Helenio Herrera: el primer entrenador mediático. 1958-1960 (Primera parte)
De Fernando Cuesta Fernández
Esta
aseveración no es cierta del todo, pues sí existía un técnico con el suficiente
carisma como para erigirse en una estrella tan refulgente como los futbolistas
que actuaban a sus órdenes. Se llamaba Helenio Herrera, un trotamundos difícil
de encasillar en una nacionalidad concreta (había nacido en Argentina, de
padres españoles -andaluces por más señas -, su carrera como jugador se había
iniciado en el Marruecos Francés, para luego continuar en la Metrópoli, y se
había forjado como entrenador en el país vecino y en España, con un breve
paréntesis portugués). Su currículo profesional presentaba ya algunos brillantes
triunfos, y en nuestra tierra había llevado al Atlético de Madrid a la
conquista de dos títulos de Liga consecutivos, en las temporadas 1949-50 y
1950-51, logrando con el Sevilla un casi imposible subcampeonato, superando los
hispalenses al mismísimo Barça y a los dos Atléticos, y clasificándose para
jugar la Copa de Europa. Sus conocimientos tácticos y técnicos estaban, pues,
fuera de toda duda, pero a ellos añadía una fuerte y acusada personalidad, y
unas dotes de psicólogo y motivador por entonces inéditas en el mundo del
fútbol.
Por
todo ello no resultó extraño que Francesc Miró-Sans, el presidente azulgrana, pensara
en él para ponerle al frente de un Barça que acababa de estrenar un estadio de
fábula y contaba con una plantilla de ensueño, pero no acababa de remontar el
vuelo en el sentido triunfal que desearía su gran masa de socios,
aficionados y seguidores. Y con Herrera va a irrumpir -arrolladoramente, como
todo lo suyo -la modernidad, pues el flamante técnico culé era rabiosamente
moderno, tanto por su intensa relación con los medios informativos como por el
hecho de que su propia identidad podía ser etiquetada en unas llamativas
y sonoras siglas, «HH», precisamente en un tiempo donde estaba muy presente, de
candente actualidad, la existencia de un arma nuclear terriblemente letal, la
«Bomba H», lo cual daba pie para todo tipo de chascarrillos. Y es que Helenio
Herrera, al igual que ocurría con algunos famosos directores cinematográficos
del momento, que eran más importantes que sus estrellas, y cuyo nombre
constituía el principal reclamo de cara a la taquilla (privilegio del que
participaban un selecto grupo de elegidos: Alfred Hitchcock, el primero de
ellos, John Ford, Frank Capra, Billy Wilder, Federico Fellini o Ingmar
Bergman), tenía el don de eclipsar, o casi, a las figuras que estaban a sus
órdenes.
UNA
BIOGRAFÍA APASIONANTE
La
biografía de Helenio Herrera es digna de una buena novela o una gran película.
Contiene la cantidad precisa de elementos fuera de lo corriente como para hacer
atractiva una historia, en cuyo transcurso se forja una personalidad
excepcional, ambiciosa, excesiva, irritante a veces, pero siempre fascinante.
HH siempre abonó su mito con algo de misterio, su trayectoria no siempre
aparece nítida, sino que existen en ella algunas zonas de sombra -aunque no empañan
un ápice su extraordinaria aventura, llena de éxitos y boutades -tales como la cuestión de su verdadera
edad, e incluso el hecho de haber jugado o no en la Selección Francesa.
Su
nacimiento se fecha a menudo en 1916, los días 10 o 19 de abril -hay
discrepancias sobre la fecha en que fue registrado -, pero bien pudo haber
tenido lugar en 1910, o 1913, tal como aparece en algunas fuentes. La verdad es
que Herrera siempre ofreció un aspecto de madurez física e intelectual,
bastante por encima de sus futbolistas, lo que ya era palpable cuando dirigía
al Atlético de Madrid, con sólo 33 o 34 años oficiales. La
impresión que nos comunica es la de un hombre de mundo, con larga experiencia
vital a sus espaldas, conocedor de todos y cada uno de los resortes que pueden
motivar a un futbolista profesional de veintitantos, ingenuo, elemental y mucho
menos formado que él. Era un autodidacta que había hecho acopio de esas
vivencias a través de un largo periplo cosmopolita, e irradiaba un influjo
irresistible sobre sus pupilos. Yo, personalmente, me inclinaría por 1910 como
fecha de nacimiento, pero para nuestro trabajo no constituye un dato
excesivamente relevante. Lo que importa es cómo se va a ir forjando el carácter
de un hombre hecho a sí mismo, como dirían los norteamericanos (self made man), con esa magnética personalidad y una
gran confianza y seguridad en sus potencialidades, así como un innegable
componente ególatra y exhibicionista (lógico dada la naturaleza del trabajo que
le hizo famoso), pero siempre fundado en una capacidad técnica, táctica y
psicológica fuera de lo común, que le condujo a la cima, al éxito y a la
gloria, en un campo tan difícil y competitivo como el del fútbol profesional.
Hasta
nosotros ha llegado la imagen de un Helenio Herrera hipermediático (cuando
prácticamente ningún colega suyo lo era), con una irrefrenable incontinencia
verbal, aureolada por ese puñado de frases que siempre se repiten al referirse
a él -«se juega mejor con diez que con once», «ganaremos sin bajar del
autobús»…-, pero, amén de ser un pionero en el empleo a su favor de los
modernos medios de comunicación, fue un técnico magnífico, carismático y
revolucionario, que introdujo métodos y sistemas novedosos, y colocó buena parte
de los cimientos del fútbol moderno.
Como lugar
de origen aparece Buenos Aires, lo que le convierte teóricamente en ciudadano
argentino, aunque sea la República del Plata el país que menos incidencia vaya
a tener en su formación posterior. Es inscrito como Helenio Herrera Gavilán (al
parecer por un error, pues el deseo paterno era llamarle «Heleno»). Sus padres
fueron dos emigrantes españoles, andaluces para más señas, Francisco Herrera,
«Paco el Sevillano», un carpintero de ideas anarquistas, y María Gavilán, una
criada. El matrimonio trabajaba en Gibraltar, el padre en los astilleros, y la
madre sirviendo en casa de unos ingleses, pero no salían de pobres, y además
tuvieron que sufrir la muerte de sus tres hijos. La emigración, pues, aparecía
ante sus ojos -como para tantos otros millones de menesterosos -como la única
posibilidad de abandonar una situación tan penosa y lamentable, y pusieron en
ella todas sus ilusiones y sus parcos ahorros, subiéndose en Algeciras a un
barco que zarpaba rumbo a la Argentina.
Por esa
razón Helenio va a ver la luz en la gran urbe porteña, pero por poco tiempo,
porque tampoco dicho país demostró ser El Dorado para la familia Herrera, que
sólo algunos años después de llegar al Nuevo Mundo van a tomar de nuevo sus
humildes bártulos para abordar otro buque. En esta ocasión el destino será la
zona francesa del Protectorado de Marruecos, y en concreto la ciudad de
Casablanca, de reminiscencias tan cinematográficas ella. En su infancia el
futuro entrenador va a conocer privaciones y miseria, y por lo tanto resulta
lógico que el dinero pasara a ser una de sus principales preocupaciones. Esa
fama de «pesetero» que siempre le acompañó estaba más que justificada por las
circunstancias de su propia biografía: hermanos muertos en plena niñez y que no
llegó a conocer, y unas precarias condiciones, habitando en chabolas de los
barrios marginales de Casablanca y buscándose la vida desde muy crío. Todo eso
fue moldeando un carácter inconformista y ambicioso, que le convirtió en un
ganador. Su currículo profesional es impresionante: 7 campeonatos de Liga (4 en
España y 3 en Italia), 3 de Copa (dos en nuestro país y la otra en Roma), 2
Copas de Europa y otras 2 Intercontinentales con el Inter, y 1 Copa de Ferias
con el Barça, amén de muchos otros trofeos menores. Es evidente, a la luz de tanta
orfebrería conquistada, que «HH» era mucho más que un bocazas arrogante y
prepotente: un técnico preparadísimo, cerebral e innovador, cuyas
responsabilidades excedían en mucho a las de un simple ocupante temporal del
banquillo, invadiendo funciones más propias de un secretario técnico, un
directivo, o incluso un presidente de club.
Comenzó
pateando latas por los áridos descampados de Casablanca, para más tarde confeccionar
improvisadas pelotas de papel o de trapo, utilizando para ello las medias de su
madre. De ahí pasó a los equipos federados del fútbol base marroquí, hasta
pegar el gran salto a la Metrópoli. En Francia va a ir retrasando
progresivamente su posición sobre el terreno de juego, hasta afianzarse en la
línea defensiva. Nunca fue un gran jugador, pero suplió esas carencias a
base de coraje, entrega y empuje, derrochando nervio y velocidad, que iban a
ser sus premisas una vez convertido en entrenador. Militará en varios clubes
galos (Français, Red Star, CASG, Charleville, Stade Français…), a la vez que
trabaja en diversos oficios y para importantes empresas como Citröen y Saint
Gobain (el fútbol francés no podía considerarse entonces, en el período de
Entreguerras, una actividad del todo profesional, como de hecho ocurría en
muchos otros países). Vivirá algunos malos tragos durante la Guerra y la
ocupación alemana, como por ejemplo cuando tiene que huir de París en bicicleta
y se encuentra de manos a boca con tropas nazis que se batían en retirada, pero
su proverbial buena estrella –baraka lo llamarían
en la Casablanca de su infancia-, nunca le va a
abandonar, y consigue salir airoso de ese y algún otro trance peligroso.
Al
llegar la paz, y antes de colgar las botas, comienza a entrenar, poniendo en
práctica todo lo que había aprendido. El Puteaux es su primer club, y luego
pasa al Stade Français. Allí va a descubrir a futbolistas tan destacados como
el magrebí Larbi Ben Barek o el guardameta Marcel Domingo, a los que luego
tendrá bajo sus órdenes en España. Y hablando de España…Su buen hacer en los
banquillos no va a pasar desapercibido en nuestro país, a medida que se reanudan
los contactos internacionales a nivel de clubes, y el Atlético de Madrid le
hace una oferta que no podrá rechazar. Pero sucede que los colchoneros ya tienen entrenador, Taioli, y van a
ceder a Herrera a un recién ascendido, el Real Valladolid, para que se vaya
fogueando y tomándole la medida a nuestras competiciones. Pucela es, por
lo tanto, la primera singladura de su periplo español, tras pasar por su
Argentina natal, el Protectorado de Marruecos y Francia
En el
«Metropolitano» va a contar con una excelente plantilla, en la que -aparte de
su compatriota Domingo y de Ben Barek, apodado «la Perla Negra» -figuran los
Riera, Aparicio, Lozano, «Lobito» Hernández, Silva, Mújica, Juncosa, Miguel,
Pérez Payá, Carlson o Escudero. HH los convierte en el mejor equipo español,
ganando las ligas de 1949-50 y 1950-51, amén de otros trofeos de menor relieve,
aunque luego los rojiblancos madrileños tendrán que ceder el cetro de la
supremacía futbolística nacional al Barça de «las Cinco Copas», dirigido desde
el banquillo por Daucik y en el terreno de juego por el portentoso Laszi Kubala, un personaje que volverá a
cruzarse en su camino años más tarde. Una vez agotada la racha triunfal, y al
cambiar el club de presidente, empiezan los problemas, y Herrera cesará en su puesto,
para acto seguido hacerse cargo de un equipo en apuros, el Málaga, al que sin
embargo no conseguirá salvar, a pesar de la evidente mejora de su juego.
Estamos en la temporada 52-53, y de cara a la liguilla de promoción va a ser
contratado por el Deportivo de La Coruña, que de su mano logrará la
permanencia. Durante su breve estancia en «Riazor» conoce a un prometedor
juvenil llamado Luisito Suárez, cuyo enorme talento le maravilla. Años más
tarde se convertiría en su jugador-franquicia.
Del
norte al sur. Le ficha el Sevilla, presidido entonces por Ramón Sánchez
Pizjuán, donde va a pasar cuatro años inolvidables. Promueve a jugadores
jóvenes como el asturiano Campanal, un superatleta -, el melillense Pepillo o
el coriano Ruiz Sosa, que se convierten en figuras, y con el club hispalense
aportará numerosos efectivos a la Selección Nacional, logrando también que
veteranos como el navarro Arza rindan a su lado como en sus mejores tiempos
(obteniendo el «Pichichi» en 1954-55). El equipo andaluz transita siempre por
los primeros lugares, en 1955 llega a la final de Copa, perdiendo únicamente
por 1 a 0 ante el Athletic de Bilbao de Daucik -que al año siguiente hará
«doblete»-, alcanza el subcampeonato en 1956-57, y por consiguiente el derecho
a disputar la siguiente edición de la Copa de Europa, y vence también en los
prestigiosos trofeos «Teresa Herrera» y «Carranza».
Pero
con la súbita muerte de Sánchez Pizjuán, al que se hallaba muy unido y que le
había otorgado auténtica carta blanca para dirigir al equipo, comienzan
nuevamente los problemas, de modo que aprovechando un incidente con un
directivo sevillista Herrera fuerza su marcha del club, cuando todavía le
restaban dos años de contrato. La Federación le suspende precisamente por ese
período de tiempo, obligándole a reincorporarse posteriormente a la entidad
andaluza para cumplir lo firmado. Es entonces cuando decide marcharse a Portugal,donde
la sanción federativa española no tiene efecto. Allí se hace cargo del Os
Belenenses de Lisboa (1957-58), consiguiendo buenos resultados, pero en febrero
del 58 ya le contactan los emisarios del Barça, para que intente reflotar un
conjunto que camina sin pena ni gloria y ya hace cinco años que no gana la
Liga. En un principio HH les da largas, pero en abril accede a desplazarse a la
Ciudad Condal y tomar las riendas del cuadro azulgrana. El Barça, a todo esto,
ya había conseguido que le retirasen la suspensión federativa, aflojando un
millón de pesetas para indemnizar a los hispalenses y otras 200.000 para los
lusos, como desagravio por privarles de su técnico. De modo que va a dar
comienzo la «Era Herrera» en Can Barça. Su
alargada sombra planeará después, durante toda la década de los 60, sobre el
club catalán, que está muy cerca de volver a contar con sus inestimables
servicios en 1965 y 1969. Finalmente, cuando ya su gran prestigio sea
únicamente historia, logrará de algún modo reverdecer viejos laureles en 1980 y
1981, primero clasificando al equipo para la Copa de la UEFA, y más tarde
conquistando la Copa del Rey, su última victoria en el banquillo.
