
Hace 18 años moría Ladislao Kubala, el hombre que cambió
el fútbol en la década de los 50. Un personaje de leyenda cuya vida daría para
una serie documental que reventaría las audiencias. Una historia de superación,
aventuras, noches locas, partidos majestuosos y de un hombre bueno que hizo
feliz a cuantos le rodearon.
Por Santi Giménez
Nada en la vida de Kubala fue normal. Ahora que están de moda las series de televisión
sobre deportistas, la que se podría hacer sobre las peripecias de Ladislao
Kubala Stecz (Budapest, 10 de junio de 1927) arrasaría con diversas temporadas.
En una temporada se podría ahondar en su faceta de futbolista legendario, capaz
de cambiar la forma de jugar a este deporte, de cuando salvó la vida a última
hora por no subirse al avión del Torino que se estrelló en Superga o relatando
cuando estuvo a diez minutos de firmar por el Real Madrid o apuntarse a la Liga
pirata de Colombia para acabar siendo el emblema del Barcelona… que acabó
jugando en el Espanyol… Se podría añadir la de una serie de aventuras por su
increíble huída de la Hungría comunista, su periplo por Italia con un equipo,
el Hungaria, de apátridas en el que además de húngaros jugaban croatas,
albaneses, rumanos y serbios que se buscaban la vida como buenamente
podían. También se podría añadir la
faceta de fenómeno social que deslumbró a un país en los oscuros años del
franquismo convirtiéndose en una estrella pop y acabaría
con otra versión referente a las leyendas, reales, inventadas o simplemente
exageradas, de sus andanzas en los cabarets de Barcelona.
Todo en Kubala es de película
Nacido en Budapest hijo de húngaro y
eslovaca, él siempre se consideró tan
húngaro como eslovaco, incluso cuando esta república formaba
parte de la ya extinta Checoslovaquia.
Cumplidos
los 20 años Kubala era una estrella futbolística reconocida por sus actuaciones
en el Slovan de Bratislava y en el Vasas de Budapest. De hecho, ya había sido internacional por las selecciones de
Checoslovaquia y de Hungría. Más tarde lo sería con España siendo aún a día de
hoy el único jugador que ha sido internacional por tres países.
La leyenda de la huída
Harto del sistema que le impedía
desarrollar su carrera futbolística profesional, emprendió una huida de
película para pasarse a occidente. Contactó
con una organización dedicada al tráfico de personas, una mafia que a cambio de
una gran cantidad de dinero facilitaba una huida a medias. Tal
y como pasa ahora con los delincuentes que juegan con la vida de la gente que
quiere cruzar el Mediterráneo de África a Europa o pasar a Estados Unidos por
la frontera sur, los contrabandistas no aseguraban nada. La última parte del
viaje dependía de la suerte y de la pericia de los fugados y en muchas
ocasiones acababa trágicamente.
Ya a salvo, supimos que el otro grupo que había viajado con nosotros y tomó otro camino fue descubierto y mataron a sus integrantes
“Recuerdo que cuando escapé de Hungría era
un crío. Los traficantes nos dejaron en
medio de un monte para hacer el último tramo a pie. Éramos
un grupo numeroso. Los mayores reunieron a los niños y nos dieron palinka. Un
licor parecido al orujo para emborracharnos y que nos durmiéramos. El lloro de
un niño podía alertar a los centinelas de la frontera que patrullaban por la
montaña. Y tenían órdenes de disparar a matar. El grupo se dividió en dos. Mi
grupo tuvo suerte y pudimos ganar la frontera austriaca. Ya a salvo, supimos
que el otro grupo que había viajado con nosotros y tomo otro camino fue
descubierto y mataron a sus integrantes”. El relato espeluznante es de Zoltan Czibor, hijo
del que sería jugador del Barça que narra como tuvo que huir de Hungría con su
familia para reunirse con su padre en Italia. La odisea de Kubala, seis años
antes, fue calcada.
Los traficantes disfrazaron a Kubala de
militar ruso y le subieron a un camión que dejaría a la partida de fugados en
un punto indeterminado del monte para
que ellos cruzaran la frontera a Austria por su propio pie. Kubala recordaba
que ese trayecto lo hizo muerto de miedo porque a diferencia de sus compañeros,
él era una celebridad nacional y cualquier soldado que revisase el camión
militar de pega se daría cuenta le reconocería. Estaba poniendo en peligro su
vida y la de los que le acompañaban.
Cuando les dejaron en la montaña el 27 de
enero de 1949, Kubala caminando, y cruzando un río a nado ayudado de un
neumático que le hizo de soporte, logró llegar a Innsbuck, Austria, sin ninguna
documentación. Era
un apátrida que empezaba de cero.
En Austria logró fichar por el Pro Patria,
equipo de Milán, pero únicamente podía jugar amistosos. Su huida provocó la ira del régimen húngaro
que le denunció y bloqueó su ficha federativa. Kubala, se
había casado dos años antes con Anna Daucik, hermana de Fernando Daucik, un
veterano jugador de la época que sería luego un afamado entrenador. Cuando
Kubala huyó dejó atrás a su familia, con la que no pudo reunirse hasta seis
meses después, cuando Anna pudo cruzar la frontera y se encontró con Ladislao
en Udine. Llegaba con un miembro más de la familia. Un bebé, su primogénito, al
que Kubala aún no conocía.
