría en Brasil, tras doce años de
parón como consecuencia de la guerra. Según declaraciones del propio Daucik,
«aquel equipo convenció por su juego, sistema y poderío», y en sus filas destacaba
su cuñado, Ladislao Kubala. El Real Madrid, que entonces atravesaba por
una fase bastante gris, va a interesarse por ambos -según al propio Daucik-,
pero finalmente no van a llegar a un acuerdo, y el astuto Pep Samitier,
secretario técnico blaugrana, conseguirá llevarse a los dos al Barcelona, que
tampoco pasaba precisamente por su mejor momento. Seguramente a los dirigentes
«culés» les seducía más el rubio futbolista que aquel técnico que a sus 40 años
lucía ya una canosa cabellera, pero Daucik también les solucionaba la papeleta
de un banquillo vacío, aparte de ser un técnico de contrastada valía y gran
prestigio.
El fichaje de la pareja centroeuropea va a
tener lugar en junio de 1950, pero Laszi no podrá alinearse en competición
oficial con el Barça hasta abril del año siguiente, ya en el torneo de Copa de
1951, debido a los problemas burocráticos inherentes a su suspensión por la
FIFA, al haber huido de Hungría, donde tampoco hacía muy buenas migas con las
nuevas autoridades comunistas. Daucik, por el contrario, tomará inmediatamente
las riendas deportivas del equipo. El Barça había quedado quinto en la Liga
anterior, la 49-50, siendo escandalosamente eliminado de la Copa por un club de
segunda División, el Racing de Santander. En «Les Corts» va a encontrarse con
la siguiente plantilla a sus órdenes: Ramallets, Velasco, Martín, Curta,
Calvet, Segarra, Biosca, Gonzalvo III, Szegedi, Basora, Marcos Aurelio, Cesar,
Aloy, Nicolau, Seguer, Manchón, Escudero, Vila Escuer, Torra, Peiró, Tejedor y
Canal, más al suspendido Kubala, al que sólo va a poder utilizar en encuentros
amistosos.
TEMPORADA 1950-51: RECUPERACIÓN
El Campeonato Nacional de Liga de la
temporada 1950-51 arranca el 10 de septiembre de 1950 en «Les Corts». El Barça
derrota contundentemente a la Real Sociedad por 8 a 2, con cuatro tantos de
Cesar y el siguiente equipo: Ramallets; Calvet, Curta, Martín; Gonzalvo III,
Szegedi; Basora, Marcos Aurelio, César, Aloy y Nicolau. En la segunda jornada
cae ante el Atlético de Madrid en el «Metropolitano» por un resultado de
escándalo, 6 a 4, y en la tercera le endosa un histórico 7 a 2 al Real Madrid
en la Ciudad Condal, con tres dianas del argentino Nicolau, para volver a
tropezar sorprendentemente en Murcia al domingo siguiente, donde los
pimentoneros le superan por 3 a 2.
La irregularidad va a ser la tónica
azulgrana en esta campaña, en la que desde muy pronto el equipo se descolgará
de los puestos de cabeza, primero liderados por el Real Valladolid, y más tarde
por el Sevilla y el Atlético de Madrid, que a la postre serán los dos equipos
que se van a jugar el campeonato en la última jornada. Tan sólo en el postrer
tramo liguero el Barça se acercará a esas posiciones de cabeza, colocándose únicamente
a 2 puntos del líder, el conjunto «colchonero», en la fecha 24, pero una
derrota en «Nervión» frente al Sevlla, en la jornada número 28, significará su
adiós matemático a toda aspiración. Y al domingo siguiente, 15 de abril de
1951, encajará su peor derrota ante el rival ciudadano, el RCD. Español, en el
famoso partido en el que Daucik tuvo la «genialidad» ya mencionada de alinear
al defensa Calvet como delantero centro (aunque en un reciente partido frente
al Málaga había anotado un par de goles), y poner en práctica la táctica del
fuera de juego, dispositivo aun no perfeccionado, y que les brindó a los
delanteros blanquizales la posibilidad de golear a su histórico contrincante,
poniendo en el marcador del viejo «Sarriá», unos guarismos infamantes: 6 a 0.
Al final el Barça va a clasificarse en cuarto puesto en aquel torneo, el
primero disputado por 16 equipos. Su balance fue de 16 victorias, 3 empates y
11 derrotas, con 83 goles a favor y 61 en contra, una cifra bastante elevada,
logrando 35 puntos y 5 positivos.
Sin embargo las cosas van a ser muy
diferentes en la Copa, para la cual el Barça va a contar con dos importantes
refuerzos: el internacional vasco -y antiguo «niño de la Guerra»- Emilio
Aldecoa, procedente del Real Valladolid, y sobre todo el concurso de Ladislao
Kubala, una vez superados ya todos los obstáculos burocráticos que se oponían a
su participación en encuentros oficiales. Laszi va a debutar en «Nervión»
frente al Sevilla, y el Barça va a poner ya en franquicia la eliminatoria al vencer
en el terreno hispalense por 1 a 2, con sendos tantos de Nicolau, refrendando
su clasificación en «Les Corts», donde bate ampliamente a los andaluces por 3 a
0, marcando Kubala su primer gol como azulgrana al transformar un penalti con
su insólita técnica, claro precedente de la célebre «paradinha.
La siguiente eliminatoria parece bastante
más sencilla sobre el papel, pues el rival es el Atlético de Tetuán, recién
ascendido aquella misma temporada a Primera División. En la ciudad
norteafricana -entonces aun perteneciente a España- todo va a quedar ya visto
para sentencia, al triunfar el Barça por 1 a 3, y en el encuentro de vuelta
celebrado en «Les Corts» los blaugranas triunfan de nuevo holgadamente, 4 a 1,
con el primer «hat-trick» de Kubala como jugador barcelonista. Sin embargo, en
las semifinales ya espera un auténtico «hueso», el Athletic de Bilbao, entonces
vigente campeón de Copa, y el equipo con mejor palmarés en el «Torneo del KO»,
con su mítica delantera compuesta por Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y
Gainza.