FICHAJE
POR EL BARÇA
Herrera
dirigirá al Barça en los dos últimos compromisos ligueros, ya intrascendentes,
que se saldan con una derrota por la mínima en Pamplona ante Osasuna (2 a 1,
con gol de Suarez) y una clara victoria frente al Granada en el «Camp Nou», 4
a1, con dos goles de Basora, más sendos tantos de Martínez y Suárez. Al final,
el cuadro azulgrana se clasificará nuevamente en tercera posición, perdiendo
por segundo año consecutivo la posibilidad de jugar la Copa de Europa, al
vencer el Real Madrid en ambos torneos, derecho que le corresponde al Atlético
de Madrid, subcampeón. Este es el balance azulgrana en el campeonato 57-58:
tercero, con 38 puntos y 8 positivos, a siete del campeón y a 4 del subcampeón.
17 victorias, 4 empates y 9 derrotas, con 69 goles a favor y 38 en contra,
aventajando en sólo dos puntos a un Valencia que había sufrido una campaña de
lo más accidentada, a causa de la riada que devastó la ciudad del Turia en
octubre del 57.
Va a
sentarse en el banquillo en el partido de vuelta de la final de la primera
edición de la Copa de Ferias, torneo que ya se les había puesto de cara a los
azulgranas tras el empate a dos conseguido en la capital británica. Y pese al
gran potencial de la selección londinense, formada por jugadores del Totenham,
Arsenal, West Ham y Chelsea entre otros clubes, el Barça -que todavía viste el
uniforme representativo de la Ciudad Condal-, aplasta a los ingleses por un
contundente 6 a 0, obtenidos por Suárez y Evaristo (por partida doble),
Martínez y Vergés. Así formó el primer campeón del torneo ferial aquel 1 de
mayo de 1958: Ramallets; Olivella, Brugué, Segarra; Vergés, Gensana; Tejada,
Evaristo, Martínez, Suárez y Basora. Ocho jugadores nacidos en Cataluña en el
equipo.
Y en
cuanto a la Copa del Generalísimo, bajo sus órdenes el equipo eliminará con
facilidad al Real Zaragoza (3-4 en La Romareda, con tantos de Suarez, 3, y
Kubala, y 8 a 0 en el Camp Nou (Kubala 2, Martínez 2, Suárez 2 y Tejada
2) y al Valencia, derrotado en la Ciudad Condal por 3 a 0 (Gensana, Tejada y
Kubala), y en «Mestalla» por 0 a 1 (Martínez), cayendo en semifinales ante el
Athletic de Bilbao, que a la postre sería el campeón. Se impusieron los leones
en «San Mamés» por 2 a o, pero en la vuelta, en un encuentro vibrante disputado
bajo la lluvia, con un campo impracticable, el Barça estuvo a punto de forzar
un tercer partido de desempate, al vencer por 4 a 3 (Basora 2, Martínez y
Tejada)
Se va a
cerrar la temporada 57-58 con un partido internacional amistoso en el «Camp
Nou» entre el Barça y el Enschede holandés, que sirve de homenaje a Basora,
quien abandona el fútbol con sólo 32 años, y todavía rindiendo a plena
satisfacción. Van a vencer los azulgranas con un marcador sin paliativos, 8 a
3, con goles de Evaristo (3), Martínez, Segarra, Kubala, Tejada y el recién
fichado Kocsis, y esta fue la formación que puso en liza Herrera aquel 29 de
junio de 1958: Ramallets (Estrems); Olivella, Gensana, Gracia; Segarra
(Suárez), Bosch; Tejada Kubala, Martínez (Evaristo), Kocsis y Basora, que -a
diferencia de lo habitual -jugó el encuentro íntegramente.
TEMPORADA
1958-59: PRIMERA VUELTA
Las
principales novedades van a ser por una parte la marcha de un auténtico mito
como Estanislau Basora, que como ya hemos dicho se retira del fútbol con
únicamente 32 años de edad y aun en plenitud de facultades (de hecho, en
su última temporada en activo había vuelto a ser internacional, y en el partido
oficial que supuso su adiós, en las semifinales de la Copa ante el Athletic de
Bilbao, se despidió marcando dos goles), y también la de Andreu Bosch, que a
los 27, cuando los futbolistas llegan a su madurez, abandona el Barça para
integrarse en las filas del Real Betis Balompié, que acababa de retornar a la
élite después de muchas temporadas vegetando en categorías impropias de su
brillante historial. Por contra, el club azulgrana va a realizar dos verdaderos
fichajes de lujo, los delanteros húngaros Sandor Kocsis y Zoltan Czibor,
integrantes de la mejor selección magiar de todos los tiempos.
Kocsis
y Czibor, enrolados en el Honved, el equipo del Ejército, no van a regresar a
su país en el momento que se produce la insurrección popular contra el régimen
estalinista y satélite de Moscú, inmediatamente sofocada a sangre y fuego por
los tanques soviéticos. Kocsis, «Cabeza de Oro», se refugiará en el fútbol
suizo, concretamente en el Young Fellows, mientras que Czibor, el «Pájaro
Loco», lo hará en Italia, donde jugó algunos amistosos con la AS Roma. Uno y
otro llegan a la Ciudad Condal antes de finalizar la temporada 57-58, y se
alinean en algunos amistosos. Son dos jugadores ya veteranos -ambos van a
cumplir 29 años -, pero todavía le darán bastantes tardes de gloria al Barça,
sobre todo Kocsis, quien permanecerá en la entidad catalana por un período de
ocho temporadas. También se incorporan al equipo el defensa Rodri, que ya había
jugado en Primera División dos años antes, con el Condal, Llorenç Rifé -otro
zaguero -y el guardameta Larraz, así como Coll, que igualmente había militado
en el filial. Por contra, Sampedro, el héroe de la final copera del 57, pasa a
las filas condalistas, al igual que Biosca, que intenta recuperarse de la grave
lesión sufrida en dicha competición, aunque finalmente no lo logrará y se verá
obligado a retirarse.
Así
queda configurada la plantilla barcelonista de cara a la inminente temporada
58-59: Ramallets, Estrems, Larraz, Olivella, Rodri, Brugué, Rifé, Gracia,
Flotats, Segarra, Gensana, Vergés, Tejada, Hermes González, Kubala, Ribelles,
Evaristo, Kocsis, Eulogio Martínez, Suarez, Villaverde, Czibor y Coll. Herrera
ha hecho oídos sordos a los propósitos de la directiva azulgrana, que barajaban
el desprenderse de algunas de las figuras del equipo (concretamente Ramallets,
Segarra, Evaristo y Luís Suárez), alegando que su rendimiento en la última
temporada dejaba bastante que desear. Por el contrario, el nuevo técnico va a
confiar ciegamente en ellos, que le responderán realizando todos una magnífica
temporada. Herrera introducirá también una importante innovación en el trabajo
cotidiano que tiene lugar en Can Barça, pues el
equipo deja de entrenar en «Les Corts» para pasar a hacerlo en el «Camp Nou»
(«se debe entrenar donde se juega», fue su explicación).
Herrera
pone todo su énfasis en conseguir un conjunto rápido y fuerte, físicamente a
punto. Un equipo bien armado desde atrás, fortaleciendo la parcela defensiva,
logrando el control del centro del campo, y siempre con una gran velocidad de ejecución,
sorprendiendo en ataque, tanto por la intrínseca calidad de sus delanteros
(podía presentar dos líneas de ataque completamente diferentes pero de una
similar calidad) como por la explosiva rapidez de sus contras. Todo ello se
pondrá ya de manifiesto antes de iniciarse el campeonato de Liga. El Barça va a
realizar una gira por diversos países europeos (Suiza, Bélgica y Holanda), que
arroja un balance espectacular: cinco partidos jugados, con tres victorias y
dos empates, marcando la friolera de 26 goles goles y encajando 8. Los
augurios no pueden ser mejores. Y van a confirmarse ya en el encuentro que abre
la Liga 58-59, en el Camp Nou frente al Valencia.
Esa
primera jornada se disputa el domingo 14 de septiembre de 1958, y ambos equipos
presentan las siguientes alineaciones: por el Barça, Ramallets; Olivella,
Rodri, Gracia; Vergés, Segarra; Tejada, Evaristo, Martinez, Kubala y Czibor, y
por el Valencia, Goyo; Mestre, Quincoces, Sócrates; Sendra, Piquer; Mañó,
Ricardo, Machado, Walter y Fuertes. Tras un primer tiempo anodino, que terminó
con victoria mínima barcelonista por 1 a 0, en la reanudación el equipo
azulgrana se va a desatar, consiguiendo cinco nuevos goles. Los autores de los
tantos serán Evaristo (2, uno de ellos el que abrió la «lata»), Martinez (2),
Tejada y Czibor, despachando este último un magnífico encuentro, así como el
debutante Rodri, que realizará un excelente marcaje al delantero brasileño
Machado, bastante más alto que el zaguero catalán. Arbitró el señor Ortiz
de Mendíbil, del colegio vizcaíno.
En la
segunda jornada al Barça le toca visitar el siempre difícil terreno de
«Atocha». Las crónicas de la época nos hablan de un partido de escasa calidad,
con dos equipos demasiado precavidos que hicieron tablas. Evaristo logró el gol
azulgrana. Tampoco va a ser muy destacado el juego barcelonista en la tercera
jornada, donde se impone fácilmente al Granada en el «Camp Nou», con goles de
Czibor, Kubala y Suárez. Los azulgranas son terceros en la tabla, con 5 puntos,
a uno del sorprendente líder, el Betis, que acababa de volver a Primera
División tras década y media de ausencia, y contaba sus partidos por victorias.
Pero la
cuarta fecha va a traer cambio de líder, pues los bélicos ceden su primer
encuentro en «Sarriá», frente al Español, lo que va a aprovechar el Real Madrid
para encaramarse a lo más alto de la clasificación, tras aplastar a Osasuna en
el «Bernabéu» por 8 a 0. Aunque el Barça no pierde comba y se sitúa en segunda
posición, merced a un brillante partido en el flamante «Sánchez Pizjuán»
hispalense, superando a un entusiasta Sevilla por 0 a 2, marcados por
Evaristo y Segarra, en un choque que contó con la nota negativa de la grave
lesión del central barcelonista Brugué, lo que obligó a los catalanes a jugar
la segunda parte con sólo diez hombres (¿ tal vez se acuño allí la célebre
frase de Helenio Herrera ?)
La
quinta jornada deja las cosas por las alturas tal como estaban. El Real Madrid
derrota en Sevilla a un Betis que parece deshincharse tras su fulgurante comienzo
(2 a 3), mientras que el Barça se deshace con facilidad del Athletic de Bilbao
por 3 a 0 en el «Camp Nou», donde los «leones» no fueron tan fieros, con goles
de Czibor, Kubala y Suárez. Un punto arriba los madrileños. Distancia que se va
a mantener en la sexta jornada, con victoria de los blancos en la capital (3 a
0 al Zaragoza), y gran triunfo azulgrana en «Sarriá», con un Kubala como en sus
mejores tiempos. Suárez, Tejada y Evaristo hicieron el claro 0 a 3. Al domingo
siguiente, enfrentamiento en la cumbre en el «Camp Nou», Barça-Real Madrid,
separados ambos por un solo punto, mientras que el Atlético de Madrid era
tercero, a tres puntos de los azulgranas y cuatro de los merengues.
El 26
de octubre de 1958, en la séptima jornada, el Barça se va a alzar con el liderato
al derrotar ampliamente al Real Madrid por 4 a 0, dominándole en todos los
terrenos. El brasileño Evaristo de Macedo realizó un partido compuestísimo,
anotando tres goles, siendo el cuarto obra de Tejada. Fueron expulsados Czibor
y Santamaría, y ambos equipos formaron de la siguiente manera, a las órdenes
del colegiado vizcaíno señor Birigay: por el Barcelona, Ramallets; Olivella,
Rodri, Gracia; Flotats, Segarra; Tejada, Kubala, Evaristo, Suárez y Czibor, y
por el Real Madrid, Alonso; Marquitos, Santamaría, Lesmes II; Santistéban,
Zárraga; Kopa, Rial, Di Stefano Puskas y Gento. Ahora el Barça encabezaba la
clasificación con 13 puntos, aventajando los madridistas en uno y a los
colchoneros en tres. Los azulgranas eran ya el único equipo imbatido, y tan sólo
habían encajado un gol en siete jornadas de competición.
Pero la
general va a dar un vuelco a la jornada siguiente, en la que los pupilos de
Herrera regresan de su visita a «El Molinón» con una sorprendente derrota a
pies del Sporting de Gijón, que ya les había superado en el mismo escenario la
temporada anterior. Más rápidos y entusiastas, los asturianos se impusieron a
la mayor técnica catalana con goles de Rodríguez II e Iborra, mientras que
Evaristo marcaba para el Barça. El Real Madrid era nuevo líder con 14 puntos,
tras endosarle una «manita» a sus eternos rivales ciudadanos en el «Bernabéu»
(5 a 0). Después venía el Barça con 13, aventajando en tres a Atlético y
Athletic. La Liga parecía cosa de dos…
Impresión
que se vería corroborada tras la novena jornada. El Atlético de Madrid no podía
pasar del empate en el «Metropolitano» ante el Sporting, lo mismo que el
Athletic de Bilbao en su visita a «Atocha», mientras que Madrid vencía en
Oviedo (0 a 2), y el Barça hacía lo propio con un defensivo Celta en el «Camp
Nou» (2 a 0, obra de Gensana y Evaristo, que pasaba a encabezar la
clasificación de goleadores). Y hagamos un inciso en el devenir de la Liga,
para reseñar que el 12 de noviembre de 1958 el Barça se va a estrenar en la
segunda edición de la Copa de Ciudades en Feria, rindiendo visita al terreno
del Basilea helvético, un campo que volvería a cruzarse en su historia en un
par de señaladas ocasiones. Los azulgranas saldrán victoriosos por 1 a 2, con
tantos de Evaristo y Gensana, poniendo en franquía la eliminatoria, cuyo
partido de vuelta ya no se haría esperar demasiado, tan sólo unos dos meses
escasos…
Vuelve
la Liga, que consume su primer tercio. El Barça se desplaza a otro complicado
terreno norteño, el «San Juán» pamplonica, donde tampoco consigue salir con los
dos puntos. Cuentan que fue un gran partido, en el que se adelantó la escuadra
catalana por medio de Suárez, remontaron los navarros a base de furia, y
Tejada, casi al final, logro la igualada definitiva. Y como quiera que el Real
Madrid batía en la capital al Valencia (3 a 0), se afianzaba en el liderato,
con dos puntos de ventaja sobre los azulgranas, y con el resto de seguidores ya
a una considerable distancia. Los números del Barça en este primer tercio de
competición eran magníficos: 16 puntos y 6 positivos (7 victorias, 2 empates y
sólo una derrota, con 27 goles a favor y únicamente 5 en contra), pero es que
el Madrid se mostraba intratable, pues salvo la fuerte derrota del «Camp Nou»,
contaba todos sus partidos por victorias, habiendo marcado la escalofriante
cifra de 35 tantos.