Mientras está enrolado de manera irregular en
el Pro Patria, le llega la posibilidad de fichar por el Torino, equipo
dominador de Italia en aquella época. Le ofrecen jugar un partido de prueba. Nada mejor
que un amistoso que Il Grande Torino tenía en Lisboa como homenaje a Xico
Ferreira. No obstante cuando el avión del equipo turinés está a punto de
despegar el presidente del Torino le impide a Kubala embarcar porque teme la
sanción federativa.
Kubala se queda en tierra y se salva en el
último instante de la Tragedia de Superga
Kubala,
la revolución en el Barça
En el vuelo de regreso, el 4 de mayo de 1949, la nave
Fiat G 212 de Avio Linee Italiana se estrella contra el muro de contención de
la Basílica de Superga a causa del viento, la poca visibilidad y de un error en
el altímetro del aparato. A 180 kilómetros por hora y con una visibilidad de 40
metros, el piloto vio demasiado tarde el muro de piedra de la basílica cuando
creía que el avión estaba a 2.000 metros y en realidad estaba a 690 metros de
altura . Murieron las 31 personas que
viajaban en ese aparato. Kubala había vuelto a salvar la vida.
La leyenda del Hungaria
Formación del Hungaria
antes del inicio de un partido. Kubala, es el primero de la izquierda.
Sin posibilidad de poder jugar en Italia
porque el entonces muy poderoso Partido Comunista Italiano presionaba para que
los huidos de países de la órbita de la URSS no se refugiaran en Italia, a Kubala no le quedó otra que formar un equipo
de apátridas que contrataba sus servicios por Europa para
enfrentarse en amistosos a quien les contratara.
El equipo se llamaba Hungaria, lo dirigía su
cuñado Fernando Daucik y estaba formado fundamentalmente por húngaros, aunque también había futbolistas de otras
nacionalidades. Estaba formado por: Kis, Marik, Torok, Mogoy, Lami, Rákosi,
Hrotko, Majteny, Nagy, Kubala, Otto, Licker, Turbeky, Monsider (croata), De
Lorenzi (albanés), Szegedi (rumano) y Arangelovic (serbio).
Su primer partido lo disputaron ante la
selección B de Italia, pero de nuevo las presiones del PCI les obligaron a
jugar fuera de Italia. Y así es como llegaron a España, contratados por
Santiago Bernabéu. El
cinco de junio de 1950 se enfrentaron en Chamartín al Real Madrid perdiendo por
4-2, pero con una actuación estelar de Kubala, autor de los dos goles de su
equipo. Tres días después, vencieron a la selección
española que preparaba el Mundial de Brasil, donde quedó cuarta, por 1-2 de
nuevo con gran actuación de Kubala, que recibe la oferta del Real Madrid para
ser fichado.
Kubala exige que para fichar, el Madrid tiene
que contratar también a Daucik como entrenador, cosa a lo que Bernabéu no
accede. El técnico del Madrid por aquel
entonces era el inglés Keeping, gran conocedor de la táctica de la WM. A Daucik
le ofrecen entrenar el Plus Ultra, filial del Madrid que juega en Tercera. le
parece poco. Esa negativa y los problemas federativos que arrastra Kubala hacen
que el Madrid se desinterese en su fichaje, que estaba ya pactado a falta de
unos flecos que resultaron ser determinantes.
El Hungaria se traslada dos días después a
Barcelona, donde el 10 de junio juega contra el Español perdiendo por 6-4 y en
la grada está Pepe Samitier, el secretario técnico del Barça. Hay que reseñar que el Hungaria llevaba tres
partidos en cinco días por parte de una plantilla muy corta y sin poder hacer
sustituciones. Aún así, Kubala deslumbra y Samitier no se anda con chiquitas.
Seis días después de ese partido, el 16 de junio de 1950, a las seis y media de
la tarde se firma en la sede del Barça del Pasaje Méndez Vigo el contrato de
Kubala con el Barça por tres años. Obviamente, con Fernando Daucik como
entrenador. El presidente Montal, padre, para evitar en lo posible los
líos federativos le firma en calidad de “jugador aficionado”. a las seis y media de la tarde se firma en la sede del
Barça del Pasaje Méndez Vigo el contrato de Kubala con el Barça por tres años.
Obviamente, con Fernando Daucik como entrenador
El Madrid monta en cólera y se siente
indignado. Pablo Hernández, secretario general de la entidad blanca y mano
derecha de Santiago Bernabéu, asegura que el Barça había roto un pacto de no
agresión entre ambos equipos y que había contratado a un jugador con el que
estaban en conversaciones. Samitier,
que era imbatible en la prensa, declara que él hacía meses que seguía a Kubala
y que no se había roto el pacto porque ese hacía referencia únicamente a los
jugadores que militaban en equipos españoles. Y el
Hungaria no era español. De hecho, no era de ninguna parte.
Pero los problemas de Kubala no acababan
ahí. Seguía sin tener ficha
federativa ni transfer internacional. El Vasas de Budapest y la Federación
Húngara le tenían denunciado a la FIFA. El Barça se acoge
al débil argumento de que como en Hungría se había abolido el profesionalismo,
cualquier jugador amateur podía elegir su destino. Pero no iba a ser tan fácil
la lucha.
El Barça, justo es decirlo, contaba con el
apoyo total del régimen y de la Federacion para acometer el fichaje. A nivel de propaganda anticomunista, Kubala
era perfecto. Un joven y extraordinario deportista que
huía del infierno rojo para refugiarse en la España franquista era un caramelo
demasiado goloso como para dejarlo pasar. Muñoz Calero, presidente de la
Federación, remó a favor del Barça al igual que Ricardo Cabot, secretario del
organismo, que además de afecto al régimen era reconocido barcelonista.