En Barcelona los «leones» van a conseguir
un excelente resultado, 0 a 0, que les hace concebir grandes esperanzas de
proclamarse finalistas ante su propio público en «San Mamés». Llevados por el
entusiasmo y la euforia, incluso sus incondicionales van a encargar miles de
corbatas con los colores rojiblancos, para lucirlas en una final que se
antojaba al alcance de la mano. Pero va a salirles el tiro por la culata,
puesto que los azulgranas les dejarán con un palmo de narices -y con las corbatas
de regreso al almacén- , al batirles por 1 a 2, con tantos de Nicolau y César.
Nueve años después de su última experiencia, el Barça vuelve a clasificarse
para el partido decisivo, el que puede coronarle nuevamente como Campeón de
España.
El contrincante, teóricamente, tampoco es
como para meter mucho miedo: la Real Sociedad de San Sebastián, la misma a la
que derrotara el conjunto catalán en la mítica y épica final por triplicado de
1928, en Santander. Los donostiarras cuentan con un buen equipo, en cuyas filas
destacan jugadores como Ignacio Eizaguirre, Ontoria, Epi, Barinaga o Alsúa II,
dirigidos desde la banda por Benito Díaz, el «Tío Benito». Y efectivamente el
partido, disputado en Madrid el 27 de mayo de 1951, va a discurrir por
los cauces esperados, y el Barça vencerá con relativa facilidad por 3 goles a
0, marcados por César (en dos ocasiones) y Gonzalvo III. Este fue el once
campeón, con la notable ausencia de Basora, lesionado en la semifinal:
Ramallets (sustituido por Velasco en el minuto 87); Calvet, Biosca,
Segarra; Gonzalvo III, Martín; Seguer, Kubala, César, Aldecoa y Nicolau.
Bajo la sabia batuta de Daucik, el Barça
había vuelto a obtener un título -el décimo de su historial copero- , y con
Kubala en sus filas, bien secundado por Ramallets, Gonzalvo III, Basora o
César, y jóvenes tan prometedores como Biosca, Segarra o Manchón, el club
parece haber retornado a la senda de los triunfos. Buen balance, pues, en este
primer año del eslovaco como técnico del conjunto catalán.
1951-52: UNA TEMPORADA PARA ENMARCAR
Para el curso 51-52 se van a producir
algunas novedades en la plantilla barcelonista. Causan baja el veterano defensa
Curta, Marcos Aurelio, Canal y Peiró, mientras que se incorporan el aragonés
Tomás Hernández Burillo conocido futbolísticamente como «Moreno», procedente de
la S.D. Huesca, y los catalanes Bosch, Brugué, Ferrer y Vila Soler. El
debut liguero se produce el 9 de septiembre de 1951, nada menos que con un
Español-Barça en «Sarriá», aun bajo el recuerdo de la goleada de hacía sólo
cinco meses. En esta ocasión el marcador seguirá siendo esquivo para los
colores azulgranas, pero tan sólo reflejará un tanto, el conseguido por el
españolista Celma al transformar un máximo castigo. Estos fueron los once
hombres que puso en liza Daucik para el primer compromiso oficial de la nueva
campaña: Ramallets; Calvet, Biosca, Segarra; Gonzalvo III, Martín; Basora,
César, Kubala, Tejedor y Nicolau.
Los primeros partidos no se van a
desarrollar de forma brillante, con un Barça muy irregular, que vence por la
mínima en «Les Corts» al Athletic de Bilbao (1-0), empata a uno en el
«Metropolitano» con el vigente campeón, pero cae en su propio feudo ante un
buen Valencia (1 a 3), que encabeza la clasificación. Luego el liderato pasará a
manos del Atlético de Madrid, pero el Barça continúa dando una de cal y otra de
arena, hasta el extremo de que al finalizar la séptima jornada, tras caer
derrotado en «El Molinón» por el Sporting de Gijón, los pupilos de Daucik se
encuentran en décimo lugar, a nada menos que siete puntos de los «colchoneros»,
que encabezan la tabla.
Pero a partir de dicho momento, los
azulgranas comenzarán a remontar posiciones, aumentando sensiblemente su
producción goleadora de la mano de un inspirado Kubala, que cuenta sus partidos
por verdaderas exhibiciones de un fútbol nunca visto hasta entonces en nuestras
latitudes, con un alarde de técnica y fortaleza física sin precedentes (ante el
Celta, por ejemplo, conseguirá marcar cinco goles). La primera vuelta finaliza
con los catalanes en cuarta posición, a tan sólo un punto del equipo que
entonces lideraba la tabla, el Athletic de Bilbao. En el primer encuentro de la
segunda ronda, con el Español como visitante en «Les Corts», Daucik va a dar
otro de sus golpes de efecto, propiciando el debut del joven medio volante
Andreu Bosch, con tan sólo 20 años. El muchacho, en quien el técnico eslovaco
tenía plena confianza, no le va a decepcionar, convirtiéndose desde entonces en
titular indiscutible.
Al domingo siguiente el Barça alcanza el
liderato tras derrotar claramente al Athletic de Bilbao en el propio «San
Mames» (0 a 3), aunque empatado a puntos con el Real Madrid. Lo perderá una
semana más tarde, pero ya no se despegará de la cabeza. En la jornada 22
aplasta al Sporting de Gijón en «Les Corts» por 9 a 0, con un registro
espectacular de Kubala: siete goles. En la siguiente se encarama de nuevo a la
primera posición, tras empatar en «Riazor» con el Deportivo de La Coruña, y en
la 25 recibe en la Ciudad Condal al Real Madrid, en un partido que puede
decidir el título. Como de hecho así sucedió. Una gran tarde realizadora del
veterano César (3 goles y una asistencia) hacen morder el polvo a los blancos,
y el Barça se afianza en la clasificación, aunque no logra igualar el «goal average»
particular con el cuadro merengue, que le había vencido en la primera vuelta
por 5 a 1.
Los de Daucik abren ya brecha siete días
más tarde, con su triunfo en «Balaídos» (1 a 2), aventajando en dos puntos a
los de Chamartín y en tres a los «colchoneros». Una nueva goleada -7-0 en «Les
Corts» al Racing de Santander- deja a los blancos ya a tres puntos, aunque el
tropiezo en «Nervión» ante el Sevilla (3 a 0), sitúa ahora a un nuevo
pretendiente al trono liguero, el Athletic de Bilbao, a 2 puntos. Pero en la
jornada 29 el Barça va a proclamarse ya matemáticamente como nuevo campeón – su
quinto entorchado -, al hacerle otro «siete» a la Unión Deportiva Las palmas. Y
en la última fecha, se pasea triunfalmente a domicilio en Tetuán, derrotando a
los norteafricanos por 2 a 5.