No
obstante en la undécima jornada los blancos van a ceder un nuevo punto, pues en
San Sebastián no pasaron de un empate a cero ante la siempre correosa Real
Sociedad en el curso de un mal partido, lo que aprovechó el Barça (que se
impuso con cierta dificultad al Betis en la Ciudad Condal, a despecho del
marcador final, 4 a 1, con tantos de Evaristo, Kubala, Kocsis y Suárez), para
aminorar la ventaja merengue a un solo punto. Sin embargo siete días más tarde
los de Herrera van a tropezar en «La Romareda» ante el Real Zaragoza, que les
derrotó por 2 a 1, siendo Tejada el autor del tanto culé El Real Madrid,
triunfador del Granada en su feudo por 2 a 0, va a despegarse ahora en cabeza,
aventajando a los azulgranas en tres puntos.
La
decimotercera jornada no trajo cambio alguno en cabeza. El Real Madrid venció
en su desplazamiento al «Sánchez Pizjuán» por 1 a 3 a un Sevilla que se debatía
en los últimos lugares, y que en nada recordaba a aquel equipo combativo que tanto
se había significado precisamente con HH en el banquillo. Di Stefano seguía
como en sus mejores tiempos, y había venido a unírsele un Puskas ya veterano y
con sobrepeso, pero letal ante la meta contraria. El Barça, por su parte, no
tuvo problemas para deshacerse de la UD. Las Palmas por un claro 5 a 1,
marcados por Suárez (2), Evaristo, Kubala y Felo en propia puerta. Continuaban
los tres puntos de diferencia de los blancos sobre los de Herrera.
Que
bajaron a sólo dos el domingo siguiente. En el «Bernabéu» Real Madrid y
Athletic de Bilbao hicieron tablas, en un buen partido donde Carmelo le detuvo
un penalti a Di Stefano, mientras en el «Camp Nou» el Barça destroza
literalmente a un Atlético de Madrid dirigido por Daucik pero incapaz de aspirar
a nada, a pesar de los dos grandes refuerzos de su delantera, el angoleño
Mendonça y el brasileño Vavá, campeón del Mundo con Brasil en Suecia. Evaristo
en dos ocasiones -no había estado con la Canarinha pero
aquí era «Pichichi»-, Tejada, Czibor y Vergés redondearon el escandaloso 5 a
0. Y la primera vuelta va concluir dos semanas más tarde, el Día de los
Inocentes, y nada menos que con un cambio de líder, pues el Barcelona, rotundo
triunfador en Oviedo, va a aprovecharse de la inesperada derrota madridista en
«Sarriá» frente al Español por 2 a 0, en otro de esos típicos partidos donde el
equipo técnicamente superior se ve sorprendido por la velocidad y el nervio del
teóricamente inferior, que le va a derrotar con goles de Aguirre y Coll.
Mientras tanto, el Barça despachaba un magnífico encuentro en «Buenavista», con
un extraordinario Luís Suárez llevando la manija. 2 a 4, y goles de Evaristo
(2), Tejada y Suárez.
Al
término de la primera fase del campeonato, el Barça encabezaba la clasificación
por su mejor tanteo particular con el Real Madrid. Ambos sumaban 24 puntos, que
en el caso de los azulgranas se desglosaban de la forma siguiente: 11
victorias, 2 empates y 2 derrotas, con 48 goles a favor y 11 en contra. Los de
Herrera habían conseguido alcanzar y superar a los madridistas en capacidad
goleadora merced a sus últimos abultados resultados. Y si su ataque resultaba
demoledor, su defensa era también la menos batida de todo el campeonato. La
segunda vuelta, con las difíciles salidas a «Mestalla», «San Mamés», «Bernabéu»
y «Metropolitano», se presentaba apasionante, con los dos Atléticos a la
expectativa por si los de arriba se dormían…
TEMPORADA
1958-59. SEGUNDA VUELTA
El
Barça inicia la segunda ronda con un siempre complicado desplazamiento a
«Mestalla», a pesar de que el Valencia ya no era el equipo temible de la década
anterior o la primera mitad de los 50. Pero los azulgranas se impondrán por
completo a los «Chés», no reflejando el resultado su absoluta superioridad, 1 a
2, con goles de Tejada y Coll, y el mérito añadido de que no se alineó ninguna
de sus dos grandes figuras, Kubala y Suárez. Y como el Real Madrid le endosó
nada menos que diez goles a la UD. Las Palmas en el «Bernabéu», ambos equipos
seguían comandando la general, con el Athletic de Bilbao a cuatro puntos.
El Día
de Reyes, el «Camp Nou» volvió a ser escenario de un partido de la Copa de
Ferias. Rendía visita el Basilea suizo, que va a ser nuevamente derrotado (5 a
2, con tantos de Czibor, en dos ocasiones, Villaverde, Evaristo y Hermes
González) y por consiguiente eliminado de la competición. Y la decimoséptima
jornada resultará bastante favorable para los intereses blaugranas, puesto que
el Barça va a derrotar por 4 a 2 a la Real Sociedad en el «Camp Nou», con goles
de Evaristo, Vergés, Tejada y Ansola en propia meta, mientras que el Real
Madrid sólo podía cosechar un triste empate a cero en el feudo de uno de los
colistas, el Sporting de Gijón, de modo que los de Herrera eran ahora líderes
en solitario con un punto más que los merengues.
Todo va
a seguir igual tras la jornada número 18. El Madrid derrota al farolillo rojo, el Celta, por 3 a 0 en la capital, y el
Barça se impone claramente al Granada en «Los Cármenes» por 1 a 4, con goles de
Suárez, Coll y Evaristo (2). Y tampoco la fecha siguiente altera las cosas, con
apurada victoria madridista en Pamplona ante Osasuna, 1 a 2, y fácil triunfo
barcelonista sobre el Sevila en la Ciudad Condal, 4 a 0, con hat-trick de Tejada, y Czibor completando la
goleada. Pero el panorama bien podría cambiar siete días más tarde, pues
el Barça visitaba en «San Mamés» a un Athletic que todavía contaba con remotas
aspiraciones, mientras que el Real Madrid recibía a un buen Betis, aunque no se
esperaban sorpresas.
Y el
Barça va a salvar el difícil obstáculo con nota, superando a los bilbaínos en
su propio feudo, tal como había vaticinado un optimista Helenio Herrera, que
también profetizaba la victoria de los suyos en el mismísimo «Bernabéu». El
partido, arbitrado por el colegial valenciano señor Asensi, fue intenso y
vibrante, y se saldó con victoria catalana por 1 a 2. Llevaron la iniciativa
los locales, pero los contraataques visitantes fueron siempre peligrosos. Se
adelantó el Barça en el marcador por mediación de Tejada, en el minuto 15,
empató Uribe en el 50, y finalmente Segarra deshizo la igualada a cinco del
final. Fue expulsado Eulogio Martínez. Estas fueron las alineaciones: por el
Athletic, Carmelo; Orúe, Etura, Canito; Mauri, Maguregui; Arteche, Marcaida,
Arieta, Uribe y Aguirre, y por el Barça, Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia;
Gensana, Segarra; Tejada, Evaristo, Martínez, Suárez y Coll. Como se ve,
ausencias importantes en ambos conjuntos: Garay, Merodio, Gainza, Kubala y
Czibor.
La
jornada 21 deja también las cosas como estaban, a la espera del encuentro en la
cumbre, Real Madrid-Barça, la semana siguiente. Los blancos triunfaron en
Zaragoza por 1 a 2, con goles de Gento y Puskas, mientras el Barça se imponía a
su rival ciudadano el Español, por 5 a 3, en un partido emocionante y con
muchos goles, disputado sobre un campo prácticamente anegado a causa de la
lluvia, con tantos de Tejada, Kocsis (2), Suarez y Kubala.
Y por
fin llega el gran día, el 15 de febrero de 1959, con una expectación inusitada.
El partido es incluso televisado en directo por una incipiente TVE que aun
llegaba a escasos puntos del país, pero cuya señal podía ya ser captada en
Barcelona, donde se agotaron las existencias de receptores. A las órdenes del
colegiado cántabro señor García Fernández, ambos equipos formaron de la
siguiente manera: por el Real Madrid, Domínguez; Marquitos, Santamaría,
Miche; Santistéban, Zárraga; Herrera, Kopa, Di Stefano, Puskas y Gento, y por
el Barcelona, Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Segarra, Gensana; Tejada,
Kubala, Evaristo, Suárez y Coll. Los azulgranas se defendieron con acierto
hasta casi el final del choque, cuando Chús Herrera remató una buena jugada de
Kopa, consiguiendo el único tanto del encuentro, que devolvía el liderato a los
merengues, con un punto de ventaja sobre su gran rival. La Liga ya era
únicamente cosa de dos, pues el Athletic de Bilbao no había podido seguir el
ritmo de ambos colosos, y se había venido abajo definitivamente.
Pero
muy poco le va a durar la primera posición a los merengues, pues la van a
perder tan sólo siete días más tarde, derrotados en su visita al
«Metropolitano» por el Atleti. 2 a 1 a favor de los rojiblancos, con goles de
Peiró y el brasileño Vavá para los colchoneros, y Di Stefano para los
blancos. Y mientras, el Barça daba buena cuenta del Sporting de Gijón por
4 a 1, con tantos de Kubala, Tejada (2) y Suárez. Con ese resultado, los de
Herrera eran ahora líderes con un punto de ventaja sobre los de la capital,
y tenían el goal average particular a su
favor. Y la jornada 24 no va a traer alteraciones, aunque al Barça le costó
mucho trabajo sacar los dos puntos de «Balaídos», gracias a un oportunismo gol
logrado por Segarra -que se estaba especializando en conseguir tantos
decisivos-en el minuto 85. La crónica del partido reseña un curioso incidente,
la persecución de los jugadores barcelonistas a un juez de línea, que al
levantar el banderín había hecho que el árbitro, Ortiz de Mendibil, les anulase
un gol. El Real Madrid, por su parte, derrotó sin problemas al Oviedo en el
«Bernabéu» (4 a 0)
La
jornada 25 aumentó la ventaja catalana sobre su único perseguidor. El Real
Madrid tropezó en «Mestalla», donde no pudo pasar del empate a uno ante el
Valencia, y gracias, pues Walter falló un penalti en el último minuto.
Mientras, en el «Camp Nou» los azulgranas golearon a Osasuna, 6 a 0, con tantos
de Evaristo (2), Gensana, Suárez, Kubala y Tejada. La única nota negativa del
partido fue la grave lesión del delantero brasileño Evaristo, que hasta aquel
momento comandaba la tabla de realizadores, y al que una rotura de ligamentos
va a dejar fuera de combate para todo lo que restaba de temporada. Ahora eran
dos los puntos de ventaja de los de Herrera.
No se
alteró la clasificación en la jornada siguiente, la que hacía el número 26. El
Madrid goleó sin contemplaciones a la Real Sociedad (6 a 1), y el Barça también
se deshizo a domicilio del Betis merced a una gran segunda parte, una vez
expulsado del campo la gran figura verdiblanca, Del Sol. Empate a uno en la
primera mitad, obra de Lasa y Segarra, y vendaval catalán en la reanudación,
con tantos de Czibor (2), nuevamente Segarra y Ribelles, amén del bético
Castaño, hasta redondear el 5 a 2 final. Tampoco habría cambios en la fecha 27.
El Real Madrid venció con claridad al Granada en «Los Cármenes (0 a 3), y el
Barça derrotó por el mismo resultado al Zaragoza en la Ciudad Condal, siendo
los autores de los goles Martínez, en dos ocasiones, y Kocsis, que apenas sí
había entrado en el equipo hasta entonces. Seguían los dos puntos de ventaja.
Que se
mantendrían también a finalizar la vigesimoctava jornada. El Real Madrid
aplastó a un apurado Sevilla en el «Bernabéu» (8 a 0), pero los dos positivos
que se trajo el Barça de Canarias le hacían ya casi acariciar nuevamente el
título. Buen partido de los azulgranas en el «Insular», con goles de Luís
Suárez y Eulogio Martínez, uno en cada tiempo. Continuaban los dos puntos de
ventaja, a falta únicamente de cuatro por disputarse, y con un calendario muy
favorable para los pupilos de Herrera que si bien debían visitar el siempre
difícil «Metropolitano» al domingo siguiente, en la última jornada, recibirían
en Barcelona a un Oviedo que seguramente ya no se jugaría nada.
Y el
«Alirón» no va a hacerse esperar, pues el empate barcelonista en el feudo
colchonero, 1 a 1, unido a la derrota de los merengues en «San Mamés» (4 -1),
significará que de nuevo, seis años después de su último título, el Barça se
proclama con toda brillantez campeón de Liga. Buen partido en la capital, con
goles de Vavá y Segarra, ambos en la primera mitad, y un Atlético que mereció
mejor resultado, y debacle madridista en Bilbao, donde el Athletic desarboló a
los blancos en la segunda parte, con un hat-trick de Maguregui,
siendo Gento expulsado. Los azulgranas ya aventajaban a los madrileños en tres
puntos, y eran matemáticamente campeones.
Y le
pusieron un broche de oro a su gran campeonato al domingo siguiente, 19 de
abril de 1959, al derrotar al Real Oviedo en el «Camp Nou» por un inapelable 7
a 1, ante el alborozo de su público, con goles de Martínez (3), Tejada (2),
Suárez y Kubala, este último al transformar un penalti, mientras que el
argentino Sánchez Lage salvaba el honor asturiano. A las órdenes del colegiado
alicantino señor Bañón (hermano de un antiguo guardameta internacional del Real
Madrid), ambos equipos formaron de siguiente manera: por el Barça, Ramallets;
Flotats, Rodri, Gracia; Gensana, Segarra; Tejada, Kubala, Martínez, Suárez y
Czibor, y por el Oviedo, Barea; Marigil, Alarcón, Laurín; Casamitjana, Álvarez;
Cuervo, Sánchez Lage, Romero, Lalo y Amarilla. Poco importaba ya su resultado,
pero el Real Madrid fue incapaz de vencer en el «Bernabéu» al Español (3 a 3),
con lo cual los blancos finalizaban la competición de la regularidad a cuatro
puntos de distancia de su gran adversario.
Con
esta victoria, la séptima en su palmarés, el Barça rompía el empate que existía
en el apartado de títulos ligueros, con los tres grandes históricos, Athletic
de Bilbao, Barcelona y Real Madrid, liderando la clasificación de entorchados
con 6 campeonatos cada uno. El cuadro de Herrera va a pulverizar todos los
registros existentes en la Liga española, desde que esta pasó a ser disputada
por 16 equipos en la temporada 50-51. El equipo azulgrana batirá el récord de puntos conseguidos, 51 (y por lo tanto
también el de positivos, obteniendo 21), de victorias (24, con sólo 3 empates y
únicamente 3 derrotas), y de goles marcados, consiguiendo 96 tantos, a una
media de 3 por partido, aunque no el de goles encajados, pues si bien sólo vio
perforada su meta en 27 ocasiones, tanto el Real Madrid, el año anterior, como
el propio Barça, en la temporada 55-56, habían recibido uno menos, 26.