Pero los trámites iban muy despacio y Kubala
solamente podía jugar amistosos. Debuta ante Osasuna el 12 de octubre marcando
dos goles el día que la afición del Barça supo al instante que acababan de
fichar a una estrella. Luego, jugó ante el Zaragoza, el Franfurter por dos
veces, el Girona y el Badalona. En
seis amistosos anotó 11 goles. La afición y el propio jugador estaban ansiosos
por encontrarse en partido oficial. A todo esto, la
Federación para hacer el papel con la FIFA multaba al Barça cada vez que
alineaba a Kubala con la cifra simbólica de 50 pesetas.
En seis amistosos anotó 11 goles. La
Federación multaba al Barça cada vez que le alineaba con la cifra simbólica de
50 pesetas
Es en esa época cuando Kubala está a punto
de dejarlo todo e irse del Barça. Necesitaba el dinero y quería jugar al más
alto nivel y en Colombia le ofrecen la posibilidad de hacerlo. En el país sudamericano se había organizado la
llamada Liga Pirata al margen de FIFA y muchas de las grandes estrellas
mundiales se alistaron ahí, entre ellas Alfredo Di Stéfano que
se fue al Millonarios de Bogotá. Kubala tenía una oferta tentadora del Atlético
Bucaramanga. Ante la opción de que Kubala se vaya se aceleran los
acontecimientos. De entrada, el Barça le arregla su situación económica
mediante un peculiar contrato amateur en el que le paga 1.200 pesetas por
“compensación” y 3.800 en concepto de “estímulo y sobrealimentación”.
El 2 de abril de 1951 le conceden el estatuto de
refugiado político como apátrida, paso previo a otorgarle la nacionalidad
española. Pero para este
paso, primero había que convertir a Kubala al catolicismo mediante el
sacramento del bautismo. Todo español tenía que ser católico. Kubala recibe el
bautismo en Águilas, Murcia, localidad natal de Muñoz Calero, presidente de la
Federación.
Kubala recibe el bautismo en Águilas,
Murcia, localidad natal de Muñoz Calero, presidente de la Federación.
Es entonces cuando el Barça, para evitarse
problemas arregla económicamente sus diferencias con el Vasas, que a pesar de estar en contra del capitalismo, acepta
un pago de 300.000 pesetas para facilitar el pase mientras que el Pro patria,
que también reclamaba, se conforma con 12 millones de liras.
La era Kubala podía empezar ya en serio.
La leyenda en el campo
Kubala debutó oficialmente con el Barcelona
en Sevilla en partido de Copa. Los
sevillistas por aquel entonces eran uno de los mejores equipos. Sevilla y Barça
habían desarrollado en esa época una gran rivalidad en los puestos altos de la
tabla. En 1946 el Sevilla le había birlado al Barça la posibilidad de ganar el
campeonato empatando en Les Corts en la última jornada, en 1948 el Barça ganó a
los sevillistas en la final de la Copa Eva Perón (lo que sería la Supercopa
actual) y en esa campaña un Barça sin Kubala había perdido todas sus opciones a
ganar la Liga tras perder por 4-0 en Nervión a tres jornadas para el final del
curso.
La Copa, por aquel entonces se jugaba una
vez acabada la competición regular y en esas circunstancias se produjo el debut
oficial de Kubala. El
29 de abril en Nervión llegaba el Barça para enfrentarse al Sevilla en medio de
un ambiente enrarecido. Los andaluces habían perdido la
Liga en un desenlace dramático del campeonato al empatar en casa en el último
partido ante el Atlético de Madrid con una actuación arbitral que los locales
juzgaron escandalosa. Para más inri, de cara a la primera eliminatoria de
Copa la Federación permitía a Kubala
alinearse con el Barça, lo que en Sevilla se tomó como un recochineo.
Con el estadio lleno hasta la bandera el
Barcelona derrotó al Sevilla en una exhibición de Kubala. El barcelonista no sólo fue el mejor del
partido sino que mostró a España una manera de jugar al fútbol impensable hasta
la época haciendo cosas sobre el campo que jamás se habían visto sobre un campo:
controles con el pecho, lanzamiento de faltas con efecto, cambios de juego
milimétricos de 40 metros, protección del balón de espaldas a los rivales,
utilización del cuerpo en el remate y golpeos de tacón.
Doménech, atacante del Sevilla que fue
protagonista directo de ese partido le explicaba a Alfredo Relaño años después
como recordaba ese día.Nos volvieron locos. El
enfado de la gente se fue cambiando por clamores. Estábamos asistiendo a algo
extraordinario. Fue como pasar del cine en blanco y negro al color Doménech
“Fue lo nunca visto. Sacaba Ramallets y la mataba con el
pecho, o con cualquiera de las dos piernas. Si le entrabas te regateaba en una
baldosa. Lo mismo arrancaba que daba la vuelta, para que sus compañeros se
colocaran. La ponía donde quería. Tiró una falta que no se había visto aquí.
Además, de cuando en cuando cambiaba con César, se ponía de delantero centro y
César de interior. Nos volvieron locos. El enfado de la gente se fue cambiando
por clamores. Estábamos asistiendo a algo extraordinario. Fue como pasar del
cine en blanco y negro al color”, explicaba el ex jugador
sevillista. El
público de Sevilla que había recibido de uñas al Barça y a su nueva estrella
acabó en pie ovacionando cada acción de Kubala como si asistiera a una gloriosa
faena taurina.