En total, los nuevos campeones han
conseguido 43 puntos y 13 positivos, dejando al Athletic de Bilbao, segundo, a
tres puntos. El balance es excelente: 19 victorias, 5 empates y 6 derrotas, con
la friolera de 92 goles a favor ( a una media de 3 dianas por partido ), y
encajando solamente 43 tantos. Pero este triunfo, con ser importante, sólo será
el primero de una campaña gloriosa como no se conocía hasta entonces, que tan
sólo podrá ser superada casi sesenta años más tarde, en la primera temporada de
Pep Guardiola como técnico blaugrana
Tras la Liga, llega en seguida la Copa del
Generalísimo, con un adversario de cuidado en octavos, el Atlético de Madrid.
Pero sólo lo va a ser teóricamente, puesto que la superioridad blaugrana
resultará aplastante: 2 a 4 en la capital, y 5 a 1 en Barcelona. El
siguiente en pasar por el aro será el modesto Málaga, que en la Costa del Sol
ya resulta ejecutado con un 0 a 7 sin paliativos, refrendado a continuación por
un amplio 6-1 en «Les Corts». El Valladolid, ya en semifinales, tampoco parece
un obstáculo insalvable. Sale goleado en su visita a Barcelona, 5-0, aunque
pone su honor a buen recaudo en «Zorrilla», al doblegar a los blaugranas por un
insuficiente 3 a 1.
La final, celebrada en el nuevo estadio del
Real Madrid (un escenario que estaba ya haciéndose habitual), el 25 de
mayo de 1952, enfrenta a los dos grandes conjuntos de la zona mediterránea,
Barcelona y Valencia. Los azulgranas forman con Ramallets; Martín, Biosca,
Seguer; Gonzalvo III, Bosch; Basora, César, Vila, Kubala y Manchón, mientras
que los levantinos – dirigidos por el mítico Jacinto Quincoces – presentan a:
Quique; Suñer, Monzó, Asensi; Mir, Puchades; Gago, Pasieguito, Badenes, Buqué y
Seguí. Se van a adelantar los «ches» con un inquietante 2 a 0, ambos tantos
obra del ex-azulgrana Badenes, pero en el minuto 40 Basora va a hacer el 1-2, y
en el 72 Vila equilibra la contienda. Con empate a 2 se llega a la prórroga,
donde el Barça va a terminar imponiendo su superioridad física con dos nuevos
tantos, marcados por Kubala (en el 96) y César (a un minuto de la finalización
del tiempo extra). El Barça se alza de este modo con su undécimo título de
Campeón de España.
Pero no hay dos sin tres…Como vigente
Campeón de la Liga española, al Barça le corresponde disputar de nuevo la Copa
Latina, frente a sus homólogos de Francia, Italia y Portugal. En esta ocasión
el torneo se celebra en París, y en el primer partido los blaugranas se
deshacen sin demasiados problemas de la Juventus de Turín por 4 a 2. La gran
final, disputada el 29 de junio de 1952, les enfrenta al campeón galo, el
O.G.C. Niza, un conjunto que venderá cara su piel, aunque a la postre es
derrotado por un solitario gol de César. El recibimiento a la expedición
barcelonista, desde el momento que esta cruzó la frontera española, va a ser de
los que hacen época, agasajados como auténticos héroes en todas las localidades
catalanas por las que atraviesa la comitiva.
Aparte de estos tres títulos, el Barça va
a conquistar también el Trofeo Duward, que premiaba al equipo más goleador del
campeonato liguero, así como la Copa Martini Rossi, galardón que distinguía al
conjunto menos goleado. Cinco copas, a las que podría sumarse en teoría una
sexta, la «Eva Duarte», que desde hacía unos años venían disputándose los
campeones de Liga y Copa, y que en esta edición no tuvo lugar, al obtener el
Barça el «doblete». En resumidas cuentas: a falta de otros torneos
continentales más enjundiosos, bien podía decirse que el Barça era entonces el
mejor equipo de Europa. El binomio centroeuropeo Daucik-Kubala, junto a un
plantel de excelentes futbolistas – desde el guardameta Ramallets al extremo
izquierdo Manchón -funcionaba ya a pleno rendimiento, y aquel maravilloso
Barcelona parecía no tener límites…
Fernando Daucik, el técnico de
las cinco copas (1950-1954). Segunda parte
De Fernando Cuesta Fernández
Como suele decirse vulgarmente, Daucik
había dejado muy alto el listón tras la triunfal campaña 1951-52, cuya
brillantez tardaría más de medio siglo en reeditarse en Can Barça. Cierto
también que contaba con un capital deportivo y humano excepcional, que para la
temporada 52-53 va a presentar los siguientes efectivos a sus órdenes:
Ramallets, Velasco, Caldentey, Roselló, Martín, Biosca, Brugué, Curta, Seguer,
Segarra, Gonzalvo III, Bosch, Maristany, Flotats, Basora, Hanke, César, Aloy,
Kubala, Vila, Escudero, Aldecoa, Moreno, Manchón, Gracia y Boada. Son novedad
respecto al curso anterior los guardametas Caldentey y Roselló, el central
Brugué, los volantes Maristany y Flotats (este último procedente del Español),
y los delanteros Hanke (un jugador de origen checoslovaco que militaba en el
fútbol colombiano), Gracia y Boada, mientras que causan baja Calvet, Szegedi,
Ferrer y Nicolau. También hay una importante novedad sentada en el palco, pues
Agustí Montal i Galobart ha cedido la máxima magistratura barcelonista el 16 de
julio de 1952 a su vicepresidente Enrique Martí Carreto, otro
importante empresario del gremio textil.
La Liga 52-53 va a dar comienzo el 14 de
septiembre de 1952. El telón se levanta en «Les Corts», con un partido
teóricamente fácil ante el Deportivo de La Coruña, presentando Daucik la
siguiente alineación: Ramallets; Martín, Brugué, Seguer; Gonzalvo III, Bosch;
Basora, César, Kubala, Moreno y Gracia. Los azulgranas van a pasar muchos
apuros para ganar por la mínima (4-3), en un encuentro en el que el contraataque
gallego causó estragos en su defensa, y Kubala falló un penalti. Y al domingo
siguiente regresarán de vacío de Oviedo, donde los locales les derrotan por 2 a
1, pero lo peor va a llegar unos días después, cuando en un reconocimiento
médico a Kubala se le descubra un grave proceso tuberculoso.