Pero no
todo iban a ser rosas en Can Barça… Una
personalidad tan arrolladora como la de Helenio Herrera tenía que entrar
inevitablemente en conflicto con alguien del club, era sólo cuestión de tiempo.
En lo tocante a las relaciones con el vestuario, lo único que va a ensombrecer
un panorama triunfal será el llamado «Caso Kubala». La que hasta aquel momento
era la principal estrella del conjunto azulgrana. ya enfilaba su declive, y
Herrera, que no tenía un pelo de tonto, se dio perfectamente cuenta de ello. El
técnico respetaba y admiraba a Kubala como el grandísimo jugador que había
sido, pero consideraba que a sus cerca de 32 años ya carecía de la velocidad y la
continuidad en el esfuerzo que mostraba antes, aunque conservase incólume toda
su enorme clase, que entre otras cosas le permitía seguir siendo un maestro en
la ejecución de penalties y golpes francos. Pero sus facultades ya no eran las
idóneas para los reñidos partidos en campo contrario, de ahí que en varias
ocasiones le sustituyese por un hombre de bastante menos calidad como era
Ribelles, pero mucho más joven y trabajador.
Y
además le va a entregar la manija del equipo a Luís Suárez, un descomunal talento
emergente, en detrimento del hispanohúngaro, lo cual va a producir un auténtico
cisma en las gradas del «Camp Nou», dramáticamente divididas entre «suaristas»
y «kubalistas». Todo eso, lógicamente, no es del agrado de Laszi, que reaccionará con una especie de huelga de
brazos caídos, borrándose de numerosos
partidos, alegando dolencias y enfermedades casi imposibles de verificar. De
modo que la Directiva, informada de la situación por Herrera, va a presentarle
una especie de ultimátum: o se volvía a reintegrar
al seno del equipo, con su mejor voluntad de colaboración, o se le concedería
la baja. Y en esas estaba el Barça cuando arranca el torneo copero, y de ahí
que Kubala no tomase parte en él.
También
se va a producir un conflicto de competencias con el cuasi sempiterno
secretario técnico del club, el legendario Josep Samitier, el «Mago del balón»,
el home llagosta de los Felices 20. Porque Herrera
era bastante más que un simple entrenador, y a la manera de los managers británicos su alargada mano pretendía
llegar a todos los rincones, pidiendo -y por el momento logrando -plenos
poderes. No contento con preparar al equipo, física y tácticamente, y
hacer las alineaciones, también decidía y realizaba contrataciones
personalmente de jugadores, y marcaba incluso la política de primas y fichas,
algo que, por descontado, no les hacía ninguna gracia a Miró-Sans y a sus
directivos, ni tampoco al veterano Samitier, que harto de ser puenteado y
ninguneado, va a terminar por coger los bártulos e irse de nuevo al Real Madrid
de su buen amigo Santiago Bernabéu, como ya ocurriese en su etapa de jugador, a
principios de los años 30.
UNA
NUEVA COPA Y «DOBLETE»
Con la
euforia por el título de Liga aun muy presente, una semana más tarde el «Camp
Nou» va a abrir otra vez sus puertas para iniciar la disputa de la «Copa de Su
Excelencia el Generalísimo». El primer rival, sobre el papel, no parecía muy
temible: el Real Murcia, a la sazón militando en Segunda, donde había
finalizado la Liga en un discreto sexto lugar. Pero se hizo realidad aquello de
que «no hay enemigo pequeño», y los pimentoneros se van a llevar para su
tierra un sorprendente e ilusionan empate a 2. Chancho en su propia puerta, y
Martínez hicieron los dos goles blaugranas en este decepcionante encuentro.
Pero los de Herrera, y por los pelos, conseguirán decantar la eliminatoria a su
favor al vencer en «La Condomina» por un solitario 0 a 1, obra de Martínez, que
parecía haber tomado el relevo goleador del lesionado Evaristo.
Y antes
de encarar la siguiente ronda copera, los octavos de final, el Barça va a
afrontar una nueva eliminatoria de aquella «guadianesca» segunda edición de la
Copa de Ferias. El contrincante de turno era un buen equipo italiano, el
Internazionale de Milán, el «Inter», y el resultado será claramente favorable
para los intereses catalanes, 4 a 0, con tantos de Ribelles (en dos ocasiones),
Villaverde y Segarra. De regreso al «Torneo del KO», espera un recién
descendído, el Sporting de Gijón. 0 a 0 en la ciudad asturiana, y un set en blanco en el «Camp Nou» (6 a 0), obra
de Martínez (3), Kocsis (2) y Suárez.
El
siguiente adversario va a ser el Betis, que había cuajado un buen torneo
liguero pero no parecía un enemigo de cuidado para este Barça enrachado. Tanto,
que ya en «Heliópolis» quedó resuelta la eliminatoria: 0 a 6 a favor del Barça,
con cuatro tantos de un Kocsis que empezaba a salirse, rematando la faena
Martínez y Segarra. El encuentro de vuelta fue de mero trámite, aunque el
marcador concluyó con un tanteo mucho más ajustado, 4 a 3 a favor de los
locales, con goles de Gensana (2), Suárez y el inevitable Kocsis.
Las
semifinales presencian un nuevo enfrentamiento en la cumbre, Real Madrid-Barça,
que podía servir de revancha para los blancos, recientes campeones de la Copa
de Europa por cuarta ocasión consecutiva, tras batir al Stade de Reims francés
en Stuttgart. El partido de ida se jugó en el «Bernabéu», y al descanso se va a
llegar con un claro 2 a 0 a favor del Madrid. Pero en el vestuario visitante,
cuando todos los jugadores azulgranas esperaban recibir una soberana bronca por
parte de Herrera, este les va a sorprender con uno de sus clásicos goles de
efecto, felicitándoles efusivamente y asegurándoles que aquel encuentro ya
estaba ganado, pues los madridistas se habían vaciado por completo en la
primera mitad, y no tardarían en venirse abajo en la reanudación.
Y dicho
y hecho. En una fabulosa segunda parte, y espoleados por las mágicas palabras
de su entrenador, los pupilos de HH van a darle la vuelta al marcador,
imponiéndose finalmente por un rotundo 2 a 4, con dos dianas de Suárez y otras
dos de…Kocsis. La vuelta, a pesar de tratarse del Madrid, fue también un
trámite, y los catalanes volvieron a superar a sus grandes rivales con un 3 a
1, marcando Suárez por partida doble y Villaverde (aquel día Kocsis no «mojó»).
Ya estaba el Barça en la final, donde tendría que verse las caras con un
contrincante inédito, el Granada, que para asombro de propios y extraños había
ido salvando eliminatorias, hasta llegar al partido decisivo.
Con los
azulgranas como grandes favoritos, va a celebrarse este el día 21 de junio de
1959, en el entonces acostumbrado marco del «Santiago Bernabéu». Arbitró el
colegiado valenciano señor Asensi, a cuyas órdenes los equipos presentaron las
siguientes alineaciones: por el Barça, Estrems (en lugar del titular
Ramallets); Olivella, Rodri, Gracia; Gensana, Segarra; Tejada, Kocsis,
Martínez, Suárez y Villaverde, y por el Granada, Piris; Becerril, Vicente,
Larrabeiti; Ramoní, Pellejero; Vázquez, Carranza, Loren, Benavídez y Arsenio.
El partido no tuvo color, y los de Herrera se impusieron por un amplio 4 a 1,
obra de Kocsis (2), Martínez y Tejada, mientras que Arsenio hacía el gol del
honor para los nazaríes. Con este resultado el Barcelona volvía a lograr el
«doblete», el tercero de su historia tras los conseguidos en 1951-52 y 1952-53.
Va a
echarse el cierre a una temporada inmejorable con la disputa de un interesante
partido internacional amistoso en el «Camp Nou», que enfrentó a un equipo del
Barça y al conjunto brasileño del Santos, donde actuaba la gran sensación del
Campeonato del Mundo jugado en tierras suecas el año anterior, el jovencísimo
Edson Arantes do Nascimento, «Pelé». La alineación puesta en liza por los
azulgranas no era la más idónea para enfrentarse a los paulistas, y el
resultado fue bastante escandaloso, 1 a 5 favorable a los sudamericanos. El
Barça contó con el refuerzo de dos futbolistas del Español, Bartolí y Recamán,
y formó de la siguiente manera: Larraz; Rifé I, Bartolí, Pinto; Verges,
Recamán; Villaverde, Evaristo, Kocsis, Ribelles y Czibor. Pero de cara a la
temporada siguiente la afición no podía ser más optimista, animada por el gran
reto de disputar por vez primera la Copa de Europa, y tratar de poner fin a la
hegemonía madridista en dicha competición.
Helenio Herrera. 1958-1960. Segunda parte
De Fernando Cuesta
Fernández
Antes
del inicio de la temporada 1959-60 Helenio Herrera, en funciones de secretario
técnico, va a visitar Perú y Argentina, para presenciar partidos y observar
jugadores. Le van a acompañar en el viaje su mujer y sus hijos Helenio y Rocío,
y regresará con tres contrataciones: los peruanos Miguel Loayza y Juan
Seminario, jóvenes y grandes figuras en el país andino, y el guardameta
argentino Carlos Medrano. Van a ser fichajes baratos (1 millón los dos
peruanos, y 900.000 pesetas el argentino), pero el Barça va a sacar muy poco
provecho de ellos. El arquero no podrá discutirle la titularidad a un Ramallets
de nuevo en gran forma, aunque su presencia le servirá como
estímulo para no dormirse en los laureles, y en cuanto a los dos
restantes, uno de ellos, Loayza, apenas sí jugará, abducido por los encantos de la gran ciudad a juicio de quienes
siguieron entonces su trayectoria barcelonesa, y el otro, Seminario, ni
siquiera llegaría a debutar, pues problemas burocráticos (al parecer había
firmado también una opción con un intermediario)van a impedir su alineación.
Terminaría yéndose cedido al Sporting de Lisboa, quedando posteriormente
desvinculado del club azulgrana.
El
verano del 59 va a ser parco en movimientos de jugadores en Can Barça, pues
únicamente se marchan el guardameta Estrems, que pasa al Real Valladolid, su
colega Larraz, y el delantero paraguayo Hermes González, que irá a engrosar las
filas del Real Oviedo, siendo alta los ya mencionados junto con el extremo
gallego Suco, procedente del Racing de Ferrol -que se incorpora una vez
iniciada la temporada-, y el lateral canterano Pinto, que venía actuando
asiduamente en el Condal. De modo que para afrontar las cuatro competiciones de
esta superexigente temporada 59-60 -Copa de Europa y Copa de Ferias van a
solaparse en el calendario intersemanal- Helenio Herrera va a contar con los
siguientes efectivos: Ramallets, Medrano, Olivella, Rodri, Brugué, Rifé,
Gracia, Pinto, Flotats, Gensana, Segarra, Vergés, Tejada, Suco, Loayza, Kubala,
Ribelles, Evaristo, Kocsis, Eulogio Martínez, Luís Suárez, Czibor, Villaverde y
Coll.
En la
pretemporada va a producirse un resultado sensacional, incluso tratándose de un
partido amistoso: Barça 12-Viena 1. Marcaron Evaristo (5), Suárez (2), Martínez
(2), Villaverde, Tejada y Gensana. Y también tiene lugar la primera
participación del Barcelona en el trofeo gaditano «Ramón de Carranza», que se
iba a convertir muy pronto en todo un clásico de nuestro fútbol estival. En el
primer encuentro los blaugranas derrotaron al Standard de Lieja belga por 4 a
3, con goles de Czibor (2), Kocsis y Evaristo, clasificándose para la final,
donde les esperaba nada menos que el Real Madrid, tetracampeón de la Copa de
Europa. El encuentro va a ser muy disputado, y se saldará con victoria
madridista por 4 tantos a 3 (Czibor, Villaverde y Evaristo hicieron los goles
barcelonistas), y también con la grave lesión de Kocsis a consecuencia de una
dura entrada de Santamaría, que abortaría su gran momento de juego y le
mantendría alejado del equipo durante toda la primera vuelta de la inminente
Liga.
LIGA
59-60: PRIMERA VUELTA
La Liga
59-60 rompe el fuego el domingo 13 de septiembre de 1959. Para el Barça lo hace
con un encuentro siempre atrayente, la visita del Athletic de Bilbao al «Camp
Nou». Y los de Herrera van a prolongar el estado de gracia de la temporada
anterior derrotando con claridad a los vascos por 4 a 1. Evaristo, Suárez,
Martínez y Czibor hicieron los goles locales y Torre el bilbaíno, en un partido
arbitrado por el guipuzcoano González Echeverría y que presentó las siguientes
alineaciones: por los azulgranas, Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Segarra,
Gensana; Villaverde, Evaristo, Martínez, Suárez y Czibor, y por los
rojiblancos, Carmelo; Orúe, Garay, Rentería; Aguirre, Etura; Arteche, Marcaida,
Torre, Uribe y Echave. Ya no estaba el veteranísimo y legendario Piru Gainza con los leones, y Kubala seguía ausente de la alineación
titular, igual que a finales de la temporada anterior
Sin
embargo la segunda jornada de competición se va a saldar con una sorpresa
mayúscula: el recién ascendido Elche, con César como jugador-entrenador,
derrota contra todo pronóstico por 2 a 1 al conjunto catalán en su feudo de
«Altabix». El dominio va a corresponder al Barça, pero los ilicitanos van a ser
más efectivos de cara a la meta contraria. Se adelantaron los de Herrera con un
tanto de Suárez, pero Pahuet y Cardona van a darle la vuelta al marcador. El
Barça se quedaba así a dos puntos del líder, el Atlético de Madrid.
La
tercera jornada, no obstante, será más favorable, 6 a 0 a Osasuna en la Ciudad
Condal, en un partido cuya primera mitad finalizó sin que se modificase el
resultado inicial, aunque en la reanudación los blaugranas van a arrollar a los
navarros con goles de Evaristo (3), Martínez (2) y Segarra. En la tabla, nada
menos que siete equipos empatados en cabeza con 4 puntos cada uno, R. Madrid,
Barcelona, Atlético de Madrid, Real Sociedad, Valladolid, Granada y Betis, dentro
de una tónica de gran igualdad.