Las acciones de Kubala en el terreno de
juego cambian el fútbol para siempre. Como no había televisión, se tiene
noticia de sus gestas por vía oral. No hay otra manera de verlo que ir al campo
de Les Corts, que está a reventar en cada partido que el Barça juega como
local. Es un argumento muy corriente
decir que Kubala obligó a que el Barça construyera el Camp Nou porque el viejo
Les Corts no daba abasto para dar cabida a toda la gente que quería admirarle. Puede
que influyera, pero como explica el periodista Frederic Porta, autor de una
interesante biografía de Kubala (Kubala, l’heroi que va canviar la història del
Barça. Ed. Saldonar), “lo cierto es que el Barça ya había comprado los terrenos
para construir el Camp Nou dos años antes y la idea de hacer un campo más
grande ya existía, pero Kubala lo avanzó todo y justificó el cambio”.
Dotado de una técnica brutal, de un golpeo de
balón sensacional y de una fuerza física fuera de lo común, Kubala cambió el
fútbol. Lanzaba las faltas por encima de la
barrera con efecto o haciendo que la pelota botara delante del portero, lanzaba
los penaltis (era prácticamente infalible) con lo que luego se llamó paradinha
y se atribuyó a los brasileños aunque el primero que lo hizo en Europa fue él.
Físicamente era un toro. En su juventud había practicado el boxeo y si no llegó
a púgil reconocido y de trayectoria fue porque tenía los brazos cortos. Su tren
inferior era sensacional. Culón y con unas piernas que le permitían proteger a
pelota como nadie. Frederic Porta relata que “en su época de esplendor le midieron los muslos y tenía cada uno
una circunferencia de 69 centímetros, lo que sería la cintura de alguno de sus
compañeros”. Además, era capaz de correr los 100 metros en
menos de 11 segundos. Un atleta total y con una técnica depuradísima. en su época de esplendor le midieron los muslos y tenía
cada uno una circunferencia de 69 centímetros, lo que sería la cintura de
alguno de sus compañeros (Frederic Porta)
No obstante, esa fuerza física y la
confianza que él tenía en ella, pues jamás rehuía el choque, fueron su
cruz. Kubala se convirtió en el
objetivo de una cacería por parte de los defensas rivales. Él
jamás se escondió y por eso en once años en el Barcelona sufrió hasta once
lesiones de cierta gravedad. Con los partidos sin televisión, la dureza que
rayaba la violencia estaba al orden del día. Le cosían a patadas.
Pero el Barça vivía su época más dorada hasta
la fecha. Además, el club giraba en torno a Kubala. Frederic Porta lo compara con la época
actual: “Ahora dicen
que Messi manda en el club y seguro que manda, pero nada que ver con la
influencia que tenía Kubala. Este sí que mandaba e incluso decidía los
fichajes. Y a nadie le extrañaba. Que el Barça adoptara las medias con las
rayas horizontales blaugrana es imposición suya. Las vio al equipo de rugby, le
gustaron y las incorporó al equipo de fútbol por decreto. De hecho, es él quien
se empeña a fichar a Luis Suárez cuando le deslumbra en un partido contra el
Deportivo. Kubala
era el primer fan de Suárez, otra cosa es lo que pasó en la grada, que se
dividió entre suaristas y kubalistas”. Ahora dicen que Messi manda en el club y seguro que
manda, pero nada que ver con la influencia que tenía Kubala. Este sí que
mandaba (Frederic Porta).
Suárez era ocho años más joven que Kubala.
Llegó al Barcelona con 19 años, Kubala tenía 27 y un físico muy castigado por las lesiones y por la vida
que llevaba, pues no se privaba de nada. Si aguantaba, era por
una genética privilegiada.
Por tanto, jamás hubo entre ellos una
competencia real, pero ahí influyó mucho la figura de Helenio Herrera, el entrenador del Barça, que
veía a Kubala ya mayor y lento y ansiaba un cambio rápido por el joven gallego
como líder del equipo. El debate llegó a las gradas y a
los medios de comunicación. Debate absurdo, porque no jugaban en la misma
posición, con quien de verdad mantenía cierta rivalidad Kubala era con Eulogio
Martínez, que era con quien alternaba el puesto.
Los problemas físicos de Kubala no eran
solo por las lesiones. Tuvo a toda España en vilo cuando sufrió una
tuberculosis que pudo haberle costado la vida. Existen versiones apócrifas que explican que
esa tuberculosis en realidad fue una puñalada que sufrió en una pelea en un bar
de mala nota del distrito quinto (el barrio chino de
Barcelona) y tiene que retirarse al Montseny, concretamente al pueblo de
Monistrol de Calders, a recuperarse. Nadie apuesta por su vuelta a los terrenos
de juego si es que sobrevive a un “agujero en el pulmón del tamaño de un duro
de plata” según las crónicas de la época. Pero una vez más, la capacidad de
supervivencia de Kubala se impone. Regresa
a los terrenos de juego, pero ya muy castigado y más lento.
En ese contexto llega la final de la Copa
de Europa de 1961, a la que Kubala llega con 34 años y una hernia discal que
apenas le permite caminar, pero quiere jugar. Sabe que el club pasa por una
situación crítica a pesar de haber alcanzado por primera vez la final del
máximo trofeo: el
club está en bancarrota por la construcción del Camp Nou, las
luchas en la directiva son cainitas, Luis Suárez ha fichado por el Inter (el de
Berna será su último partido con el Barça), donde se había ido Helenio Herrera
dejando el equipo en manos de Enrique Orizaola.
Kubala le dice a Orizaola que le alinee,
que como todos los portugueses irán a por él y el apenas puede moverse por el
dolor de espalda y jugará infiltrado, eso dará más oportunidades a sus
compañeros. pero el partido es un cúmulo de desdichas para el Barcelona.