La noticia conmoverá a la Ciudad Condal y
a todo el barcelonismo. Se llega incluso a especular con la posibilidad de que
el as centroeuropeo – ya nacionalizado español – tenga que abandonar la
práctica del fútbol. Afortunadamente no va a ser así, y entre la recia
constitución física de Laszi y un sabio tratamiento, aderezado por una larga
estancia en plena naturaleza en Monistrol de Calders, con descanso, aire puro y
buenos alimentos, se va a obrar el milagro de recuperar a Kubala, la gran
estrella del Barça, para el deporte de élite, aunque tendrá que estar ausente
de los terrenos de juego desde finales de septiembre de 1952 hasta los últimos
días de febrero de 1953, en total 18 jornadas consecutivas fuera del equipo.
Durante todo ese tiempo la sensación del
campeonato la va a constituir el RCD. Español, que de la mano del técnico
argentino Alejandro Scopelli pondrá en práctica un novedoso método de
recuperación física, consistente en que los once jugadores blanquiazules de
turno inhalen oxígeno mediante unas mascarillas durante el descanso de
los partidos. La cosa parece milagrosa, puesto que el Español va a tomar el
liderato de la Liga al finalizar la tercera jornada, se mantendrá invicto hasta
la número 12 (cayendo precisamente ante el propio Barça, en «Les Corts», en el
transcurso de un accidentado derbi en el que se produjo una avalancha en las
gradas, con numerosos heridos -llegó a hablarse incluso de un muerto, que
habría sido ocultado por la férrea censura de la época – y la intervención de
la Policía Armada ante lo que consideraban una «alteración del orden»),
comandando la tabla hasta la decimoctava fecha, y manteniendo opciones de
alzarse con su primer título de Liga hasta la jornada 27.
El Barça, sin Kubala, realizará una
discreta primera vuelta, que se va a saldar con un provisional quinto puesto, a
6 puntos de su eterno rival ciudadano, pero paulatinamente irá acercándose a la
cabeza de la clasificación, a medida de que el Español vaya perdiendo fuelle. .
El 22 de febrero, en la jornada número 21, Kubala va a reaparecer en los Campos
de Sport de El Sardinero, y a partir de ahí el equipo postulará su candidatura
para revalidar el título. En la vigesimosegunda, tras aplastar al Zaragoza por
8 a 0 en «Les Corts», ya es cuarto, a dos puntos del Español, y en la jornada
24 se sitúa tercero, a un solo punto del nuevo líder, el Valencia. Sufre un
frenazo en la siguiente, al caer derrotado en «Nervión» frente al Sevilla, pero
a partir de ese momento ya no volverá a ceder ningún punto.
De ese modo, el 5 de abril de 1953, en la
jornada número 26, vence a un Real Madrid que también tenía serias
aspiraciones. 1-0 fue el resultado, obra de Moreno, en un partido tenso e
igualado donde fueron expulsados Kubala y el jugador catalán del Real Madrid
Oliva. Siete días más tarde, al derrotar al Español en «Sarriá» por 0 a 2
(con tantos de Manchón y Moreno) se sitúa como líder, empatado a puntos con el
Valencia, posición que consolida al domingo siguiente en «Les Corts», superando
precisamente a los valencianistas por 2 a 1, en un partido que puede
considerarse como la auténtica «final» del campeonato, con goles de Manchón y
Kubala. Al final de dicha jornada el Barça aventajaba al Real Madrid en
un punto, y a los «Chés» en dos.
La victoria azulgrana en Valladolid en la
penúltima jornada , merced a un solitario tanto de Kubala, le daba
prácticamente el título a los catalanes, si al menos lograban un empate en el
último compromiso, frente a un discreto Athletic de Bilbao en «Les Corts», con
Real Madrid y Valencia a la expectativa de un posible fallo. Fallo que no se va
producir, porque – aunque con apuros – los pupilos de Daucik van a imponerse a
los «leones» por 3 a 2, consiguiendo así su sexto título liguero. Mucho dominio
azulgrana, llegando a botar hasta 16 saques de esquina. Moreno se adelantó en
el marcador, empató Venancio antes del descanso, y en la segunda mitad Kubala
(de riguroso penalti) y Bosch pusieron el 3-1 en el marcador, reduciendo
distancias al final Gaínza.
El Barça sumaba 42 puntos y 12 positivos,
aventajando en dos al Valencia y en tres al Real Madrid. Los de Daucik habían
conseguido 19 victorias y 4 empates, totalizando 7 derrotas. Marcaron 82 goles
(con el aragonés Moreno como máximo artillero) y encajaron 43, unos registros
bastante similares a los del torneo anterior, salvo en el apartado anotador,
donde se notaba claramente la ausencia de Kubala prácticamente en las dos
terceras partes de la campaña.
Y esa racha victoriosa va a proseguir en
la Copa del Generalísimo, donde los azulgranas van a ir eliminando
sucesivamente a Valencia (5 a 0 y 1 a 1), Racing de Santander (la ronda más
equilibrada, con victoria local montañesa por 1 a 0 , y remontada catalana en
«Les Corts»: 3-0) y Atlético de Madrid (con estrépito: 8-1 en la Ciudad Condal
y derrota mínima, 2 a 1, en el «Metropolitano»), hasta llegar a la gran final,
que se celebraría nuevamente en el escenario habitual por aquellos años, el
Estadio madrileño y madridista de «Chamartín». Allí, el 21 de junio de 1953, y
a las órdenes del señor García Fernández, van a encontrarse los dos grandes
clásicos del «Torneo del KO», Barça y Athletic de Bilbao.
Daucik presenta el siguiente equipo, en el
que destaca la ausencia del veterano César: Ramallets; Seguer, Biosca, Segarra;
Flotats, Gonzalvo III; Basora, Bosch, Kubala, Moreno y Manchón. Se impondrán
los catalanes sin demasiados apuros por 2 a 1. Marcó Kubala en el minuto 46, y
remachó el resultado Manchón en el 57, acortando distancias Venancio en el 61,
con casi media hora por delante, pero ya no volvería a moverse el marcador, y
el Barça haría historia, conquistando la Copa por tercer año consecutivo.