Pero
unas semanas antes, el 3 de septiembre, el Barça iba a debutar en la Copa de
Europa, con la esperanza de llegar muy lejos en el torneo. El sorteo va a
enfrentarle al CDNA de Sofia, campeón de Bulgaria, y para allá se irá la
expedición azulgrana, de la que no formaban parte sus tres jugadores húngaros
(Kubala, Kocsis -aunque este se hallaba lesionado- y Czibor), pues al tratarse
de exiliados políticos entraba dentro de lo posible que fueran detenidos por
las autoridades comunistas, puesto que ambos países, Hungría y Bulgaria, se
hallaban bajo la órbita soviética y eran integrantes del llamado «Pacto de
Varsovia». El partido va a terminar con un resultado favorable a los intereses
azulgranas, empate a dos goles, marcados por Segarra y Martinez. Se jugó
duro en el Estadio del Ejército, y Luís Suárez falló un penalty. Esta fue la
primera alineación que presentó el Barcelona en un torneo que al principio iba
a resistírsele, pero a la larga le reportaría grandes satisfacciones:
Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Segarra, Gensana; Ribelles, Evaristo,
Martínez, Suárez y Villaverde.
Mas
pese a la alegría por el resultado, el regreso en vuelo charter va a ser muy azaroso. El avión se
encontrará con una fuerte tormenta sobre el Mediterráneo occidental, y todos
los pasajeros las van a pasar canutas, lo cual
dará pie a otra de esas jugosas anécdotas que cincelarían la leyenda herreriana,
cuando al técnico, para levantar la alicaída moral de los suyos, que ya estaban
casi rezando por sus amenazadas vidas, no se le ocurrió otra cosa que gritar de
repente «¡ Mañana entrenamiento a las once !», lo cual distendió un poco el
ambiente, tranquilizando relativamente a la expedición catalana, que poco
después aterrizaría sana y salva en la Ciudad Condal, aunque con el susto
todavía en el cuerpo..
El
encuentro de vuelta va a servir para inaugurar la iluminación nocturna del
«Camp Nou», y por supuesto también para dejar en la cuneta al cuadro búlgaro,
que sucumbirá por 6 goles a 2, conseguidos por Kubala y Evaristo, tres cada
uno. Y a la semana siguiente nuevo compromiso europeo. Partido de vuelta
valedero para la Copa de Ferias, con devolución de visita al Inter, en la
capital lombarda. Otra exhibición barcelonista, con triunfo final por 2 a 4,
obra de Martínez (2), Kubala y Tejada. El Barça seguía pisando fuerte en el
continente…
Partido
importante en la cuarta jornada liguera, con visita al «Metropolitano», uno de
los terrenos más difíciles de la categoría, y que al final no lo va a ser
tanto, pues los azulgranas se impondrán merced a un solitario tanto marcado por
Czibor, en el minuto 64, subrayando la superioridad catalana sobre los
colchoneros. Con este resultado el Barcelona se encaramaba a la cabeza de la
clasificación, superando en un punto a Real Madrid, Oviedo, Betis y un
sorprendente Elche. Posición que mantiene al domingo siguiente, tras golear al
Sevilla en el «Camp Nou», 5 a 0, con dianas de Kubala (2), Czibor (2) y
Martínez.
Pero
los de Herrera van a perder el liderato siete días más tarde, en Oviedo, al
caer derrotados por 2-0 ante el conjunto carbayón (Lalo
y Segarra en propia meta). El líder es ahora el Real Madrid, empatado a 9 puntos
con los azulgranas. Y en la séptima jornada se produce un resultado
espectacular, pues el Barça aplastará a una flojísima Unión Deportiva Las
Palmas en el «Insular» nada menos que por 0 a 8, en una exhibición ofensiva
donde pusieron los goles Martínez, Villaverde, Gensana, Suárez (3)y Evaristo
(2). El Madrid seguía encabezando la clasificación tras derrotar también muy
ampliamente a Osasuna en el «Bernabéu», 7 a 0.
De
regreso a la Copa de Ferias, el Barça va a viajar hasta la capital yugoeslava
para medirse a una Selección de Belgrado. Nuevamente. al igual que ocurrió con
el desplazamiento a Bulgaria, se quedan en Barcelona los húngaros. Al final, el
marcador señala un esperanzador empate a uno, siendo Evaristo el autor del
tanto azulgrana. Y en la Liga el Barça logra alcanzar a los merengues en la
cabeza, aprovechando que estos empatan a 3 en el derbi madrileño, mientras que los catalanes se
deshacen sin grandes dificultades del Real Valladolid por 5 a 1, aunque fueron
los blanquivioletas los que se adelantaron en el marcador. Martínez (2), Suarez
(2)y Kubala hicieron los goles locales. El Barcelona es líder por mejor
coeficiente de goles.
Nuevo
compromiso internacional entre semana, en esta ocasión de la Copa de Europa,
partido de ida de los octavos de final. Se trata de una visita muy complicada,
a «San Siro», para enfrentarse con el Milan, pero el momento dulce de los
discípulos de Herrera les conduce de nuevo a un sonado triunfo sobre una de las
mejores escuadras continentales, 0 a 2, con goles de Vergés y Suárez, que dejan
ya muy encarrilada la eliminatoria. Y la jornada liguera número nueve trae nuevo
cambio de líder, pues el Barça no puede pasar del empate a cero en «Los
Cármenes» frente al Granada, en un partido gris donde los andaluces fueron incluso
mejores. Los madrileños encabezaban la tabla con un punto más que los
catalanes, y tras ellos, a cierta distancia, se asomaban los dos Atléticos.
En la
décima jornada el Barça va a recuperar la cabeza al vencer por 3 a 0 y sin
mayores complicaciones a la Real Sociedad en el «Camp Nou» (Gensana, Suárez y
Kubala), mientras que el Madrid pinchaba en «Buenavista» ante un Oviedo que
realizó un gran partido y se hizo merecedor a la victoria, aunque al final el
marcador señaló un injusto empate a uno. Los dos grandes ya les sacaban tres
puntos a sus inmediatos perseguidores, Atlético de Madrid y Athletic de Bilbao.
Finalizaba el primer tercio del campeonato, y los números del Barça eran
excelentes: siete victorias, un empate y dos derrotas, con 33 goles a favor y
tan sólo 6 en contra, lo cual arrojaba un balance de 15 puntos y 5 positivos. Y
al domingo siguiente, en el «Santiago Bernabéu», se enfrentarían una vez más
los dos colosos, con el liderato y buena parte del título en juego..
Pero
antes el Barça tendría que recibir al Milán en el «Camp Nou», para dirimir el
pase a la siguiente ronda de la Copa de Europa. Aunque los milaneses no van a
ser enemigo, pues sucumbirán por 5 a 1, con tantos de Czibor (2), Martínez,
Segarra y Kubala. Clasificados para cuartos de final, y líderes en la Liga. No
parecía aquel precisamente el peor momento para enfrentarse a uno de los
partidos cumbre de la temporada…
Sin
embargo, en la Capital iban a pintar bastos. El Real Madrid se impondría por 2
goles a 0, abriendo brecha en la clasificación. El Barça no estuvo a la altura
que se esperaba, y el Madrid acabó llevándose la victoria. Mateos marcó a poco
de comenzar el encuentro, y Di Stefano, faltando ocho minutos para el final,
redondeó el resultado. Estas fueron las alineaciones, a las órdenes del
colegiado vizcaíno señor Gardeazábal: por el
Madrid, Domínguez; Marquitos, Santamaría, Ruiz; Vidal, Zárraga; Herrera, Didí,
Di Stefano, Mateos y Gento, y por el Barcelona, Ramallets; Olivella, Rodri,
Gracia; Segarra, Gensana; Suco, Evaristo, Martínez, Suárez y Villaverde.
Ausencias importantes en los dos bandos (Puskas, Kubala, Czibor…), y un
debut en las filas barcelonesas, el del joven extremo gallego Suco. El Real
Madrid aventajaba ahora en 2 puntos a los azulgranas, en 3 al Athletic, y en 4
a su eterno rival rojiblanco.
Duodécima
jornada, y nuevo cambio de líder. El Real Madrid va a tropezar en «Zorrilla»
ante un reforzado Valladolid que no estaba realizando una mala campaña. El
estado del terreno de juego, muy embarrado, no favorecía el juego madridista,
más técnico, y el entusiasmo y el coraje de los castellanos pusieron el resto:
3 a 1, con goles de Morollón, Mirlo y Endériz para los locales, y Gento para
los blancos. Y como quiera que el Barça se deshiciese sin ninguna dificultad
del Betis en el «Camp Nou», 6 a 0 (Evaristo, 2, Vergés, Martínez, Gensana y
Kubala), eran ahora los de Herrera quienes pasaban de nuevo al frente de la
tabla por mejor coeficiente de goles, mientras el Athletic de Bilbao se
acercaba peligrosamente, a tan solo un punto de la cabeza.
Y nuevo
compromiso intersemanal, esta vez valedero para la Copa de Ferias: Barça 3
(Kubala, Evaristo y Martínez)-Selección de Belgrado 1. Un nuevo paso adelante
hacia los objetivos de una temporada tan exigente. Pero en la Liga, el número
13 va a traerles mala suerte a los pupilos de Herrera, que en dicha jornada
rinden visita en «Mestalla» y saldrán derrotados por 2 a 0, siendo ambos
tantos obra del delantero uruguayo Héctor Núñez. El partido ya se torció en el
primer minuto, cuando abrieron el marcador los «ches», y pese al insistente
dominio azulgrana estos no consiguieron igualar el choque, viendo como los
levantinos, por el contrario, les hacían un nuevo gol. El Madrid recuperaba
otra vez la cabeza, con un punto de ventaja sobre el Athletic y dos sobre el
Barça.
La
decimocuarta jornada no va a contemplar alteración en el pulso
madrileño-catalán, aunque será muy negativa para un Athletic de Bilbao
fuertemente goleado (5 a 0)en el «Sánchez Pizjuán» por un excelente
Sevilla donde brillaban los jóvenes Szalay y Chús Pereda (dos tantos cada uno)y
el paraguayo Agüero (autor de la diana restante). El Real Madrid derrota a la
Real Sociedad en «Atocha» por 1 a 3, tras un excelente partido, mientras que el
Barça va a tener muchos problemas para superar al Español en el «Camp Nou», lo
que únicamente conseguirá gracias a un gol de penalti marcado por Kubala.
Y la
primera vuelta del campeonato 59-60 va a finalizar el 27 de diciembre de 1959,
abriendo aun mayor brecha el Real Madrid, que derrota al Las Palmas en el
«Bernabéu» por un corto pero suficiente 2 a 0, obra de Gento y Didí, mientras
que el Barcelona caía al tercer puesto al ser justamente derrotado en Zaragoza por 3 a 1, en un partido donde sus grandes
estrellas, Kubala y Suárez, no estuvieron a la altura de lo que se esperaba de
ellas, salvando Villaverde el honor catalán. La tabla marcaba la mayor
distancia hasta la fecha entre merengues y culés, cuatro puntos, con la
perspectiva de tener que desplazarse los segundos en la próxima jornada al
siempre difícil «San Mamés», para medirse a un conjunto rojiblanco que se había
encaramado ya al segundo lugar de la general, a tres puntos del líder.
LIGA
59-60: SEGUNDA VUELTA
1960 no
empieza nada bien para los intereses del Barça, pues el domingo 3 de enero va a
recibir un fuerte varapalo en «la Catedral». El cuadro azulgrana, diezmado por
la gripe, comparece con una alineación de circunstancias a un partido muy
intenso donde si bien comienza marcando Martínez, el tanto visitante
enrabietará a los leones, que se desmelenarán y
terminan goleando a los de Herrera, merced a dos tantos de Arieta, y sendas
dianas de Arteche y Marcaida. Gracias a que el Real Madrid regresó también de
vacío en su visita a «Heliópolis», derrotado por el Betis por 1 0, la distancia
entre ambos seguía siendo la misma, cuatro puntos, con el Athletic a uno solo
de los merengues. Al domingo siguiente no se alteraría la distancia entre
madrileños y catalanes, pero al no poder pasar del empate el Athletic en
Valladolid, los vascos aflojarían un poco. El Real Madrid venció con muchos
apuros al Valencia en el «Bernabéu» (2 a 1), y el Barça se impuso también sin
brillantez al Elche en el «Camp Nou», 2-0, con goles de Kocsis y Suarez.
La
jornada número 18 sí va a ser positiva, puesto que el Real Madrid tampoco
regresó de «Sarriá» con los dos puntos, concediendo un empate a uno, y el
Barcelona triunfó en el siempre difícil terreno de «San Juán», en un partido
vibrante que sirvió para hundir un poco más a Osasuna en el fondo de la tabla.
Los pamplonicas llegaron a igualar en dos ocasiones los goles de Suárez y
Martínez, pero no pudieron impedir que el delantero hispanoparaguayo
consiguiera finalmente el tanto de la victoria. El Athletic, por su parte,
resolvió bien la papeleta, derrotando ampliamente al Granada en «San Mamés»,
por 3 a 0. A falta de doce jornadas por disputarse, la clasificación quedaba
así: primero el Real Madrid, con 26 puntos, segundo el Athletic de Bilbao con
25, y tercero el Barça con 23. Más atrás, a la expectativa, quedaban Atlético
de Madrid, Sevilla y Betis.
Al
domingo siguiente todo va a quedar igual, pues vencieron los tres de arriba
(con apuros el Madrid, brillantemente el Athletic en «Atocha», y con cierto
desahogo el Barça en su feudo). Los azulgranas se impusieron por la mínima, 2 a
1, a un Atlético de Madrid que con ese resultado parecía descartado ya para
cualquier aspiración al título. El partido fue muy competido en su primera
mitad, pero en la segunda el Barça se adelantó con goles de Evaristo y
Kubala, este último al transformar un penalty, y únicamente acortarían
distancias los rojiblancos a cinco minutos del final, por mediación de Polo.
Jornada
20. En ella va a ser el Athletic el más perjudicado, al caer en su propio campo
frente al Real Madrid, 1 a 3, con cual pierde la segunda posición en favor del
Barça. Sobre un terreno pesado, paradójicamente, los blancos van a ser mejores.
Puskas, en dos ocasiones, y Pepillo hicieron los goles madridistas, mientras
que Uribe marcaba para los vascos, inaugurando el marcador. El Barcelona va a
pegar el acelerón imponiéndose en el terreno de otro de los conjuntos
destacados de la temporada, el Sevilla. Los azulgranas dominaron ampliamente la
parcela central del «Sánchez Pizjuán», y lograron un contundente 0 a 3, obra de
Campanal, en propia meta, Suárez y Segarra. El Madrid era líder con 30 puntos,
seguido de Barça y Athletic con 27.
La vigesimopimera
jornada no va a modificar esas posiciones en lo referente a blancos y
azulgranas, aunque relegará a los rojiblancos bilbaínos a la tercera plaza,
merced a su derrota en «Heliópolis». El conjunto blanco apaliza sin piedad al
Elche en el «Bernabéu», 11 a 2, en un partido en el que Pepillo marcó cinco
goles y Puskas logró cuatro, y el Barça se deshace en el «Camp Nou» con más
dificultades de las previstas del Real Oviedo, que montó peligrosas contras.