Ramallets se marca un gol en propia puerta, el Barça dispara tres veces a los
malditos palos cuadrados de las porterías (a partir de entonces se les cambiaría
la forma) llegando incluso Kubala a chutar un balón que dio en un poste,
recorrió la linea de gol hasta dar en el otro poste y salir repelido. El Barça pierde y se acaba la época de Kubala
en el Barça.
El hombre del año
La trascendencia de Kubala sobrepasa el
terreno de juego. Según una votación que hizo para Radio Barcelona el
periodista Joaquín Soler Serrano a mediados de los años 50, los catalanes más queridos para sus
conciudadanos eran el Doctor Barraquer y Ladislao Kubala.
“Literalmente era el personaje más famoso de la ciudad, la
gente le profesaba verdadera veneración, ni la influencia de
Messi ahora es comparable con la que ejercía Kubala en aquellos años”, explica
Porta. Un semidiós. Alto, fuerte, rubio con ojos
azules y una personalidad desbordante. Concitaba la admiraciónde hombres y
mujeres por igual. Un ídolo (Alfredo Relaño).
Su vida fuera del campo de juego era
notoria. Noctámbulo impenitente, era habitual verle en los cafés y cabarets de
moda en Barcelona. Era un hombre que destacaba. Alfredo Relaño le define en
algunos de sus artículos como “un semidiós. Alto, fuerte, rubio con ojos azules
y una personalidad desbordante. Concitaba la admiración de hombres y mujeres
por igual. Un ídolo”. Frederic Porta lo resume con el argumento de que “sería la suma de Messi y Beckham y encima
saliendo de noche”.
Ante esta vida digamos desordenada que
llevaba Kubala, la
directiva del Barcelona optó por ponerle una agencia de detectives para que le
siguiera por la noche. Los informes de los detectives se
encuentran aún en el Centre de Documentació del FC Barcelona y Frederic Porta
los publicó en la revista de historia ‘Sàpiens’. En ellos se da cuenta con todo
detalle de las andanzas nocturnas del “Señor K.”, nombre en clave de la
estrella blaugrana en un ejercicio de absurda discreción. También se encuentra
en los archivos del club una carta de un empresario de Sabadell, que expresa al
club su preocupación por haberse encontrado a Kubala y a Czibor “en un local de
Sabadell pasadas las 2,30 de la madrugada acompañados de unas señoras de esas
que antes fueron señores, no sé si me entiende”. Lo que no explica el
empresario en la carta es que hacia él en el mismo local.
...en un local de Sabadell pasadas las 2,30 de la
madrugada acompañados de unas señoras de esas que antes fueron señores, no sé
si me entiende... (Un empresario anónimo)
La afición de Kubala por la bebida no era
ningún secreto. Helenio Herrera explica en una entrevista de televisión que “un
día en un aeropuerto en la aduana le preguntaron a Kubala si tenía algo que
declarar y dijo que dos botellas de whisky. El funcionario le pidió que se las
enseñara y él, riéndose se tocó la barriga y dijo: radiografía, las llevo
dentro”. En otra ocasión, en la misma situación, pero llevando la botella en la
bolsa, le conminaron a que la dejara
en el aeropuerto porque no estaba permitido embarcar bebidas alcohólicas. Ni
corto ni perezoso se la bebió delante del atónito funcionario.
Las leyendas sobre las ocasiones en las que
se le alargó la noche y no llegaba a los entrenamientos o a los partidos era
recurrente. En ese caso, se
apelaba a los servicios de ángel Mur padre, el masajista del equipo que sabía
donde encontrarle. Empezaba una romería por locales o pisos
habituales hasta que daba con él, lo llevaba al vestuario, le daba una ducha de
agua fría, un café con sal, un masaje y a jugar. La afición se lo perdonaba
todo y era consciente de que su estrella era un hombre de vida alegre. pero
nunca fallaba en el campo. Entre el público de aquella época existía el
comentario sobre el ritual de Kubala en esos partidos que seguían a una noche agitada.
“Empezaba mal, e impreciso, pero la señal era cuando a los diez minutos de
partido se arremangaba las mangas de la
camiseta como diciendo ‘ya estoy aquí, vamos a empezar que ya me he despejado’ era
entonces cuando la máquina se ponía a funcionar”.
No se puede encontrar a nadie en el mundo que
hable mal de Kubala. Absolutamente
nadie. Todos destacan su enorme corazón y que a pesar de ser con diferencia el
jugador mejor pagado de la época (cobraba seis veces más que sus compañeros) no
tenía un no para nadie. Su
desapego por el dinero era legendario.
Como prueba, la anécdota que explica su
biógrafo Porta: “un
día llegó al vestuario y comentó que le habían robado el coche y que en la
guantera llevaba un sobre con 200.000 pesetas, lo que era un fortunón para a
época (un buen piso podía costar 130.000 pesetas). Cuando sus compañeros le
intentaron animar él se limitó a decir: lo habrá cogido alguien que lo necesita más que yo”.
También era habitual que se quitara su abrigo
y se lo regalara a un pobre que pedía limosna en el invierno barcelonés o que acogiera en su casa de la calle Duquesa de
Orleans a cualquier húngaro que llegara a Barcelona pidiendo ayuda. Kubala,
recordando sus tiempos de refugiado apátrida sin papeles no preguntaba nada. Se
los llevaba a su casa y les pagaba un billete de barco hacia América. La
consigna entre los refugiados que huían del Telón de Acero era que “si llegas a
Barcelona, busca a Kubala, él te ayudará”. Nunca fallaba.