Los prolongados éxitos barcelonistas traen
aparejada su invitación a un prestigioso torneo que entonces se celebraba anualmente
en Caracas, la capital venezolana. Se trata de la denominada «Pequeña Copa del
Mundo», y en esa edición se enfrentarán al Barça una selección local y los
potentes cuadros de «la» Roma y el Corinthians brasileño. Lamentablemente los
azulgranas no van a mostrarse a su altura habitual, tal vez por el
cansancio acumulado en toda la temporada, y de ese modo su participación, que
tuvo lugar entre los días 16 de julio y 1 de agosto de 1953, arrojará un muy
discreto balance de cuatro derrotas y tan sólo dos victorias. También se habló
por entonces de cierta «relajación» de los jugadores desplazados a Sudamérica…
1953-54: UN AÑO SIN TÍTULOS, Y ADIOS A CAN
BARÇA
La cuarta temporada de Daucik como técnico
barcelonista, todo un récord desde los ya muy lejanos tiempos del inglés Jack
Greenwell (1917-1923), cuando el fútbol español no era aun profesional, la
encara el club azulgrana con los siguientes efectivos humanos: Ramallets,
Velasco, Goicolea, Caldentey, Seguer, Biosca, Brugué, Segarra, Gracia, Gonzalvo
III, Bosch, Maristany, Flotats, Basora, Tejada, Kubala, Aloy, Aldecoa, Hanke,
César, Vila, Moreno, Manchón y Duró. Causan baja Roselló, Martín, Curta,
Escudero y Boada, mientras que se incorpora el arquero del Real Valladolid
Goicolea, así como los canteranos Tejada y Duró. La Liga va a comenzar en pleno
«Caso Di Stefano», pretendido por Barça y Real Madrid, y su desenlace marcará
profundamente el rumbo futuro de ambos clubes, teniendo también una gran
repercusión sobre el devenir institucional de la entidad blaugrana, pues el
presidente Martí Carreto dimitirá, y se convocarán elecciones para noviembre de
1953, que aprovechando un vacío legal se van a celebrar por sufragio universal
de los socios varones y mayores de edad (algo insólito en la España de entonces),
logrando la victoria el joven candidato – de tan sólo 35 años de edad –
Francesc Miró-Sans sobre el veterano Amat Casajuana, y llevando como bandera
electoral la construcción de un nuevo campo, un ambicioso proyecto que se
materializaría en septiembre de 1957 con la inauguración del «Camp Nou».
La Liga 53-54 da comienzo el 13 de
septiembre de 1953, y con muy buenas vibraciones para el Barça, ya que se
impone a domicilio a la Real Sociedad en «Atocha» por 0 a 3, con dos goles de
un Kubala que parece haber vuelto por sus fueros tras la grave enfermedad
pulmonar que sufriese la temporada anterior. Azulgranas y merengues van a ir
turnándose en el liderato durante las primeras jornadas, hasta llegar a la
fecha séptima, el domingo 25 de octubre de 1953, que coincide con la renuncia
barcelonista a todo posible derecho sobre Di Stefano, que ya había debutado en
las filas del Real Madrid en la tercera jornada, y que en esta realiza un gran
encuentro frente al que pudo ser su equipo (y el club que le trajo a España,
tras su «exilio» deportivo en Colombia). Por 5 a 0 se imponen los blancos en
«Chamartín», y el «Efecto Di Stefano» comienza ya a hacerse patente.
El Real Madrid continuará al frente de la
clasificación, seguido de cerca por el Barça. Al llegar al ecuador de la
competición los madridistas son primeros, con 23 puntos, seguidos por el
Sevilla con 20 y el Barça con 19 (empatado con Athletic de Bilbao y un
sorprendente Racing de Santander). La distancia entre ambos va a ir
estrechándose (en la jornada decimoséptima es de sólo 2 puntos), a la espera de
que los blancos rindan visita a «Les Corts». Pero en la jornada número 20 el
Barça consigue alcanzar a su gran rival, y ponerse incluso por delante gracias
a su mejor cociente general de goles (con ambos empatados a 28 puntos). Al
domingo siguiente cambian las tornas, pues mientras que el Madrid se impone al
Sevilla en «Chamartín» por un corto pero suficiente 1 a 0, el Barcelona va a
caer derrotado en «Mestalla», ante el Valencia y por idéntico resultado.
Llega por fin el encuentro tan esperado,
esta vez en la Ciudad Condal. El Barça parte con dos puntos de desventaja, y
también se antoja muy difícil que pueda igualar o superar el marcador de la
primera vuelta, aquel concluyente 5 a 0. Pero está a punto de conseguido,
aunque se va a quedar a un solo gol de igualar su tanteo particular con el Real
Madrid. Que fue paradójicamente el equipo que se puso por delante, por
mediación del inevitable don Alfredo, aunque el Barça conseguirá empatar antes
del descanso gracias al joven Tejada, y la segunda parte ya será suya por
entero, añadiendo otros cuatro goles a su cuenta, obra de Tejada, César, Moreno
y Manchón. Las crónicas de la época nos hablan también del estrecho y excelente
marcaje que el menudo pero rapidísimo Flotats realizó sobre la «Saeta Rubia»,
anulando por completo a la estrella merengue.
Real Madrid y Barça están ya empatados a
puntos, aunque los de la Capital cuentan con la ventaja del «goal average»
particular. Pero esa situación tan sólo va a durar una semana, porque mientras
que los azulgranas pinchan ante Osasuna en su visita a «San Juán», doblando la
rodilla por 1 a 0 frente los navarros, los madrileños se imponen en el derbi
frente al Atlético por la mínima (2 a 1), con dos tantos de Di Stefano. Y esa
ventaja de dos puntos va a incrementarse a cuatro tras la jornada número 25,
con la derrota del Barça en Santander (4-3), y la goleada del Real Madrid
sobre el Jaén (6 a 0). Sin embargo la cabeza de la tabla volverá a estrecharse
a la semana siguiente, cuando los merengues pierdan en Valladolid un partido
que ya parecían tener ganado a un cuarto de hora de su finalización (4 a 3
también), y los catalanes destrocen al Oviedo en «Les Corts» con un inapelable
9 a 0.