Evaristo (2)y Gensana anotaron para los de Herrera, mientras que el tanto
asturiano lo hizo Vergés en propia meta. Real Madrid primero con 32 puntos,
Barça segundo con 29, y Athletic tercero con 27, cuesta abajo últimamente. Pero
antes de que dé comienzo un histórico sprint final entre
madrileños y catalanes, la Copa de Europa va a retornar al «Camp Nou». El
adversario de los azulgranas en los cuartos de final es el Wolverhampton
Wanderers, el campeón de Inglaterra, conocido popularmente como «The Wolves»
(«los lobos»). Sin embargo no va a ser enemigo en la ida, derrotado ampliamente
por 4 a 0 (Villaverde en dos ocasiones, Kubala y Evaristo), un marcador que les
pone las cosas muy difíciles para la vuelta.
La
fecha número 22 tampoco cambia nada, ya que los dos primeros se imponen a los
dos últimos de la general. Con más apuros el líder, que vence a Osasuna en
Pamplona por 1 a 2, y aparatosamente el Barça, que le endosa otros ocho goles,
al igual que en la primera vuelta, a la UD. Las Palmas. 8 a 0, en tarde
inspiradísima de Eulogio Martínez, autor de cinco tantos, completados por los
que hicieron Suco, Vergés y Olivella. El Bilbao ganaba al Valencia, pero aun le
separaban cinco puntos del primer clasificado, y diría adiós a sus remotas
aspiraciones siete días más tarde en «Sarriá», derrotado por el Español gracias
a un solitario gol de Braga. El Barça, por el contrario, parecía lanzado, y el
barro de «Zorrilla» no fue obstáculo para que superase ampliamente por 1 a 4 al
Valladolid, con tantos de Suárez, Evaristo y Martínez (2), marcando el defensa
Matito para los locales. La Liga ya perecía únicamente cosa de dos, con el
Madrid en primera posición, y el Barça a tres puntos.
Que se
reducirían a solamente uno al concluir la jornada 24. El Real Madrid visitaba
el «Sánchez Pizjuán», y salía claramente derrotado por 4 a 1 tras un gran
encuentro del Sevilla, con tantos de Szalay (2), Pereda y Antoniet, y Puskas
por los merengues. El sevillista Ruiz Sosa y el ex-madrididista Chús Pereda
rayaron a gran altura, y el guardameta Dominguez evitó una mayor goleada.
Momento dulcísimo para un Barça que aún tenía que recibir a su gran rival en el
«Camp Nou», y que el día 2 de marzo de 1960 iba a escribir una de las páginas
más brillantes de su historial en «Molineux Ground», el terreno del Wolverhampton.
El
húngaro Sandor Kocsis, «Cabeza de Oro», regresa al equipo titular, y lo hace a
lo grande, obteniendo un póker de goles.
Hasta la fecha ningún equipo del continente había vencido en un campo británico
en partido de competición europea, y precisamente el Barça de Herrera va a ser
el primero en lograr semejante proeza. Los azulgranas se imponen por 2 a 5
(Villaverde hará el otro gol catalán)y cómo sería su exhibición, que al finalizar
el partido los ingleses van a formar un improvisado pasillo para aplaudir a los
sudorosos y exhaustos barcelonistas, en una hermosa muestra de fair play.
De
nuevo en la Liga, el Real Madrid respira un poco gracias al relativo frenazo
del Barça en «Atocha», donde no consigue romper el 0-0 inicial, en buena medida
por culpa de la magnífica actuación del meta realista Araquistáin. Y como el
Madrid no desaprovecha la visita del Oviedo a la capital, y les endosa un
concluyente 8 a 1 a los azules, su ventaja va a aumentar ahora a dos puntos.
Puskas, el asturiano Chús Herrera y Di Stefano marcaron por partida doble. A la
semana siguiente los blancos debían desplazarse a Barcelona para disputar un
encuentro que se antojaba decisivo para el título. Si ganaban los locales, y
conseguían igualar o superar el 2 a 0 adverso del «Bernabeu», ya sólo
dependerían de ellos mismos, aunque con semejante tónica de igualdad tal vez
habría que echar mano de las matemáticas para dilucidar un posible empate a
puntos…
El 20
de marzo de 1960 va a tener lugar uno de esos choques que se producen cada año
y acostumbran a calificarse como «el partido del siglo». Estas serán las
formaciones presentadas por ambos equipos: por el Barcelona, Ramallets;
Olivella, Rodri, Gracia; Vergés, Segarra; Coll, Kocsis, Martínez, Suárez y
Villaverde, y por el Real Madrid, Dominguez; Marquitos, Santamaría, Miche;
Vidal, Ruiz; Herrera, Pepillo, Di Stefano, Puskas y Gento. Llamaban la atención
las ausencias de Kubala, Evaristo, Czibor, Gensana y Tejada por el bando
azulgrana, y las de los brasileños Canario y Didí, reciente campeón mundial, en
los blancos. El árbitro fue el señor González Echeverría, perteneciente al
colegio guipuzcoano. El Real Madrid planteó el encuentro a la defensiva,
consciente de que un resultado positivo en el feudo azulgrana le daría
prácticamente el título, y el marcador inicial va a mantenerse hasta el minuto
5 de la segunda parte, cuando Kocsis acierta a batir a Domínguez. Di Stefano
conseguirá empatar pronto, en el 58, pero Eulogio Martínez deshará la igualada
inmediatamente, en el 60, y dos minutos más tarde Villaverde establece el 3 a 1
definitivo ante el delirio del público culé, equilibrando así el tanteador de
la primera vuelta.
El
Barça alcanzaba así el liderato, por mejor cociente general de goles (2,77 por
2,48 de los blancos). Restaban solamente cuatro jornadas, y el calendario
parecía ligeramente más benigno para los madridistas, que recibirían en el
«Bernabéu» al Valladolid y a la Real Sociedad, debiendo desplazarse a Granada-todos
ellos conjuntos de la parte baja de la clasificación-y a Las Palmas (con la
Unión deportiva ya desahuciada), mientras que el Barça iría al campo del Betis
y al del Español, enfrentándose a Valencia y Zaragoza en el «Camp Nou».
Nada
cambió en la jornada número 27, aunque el Valladolid a punto estuvo de dar la
gran sorpresa en terreno madridista, donde realizó un magnífico encuentro y
solamente pudo ser derrotado merced a un discutido gol logrado por Puskas. El
Barça, por su parte, despachó brillantemente su visita a «Heliópolis», donde
superó al Betis por 0 a 3, con tantos de Martínez, Evaristo y Kocsis. Y entre
semana tuvo que afrontar nada menos que el partido de ida de la final de la
Copa de Ferias, que en el estadio de St. Andrews le enfrentaría al Birmingham
City. Pero los de Herrera, luchando en tres frentes -aún quedaba la Copa del
Generalísimo- sacaron un excelente resultado en terreno británico, 0 a 0, que
hacía prever los mejores augurios para el encuentro de vuelta. Jugaron:
Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Segarra, Gensana; Coll, Kocsis, Eulogio
Martínez, Ribelles y Villaverde (todo el ataque titular de la campaña
anterior-Tejada, Kubala, Evaristo, Suárez y Czibor-estuvo ausente, y ni con
esas…)
La
vigesimoctava jornada tampoco alteró la clasificación, aunque el Real Madrid
volvió a sacar adelante su compromiso con muchos apuros, en un partido no apto
para cardíacos disputado en «Los Cármenes» y que presentaba un preocupante
empate a tres hasta que un defensor granadino, a escasos minutos de la
terminación, introdujo el balón en su propia portería, dándoles los dos puntos
a los merengues. El Barça tampoco resolvió con facilidad su compromiso ante un
Valencia, que nunca arrojó la toalla. Gensana y Martínez adelantaron a los
catalanes, y el brasileño Joel acortó distancias, poniéndoles el corazón en un
puño a los socios y seguidores barcelonistas. Si la semana siguiente el Barça
era capaz de alzarse con la victoria en «Sarriá», podía meterse medio título en
el bolsillo, ya que mantenía su ventaja en el cociente general. Pero no sería
nada fácil…
Y
efectivamente no lo fue, pues el empate inicial se mantuvo hasta nueve minutos
antes del final, cuando Suárez remató de volea un córner botado por Evaristo, y
Eulogio Martínez, materialmente bajo los palos, sólo tuvo que empujar la pelota
al fondo de las mallas, consiguiendo dos puntos de oro. Estas fueron las
alineaciones en uno de los derbis barceloneses
más emocionantes y decisivos de la historia de ambos conjuntos: por el Español,
Vicente; Argilés, Bartolí, Dauder; Sastre, Recamán; Ribera, Muñoz, Indio, Ribas
y Camps, y por el Barça, Ramallets; Flotats, Rodri, Gracia; Vergés, Gensana;
Martínez, Kocsis, Evaristo, Suárez y Villaverde, con el navarro
Zariquiegui como árbitro. Mientras, el Real Madrid vencía por 4 a 0 a la
Real Sociedad en el «Bernabéu», con tres goles de Pepillo y otro del
donostiarra Irulegui en su propia meta, pero mejorar el cociente azulgrana
parecía ya fuera de su alcance. De modo que si el Barça era capaz de vencer al
Zaragoza en el último partido, al calor de todo su público, revalidaría el título,
independientemente de lo que hiciese el Real Madrid en su visita a Canarias. En
la Ciudad Condal ya estaban preparando el festejo, con globos, flores y
sardanas…
Y
aquella tarde, la del 17 de abril de 1960, todo salió a pedir de boca en Can Barça. Los azulgranas se impusieron
contundentemente al cuadro aragonés por 5 goles a 0. Abrió el marcador Gensana
en la primera mitad, y luego en el segundo tiempo fueron cayendo los tantos en el
portal año, obra de Segarra, Martínez (2) y Evaristo o Suárez, según las
fuentes. Apoteosis y vuelta triunfal al «Camp Nou». Pero el espectáculo no se
detenía…La Diosa Fortuna había querido que el rival barcelonista en las
semifinales de la Copa de Europa, cuyo encuentro de ida se celebraría solamente
cuatro días más tarde, fuese ¡ el Real Madrid !
La
victoria por la mínima de los blancos en el «Insular» no les sirvió para nada,
pero casi sin tiempo para descansar iban a disponer muy pronto de una oportunidad
para tomarse la revancha. El primer partido se jugaría en la capital, y
esperaban recibir a un Barça un tanto relajado por la celebración del triunfo
liguero tras un campeonato más reñido que ninguno anterior, pues jamás había
tenido que recurrirse al cociente general de goles para conocer el nombre del
campeón (3,07 frente a 2,55), reflejo de la enorme igualdad existente. Ambos
equipos finalizaron con 46 puntos y 16 positivos, que en el caso de los
azulgranas se habían conseguido merced a 22 victorias y 2 empates (con 6
derrotas, el doble que en la campaña anterior), marcando 86 goles y encajando
28. Era el octavo entorchado liguero que conquistaba el club catalán desde el
inicio de la Liga, allá por 1929, con lo cual afianzaba su hegemonía en lo tocante
al Torneo de la Regularidad.
ELIMINACIÓN
ANTE EL MADRID Y CESE FULMINANTE
De cara
al trascendental encuentro europeo del «Bernabéu», el Barça se concentra en La
Berzosa, en plena Sierra de Madrid. Y allí van a producirse algunos incidentes
que de algún modo condicionarán el desenlace de la eliminatoria. Cuenta la
leyenda barcelonista que los jugadores, alentados por Herrera-que se había
distinguido siempre por apoyar las reivindicaciones económicas de sus
chicos-van a pedir que la Directiva aumentase la prima, a lo que esta al
parecer se negó (aunque según algunas fuentes, lo que en realidad sucedió fue
que un portavoz de los futbolistas preguntó si se iba a mantener la prima extraordinaria
percibida tras eliminar tan brillantemente al Wolverhampton, o si se volvería a
las cantidades estipuladas a comienzos de temporada). El club atravesaba por
una grave situación financiera, lastrado por el enorme desembolso que había
supuesto la construcción del «Camp Nou», y además la masa salarial de la
primera plantilla había experimentado un considerable incremento desde la
llegada al banquillo de HH, pasando de 9 millones de pesetas en la campaña
57-58 a 21 al finalizar el curso siguiente. También van a producirse algunos
roces entre determinados futbolistas, todo lo cual no constituía precisamente
el mejor clima para afrontar un partido tan delicado.
La
noche del 21 de abril de 1960 van a saltar al terreno de juego del «Santiago
Bernabéu» los siguientes hombres: por el Real Madrid, Domínguez; Marquitos,
Santamaría, Pachín; Vidal, Ruiz; Herrera, Del Sol, Di Stefano, Puskas y Gento,
y por el Barcelona, Ramallets; Flotats, Rodri, Gracia; Segarra, Gensana; Coll,
Kocsis, Martínez, Suárez y Villaverde. En las filas madridistas eran novedad
Pachín, procedente de Osasuna, y Del Sol, la gran estrella del Betis, mientras
que en el conjunto azulgrana se echaban en falta nombres como Olivella, Tejada,
Kubala, Evaristo o Czibor. Los azulgranas no van a realizar un buen partido y
caen derrotados por 3 a 1, aunque se mantuvo con una derrota por la mínima
hasta tres minutos del final. Di Stefano, en dos ocasiones, y Puskas hicieron
los tantos merengues, mientras que Martínez anotaba por los catalanes. No era
un buen resultado, pero tampoco una diferencia insalvable.
Sin
embargo en el partido de vuelta, celebrado en la festividad de la Virgen de
Montserrat, el Barça no sólo será incapaz de igualar la ventaja madridista,
sino que va a ser batido de nuevo en toda regla, y el resultado aun pudo ser
peor, de no mediar una gran actuación de Ramallets. Puskas, por partida doble,
y Gento van a ser los verdugos del cuadro catalán, cuyo honor salvará el
solitario tanto de Kocsis. La derrota-la primera que el equipo sufría en su
propio feudo desde hacía un par de temporadas-lógicamente sienta fatal en la
Junta presidida por Miró-Sans, quien va a tomar la decisión de destituir
fulminantemente de su cargo a Helenio Herrera, algo que se hará efectivo tres
días después de la debacle, el 30 de
abril. Mas pese a ello, HH no se va a quedar precisamente en la calle….
El
técnico hispanoargentino tenía como es natural buenos partidarios en Barcelona,
avalado por sus grandes éxitos, pero también había un sector nada despreciable
de la afición y de la prensa que no le tragaba. Y en
previsión de unos problemas que acabaron por presentarse, meses antes de su
cese ya había firmado un precontrato con el Inter de Milán, uno de los
principales equipos italianos, que le ofrecía una remuneración de lo más
generosa. De modo que no le importó demasiado tener que volver a hacer las
maletas. Aunque primero, como vulgarmente se dice, «la armó». Al día
siguiente de ser despedido, y en compañía de cierto periodista deportivo, se
dio el gustazo de pasear por medio de las Ramblas. Naturalmente muchos
aficionados le reconocieron, y comenzaron a asaetarle a preguntas acerca de lo
que había sucedido realmente en la eliminatoria contra el Madrid. Y en un
momento dado, como diría Johan Cruyff, su presencia provocó un gran tumulto e
incluso fue levantado en hombros por algunos simpatizantes, acudiendo la
policía a ver lo qué motivaba aquella alteración del orden público. De ahí
surgió la leyenda de que HH había sido agredido, algo que él mismo desmentiría
en sus «memorias», publicadas poco después. Provisionalmente su segundo, Enric
Rabassa, iba a sustituirle en el banquillo del Barça para afrontar el encuentro
de vuelta de la final de la Copa de Ferias, a la espera de la contratación de
un técnico de mayor prestigio y garantía.