La consigna entre los refugiados que huían del Telón de
Acero era que “si llegas a Barcelona, busca a Kubala, él te ayudará”
Posteriormente, ya retirado no podía ser de
otra manera, montó un bar junto a Czibor en la calle Capitán Arenas, el mítico
Kep Duna (Danubio azul en húngaro) que se convirtió en un centro extraoficial
de acogida a refugiados que era vigilado por los servicios secretos de los
Estados Unidos, de la URSS y por la policía española. Algo así como el Rick’s Café de la película
Casablanca, pero en la zona alta de Barcelona.
Era el gran personaje de Barcelona querido
por todos, pero hubo un momento en el que esto estuvo a punto de romperse por
extraño que parezca. Coincidió con la derrota en Berna, cuando una parte de la
prensa llegó a escribir que “hay
que deskubalizar el Barça como hay que desestalinizar a la Unión Soviética” y,
especialmente, cuando fichó por el Espanyol. El terremoto fue de aúpa.
Del
banquillo a Sarrià
Tras la derrota en la final de Berna, Kubala
anuncia su retirada de los terrenos de juego. Había hecho el curso de entrenador y había quedado
como el número uno de su promoción. Pacta con el presidente Llaudet, todo un
personaje también como veremos, que en principio se hará cargo de la escuela de
futbolistas del club y que en un par de años pasaría a hacerse cargo del primer
equipo.
Mientras tanto, el Barcelona lo dirige
Lluís Miró que afronta una plantilla en descomposición. Suárez ha sido
traspasado al Inter en la peor decisión de la historia del club y mitos como
Ramallets, Tejada o Czibor estaban en el declive de sus carreras. La temporada
empieza fatal y tras perder en Mestalla ante el Valencia por un humillante 6-2
que fuerza la dimisión de Miro. Llegaba
la hora de Kubala, que asciende al primer equipo ante la alegría de la afición.
Y el proyecto resulta de entrada. El Barça de la segunda
parte de la temporada 61-62 remonta en la Liga y acaba segundo (la distancia
con los blancos cuando llegó Kubala era casi insalvable) y venga el 6-2 de
Mestalla goleando al Valencia en el Camp Nou por 4-0.
De cara a la siguiente temporada, la 62-63,
Kubala puede hacer su equipo dando bajas dolorosas de algunos de los que habían
sido sus ex compañeros como es el caso de Eulogio Martínez o Evaristo. Una de las reticencias de Llaudet para dar el
cargo de entrenador a Kubala era que tendría que dirigir a algunos de los que
habían sido sus compañeros.
Las expectativas positivas sobre el primer
proyecto completo de Kubala se frustran a las primeras de cambio cuando a principio de curso el equipo blaugrana
debe de jugar la final de la Copa de Ferias ante el Valencia, el equipo que
provocó la caída de Miró y el ascenso de Kubala. Y la historia, por raro que
parezca, se repite: el Valencia le vuelve a meter 6-2 al Barça. La afición
estalla contra el equipo. En el partido de vuelta, obviamente, no hay nada que
hacer, pero la capacidad de Llaudet para autoflagelarse no tiene límites. Tal
como escribe Alfredo Relaño, el presidente blaugrana convoca el día antes del
partido una cena con la prensa y realiza esta declaración que si pasara hoy en
día abriría todos los noticiarios.
Llaudet, ante la prensa y acompañado del
técnico Kubala y de Gràcia como capitán, pide perdón a la afición y anuncia
cambios en el protocolo del inicio del partido de vuelta.
“Saldrá primero el Valencia para recibir
los aplausos; después el Barcelona, para que reciba los silbidos. Después
saldrá Kubala, para que arrecien. Y finalmente yo, para que caigan todos los
silbidos sobre mi persona, porque soy el barcelonista que más quiere al club y
que está destinado a morir en el campo, si es preciso…”. Termina entre sollozos. Como vemos, Gaspart no
inventó nada.
El partido acabo en empate a uno y el
proyecto Kubala como técnico del Barça estaba sentenciado. El técnico es
despedido a mitad de temporada y entonces estalla la bomba en Barcelona.
Kubala, despechado acepta la oferta para volver a los terrenos de juego, pero no como técnico, será como jugador y nada más
y nada menos que en el Espanyol, el eterno rival del Barça.
El 3 de septiembre de 1963 el Espanyol,
entonces Español, anuncia la contratación e Kubala como jugador, con 36 años se veía capaz de ser competitivo.
Le tildan de “judas que se vende por un
plato de lentejas”, de “traidor” y ven intereses políticos en su decisión
Su decisión divide a la opinión pública.
Por un lado, Federico Gallo y Juan José Castillo apoyan su decisión, por
contra, Carlos Pardo o Manuel Ibáñez Escofet tiran con bala contra él. Le
tildan de “judas que se vende por un
plato de lentejas”, de “traidor” y ven intereses políticos en
su decisión.
Kubala explica que quería seguir jugando y
que se veía capaz de hacerlo,
aunque aceptaba que no estaba al nivel del Barcelona. Había recibido ofertas de
clubes importantes, entre ellas de River Plate y la Juventus, pero no quiere
irse de Barcelona, donde se siente un barcelonés más. El Español colma sus
expectativas.