Llega la jornada 27, y la ventaja madridista
aumenta de nuevo a cuatro puntos, porque mientras el Barça cae ante el
Deportivo de La Coruña en su visita a «Riazor» (1 a 0), los blancos se deshacen
con facilidad del Sporting de Gijón, goleándole por 4 a 0 (con tres dianas de
Di Stefano) y enviando a los asturianos a Segunda División. Pero una vez más,
siete días después, el que juega fuera falla, y el que lo hace en su casa no
perdona. Ahora le toca al Real Madrid salir derrotado de su visita a
«Balaídos» (1 a 0 frente al Celta), y al Barça superar sin muchos apuros al
Sevilla en «Les Corts», por 4 a 1. Quedan dos jornadas por disputarse, y el
título está todavía por decidir, aunque la ventaja del cuadro madridista –
dirigido por un ilustre «ex» del Barça, el uruguayo Enrique Fernández – parece
clara, dependiendo únicamente de sí mismo. Los blancos reciben en «Chamartín»
al Valencia y después se desplazarán a «Sarriá», para vérselas con el Español,
mientras que los blaugranas recibirán precisamente a los pericos, y finalizarán
el campeonato rindiendo visita a un Atlético de Madrid muy venido a menos esa
temporada.
Y el suspense va a durar poco, porque la
sorprendente derrota – y por goleada: 1 a 4 – del Barça en «Les Corts»
ante los blanquiazules, tras un partido calamitoso, le brinda en bandeja de plata
su tercer título de Liga al Real Madrid, el primero desde 1933, veinte años
atrás, pues los merengues no desaprovechan la ocasión, y derrotan claramente al
Valencia por 4 goles a 0, tres de ellos obra de Alfredo Di Stefano, que al
final va a proclamarse máximo realizador del Campeonato con 29 tantos,
aventajando a Kubala en seis dianas. La última jornada ya es meramente
anecdótica, y ambos equipos caen derrotados en sus respectivos desplazamientos
a «Sarriá» y el «Metropolitano». El balance final del Barça en esta reñida
competición no es demasiado bueno, pese al subcampeonato. Tan sólo va a
conseguir 36 puntos y 6 positivos, que se desglosan en 16 victorias, 4 empates
y 10 derrotas, demasiadas para un club de su categoría. Va a marcar 73 goles,
una cifra discreta comparada con las de las últimas temporadas, encajando 39.
Y llega la Copa, con la posibilidad de
resarcirse del fiasco liguero. Para este torneo el Barça va a reforzarse con
dos jugadores, el jovencísimo Luisito Suárez, procedente del Deportivo de La
Coruña (club del que se ficha también al uruguayo Dagoberto Moll, aunque este
no puede jugar la Copa por su condición de extranjero, dado que la normativa
entonces vigente lo prohibía), y el delantero del Real Oviedo Esteban Areta. Y
precisamente en octavos se enfrentan Barça y Deportivo. Victoria contundente de
los azulgranas en «Les Corts», por 4 a 0, pero un buen susto en «Riazor», donde
los gallegos se imponen por 3 a 0 y están a punto de igualar la eliminatoria.
La siguiente ronda, cuartos de final,
enfrenta de nuevo a los dos grandes clásicos del «Torneo del KO», Barça y
Athletic de Bilbao. En la Ciudad Condal vencen los catalanes por 4 a 2, y
consiguen su pase a semifinales en «San Mamés», donde se produce un empate a un
gol, en el transcurso de un partido marcado por la gravísima lesión de rodilla
sufrida por Kubala, que le mantendrá en el dique seco durante varios meses, y
que de algún modo va a significar el inicio de un largo y casi imperceptible
declive. En semifinales va a vivirse un emocionante duelo en la cumbre
Barça-Real Madrid, en el que los de Daucik van a tomarse la revancha de la
derrota en Liga. Vencen los blancos por 1 a 0 en «Chamartín», – sin el concurso
de Di Stefano, que tampoco podía alinearse por la citada normativa sobre
jugadores extranjeros – y caen en «Les Corts» por 3 a 1, con dos tantos
del veterano César.
La final, repetición de la de 1952, va a
enfrentar en el flamante coliseo madridista, recientemente concluido, a Barça –
que la afronta por cuarto año consecutivo, habiendo ganado las tres anteriores
– y Valencia. Tiene lugar el 20 de junio de 1954, y a las órdenes del árbitro
señor González Echevarría, del Colegio Guipuzcoano, ambos equipos saltan al
césped con las siguientes formaciones: por los azulgranas, Velasco – Ramallets
fue aquella tarde suplente -; Seguer, Biosca, Segarra; Flotats, Bosch; Basora,
Suárez, César, Moreno y Manchón, y por los levantinos, entrenados por el mítico
Jacinto Quincoces, Quique; Quincoces II, Monzó, Sócrates; Pasieguito, Puchades;
Mañó, Fuertes, Badenes, Buqué y Seguí. Está ausente también la gran estrella
valencianista, el delantero holandés Faas Wilkes, por los motivos ya
mencionados.
El Valencia va a imponerse, contra todo
pronóstico pero con claridad, merced a un concluyente 3 a 0, con tantos
marcados por Fuertes y el ex-azulgrana Badenes, este en dos ocasiones. En su
momento se habló de un posible «plante» de los jugadores barcelonistas contra
Daucik, pero eso es algo imposible de probar, y que pertenece a la eterna
leyenda que se teje en torno al fútbol. Lo cierto es que los «Chés», que
contaban también con un magnífico equipo a pesar de la baja ya comentada,
cuajaron un gran partido, y borraron por completo a un Barça que sin Kubala
perdía bastantes enteros, con un Suárez todavía demasiado tierno, un César ya
muy veterano, y un Basora que tampoco atravesaba por sus mejores momentos.
Pero llegados a ese punto, la directiva
presidida por Miró-Sans considerará que ya se había cerrado un ciclo triunfal
(aunque de hecho era el primer año de Daucik sin conquistar al menos un
título), y que era conveniente entregar la responsabilidad de la dirección del
equipo a un nuevo técnico, alguien que pudiera insuflarle nuevos aires. El
elegido va a ser el italiano Sandro Puppo, a la sazón seleccionador de Turquía,
que había eliminado sorprendentemente a España en la fase de clasificación para
el Mundial de Suiza, aunque con la inestimable ayuda de un muchacho italiano,
el famoso «bambino», quien tras finalizar en tablas el partido de desempate celebrado
en el Estadio Olímpico de Roma, había extraído la papeleta de los otomanos,
facilitándoles el pasaporte para tierras helvéticas.