UN
TRABAJO EN ITALIA
Una vez
en Italia, Helenio Herrera va a encontrarse con un panorama muy diferente al
que dominaba entonces en el fútbol español. En el país transalpino el Deporte
Rey se vivía con igual o mayor pasión que entre nosotros, pero los clubes
estaban capitaneados por grandes industriales, que los gestionaban como si se
tratasen de una más de sus empresas. Angelo Moratti (1909-1981), el hombre que
le contrata en 1960, es el patrón del Inter, un magnate del mundo del petróleo,
y le va a conceder carta blanca. Pero aun así, pudiendo trabajar a su aire, sin
molestas intromisiones directivas, sus primeras temporadas en el Calcio no serán todo lo triunfales que HH y los tifossi hubiesen deseado, pues la Juventus de
Turín y el Milan son temibles competidores, y se alzan con el scudetto de las campañas 60-61 y 61-62,
respectivamente, a pesar de que los negriazules poseen un magnífico equipo,
liderado por un Luís Suárez en plena forma, que había abandonado al Barça en
1961, previo pago de 25 millones de pesetas, una cantidad de dinero entonces
exorbitante.
Pero
finalmente en 1962-63 el título va a ir a parar a las vitrinas del club lombardo,
que un año más tarde derrotará a un envejecido Real Madrid en la final
disputada en el Prater vienés, coronándose como nuevo Rey de Europa. Es el
triunfo de una escuadra donde brillan los Sarti, Burgnich, Guarneri, Facchetti,
Tagnin, Picchi, Jair, Mazzola, Milani y Corso, a los que pronto se unirán los
Bedin, Domenghini o Peiró, todos ellos dirigidos por la mágica batuta de HH y
liderados en el campo por el insuperable talento de Luís Suárez. Ese mismo año
1964 caerá también la Copa Intercontinental, al batir al Independiente de
Avellaneda. Y en la campaña siguiente, la 64-65, la Grande Inter hará triplete:
un nuevo scudetto, su segunda Copa de Europa consecutiva,
conquistada en el mismísimo «San Siro» ante el Benfica de los Costa Pereira,
José Augusto, Torres, Eusebio, Coluna y Simoes, y otra Intercontinental,
también a expensas de Independiente. Es el momento álgido del club y de
Herrera, aunque su equipo no conseguirá despertar la misma admiración a la que
se hicieron acreedores el Madrid de las cinco primeras Copas de Europa, el Ajax
de Cruyff, el Milan de Arrigo Sacchi o el Barça de Guardiola, al considerarlo
el paradigma del odioso catenaccio, en
un momento en que el fútbol ofensivo comenzaba a recular, mirando más a la
portería propia que hacia la contraria.
El
Inter de Herrera obtiene un tercer título de Liga en la temporada 65-66, pero
va a ser eliminado en semifinales de la Copa de Europa por el Real Madrid
«Ye-yé», y allí terminará su breve reinado. Al año siguiente, 1967, conseguirá
de nuevo alcanzar su tercera final continental, en Lisboa, donde caerá contra
todo pronóstico frente a un semidesconocido Celtic de Glasgow, cuyos once
jugadores procedían todos de la ciudad escocesa o sus alrededores y les superan
por 2 a 1, en un encuentro que no pudo disputar Luís Suárez por lesión. En
1968, coincidiendo con el abandono de la presidencia por Moratti, HH pondrá fin
a su etapa interista, pasando a La Roma, donde
ganará la Copa de Italia de 1969, y se mantendrá, con algún paréntesis, hasta
1973. En el curso 73-74 retorna al Inter, pero un infarto, a principios de
1974, le aparta del banquillo, siendo sustituido por Luís Suarez. Algún tiempo
después volverá a la brecha dirigiendo al modesto Rímini, en la Serie B, al
cual consigue salvar del descenso en primera instancia, pero que pese a toda su
sabiduría se precipitará al pozo más adelante. Es su último trabajo en Italia,
al margen de escribir autorizadas columnas, impartir doctas conferencias,
conceder sabrosas entrevistas, y-por supuesto-contemplar y disfrutar la vida
serenamente desde el dorado retiro de su palacete veneciano.
BARCELONA,
20 AÑOS DESPUÉS: EL LARGO ADIÓS
Sus
grandes éxitos al frente del Barça habían movido a los responsables de la
Federación Española de Fútbol a utilizar en la temporada 1959-60 sus servicios
como entrenador del combinado nacional, algo que repetirían con vistas al
Campeonato Mundial de Fútbol celebrado en Chile en 1962, cuando ya Herrera
dirigía en el Calcio. Esa etapa de la carrera
profesional de HH está minuciosamente documentada en el magnífico artículo que
le dedica José Hernández Armenteros, y que fue publicado en los números 52 y 54
de «Cuadernos de Fútbol», de modo que únicamente haré mención de ella. En enero
de ese mismo año 62 también va a regresar a la Ciudad Condal por unas horas con
el Inter de Milán, para disputar un amistoso internacional en el «Camp Nou»,
registrando el coliseo azulgrana una gran entrada en un partido que concluyó
con victoria barcelonista por 2 goles a 1, obra de Pereda y Zaballa, siendo
Corso el autor el tanto negriazul. Volvió de nuevo como visitante al feudo culé en el verano de 1965, con ocasión del
encuentro, igualmente con carácter amistoso, que sirvió como presentación del
cuadro catalán ante su público. En esta ocasión el Barça derrotó más
ampliamente a los milaneses, por 4 a 1, causando una magnífica impresión en un
choque marcado por un feo gesto que Luís Suárez dirigió al que había sido su
público, motivando que Herrera le sacase del campo.
Enric
Llaudet, presidente de la entidad blaugrana entre junio de 1961 y enero de
1968, intentó en varias ocasiones contratar de nuevo a HH, una de ellas en el
citado año 1965, cuando llegó a ofrecerle un cheque en blanco. Pero la
oportunidad en la que Herrera estuvo más cerca que nunca de volver a sentarse
en el banquillo del «Camp Nou» tuvo lugar en junio de 1969, apadrinada por el
sucesor de Llaudet, Narcís De Carreras, y por el auténtico hombre fuerte de su ilusoria «Junta de Unidad», el
polémico hombre de negocios Pere Baret, que en las postrimerías de aquel mismo
año sería candidato a la presidencia barcelonista. Las cantidades ofrecidas
eran astronómicas, superiores a los 10 millones de pesetas por temporada, y el
hecho produjo un auténtico cisma en la Directiva y la afición culé, pero finalmente todo quedó en agua de borrajas
(haremos amplia alusión a este mismo tema en un próximo artículo acerca del
técnico catalán Salvador Artigas, que a corto plazo fue el auténtico
damnificado por el Affaire Herrera)
De su
otoñal dolce vita veneciana, en compañía de su tercera y
última esposa, la periodista italiana Fiora Gandolfi, le va a sacar uno de sus
equipos de referencia, el Barça, tras la destitución de Quimet Rifé, en marzo de 1980. Los catalanes
marchaban francamente mal clasificados en la Liga española (figuraban en octavo
lugar), y no sólo estaban totalmente descartados para el título, sino que sobre
el club pendía la amenaza de no clasificarse para ningún torneo europeo, lo
cual sería la primera vez que ocurriría en toda su historia. Era necesario,
pues, dar un golpe de timón a la nave azulgrana, pero a aquellas alturas de la
temporada muy pocos técnicos solventes se hallaban aun con el cartel de
«libre», y un Josep Lluís Núñez cada vez más cuestionado va a pensar en el
«Mago», cuando justamente se cumplían 20 años de su marcha del «Camp Nou»
Liderado
por un Herrera casi ya septuagenario desde el banquillo (como ya indicamos, la
verdadera edad de HH va a estar siempre envuelta en el misterio), auxiliado por
su antiguo Gran Capitan, Joan Segarra, como
segundo, el Barça mejorará notablemente sus pobres prestaciones (6 partidos
ganados, 4 empatados y una sola derrota), y va a finalizar en cuarto lugar-aunque
a 15 puntos del campeón, el Real Madrid-consiguiendo seguir enganchado a
Europa, al clasificarse para la Copa de la UEFA, batiendo récords una temporada
más (es el único club que ha estado permanentemente presente en
competición continental desde que estas se iniciaron en 1955). Cumplida la
misión con éxito, el veterano técnico va a retornar a orillas del Adriático,
ejerciendo desde la distancia el descansado cargo de asesor presidencial.
Pero va
a tomar las riendas del equipo nuevamente a poco de comenzar la temporada
siguiente, 1980-81. Ladislao Kubala, tras finalizar la Eurocopa de Italia,
había abandonado después de once años el puesto de Seleccionador Nacional,
aceptando la oferta de Núñez para dirigir al Barça, tarea en la que contará con
dos auténticos refuerzos de lujo: el gran goleador asturiano Enrique Castro Quini, y el joven zaguero vasco José Ramón
Alexanko. Sin embargo las cosas no van a funcionar. El Barça camina a
trompicones por la Liga-marcha undécimo clasificado en la novena jornada-, y el
detonante de la crisis se produce al ser estrepitosamente eliminado el
equipo de la Copa de la UEFA por el Colonia, que tras ser derrotado en la
ciudad renana por 0 a 1, va a golear a domicilio a los blaugranas en el «Camp
Nou», 0 a 4.
Con
Herrera al mando, las cosas vuelven a mejorar, y ahora con mayor brillantez que
el año anterior. El equipo se recupera y pasa a los primeros lugares,
discutiendo el título de Liga a Atlético de Madrid, Real Madrid y Real
Sociedad, y tal vez únicamente el secuestro de Quini, perpetrado en el peor
momento, cuando el Barça iba lanzado, le va a alejar del campeonato, aunque sí
logrará alzarse con la Copa del Rey de 1981, al derrotar en la final disputada
en el «Vicente Calderón» al Sporting de Gijón por 3 a 1, precisamente con dos
dianas de «el Brujo» a sus antiguos compañeros. HH dejará para la historia y su
leyenda particular nuevas y jugosas anécdotas, como por ejemplo cuando, en
vísperas de un Barça-,Madrid declarará que el desaparecido Juanito «se marcaba
solo», algo que va a producir la airada reacción del temperamental
jugador merengue, que marcará un gol en el partido y se irá derechito hacia el
banquillo barcelonista para recomendarle a su provecto entrenador «que se vaya
al asilo»
Pero HH
no va a hacerle caso al futbolista nacido en Fuengirola, y en lugar de
ingresar en una residencia geriátrica retornará a su confortable palacete
veneciano, donde aún disfrutó de bastantes años de plácida y placentera vida,
hasta que por fin su corazón se detuvo el 9 de noviembre de 1997. Recibiría
sepultura en un lugar elevado, cara al sol, tal como había pedido en alguna
ocasión, un sitio desde donde podría gozar de una panorámica mayor que la
ofrece un banquillo situado a ras del terreno de juego. Había sido un hombre
carismático y genial, un técnico que escribió páginas brillantísimas, tanto en
su profesión como en la más que centenaria historia del fútbol mundial, una de
esas personalidades irrebatibles cuyo recuerdo siempre permanecerá imperecedero
en la memoria de los aficionados y cuya fama será transmitida a las
generaciones futuras.
MUCHO MÁS QUE UN ENTRENADOR: UN TÉCNICO CARISMÁTICO Y REVOLUCIONARIO
La
pregunta del millón: ¿qué aportó Helenio Herrera al fútbol europeo de mediados
del siglo XX? ¿Cuáles fueron las innovaciones que este técnico visionario introdujo
en el oficio de entrenar? Pues no precisamente pocas, y estas atañen a aspectos
tales como el estudio metódico del rival, la preparación psicológica, física y
táctica de los suyos, la profesionalización definitiva del propio jugador, o
los sistemas mediante los que estos evolucionan sobre el terreno de juego.
Desmenucémoslos
Herrera
fue un estudioso del fútbol, un técnico adelantado a su tiempo y que trataba de
no dejar nada al azar, a esa «dinámica de lo impensado» como a veces se ha
definido al más popular y universal de los deportes. Preparaba los partidos
minuciosamente, gracias a que confeccionaba fichas de todos los jugadores
de los equipos rivales, con sus principales características, valiosas
anotaciones que guardaba en cuadernos, aunque no los exhibía públicamente, a
diferencia de la famosa «Libreta de Van Gaal». (este auténtico tesoro sería
heredado a su muerte por uno de sus jugadores-fetiche, el lateral izquierdo
interista Giacinto Facchetti, pionero de los carrileros). Es un hecho
sobradamente conocido que cuando fichó por el Inter de Milán fue su propio
hijastro, el cineasta y escritor asturiano Gonzalo Suárez, a la sazón
periodista deportivo que firmaba sus artículos y crónicas con el seudónimo de
«Martin Girard» , quien le pasaba informes de los equipos con los que iba a
competir el cuadro negriazul, . Incluso cuando finalizaba la temporada les
entregaba a sus jugadores un detallado plan de trabajo para las vacaciones, que
incluía ejercicios físicos a realizar y una dieta alimenticia a seguir, para
evitar que compareciesen el día de la presentación oficial del equipo con
sobrepeso. Y es que HH estaba en todo…
Pero su
aportación no se quedaba únicamente en la preparación táctica, simbolizada por
el uso de la pizarra magnética y el concepto de «libero», un futbolista
descargado de otras tareas, y que podía colocarse indistintamente delante o
detrás de la línea defensiva, ya fuera apagando fuegos y barriendo balones (el
«defensa escoba»)o iniciando el juego, buscando el pase a
los compañeros mejor situados. Por ello se le tildaba de defensivo (hoy le
llamaríamos «amarrategui»), atribuyéndosele ser el inventor del catenaccio, pero el beton suizo o
el «cerrojo» que practicaba la Real Sociedad de Benito Díaz, el legendario «Tío
Benito», son cronológicamente anteriores. HH prescribía marcajes individuales,
que fueron la tónica general hasta hace algunas décadas, cuando se impuso por
doquier la cobertura zonal, y los marcajes al hombre se convirtieron en algo
poco menos que herético.
Todo
buen aficionado ha oído hablar maravillas de sus grandes dotes como psicólogo,
un aspecto en el que fue también pionero. HH era un excepcional motivador para
sus jugadores, de los que sacaba siempre el mayor partido, convenciéndoles de
que eran superiores a sus rivales, no importaba el renombre que estos tuvieran.