Al finalizar el partido, organiza a sus
compañeros para que le hagan el pasillo al Barça aplaudiendo al rival en
reconocimiento a la exhibición realizada. Ese gesto sienta mal entre los
aficionados españolistas
Su inicio de temporada no es malo, al
contrario, marca en sus dos primeros partidos, pero el equipo no acaba de
funcionar. La cohabitación entre la veterana estrella recién llegada, Kubala, y
el símbolo del equipo, Argilés, no es fácil. Scopelli es destituido como
entrenador y se da el mando de hecho del equipo a los dos líderes del equipo a
pesar de sus diferencias. La
crisis estalla cuando el Español visita el Camp Nou. Los
periquitos pierden por 5-0 en un partido en el que la grada barcelonista
abuchea a Kubala a quien tienen muchas ganas de humillar con su nuevo equipo.
Aún así, al final del partido, Kubala tiene un gesto ante su ex equipo que
demuestra que no guarda ningún rencor ante lo que ha oído desde la grada. Al
finalizar el partido, organiza a sus compañeros para que le hagan el pasillo al
Barça aplaudiendo al rival en reconocimiento a la exhibición realizada. Ese
gesto sienta mal entre los aficionados españolistas y entre algunos
compañeros. Argilés no hace el pasillo y se marcha directo a los vestuarios.
Al año siguiente, Kubala pasa a ser
entrenador-jugador y entre las bajas que da, está la de Argilés, pero por
contra, llega Di Stéfano, también
rebotado por su mala salida del Madrid enfrentado a Bernabéu.
Di Stéfano
y Kubala son como hermanos. A
pesar de no haber jugado oficialmente juntos, mantienen una química especial.
Una amistad que se fragua cuando el argentino a punto está de fichar por el
Barcelona.
Cuando Di Stéfano llega a Barcelona para
fichar por el Español se aloja primero en el hotel Avenida Palace, pero al mes está viviendo en casa de Kubala como
uno más de la familia. Los hijos de ambos siempre mantuvieron
una relación como si fueran de la familia.
Uno de los jugadores que estuvo a las
órdenes de Kubala fue José María Rodilla, uno de los que poco después formarían
la famosa delantera de los ‘Delfines’. Con 80 años, Rodilla recuerda a Kubala.
“De
Kubala tengo un recuerdo maravilloso, siempre le profesé un
cariño especial. No en vano, fue él el que me fichó para el Espanyol”, recuerda
al atender la llamada de este periódico al que confiesa que “normalmente no
hago declaraciones, pero para hablar de Kubala lo que sea”.
Rodilla, ex compañero del Español, lo tiene
claro “era el mejor jugador a nivel de técnica del mundo. Di Stéfano era mejor
futbolista, pero no tenia su técnica. Alfredo era más intenso y mas jugador de todo el campo, pero no
podía hacer cosas que Kubala hacía”
Quien tuvo el privilegio de jugar con los
dos recuerda que “por ejemplo, Di
Stéfano no te dejaba tranquilo ni un minuto, estaba todo el rato encima tuyo y
las broncas eran de órdago, pero siempre daba ejemplo, nunca te
pedía algo que él no hiciese menos al final que después de dos carreras me
decía, ‘Rodi, ve a por ese que ya no puedo, luego lo tapo yo’. Se dejaba el
alma. Kubala era más paternalista y
tolerante. Nos pedía por ejemplo que hiciésemos como él en
los entrenamientos, que estando sentado era capaz de dar 3.000 toques a la
pelota sin que se le cayera. Sólo lo podía hacer él”.
Rodilla añade una anécdota que explica la
calidad de Kubala ejerciendo de entrenador jugador ya con 38 años: “fuimos a jugar un amistoso a Amposta y señalaron una
falta al borde del área. Coge Kubala la pelota y zas, a la escuadra. El árbitro
la hace repetir porque alguien se ha movido o por no sé qué. Kubala la vuelve a
goger y zas, a la escuadra otra vez. Y el árbitro le dice que se tiene que
volver a repetir. Ese día Kubala se enfadó y se fue del campo”.
Rodilla recuerda que el pase de Kubala del
Barça al Espanyol creó polémica en la ciudad, pero que él estuvo ajeno a todo.
“Seguía siendo una persona
magnífica, jamás le oí una mala palabra contra nadie. Nunca se
metió en una discusión, era la bondad personificada, le falto suerte en su
etapa de entrenador, pero como entrenador es de los mejores que he tenido, con
un gran cariño para los jóvenes y tratando siempre de ayudar para que
mejoraras”.
En su segunda temporada, la decisión de
hacer debutar a su hijo Branko a una edad muy temprana levantó suspicacias
y al final Kubala inició una
irregular carrera como técnico.
Alargó su carrera como jugador un par de
años más jugando en el Zúrich y probando incluso la aventura americana en el
Toronto Falcons, donde coincide de nuevo con Branko y el hijo de Daucik. Con 40 años jugó 19 partidos marcando 5 goles.
En 1968 regresa a España y entrena durante un corto
periodo de tiempo al Córdoba hasta que le llama la selección nacional. Kubala dirigirá al equipo español hasta 1980,
cuando fichará por el Barcelona de nuevo como técnico.
El debut de Kubala con España fue, de nuevo,
un partido de propaganda del régimen. Se disputó en el Estadio de la Línea de la
Concepción ante Finlandia y España goleó por 6-0 a sus rivales en un partido
que ya no servía de nada. España había quedado fuera de la clasificación para
el Mundial de México’70, pero la idea de ese partido era la de exhibir un campo
estupendo que pudiera verse desde Gibraltar como para dar envidia a los del
Peñón de la cultura deportiva de esa España. Cosas del régimen.
Kubala dirigió a España en 68 partidos, una
cifra que únicamente ha superado Vicente del Bosque con 110. Miguel Muñoz
dirigió 63 veces a España, Clemente, 62 y Luis Aragonés se quedó en 54.