UNA LARGA TRAYECTORIA PROFESIONAL (
1954-1977 )
El Athletic de Bilbao (entonces
oficialmente «Atlético») llevaba cuatro temporadas de sequía, desde su último
triunfo en la Copa del Generalísimo de 1950 ante el Real Valladolid (4-1), y
sus rectores pensaron que nadie mejor que Daucik para revertir esa situación.
Ya en «San Mamés», el técnico eslovaco va a ir «jubilando» paulatinamente a la
mítica delantera de los Iriondo, Venancio, Zarra y Panizo, conservando
únicamente al veterano «Piru» Gaínza como gran referencia de un pasado
glorioso, y promoviendo a las filas del primer equipo a toda una nueva
generación de «leones»
Los frutos comenzarán a cosecharse muy
pronto. En esa temporada 1954-55 el Athletic es tercero en la Liga, y se alza
con el título de Copa, tras eliminar al propio Barça (venciendo en «Les Corts»,
en un partido donde se produjo el hecho insólito de que el gran especialista
Kubala fallase un penalti, desviado a córner por Carmelo), y derrotar en la
final al Sevilla, entrenado por Helenio Herrera, merced a un solitario gol
marcado por el joven Uribe. Y en el curso siguiente, el 55-56, los rojiblancos,
superando al Barça y a un Real Madrid que, con Di Stefano en sus filas, había
ganado los últimos dos Campeonatos de la Regularidad y que en esa misma campaña
conquistaría la primera Copa de Europa, se alzan con el «doblete» (algo que no
conseguían desde 1943), tras un emocionante pulso liguero con los azulgranas, y
venciendo al Atlético de Madrid en la final copera (3 a 1), con una alineación
que todo el mundo se sabía de carrerilla: Carmelo; Orúe, Garay, Canito; Mauri,
Maguregui; Arteche, Marcaida, Arieta, Uribe y Gainza.
La victoria en Liga da derecho a los
bilbaínos a tomar parte en la II edición de la Copa de Europa, donde eliminan
al Oporto portugués y al Honved húngaro (en plena revuelta del país magiar),
para caer finalmente ante el Manchester United, que un año más tarde
sufrirá un terrible accidente de aviación en el aeropuerto de Munich,
pereciendo varios de sus componentes. Y tal como había ocurrido antes en
Barcelona, al parecer público y directiva no van a digerir bien un año sin
títulos, y Daucik tendrá que abandonar el banquillo de «San Mamés», pero no sin
antes dejar para la posteridad otra jugosa anécdota: haber alineado como
extremo izquierda en sustitución de un lesionado Gaínza al guardameta
internacional Carmelo Cedrún – aquel día portero suplente – , en el transcurso
de un amistoso frente al Burnley inglés, lo cual le costará no pocas críticas.
El experimento, lógicamente, no se volvería a repetir, pero a Daucik le cabe el
mérito de haber forjado también una legendaria medular, la compuesta por Mauri
y Maguregui, así como haber reconvertido a Jesús Garay en uno de los mejores
centrales del mundo.
La siguiente etapa en su carrera
profesional la cumplirá en el Estadio «Metropolitano», dirigiendo al otro
Atlético, el de Madrid. No obtendrá títulos con él, pero le llevará hasta el
subcampeonato liguero en la temporada 57-58, lo cual le va a brindar también la
posibilidad de disputar la Copa de Europa en la campaña siguiente – al resultar
ese año el Real Madrid campeón en ambas competiciones – , llegando hasta las
semifinales, donde los «colchoneros» serán eliminados por los intratables
«merengues» tras un partido de desempate en Zaragoza, en el flamante recinto de
«La Romareda». Allí también pondrá en liza una excelente y casi juvenil línea
media, la formada por el antequerano Chuzo y el húngaro Peter Ilku, un jugador
realmente desafortunado, malogrado por un gravísimo accidente de tráfico cuando
se encontraba en su mejor momento. El Atlético de Madrid de Daucik, con
jugadores de la talla de Rivilla, Calleja, Alvarito, Mendonça, Adelardo, Vavá,
Peiró o Enrique Collar, sentará las bases para la escuadra triunfante de
principios de los años 60 (ganadora de las Copas del Generalísimo de 1960 y
1961, y de la «Recopa» de 1962). Sin embargo va a ser destituido a principios
de la temporada 59-60, tras el sexto encuentro de Liga, y se marchará al vecino
país, a dirigir al Oporto.
No obstante regresa a España al año
siguiente, para hacerse cargo de la preparación del Real Betis Balompié, que
había retornado a la élite del fútbol español un par de años antes, después de
una prolongada «travesía del desierto» que había durado tres largos lustros.
Con el industrial gallego Benito Villamarín dirigiendo los destinos del club
verdiblanco, Daucik va a consolidarlo en Primera División. Allí tendrá a sus
órdenes a su propio hijo, el altísimo y prometedor Yanko (que terminaría
fichando por el Real Madrid), y junto al que trabajará en algunos clubes más,
así como también a un par de delanteros que pronto serían figuras: Luís Aragonés
y Fernando Ansola.
Reemplazado nuevamente durante la campaña
62-63 (en la décima jornada), se tomará una especie de año sabático hasta ser
contratado por un Real Murcia recién ascendido a Primera, también después de
muchos años de transitar por la Categoría de Plata. Logrará la permanencia para
los de «La Condomina», con una plantilla cuajada de ilustres veteranos:
Marquitos, Alvarito, Dauder, Lalo, Miguel, Marsal, Merodio, Paz o Szalay….Su
buen desempeño con los «pimentoneros» le llevará de nuevo a Sevilla, pero en
esta ocasión a la «otra acera», al «Sánchez Pizjuán», para dirigir al conjunto
blanco de la capital hispalense, un club que navegaba por la zona media de la
clasificación, también muy alejado de sus mejores tiempos. No van a pasar
demasiados apuros, y allí va a tener a sus órdenes a jugadores como Oliveros o
Gallego, que inmediatamente firmará por el Barça, convirtiéndose en uno de los
mejores centrales del Viejo Continente.