Conocía perfectamente al futbolista por haber sido «cocinero antes que fraile»,
sabía de su mentalidad, y dado su carácter de hombre experimentado y cosmopolita,
hecho a sí mismo, culto y conocedor de varios idiomas, lograba meterse a
sus pupilos en el bolsillo, y tenía un gran ascendiente sobre ellos. El jugador
de aquella época, años 50 y 60, era, por lo general, mucho más ingenuo y
menos viajado que el actual, que casi desde edad infantil cuenta ya con un
representante y se las sabe todas, y de ese modo caía fascinado ante la
personalidad de HH, y este hacía con él lo que quería
Se ha
llegado a hablar de magia e hipnotismo, de rituales y juramentos antes de
saltar al césped, sobre todo en los partidos importantes. Eso forma parte de la
leyenda de Herrera, pero lo cierto es que era un auténtico mago motivando a sus
pupilos, y sabía generar como nadie el necesario de espíritu de grupo. Entre
otras cosas, lo hacía colocando carteles en el vestuario, que con frases
sencillas, claras y rotundas convenciesen al jugador de que era mejor que su
contrincante, y le predispusiesen a salir y comese el prau, como
decimos en Asturias. También le acompañaban acusaciones de que drogaba a sus
futbolistas, en una época donde no existían los controles antidoping. Lo cierto es que los estimulaba a base
de té y café, llegando a administrarles aspirinas, con mucha parafernalia y
disimulo, consiguiendo un efecto placebo. Y para rematarlo, era un maestro
absorbiendo buena parte de la agresividad de los públicos contrarios al
desfilar ante ellos ostensiblemente en la previa, y así estos se desahogaban a
voz en grito, y cuando salían los suyos al campo la pitada y la hostilidad eran
menores.
En lo
referente a sus métodos de entrenamiento, Helenio Herrera también fue un
innovador. Seguía un plan de trabajo semanal sistemático, que redundaba
en la profesionalización de sus pupilos, superando el semiamateurismo que hasta
entonces había presidido el fútbol español en lo tocante a la preparación, y
haciendo hincapié en el aspecto físico, una faceta en la que nuestro país
estaba bastante atrasado con respecto a otras naciones europeas. El lunes baño
y masaje para los que habían jugado el domingo, con presencia de toda la
plantilla. El martes una sesión suave. El miércoles trabajo fuerte, eminentemente
físico-era el día más temido por los futbolistas-. El jueves continuaba a ese
nivel, e incluía el partidillo entre todo el grupo que ya se ha convertido en
un clásico. El viernes se volvía a entrenar suave. El sábado se dedicaba
al viaje, o se efectuaba la concentración si se jugaba en casa, y de ese
modo los chicos saltaban al campo el domingo (entonces casi siempre se jugaba
ese día) con auténtica «hambre de balón». Y corriendo como gamos, porque para
Herrera el fútbol moderno estaba basado en la velocidad, con la cual podían
ganarse todas las batallas individuales: «piensa rápido, y juega rápido» era
uno de sus lemas más queridos, repetido hasta el paroxismo.
Su
sistema de juego en el Barça presentaba un equipo armado desde atrás, con un
hombre libre-aunque entonces aún no se le denominaba así-apoyando a la defensa,
un centro del campo fuerte, extremos retrasados («complejos» los llamaba él, y
los utilizaría también en el Inter, como era el caso del teórico «11», Mario
Corso) y contras letales en campo contrario. Esa filosofía, aplicada en los
desplazamientos, podría ejemplificarse perfectamente con la siguiente frase: «A
Antonio (Ramallets)que no le marquen, que arriba ya Tejada, Evaristo, Eulogio,
Kubala, Kocsis o Suárez enchufarán alguna…
Gestionaba el
vestuario como un verdadero jefe de personal. Defendía a capa y espada los
intereses de quienes le respondían en el campo, y de ese modo exigía a la
Directiva que recompensase económicamente su buen rendimiento, algo que le
trajo muchos problemas en un Barça endeudado hasta las cejas. Pero ejercía
igualmente otras funciones, afines a lo que siempre se ha conocido como
«Secretaría Técnica», pues realizaba fichajes por su cuenta y riesgo. Pedía-y
solían concedérselos-plenos poderes, y no quería ver a los directivos ni en
pintura, invadiendo su terreno. A ellos también les desagradaba ese modus operandi, pero mientras el equipo marchase bien
hacían de tripas corazón transigían, aunque afilaban sus cuchillos para cuando
pintasen bastos. HH y los medios informativos se retroalimentaban. Al técnico
le encantaba gozar incluso de mayor protagonismo que sus propios jugadores,
y para la prensa era todo un caramelo, alguien que les regalaba continuamente
declaraciones sensacionales y magníficas y ocurrentes frases para
componer los titulares. Pero también va a denunciar una vez fuera del club
la existencia de lo que hoy llamaríamos «el Entorno culé», en fecha tan
temprana como 1962, refiriéndose a periodistas, dirigentes y aspirantes a
serlo. Para el Barça «el Entorno» venía a ser algo parecido, salvando
todas las distancias, a lo que representaba en los Estados Unidos el «complejo
militar-industrial» que censurase el presidente Eisenhower en su discurso de
despedida de la Casa Blanca: una realidad inexcusable y mediatizadora que
se hallaba siempre presente, al margen de la buena o mala marcha del equipo,
aunque naturalmente los resultados negativos tenían la virtud de
activarla.
Esa
personalidad ególatra y fecunda, seductora y moldeada a sí misma a través de
una vida rica en experiencias, se manifestaba también en su vida privada.
Entrenó en Francia, España e Italia, y se casó con una mujer de cada una de
dichas nacionalidades. La francesa le dio cuatro hijos, dos la española María
Morilla-que aportó asimismo uno anterior, el citado Gonzalo Suárez- y
finalmente tuvo otro con la italiana. Y es que también en el amor fue
cosmopolita y trotamundos, de manera que nada en su trayectoria resultaba ordinario,
vulgar, común…Helenio Herrera, genio y figura.
DE LA WIKIPÈDIA
Helenio Herrera Gavilán (Buenos Aires, Argentina, 10 de abril de 1910 - Venecia, Italia, 9
de noviembre de 1997) fue un futbolista y entrenador argentino.
Se desempeñaba en la posición de defensa y desarrolló la mayor parte
de su carrera deportiva en Europa, especialmente en Francia como futbolista,
y en España e Italia como entrenador.
Conocido como H.H. o El
Mago. Usó el Catenaccio, un sistema ultradefensivo muy sólido y
con el cual logró importantes logros como entrenador, ganando dos UEFA
Champions League y la Copa Intercontinental también en dos
oportunidades.
Biografía
Futbolista
Helenio Herrera nació en Buenos Aires en 1910 (o
en 1913), aunque mantuvo durante toda su vida que lo había hecho en 1916.
A los nueve años sus padres emigraron a Marruecos, y en aquel país y más
concretamente en la ciudad de Casablanca inició su carrera como
futbolista.
Tras jugar en dos equipos marroquíes,
el Roches Noires y el Racing de Casablanca, daría el salto
a Francia, fichando en 1932, con 22 años, por el CASG Paris,
equipo en el que permanece una temporada. En aquel país desarrollaría el resto
de su trayectoria como jugador, militando sucesivamente en el Stade
Français, OFC Charleville y EAC Roubaix.
En 1940 ficha por el Red
Star, equipo con el que consigue su único título como futbolista, la Copa
de Francia. Tras volver durante una temporada a la disciplina del Stade
Français, en 1943 ficha por el EF Paris-Capitale, y en la
temporada siguiente ingresa en las filas del Puteaux, donde, en su último
año como futbolista inicia también su carrera como entrenador.
Aunque en numerosas biografías de Helenio
Herrera figura que disputó dos partidos como internacional con la Selección
de fútbol de Francia, no existe reflejo oficial de ello en la relación
publicada por la Federación Francesa de Fútbol.
Entrenador
Tras compaginar en el Puteaux su
último año de futbolista con el inicio de su trayectoria como entrenador,
Herrera dirigió a continuación al Stade Français y, desde 1946 pasó
a formar parte del equipo técnico de la Selección francesa.
En 1948 finaliza su etapa en el
fútbol francés y marcha a España, donde entrena sucesivamente al Real
Valladolid, Atlético de Madrid, durante cuatro temporadas, CD Málaga, Deportivo
de La Coruña y Sevilla FC, también durante otras cuatro campañas.
Tras un breve paso, en la temporada 1957/58 por la Liga Portuguesa como
técnico de Os Belenenses, retorna a la Liga Española para
entrenar durante tres años, en una primera etapa, al F. C. Barcelona.
A lo largo de dicho período logra varios e
importantes títulos, dos Campeonatos de Liga con el Atlético de
Madrid y otros dos con el F. C. Barcelona, así como una Copa de
Ferias y una Copa del Generalísimo también con el conjunto
catalán.
Tras finalizar su primera etapa
barcelonista, en 1960 inicia una larga andadura en el fútbol
italiano. Durante ocho años se sitúa al frente del Inter de Milán, con el
que conquista dos Copas de Europa, dos Copas Intercontinentales y
tres títulos de Liga.
Durante aquellos años compaginó brevemente,
su estancia en el banquillo del Inter con el fútbol de selecciones. Así, de
cara al Mundial de Chile 1962, fue ayudante del seleccionador
español, Pablo Hernández Coronado con la Selección de fútbol de
España. Del mismo modo, desde finales de 1966 a comienzos de 1967,
formó parte de la dirección de la Selección de fútbol de Italia como
miembro de un comité técnico.
En 1968 ficha por la AS Roma,
equipo en el que permaneció cuatro temporadas, para retornar de nuevo en 1973,
y durante una temporada, al Inter de Milán. Tras unos años de descanso,
cerró su etapa en el fútbol italiano entrenando en la temporada 1978/79
al Rimini Calcio.
Un año más tarde, Helenio Herrera regresa de
nuevo a España para volver a entrenar al F. C. Barcelona,
conjunto en el que en 1981 decide poner fin a su amplia trayectoria
como entrenador.
Fue uno de los más renombrados entrenadores
de Europa de los años 50 y 60. Basaba sus planteamientos
tácticos en un sólido esquema defensivo, que sería conocido como el catenaccio.
H.H. y sus frases célebres
Conocido como H.H., y
apodado El Mago, fue un entrenador dotado de una extraordinaria
personalidad, y algunas de sus frases quedaron para la posteridad del fútbol,
como:
·
Se juega mejor con diez que con once.
·
Juanito se marca solo en alusión de un emblemático delantero del Real Madrid en víspera de
un clásico en 1980.
·
Ganaremos sin bajar del autocar
Fallecimiento
Helenio Herrera falleció el 9 de noviembre de 1997 en
la localidad italiana de Venecia.
LA SALIDA DE HH DEL BARÇA
Al tiempo, el Barça había llegado a la final de la Copa de Ferias, en cuya ida
había empatado fuera, en Birmingham. La Copa estaba por empezar. El Barça estaba pletórico ante aquella
semifinal con el Madrid. Veía llegada la hora, una vez doblegado en
España, de apartarle del trono europeo.
Antes del partido
de ida, Miró Sans discutió con Helenio Herrera. Le dijo que para esta
eliminatoria no habría ninguna prima.
Ganó el Madrid: 3-1
en Madrid, y 1-3 en el Camp Nou, en noche tremenda de Puskas.
Para el
barcelonismo fue una gran decepción. Como solía, HH no puso a Kubala en el
partido de fuera, pero esta vez tampoco en el de en casa. Le veía poco
luchador. Los peor pensados creían HH estaba en tratos con el Madrid,
al que habría regalado la victoria...
De eso se hablaba
en los corros de Canaletas la mañana del día siguiente. Ahí donde ahora el
Barça celebra los títulos, se dio por muchos años una costumbre singular:
siempre había gente hablando de fútbol. Salvo las horas del conticinio, el
resto del día, en cualquier época del año, si usted iba a Canaletas encontraría
grupos de aficionados discutiendo sobre fútbol.
Aquella mañana del 28
de abril, la siguiente a la gran derrota, HH bajaba en coche por la Rambla de las
Flores,
con unos periodistas franceses con los que se había citado para un reportaje
concertado de antemano, quizá desde la fe de una victoria. A ellos les llamó la
atención el tumultillo. Le preguntaron, les explicó. Le retaron:
—¿Se atrevería a
bajar y a debatir con ellos? ¡Eso sí que sería un reportaje!
Se atrevió, bajó y
fue hacia el grupo, numerosísimo por las circunstancias. Su aparición resultó
desconcertante. Empezó a escuchar reproches:
—¿Por qué no jugó
Kubala?
—Porque le falta
movilidad. El Madrid es viejo pero técnico, no podíamos ganarles con técnica,
sino con energía.
—¿Y entonces por
qué perdimos?
—Porque Puskas hizo
un partido extraordinario...
—Si hubiera estado
Kubala...
—¿Hace cuánto que
ustedes no han visto a Kubala hacer las cosas que hizo Puskas ayer?
—¿No será que usted
ya tiene contrato con el Madrid?
—No señor. El
Madrid es mi enemigo y me he esforzado estos dos años en ganarle.
Y era verdad, con quien HH tenía en el cajón un contrato era con el Inter,
firmado por Moratti, sólo pendiente de que de lo firmara él.
Era un seductor y se
fue haciendo con los más próximos. Al fotógrafo francés se le ocurrió pedirles
que le alzaran a hombros. Algunos se animaron y lo hicieron. Otros, que
remoloneaban alejados del centro de la escena, empezaron a protestar. Don Helenio
se apeó, intentó alejarse discretamente junto a los franceses, pero le siguió
un grupo increpándole, cada vez con peor uva, y optaron por meterse en el
primer hotel a mano, que resultó ser el Hotel Oriente, ¡el mismísimo en el que
había dormido el Madrid! Muchos se indignaron más y hasta le gritaron que había
entrado para cobrar el precio por dejarse ganar.
El jaleo fue
disuelto por un par de policías que patrullaban por allí y no llegó a mayores.
HH y los franceses se tomaron un refresco, dejaron pasar un tiempo prudencial y
salieron en compañía de un policía. En realidad, fue un incidente menor.
Pero
trascendió. La prensa lo publicó el viernes 29. El Barça anunció su baja el
sábado. Para el partido de Copa en El Ferrol ya se hizo cargo Enric Rabassa, un
hombre de la casa. A él corresponderá luego dirigir al equipo en el
partido de vuelta de la Copa de Ferias, en el que el Barça salió campeón (4-1)
ante el Birmingham.
Herrera se fue al
Inter y al año se llevó a Luis Suárez. Allí hicieron leyenda. El Barça no
volvió a ganar la Liga hasta 14 años después, cuando fichó a Cruyff.



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