Cierto es que en esa época España penaba
más que otra cosa en el panorama internacional. No se clasificó para el Mundial
del 74 a causa del gol de Katalinski en el partido de desempate en Frankfurt y
tanto en el Mundial 78 como en la Eurocopa 80 el equipo cayó en la primera
fase, pero sigue sin
haber nadie de esa época que emita un juicio contrario a Kubala.
“Kubala, un adelantado a su tiempo. Sin
duda, tenía que ver mucho su pasado como futbolista. Y no como uno cualquiera,
¡como el mejor! Recuerdo que siempre me decía: ‘Rubén, debes desmarcarte al lado contrario al
que viene la pelota. Busca el espacio, no la pelota’. El gol
que marqué en Yugoslavia tiene que ver con todo lo que me enseñó él”, relataba
a Fermin de la Calle en una entrevista para AS Rubén Cano, el héroe de la
famosa ‘Batalla de Belgrado’ en el partido que llevó a España al Mundial de
Argentina. Sí, el del gol de Cardeñosa que pudo cambiar el currículum de Kubala
en la selección.
Hizo mucho por mejorar al fútbol español y su idea respecto a la incorporación de
extranjeros para mejorar el nivel del fútbol español fue clave en el desarrollo
futuro del nivel competitivo español.
Sus jugadores le recuerdan como una persona
didáctica, audaz tácticamente y muy cercana. En un tiempo en el que se imponía la furia como marca
de la casa, Kubala nunca olvidó que él era el heredero de la tradición magiar
del Honved y de la Hungría que a base de mover el balón conmocionó al mundo el
día que destrozaron a Inglaterra en Wembley por 3-6.
Puede que para el aficionado medio, Kubala
fuera un entrenador de medio pelo que encarna una época de la selección en la
que no se ganaba nada, como así ha sido la mayor parte del tiempo y que pasara
a popularizarse por sus expresiones que ahora serían carne de meme en las Redes
Sociales. A la Selección se la conocía
como a los ‘Kubala boys’ y el latiguillo del técnico antes de los partidos
diciendo “chicos bien, moral óptima” era la frase de moda en las cafeterías de
los 70 en España.
Pero entre sus colegas, Kubala seguía
mereciendo un respeto reverencial. “El primer gol fue auténticamente latino, realizado con
picardía y perfectamente estudiado. Sólo puedo felicitar a Kubala por su
trabajo táctico previo”, la
frase de Helmut Schön, seleccionador alemán después de enfrentarse y perder
ante España en un amistoso en el que la reciente semifinalista mundial y próxima
campeona mundial cayó ante los Kubala boys en el Sánchez Pizjuán con dos goles
de estrategia convertidos por Arieta. Sí, Arieta ante los Múller. Seeler,
Beckembauer, Maier, Netzer y compañía.
Dejó la selección en 1980 para fichar por
el Barça como técnico de la segundo proyecto de Núñez en una operación que fue
la antesala de lo que pasaría en el Mundial de Rusia con Lopetegui. Kubala se comprometió con el Barça mientras
era seleccionador y trató de alternar las funciones, pero Porta se negó. Finalmente,
el 8 de junio de 1980, cuatro días antes de empezar la Eurocopa, Kubala fichaba
por el equipo blaugrana, al que se incorporaría después de la Eurocopa.
Su segunda etapa al frente del Barça tampoco
fue bien y fue destituido a media temporada. Siguió su aventura en los banquillos como
seleccionador de Arabia Saudí (en eso también fue pionero), entrenando al
Málaga y a la selección de Paraguay antes de retirarse del fútbol en primera
linea en el banquillo del Elche.
Pasó sus últimos años en Barcelona tan
activo como siempre. Jugando con los veteranos del Barça, ayudando a sus
compañeros, sin tener un no para nadie y jugando al tenis cada día o saliendo a
correr o haciendo rutas en
bicicleta exhibiendo un estado físico
envidiable.
Hasta que la luz de la genialidad y la
gloria se apagaron hace 18 años. Una
enfermedad cerebral degenerativa puso fin a la aventura, pero no a la leyenda
de un mito del futbol mundial. Un icono que cambió para
bien la vida de tantas personas que no cabrían en un estadio de fútbol.
El féretro
con los restos mortales de Kubala fue
portado a hombros, entre los aplausos de los aficionados que se dieron cita a
las puertas de la iglesia de Santa Tecla, por Alfredo Di Stéfano, Gustau
Biosca, Eduardo Manchón, Estanislao Basora, Joan Segarra, Josep Bertomeu, Luis
Suárez, Antoni Ramallets y Gonzalvo III.
Reposa en el cementerio de Les Corts, al lado del Camp Nou porque así lo dejó escrito en
su testamento mientras Serrat le cantaba aquello de:
Pelé era
Pelé y Maradona uno y basta.
Di Stéfano era un pozo de
picardía.
Honor y gloria a quienes
hicieron brillar el sol de nuestro fútbol de cada día.,
Todos tienen sus méritos; a
cada quien lo suyo,
pero para mí ninguno como
Kubala.
Se ruega al respetable
silencio,
que para quienes no lo han
gozado diré cuatro cosas:
la para con la cabeza,
la baja con el pecho,
la duerme con la izquierda,
cruza el medio campo con el
esférico pegado a la bota,
se va del volante y entra en
el área grande enseñando la pelota,
la esconde con el cuerpo,
empuja con el culo y se sale
de espuela.
Se mea al central con un tuya
mía con dedicatoria
y la toca justo para ponerla
en el camino de la gloria

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