La temporada 65-66 Daucik va a afrontar un
nuevo reto. Por primera vez en España toma las riendas de un equipo de Segunda
División, la Sociedad Deportiva Indauchu, el simpático cuadro de barrio
bilbaíno que militaba en el Grupo Norte. Lo hace en calidad de «director
técnico» y por su amistad con el presidente del club. Va a dirigirlo durante
casi toda la campaña, hasta la jornada 23, cuando es reclamado por el Real
Zaragoza, uno de los primates de la División de Honor, al que va a dirigir en
las últimas siete jornadas de Liga. Por sus manos, en las filas indauchutarras,
pasará otra gran promesa, el delantero hispanoargentino (nacido en Sarandí,
provincia de Buenos Aires) José Eulogio Gárate, también muy pronto militando en
un grande, en este caso el Atlético de Madrid, aunque según contaba el propio
Daucik en una entrevista concedida a la revista «RB» en junio de 1969, él mismo
se lo ofreció al presidente blaugrana Enric Llaudet prácticamente «regalado»….
Instalado ahora a orillas del Ebro, dirige
a los maños en lo que resta de temporada 65-66, y el equipo de los «Magníficos»
resulta vencedor del Torneo del KO por segunda vez en su historia, derrotando
al Athletic de Bilbao por 2 a 0, y clasificándose también para la final a doble
partido de la Copa de Ciudades en Feria, que le enfrentaría al Barcelona,
siendo aplazados ambos encuentros hasta comienzos de la temporada siguiente,
debido a la celebración del Campeonato Mundial de Fútbol en Inglaterra ese
verano del 66.
El curso 66-67 lo consume íntegramente en
Zaragoza, donde no consigue ganar la Copa de Ferias, tras traerse un excelente
resultado del «Camp Nou» (0 a 1), por culpa de la gran noche del jovencito
Lluís Pujol, autor de un «hat-trick» (2 a 4 en «La Romareda», favorable a los
catalanes). En la Liga se clasifica en una decorosa quinta posición, pero en la
Copa da la gran campanada al ser eliminado a las primeras de cambio por un
Segunda, el Europa graciense, en partido de desempate disputado en Valencia. La
mejor época de «los Magníficos» parece ya haber pasado…No se le renueva para la
campaña siguiente, y otra vez se queda en expectativa de destino, hasta que a
principios de 1968 se le va a brindar la oportunidad de salvar del descenso a
un cuadro que ya parecía consolidado en Primera, el Elche. El conjunto de la
ciudad de las palmeras había arrancado la temporada bajo la batuta de Alfredo
Di Stefano, en el debut de la «Saeta Rubia» como técnico con una plantilla
en la que figuraban futbolistas de la talla de Ballester, Canós, Lico,
Llompart, Vavá o Asensi, pero al finalizar la primera vuelta del campeonato
presenta unos números de lo más peligroso, ya que es colista con tan sólo 9
puntos y 5 negativos, con un balance de 3 partidos ganados, otros 3 empatados y
9 derrotas, únicamente 10 goles a favor y 24 en contra. Daucik se estrena en el
banquillo ilicitano en la jornada 16, consiguiendo dos puntos de oro frente al
Español en «Altabix» (1-0), y a partir de ahí su equipo iniciará una brillante
escalada que le lleva a ser uno de los mejores conjuntos de la segunda ronda,
consiguiendo 18 puntos más, que se desglosan en 8 victorias, 2 igualadas y
solamente 5 derrotas, con 20 goles a su favor, y sólo 15 en contra. El Elche
finaliza en undécima posición, con 27 puntos y 3 negativos, sin agobios.
Pero no se le renueva la confianza y el
eslovaco decide coger las maletas e irse a hacer las Américas, enrolándose como
entrenador del conjunto canadiense de los Toronto Falcons, que participa en la
«North American Soccer League», torneo donde se encuentra con numerosos
jugadores y técnicos españoles, entre ellos su cuñado Ladislao Kubala y el hijo
de este, su sobrino Branko, amén de su propio vástago. De regreso en
España va a sustituir a Sabino Barinaga como responsable nuevamente de un
Betis recién descendido donde brillan Rogelio y Quino, pero tampoco alcanzará a
terminar la temporada. Sin embargo en la siguiente campaña, la 69-70, logrará
otro de sus grandes éxitos al salvar a un casi desahuciado San Andrés, frenando
en seco la caída libre de un club que parecía irse a Tercera sin remedio,
mediante una segunda vuelta extraordinaria desde la jornada número 20. Su hijo
Yanko le acompaña también en esta aventura.
Su buen hacer en la entidad andresense
posibilitará que, sin tener que salir de Barcelona, se incorporé – nuevamente
con Yanko de la mano – al RCD. Español, que acababa de recuperar la categoría.
Lo va a mantener en Primera, y después se marchará al Cádiz, otra vez en
Segunda, donde será uno de los cinco entrenadores que esa temporada 71-72 se
turnarán en el banquillo del club más representativo de la «Tacita de Plata».
Volverá a dirigir al San Andrés en un par de ocasiones más (1973-74 y 1976-77,
temporada en la que el conjunto cuatribarrado desciende, poniendo así fin a su
«edad de oro»), y también tendrá un paso por Tercera, dirigiendo al Levante UD
en la campaña 74-75, contando con un delantero de auténtico lujo, el chileno
Carlos Caszely, que de los «granotas» pasará al Español.
Con 67 años cumplidos se va a jubilar por
fin de los banquillos, dejando tras de sí un registro fabuloso: 614 partidos
dirigidos (la mayoría de ellos en Primera División) a lo largo de una carrera
profesional de 27 años en nuestro país, con un balance de 285 victorias, 123
empates y 206 derrotas. Como técnico va a conquistar 3 Campeonatos
de Liga (1951-52, 1952-53 y 1955-56), 6 de Copa (1951, 1952, 1953, 1955, 1956 y
1966), una Copa Latina (1952) y dos Copas «Eva Duarte» (las correspondientes a
las temporadas 51-52 y 52-53), erigiéndose, en resumen, como uno de los
técnicos más laureados de la historia de nuestro fútbol. Va a fallecer el 14 de
noviembre de 1986, a los 76 años de edad, en la localidad madrileña de Alcalá
de Henares, a consecuencia de una embolia cerebral.



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